Cultura

“Andalucía ha sufrido 40 años de franquismo y 40 años de cloroformo”

Isidoro Moreno es catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla y autor de numerosas obras e investigaciones sobre identidades, con especial interés en el estudio de lo andaluz. Referente intelectual del andalucismo social, político y cultural, el antropólogo habla con lavozdelsur.es sobre la actualidad de Andalucía cien años después de una cita clave para el andalucismo histórico

Isidoro Moreno Navarro (Sevilla, 1944) es catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla. Fundador de esta disciplina en la universidad hispalense, lleva dando clases desde los años 60, creando la primera cátedra de Antropología en Andalucía en 1986. Su tesis, presentada en 1970 y publicada en 1972, con el título Propiedad, clases sociales y hermandades en la Baja Andalucía, fue la primera tesis de antropología social realizada por un andaluz sobre Andalucía.

Autor de numerosas obras e investigaciones así como especialista en la relación entre las dinámicas de globalización y la localización (o reafirmación de las identidades colectivas) y sus efectos, es uno de los referentes intelectuales del andalucismo. En el ámbito político, fue muy activo en sus años como estudiante, pertenenciendo luego a diferentes colectivos sociales y políticos, siempre vinculado a la izquierda de corte nacionalista. Ha pasado por el Partido del Trabajo, época en la que participó activamente en las movilizaciones del 4 de diciembre de 1977 siendo uno de los firmantes del Pacto Autonómico de Antequera para más tarde fundar el Pueblo Andaluz Unido – Partido de los Trabajadores de Andalucía (PAU-PTA) hasta su desaparición. Una formación con la que denunció en esos años el contenido del Estatuto de Autonomía de Andalucía, retirándose de la política partidista. En lo asociativo también fue uno del los fundadores de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y actualmente es presidente de la Plataforma Cívica Andaluza Pro Referéndum en el Sáhara Occidental, y fundador del colectivo andalucista Asamblea de Andalucía, que persigue “la defensa de los derechos individuales y colectivos, el avance hacia una democracia directa y participativa, el fortalecimiento del municipalismo y la consecución de un verdadero autogobierno para Andalucía”.

Hablar con Isidoro Moreno es hablar con una de las voces participantes y al mismo discordantes de la Transición política en Andalucía. Pocas personas pueden presumir de una coherencia política como la suya desde antes de morir el dictador. Cuatro décadas más tarde, su dilatada experiencia más allá de lo estrictamente social y político, como constituye su conocimiento sobre el ámbito cultural de Andalucía, lo hace uno de los autores imprescindibles del andalucismo.

En este XVI Congreso de la Fundación Blas Infante y a 100 años de la Asamblea de Ronda, de ese proceso de “aceleración histórica”, como suele referirse a esta época para Andalucía y para el mundo, ¿nos encontramos en un momento clave para Andalucía? ¿Estamos inmersos en otro proceso de “aceleración histórica” como también fueron los años 70?

Yo creo que no. Por lo menos en Andalucía diría que lamentablemente no. Creo que en el mundo en general, y en el Estado español en concreto, estamos en una situación de profunda crisis múltiple: crisis del modelo económico, de las instituciones políticas, y crisis de credibilidad, lo que está pasando por ejemplo con la justicia, digamos que es una crisis de Estado. Cuando se habla del problema catalán no es catalán, sino un problema de Estado, por el derrumbe de las instituciones y de la credibilidad mínima de los ciudadanos y ciudadanas con respecto a las instituciones. En este momento de crisis, Andalucía debería haber buscado respuestas. Andalucía ha sufrido 40 años de franquismo y 40 años de cloroformo. Es evidente que habría hacerse una pregunta: ¿cómo se desaceleró el proceso de aceleración histórica que hubo a finales de los años 70 y principios de los 80? Fue una desaceleración planificada desde una institución que debería haber tenido como objetivo fundamental el acentuar la conciencia política de Andalucía, el tratar de resolver los grandes problemas seculares. Esa misma institución planificó que se detuviera la conversión del sentimiento andaluz en conciencia política andaluza. Eso era muy peligroso para los poderes económicos y políticos de Andalucía y del Estado español.

Isidoro Moreno en el centenario de la Asamblea de Ronda. Foto: Sebastián Chilla.

La Junta de Andalucía…

Un ejemplo de ello, dado en el coloquio de esta tarde, es el cambio del Día de Andalucía del 4 de diciembre al 28 de febrero. Es otro caso de banalización de los símbolos, con objeto de desactivar. Y se desactiva cuando la gente se convence de que las instituciones no sirven para nada más que para construir todo un aparato de nuevo caciquismo con el que no se le mete mano a los problemas. Incluso los nuevos contenidos del Estatuto de Autonomía, que se aprueba en 1981, no son el resultado del 28 de diciembre o del 4 de diciembre, sino del 23 de febrero, del 81, del golpe del Estado de Tejero y compañía, y de los posteriores acuerdos de los partidos políticos para plegarse a esos intereses. Llevamos treinta y tantos años de desencanto y de desafección con respecto a lo que se vende a la gente como autonomía o como gobierno andaluz.

¿Qué pueden hacer los andaluces, en su opinión, para salir de esa situación?

El pueblo andaluz es como un enfermo que está intoxicado durante muchos años. Habría que emprender un proceso pedagógico de desintoxicación, de descloroformización. De lo que se trataría es de volver a que una parte de nuestro pueblo tuviera conciencia de la gran estafa que han sido estos treinta y años, y de cómo se está en comparación con otros pueblos de España o de la misma Europa, que incluso estaban peor que Andalucía. Lo que ocurre es que los medios de comunicación, la mayoría de ellos, y más los públicos, no actúan para activar la conciencia sino para dormirla. Yo no creo que en un tiempo corto pueda haber muchos cambios. Sí creo en los cambios cualitativos por acumulación cuantitativa. Sería de otra forma si proliferaran colectivos que a nivel cultural, económico o político actuaran con una lógica diferente a la del capital y a la lógica del régimen político del 78, de ocupar puestos o de decir cosas irrealizables. Pero como no estamos en una posición así, las elecciones del 2 de diciembre no van a significar nada. Más de lo mismo.

Isidoro Moreno Navarro catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla. Foto: Sebastián Chilla.

Cuando se habla de problema territorial critica que hay un problema conceptual y que debemos hablar de pueblos y no de territorios. ¿Es nueva la deriva centralista y españolista que está tomando parte de la ciudadanía y de los políticos o estaba ahí y lo que se ha hecho es desgajar la naranja?

Yo utilizo una categoría que se utilizaba bastante en los años 70. Es de un sociólogo y activista, caribeño-argelino, Frantz Fanon. Se trata del síndrome del colonizado, que era una especie de síndrome de Estocolmo de los pueblos colonizados pero no solo colonizados política y económicamente, sino culturalmente e ideológicamente. Uno de los símbolos de estos 40 años de autonomía es la colonización de las mentes por dos ideologías más o menos complementarias que impiden que los valores culturales o sociales culturales estén encima la mesa y se desarrollen. Uno es la ideología españolista, ya que el partido que aquí ha gobernado es un partido nacionalista, pero nacionalista español, por mucho que se excuse. Es ideología de estado españolista. Y el otro es la ideología de llamada globalización neoliberal. Estos son dos factores que padecemos en Andalucía y que que se transmiten en aparatos de Estado e instituciones gubernamentales como Canal Sur, verde y gracia. Que se pongan en los colegios asignaturas de emprendimiento y prácticamente no haya nada de autonomía y que lo poco que hubo, como los cuadernos de cultura andaluza a principios de la autonomía hayan desaparecido, es una prueba de ello.

Algo especialmente notable entre las nuevas generaciones…

Lo único que hacen los niños del Día de Andalucía es comer pan con aceite. Es bueno que los niños tomen pan con aceite pero parece una broma. No hay que culpar a la gente, es como si en Roma se culpara a los esclavos de la situación. La necesidad de liberar las mentes es muy importante y quizás previa a otras liberaciones porque como no logremos liberar las mentes la gente no se mueve. La mayoría de los andaluces votan lo que votan por considerar que todavía se pueda a ir peor. De ahí funciona lo del chiste: Virgen del Carmen que me quede como estoy.

Isidoro Moreno junto a varios colegas en el XVI Congreso de la Fundación Blas Infante. Foto: Sebastián Chilla.

¿Cree que ha aumentado el conocimiento que tienen los andaluces de Blas Infante y del andalucismo histórico en estos casi 40 años de autonomía? ¿Se estudia al Padre de la Patria Andaluza y la historia de nuestra tierra en las escuelas y en las universidades?

No. Evidentemente no. Nada o poquísimo. Hace unos días he dado un minicurso en el aula de mayores de Coria del Río, donde tenía su casa Blas Infante. Pese a ser enseñanza no reglada estamos haciendo algunos cursos de andalucismo histórico. Para la mayoría lo que contaba era la primera vez que lo escuchaban.

A lo mejor se puede entender para aquellos mayores que no se educaron en democracia pero, ¿se entiende ese desconocimiento entre los jóvenes?

Claro que se entiende. El proyecto de planificación de desactivización de la conciencia andaluza pasa porque Andalucía no esté, ni en los institutos ni en las universidades. Está planificado y cumple sus objetivos. Tú les preguntas ahora a muchos jóvenes por Blas Infante y te dicen que es una estación de metro (una de las estaciones del Metro de Sevilla), o que es el señor que está ahí con una placa, un monumento que supuestamente está para homenajearlo y que sin embargo es una forma de enterrarlo.

La situación del andalucismo político es complicada. En vísperas de las elecciones andaluzas del próximo 2 de diciembre varios partidos políticos se reivindican como opción andalucista. ¿Es el andalucismo patrimonio de alguien?

Nadie tiene el patrimonio ni tiene por qué tenerlo pero hay una cuestión, heredada del Partido Andalucista por parte estos grupos que es la ambigüedad y la indefinición ideológica. Actualmente se reivindica el andalucismo para aceptar estar de palmeros de partidos políticos que tienen la dirección en Madrid. Si eso es andalucismo… no sé qué parte tuvieron o dejaron de tener en ese barco que se fue a pique. En términos políticos habría que hablar de soberanismo o no soberanismo. Yo creo que no puede existir un andalucismo no soberanista, entendiendo el derecho a decidir no como equivalencia al independentismo sino como posibilidad de que decidamos por nosotros mismos qué marco y qué instituciones queremos. Quienes muy claramente no planteen eso, y para plantearlo hay que decir que la autonomía que tenemos no nos sirve, que hay que cambiarla y no en detalle, sino una enmienda total al Estado de las Autonomías, no es coherente. A nivel político podríamos medir la cohesión del andalucismo preguntando si se es soberanista. ¿Quiere una Andalucía que sea nación autónoma, como decía el Proyecto de Constitución de Antequera de 1883, y que no reciba sus poderes de ninguna instancia superior? ¿O piensa que dentro de este sistema socioeconómico y este régimen político de la segunda restauración borbónica se puede transformar de forma significativa Andalucía? El que crea eso es o un ignorante o un ingenuo o un perverso. Que cada quien escoja donde situarse con estas opciones.

Isidoro Moreno junto a Antonio Manuel Rodríguez. Foto: Sebastián Chilla.

Y las fuerzas políticas que apelan a ese sentimiento andalucista son variadas…

Claro. Ese es el problema, que se reúnen 10 o 15 personas y dicen “ya somos el comité central de nosequé” o como se le quiera llamar y para cubrir las papeletas buscamos amigos y familiares pero ya somos un tal porque está la papeleta ahí. Creo que tiene un gran grado de ingenuidad política porque la mayoría de la gente no se entera de que eso existe o se presenta. Las elecciones son cada vez más un supermercado y la gente compra las marcas que más conocen y que más se publicitan. Sería importante una clarificación del andalucismo que reivindican.

Esta circunstancia se ha acentuado con la desaparición del Partido Andalucista.

Varias de ellas son simplemente los restos de naufragio del PA. Es como cuando un barco naufraga, la gente se mete en salvavidas, y hay mejores y peores, que nanai. Hay gente que permaneció hasta el último momento en el PA. Yo no tengo que decir nada sobre eso porque defiendo el derecho de reunión y de asociación. Ahora bien, que eso sea significativo o lleve a algún sitio, tengo mis dudas. Porque algunos entendemos que hay que construir desde abajo hacia arriba. Cuando los grupos andalucistas tengan verdadera existencia a niveles locales o municipales es cuando se puede pensar en el ámbito autonómico.

En 2018, ¿qué es ser andaluz? Hay una pérdida identitaria evidente a causa del individualismo y de la globalización así como una desvinculación con lo popular, lo social y lo comunitario…

El problema es que se cortan los mecanismos de reproducción de la conciencia e incluso se están cortando los mecanismos de reproducción del sentimiento andaluz. Hay un bla, bla, bla de decir “somos ciudadanos del mundo” o de no ser de ningún sitio. Eso es neoliberalismo puro y duro. Porque al neoliberalismo le interesa que no haya anclaje de las personas, que las personas puedan estar lo mismo de a gusto, o mejor dicho, lo mismo de a disgusto, en su tierra que en Australia. Que la gente no tenga ni siquiera consecuencias psicológicas al ser desenraizados. Lo que hay que explicar es eso y habría que ver si la mayoría de nuestros jóvenes con títulos universitarios que se tienen que ir fuera lo hacen bailando y contentos o lo hacen porque no encuentran empleo aquí. Habría que conectar los problemas reales de nuestros jóvenes con la necesidad de que tengamos en nuestras manos nuestro presente, nuestro futuro y qué medidas tomar. Porque si no lo que se forma es gente que se cree cosmopolita cuando es cosmopaleto que no es lo mismo. Y hay mucho moderno que hace una muestra de cosmopaletismo muy fuerte. Pero claro, la responsabilidad no está en los jóvenes sino en la educación que tienen, ya no solo de tipo escolar, sino en la dada por los medios de comunicación…

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