Faltan voluntarios en las protectoras: "Nos encantaría atender a más perros, hay muchísimas camadas indeseadas"
La protectora No me abandones alerta de la escasez de colaboradores en las instalaciones donde conviven más de 30 perros e insiste en la importancia de la esterilización
Dar refugio, alimentar y curar a animales en situación de abandono o maltrato. Hay personas que dedican su tiempo a mejorar la vida de más de medio centenar de perros en Jerez. Con mucho amor y de forma completamente altruista se esmeran para que se sientan cuidados, pero siempre hace falta ayuda. En la protectora de animales No me abandones (NMA) llevan haciéndolo desde 2001 en Jerez. Han pasado 25 años desde que un grupo de vecinos comprometidos se movilizaron para atender a perros que vivían hacinados y en muy malas condiciones en un terreno situado en la zona de Chapín.
Los limpiaban y alimentaban hasta que se enteraron de que esos terrenos iban a verse afectados por las obras relacionadas con el soterramiento del tren. Los perros corrían el riesgo de acabar sacrificados y lucharon por buscar a los canes un nuevo hogar. Lo encontraron en las instalaciones donde actualmente la protectora dispone de tres patios divididos, cheniles que cuentan con una zona interior a modo de habitación y otra destinada al recreo, además de piscinas y árboles en el exterior.
“Con todo el dolor de mi corazón, hay muy pocos animales”, dice Fátima González, la presidenta de la protectora. Eso no quiere decir que no haya abandonos constantes. “Ayer mismo me llamaron para una camada, sigue sin haber la conciencia de la esterilización de las perritas. Sigue habiendo muchísimas camadas indeseadas, da igual la época del año”, señala.
Lidia calmando a una de los mastines que tienen en la protectora.
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MANU GARCÍA
Sin embargo, la protectora no puede hacerse cargo de todos los que le gustaría debido a la falta de personas voluntarias. Un problema generalizado en la mayoría de espacios que se encargan de dar cobijo a los animales en situación de riesgo. “No recogemos perros para tenerlos hacinados. Queremos que salgan, que disfruten, que se bañen. Pero, por falta de voluntarios no podemos atender a muchos perros”, explica Fátima a lavozdelsur.es.
En las instalaciones en las que han llegado a convivir 140 canes, ahora solo hay poco más de 30. A estos se suman los 21 que se encuentran en casas de acogida permanente. “Es igual que si fuera una adopción, pero de los gastos y del veterinario nos ocupamos nosotros. De la comida si se encargan ellos”, explica la presidenta que añade que el número de animales varía en función del voluntariado.
No me abandones cuenta con una media de 22 voluntarios, una cifra que también fluctúa con frecuencia. Por ejemplo, en invierno hay tres estudiantes universitarios que echan una mano. La protectora necesita un mínimo de seis voluntarios al día para atender de forma óptima a todos los animales. “Hay voluntarios que repiten turno o que van dos días porque no hay más remedio”, dice.
Según detalla, “si muchas veces están dos personas para limpiar tres patios o dos personas para atender por la tarde tres patios, no puede haber en cada patio 35 o 40 perros, como había antes, hay diez o quince, como hay ahora”.
La voluntaria limpiando las telas que sirven para los colchones de los animales.
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MANU GARCÍA
Desde la protectora, reconoce que le encantaría contar con un número fijo de voluntarios para poder dar la bienvenida a otros perros que están esperando poder entrar. Cuantas más manos, mejor atención. “Te parte el alma ver cheniles vacíos cuando podían estar ahí perfectamente atendidos. Pero para eso, tiene que haber las personas necesarias para hacerlo”, añade.
Un día en la protectora
El trabajo en estas instalaciones comienza entre las 8.00 y las 9.00 horas, con una primera revisión de todos los perros. Los voluntarios comprueban que se encuentran bien y administran la medicación a aquellos que siguen algún tratamiento.
Después, los animales van saliendo por turnos a los patios. Mientras disfrutan del exterior, los voluntarios aprovechan para limpiar a fondo los cheniles, retirar los excrementos, barrer, levantar las camas y sacudir mantas o sábanas. “Procuramos que salgan hasta cuatro veces al día”, comenta.
Una vez terminada la limpieza, es el momento del contacto directo con los perros. Los voluntarios juegan con ellos, los acarician y aprovechan para comprobar si presentan alguna molestia o problema físico. “Toqueteando al perrito es cuando detectas si tienen algún bulto, si les duele algún sitio o si les duelen los oídos”, dice.
Dos de los perros jugando en uno de los patios.
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MANU GARCÍA
Más tarde llega la “salida de segunda”, pensada para que los animales disfruten. Corren, juegan y utilizan las piscinas mientras los voluntarios se ocupan de otras tareas necesarias para mantener el refugio en buenas condiciones como son lavar y tender mantas, limpiar canaletas, recoger los patios y ordenar los diferentes tipos de pienso y medicamentos.
La jornada termina con la cena. En invierno comienza aproximadamente a partir de las 18.00 horas, mientras que en verano se retrasa hasta las 19.30 o 20.00 horas. Pero antes de recibir su comida y medicación correspondiente, vuelven a salir durante unos minutos.
¿Cómo hacerse voluntario?
Aquellas personas que deseen aportar su granito de arena pueden hacerlo de distintas formas. La protectora ofrece varias modalidades de voluntariado, cada una adaptada a las necesidades de los animales y al tiempo disponible de quienes colaboran.
El principal es el voluntariado en las instalaciones, que comienza con un periodo de formación. Las personas nuevas trabajan junto a un tutor y aprenden progresivamente a desenvolverse en los tres patios, manejar correctamente a los perros y seguir los protocolos de seguridad. Cuando tanto el tutor como el propio voluntario consideran que está preparado, pasa a formar parte de los turnos oficiales, que se organizan semanalmente. “Ahora mismo hay unas ocho personas en formación y estamos muy esperanzadas”, comenta Fátima.
También existe un programa específico de traslados a la clínica veterinaria, situada en El Puerto. Aunque el veterinario visita periódicamente la protectora para realizar revisiones y vacunaciones, prácticamente todas las semanas es necesario llevar uno o dos perros a consulta, por lo que se necesitan voluntarios que puedan encargarse de estos desplazamientos sin restar personal a las tareas diarias de limpieza.
Por último, está el programa de paseos, que permite a los perros salir del recinto, conocer otros entornos y acostumbrarse a personas, ruidos y situaciones diferentes. “Así se hacen más adoptables. Muchos programas de paseo terminan en adopciones”, dice.
Dar refugio, alimentar y curar a animales en situación de abandono o maltrato. Hay personas que dedican su tiempo a mejorar la vida de más de medio centenar de perros en Jerez. Con mucho amor y de forma completamente altruista se esmeran para que se sientan cuidados, pero siempre hace falta ayuda. En la protectora de animales No me abandones (NMA) llevan haciéndolo desde 2001 en Jerez. Han pasado 25 años desde que un grupo de vecinos comprometidos se movilizaron para atender a perros que vivían hacinados y en muy malas condiciones en un terreno situado en la zona de Chapín.
Los limpiaban y alimentaban hasta que se enteraron de que esos terrenos iban a verse afectados por las obras relacionadas con el soterramiento del tren. Los perros corrían el riesgo de acabar sacrificados y lucharon por buscar a los canes un nuevo hogar. Lo encontraron en las instalaciones donde actualmente la protectora dispone de tres patios divididos, cheniles que cuentan con una zona interior a modo de habitación y otra destinada al recreo, además de piscinas y árboles en el exterior.
“Con todo el dolor de mi corazón, hay muy pocos animales”, dice Fátima González, la presidenta de la protectora. Eso no quiere decir que no haya abandonos constantes. “Ayer mismo me llamaron para una camada, sigue sin haber la conciencia de la esterilización de las perritas. Sigue habiendo muchísimas camadas indeseadas, da igual la época del año”, señala.
Lidia calmando a una de los mastines que tienen en la protectora.
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MANU GARCÍA
Sin embargo, la protectora no puede hacerse cargo de todos los que le gustaría debido a la falta de personas voluntarias. Un problema generalizado en la mayoría de espacios que se encargan de dar cobijo a los animales en situación de riesgo. “No recogemos perros para tenerlos hacinados. Queremos que salgan, que disfruten, que se bañen. Pero, por falta de voluntarios no podemos atender a muchos perros”, explica Fátima a lavozdelsur.es.
En las instalaciones en las que han llegado a convivir 140 canes, ahora solo hay poco más de 30. A estos se suman los 21 que se encuentran en casas de acogida permanente. “Es igual que si fuera una adopción, pero de los gastos y del veterinario nos ocupamos nosotros. De la comida si se encargan ellos”, explica la presidenta que añade que el número de animales varía en función del voluntariado.
No me abandones cuenta con una media de 22 voluntarios, una cifra que también fluctúa con frecuencia. Por ejemplo, en invierno hay tres estudiantes universitarios que echan una mano. La protectora necesita un mínimo de seis voluntarios al día para atender de forma óptima a todos los animales. “Hay voluntarios que repiten turno o que van dos días porque no hay más remedio”, dice.
Según detalla, “si muchas veces están dos personas para limpiar tres patios o dos personas para atender por la tarde tres patios, no puede haber en cada patio 35 o 40 perros, como había antes, hay diez o quince, como hay ahora”.
La voluntaria limpiando las telas que sirven para los colchones de los animales.
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MANU GARCÍA
Desde la protectora, reconoce que le encantaría contar con un número fijo de voluntarios para poder dar la bienvenida a otros perros que están esperando poder entrar. Cuantas más manos, mejor atención. “Te parte el alma ver cheniles vacíos cuando podían estar ahí perfectamente atendidos. Pero para eso, tiene que haber las personas necesarias para hacerlo”, añade.
Un día en la protectora
El trabajo en estas instalaciones comienza entre las 8.00 y las 9.00 horas, con una primera revisión de todos los perros. Los voluntarios comprueban que se encuentran bien y administran la medicación a aquellos que siguen algún tratamiento.
Después, los animales van saliendo por turnos a los patios. Mientras disfrutan del exterior, los voluntarios aprovechan para limpiar a fondo los cheniles, retirar los excrementos, barrer, levantar las camas y sacudir mantas o sábanas. “Procuramos que salgan hasta cuatro veces al día”, comenta.
Una vez terminada la limpieza, es el momento del contacto directo con los perros. Los voluntarios juegan con ellos, los acarician y aprovechan para comprobar si presentan alguna molestia o problema físico. “Toqueteando al perrito es cuando detectas si tienen algún bulto, si les duele algún sitio o si les duelen los oídos”, dice.
Dos de los perros jugando en uno de los patios.
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MANU GARCÍA
Más tarde llega la “salida de segunda”, pensada para que los animales disfruten. Corren, juegan y utilizan las piscinas mientras los voluntarios se ocupan de otras tareas necesarias para mantener el refugio en buenas condiciones como son lavar y tender mantas, limpiar canaletas, recoger los patios y ordenar los diferentes tipos de pienso y medicamentos.
La jornada termina con la cena. En invierno comienza aproximadamente a partir de las 18.00 horas, mientras que en verano se retrasa hasta las 19.30 o 20.00 horas. Pero antes de recibir su comida y medicación correspondiente, vuelven a salir durante unos minutos.
¿Cómo hacerse voluntario?
Aquellas personas que deseen aportar su granito de arena pueden hacerlo de distintas formas. La protectora ofrece varias modalidades de voluntariado, cada una adaptada a las necesidades de los animales y al tiempo disponible de quienes colaboran.
El principal es el voluntariado en las instalaciones, que comienza con un periodo de formación. Las personas nuevas trabajan junto a un tutor y aprenden progresivamente a desenvolverse en los tres patios, manejar correctamente a los perros y seguir los protocolos de seguridad. Cuando tanto el tutor como el propio voluntario consideran que está preparado, pasa a formar parte de los turnos oficiales, que se organizan semanalmente. “Ahora mismo hay unas ocho personas en formación y estamos muy esperanzadas”, comenta Fátima.
También existe un programa específico de traslados a la clínica veterinaria, situada en El Puerto. Aunque el veterinario visita periódicamente la protectora para realizar revisiones y vacunaciones, prácticamente todas las semanas es necesario llevar uno o dos perros a consulta, por lo que se necesitan voluntarios que puedan encargarse de estos desplazamientos sin restar personal a las tareas diarias de limpieza.
Por último, está el programa de paseos, que permite a los perros salir del recinto, conocer otros entornos y acostumbrarse a personas, ruidos y situaciones diferentes. “Así se hacen más adoptables. Muchos programas de paseo terminan en adopciones”, dice.
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