Más de medio mundo se muere de hambre, mientras la otra mitad desperdicia los alimentos y su propia vida comiendo en exceso. Hay personas que están mal alimentadas comiendo demasiado. No es lo mismo alimentarse que comer. Se puede disfrutar de los sabores y de los alimentos, pero sin gula y respetando y compartiendo las necesidades alimentarias del prójimo.
Según las estadísticas de la ONU, el desperdicio doméstico por persona en el mundo es de 79 kg de comida tirada por persona en nuestros hogares. A esto hay que añadir los desperdicios de los restaurantes. En todos los países de ingresos medios y altos, el sobrante que se tira es muy parecido.
Una medida que puede paliar estos desperdicios es la reciente Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, que obliga a los restaurantes a facilitar a sus clientes envases para poder llevarse lo que no hayan consumido. Se publicó en el BOE (Boletín Oficial del Estado) el 2 de abril de 2025, pero el Gobierno concedió una moratoria técnica de un año para que los restaurantes, bares y, en general, todo el sector pudiera conseguir los envases necesarios antes de que la medida pasara a ser obligatoria bajo amenaza de sanción. Normativa que entró en vigor el 3 de abril de 2026. En algunas otras comunidades autónomas y Cataluña ya lo contemplaban desde 2020. Pero ya se unificó como un derecho nacional para todos los consumidores en España desde abril de 2026.
Como contraste, según las estadísticas de las agencias internacionales de las Naciones Unidas, como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el PMA (Programa Mundial de Alimentos), nos indican que hay aproximadamente unos seiscientos millones de personas pasando hambre en el mundo. Dentro de estas cifras, alrededor de 266 millones de personas de una manera aguda, repartidas en 47 países o zonas, e indican que esto es debido a situaciones extremas. El problema se concentra principalmente en África y Asia. Además, hay que incluir, según las estadísticas, zonas con conflictos armados en las que pasan hambre e inseguridad alimentaria en el planeta alrededor de 266 millones de personas. Los conflictos, la violencia y el clima extremo afectan de manera grave a territorios como Sudán, Gaza, Sudán del Sur, Malí y Haití.
Hay problemas de mala alimentación, y no solo por comer mucho, sino por comer mal también. La obesidad hace su aparición desde la niñez por exceso de consumo de elaborados de repostería industrial; no se les inculca el hábito de saborear las frutas variadas de que disponemos, gracias a Dios, en cada temporada.
Ciertamente, en algunas personas la obesidad es una enfermedad cuyo origen se puede diagnosticar actualmente; las causas pueden ser endocrinas y hormonales. En este caso se busca un tratamiento médico. A veces es por causa de efectos secundarios al utilizar algunos medicamentos, como los corticoides, los antidepresivos o los utilizados para el tratamiento de la presión sanguínea. Por ello, el médico es el único que debe y puede realizar un estudio al respecto.
No debemos dejarnos engañar por curanderos o ciertos centros de belleza que ofrecen remedios que ponen en riesgo nuestra salud y la propia vida, además de sacarnos el dinero. Puede ocurrir que la obesidad se deba a daños o alteraciones en el control del apetito. Hay una parte de nuestro cerebro, “el hipotálamo”, que es la zona que controla el apetito, apagando la sensación de saciedad.
Pero, basándonos en los estudios del ser humano en general desde que nace un bebé, sin advertir las patologías anteriores y centrándonos en el estudio y comportamiento de las personas en nuestro país, según las estadísticas, se observa lo siguiente:
Pasamos de la etapa de lactancia con la leche materna (ligeramente dulce) o la de alimentación no materna de bebés, igualmente de sabor dulce, a la del puré de frutas. Algunas frutas son más ácidas que otras, pero son dulces; esto suele ser mucho mejor aceptado por el paladar del niño.
Sin embargo, el paso a los purés de legumbres, de verduras, añadiendo “poco a poco” carne o pescado para que su sentido del gusto vaya despertando y conociendo otros sabores hacia lo salado “natural”, prácticamente provoca resistencia al principio en todos los bebés.
Después de haber dado el paso, aunque les haya costado comenzar a ingerir alimentos con otro sabor no dulce, muchos padres les comienzan a dar, mientras van sentados en sus sillitas de paseo, bolsas de “gusanitos” o cualquier otra variedad de aperitivos salados y blandos para que vayan tranquilitos. A pesar de ser salados y, a veces, en extremo, los niños no les hacen ascos, pero tiene una explicación: esos aperitivos son adictivos y, si sus progenitores leyeran detenidamente en el envase lo que están ingiriendo sus bebés, ¡alucinarían!
Más adelante, en su primera etapa de colegio, suele aparecer otro enemigo de la alimentación saludable: la bollería industrial. Lo más conveniente sería que llevaran al cole una pieza de fruta de temporada (fácil de pelar) o un panecillo con alguna proteína, como un quesito, etc., o un postre casero, como una porción de bizcocho, que sería lo correcto, por supuesto según sus tolerancias alimenticias.
De vez en cuando, unas onzas de chocolate (también adictivo) no son malas, pues consumen ¡energía por un tubo! Pero si el niño es gordito por constitución, sería recomendable evitar, en lo posible, la ingesta de los dulces industriales.
El asunto es bastante serio. Cada año, según las estadísticas, hay más niños “gorditos”, que suelen tener un entorno de obesos en la familia. Además, la obesidad conlleva enfermedades como la diabetes adquirida y otras alteraciones psicológicas, sociales, así como complejos y problemas escolares.
La NAOS (Nutrición y Salud), organización creada por AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), organismo público de España, da estas indicaciones. Su función es promover entre la población la lucha contra la obesidad, impulsando planes de salud, enseñando a alimentarse de una manera saludable y añadiendo el fomento del ejercicio en la población en general, haciendo una especial mención en la infancia.
Este organismo indica, analiza y estudia los hábitos y costumbres de la población, intentando así mejorar la salud.
Lo que las estadísticas a nivel mundial, a través de la Organización Mundial de la Salud, “OMS”, igualmente nos indican respecto a la alimentación es que el mayor índice de obesidad se concentra en las islas del Pacífico, en los Estados Unidos y en Oriente Medio.
En la alimentación también hay intolerancias digestivas que son cada vez más numerosas en la población mundial en general. Esto se desconocía hace años, y fue en 1995 cuando un comité de la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) estableció la separación oficial y moderna entre las alergias (origen inmunitario) y las intolerancias (déficits enzimáticos o reacciones no inmunitarias).
Gracias al avance de la investigación, hoy en día ya están clasificadas. Recopilan datos de los pacientes en las consultas médicas. Las asociaciones de afectados de las diferentes intolerancias de España analizan estas también mediante encuestas a su colectivo.
De igual manera, AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), en su competencia, vigila la red de alertas alimentarias, coordinando estos controles oficiales en toda la cadena de producción. Consisten en evaluar riesgos y en analizar peligros científicos, a través de su comité experto, para prevenir enfermedades por alimentos.
Para ello realizan análisis de laboratorio. Utiliza centros especializados como el Centro Nacional de Alimentación, en Madrid, y el laboratorio de biotoxinas marinas, en Vigo.
Por todo esto es muy importante conocer la trazabilidad de los productos que consumimos. La información de estos alimentos viene en los procesados y congelados, en los botes de cristal y latas.
No solo es importante la caducidad, elemental para su consumo, salvo en algunos productos, como es el aceite de oliva virgen, que puede ver alterado su sabor pasada la fecha indicada, pero que, sin embargo, no es malo su consumo para la salud, según indican los expertos envasadores y productores de este oro líquido.
La trazabilidad es importante para saber el camino que sigue un producto y todo lo que lo compone, junto a la procedencia de estos, sabiendo desde su elaboración y producción cuál es su canal de distribución hasta llegar al proveedor. Trazabilidad hacia atrás, trazabilidad interna y trazabilidad hacia adelante.
De acuerdo con lo establecido en el artículo 18.5 del Reglamento Comisión Europea 178/2002, que otorga la autoridad legal para adoptar disposiciones específicas de trazabilidad obligatoria.
Se obtienen pruebas de intolerancia a ciertos alimentos fácilmente, que se pueden tratar evitando consumir los componentes de estos que contengan lo que produce cada intolerancia.
Hay bastantes productos que se pueden adquirir tanto en supermercados como en tiendas de dietética, que indican no llevar ingredientes que habitualmente suelen tener de origen, especializándose en cada grupo intolerante.
Según los datos, la intolerancia a la fructosa, que es el azúcar presente en frutas, miel y en algunos vegetales, les produce a los que son intolerantes gases y dolor abdominal, pues su intestino no la absorbe bien.
De las más comunes en la población se encuentra, como número uno, la intolerancia a la lactosa, que impide tomar leche de vaca, cabra u oveja, yogures normales, quesos frescos, mantequilla, nata y helados. Pero, además, hay alimentos procesados que contienen lactosa de una manera oculta en su elaboración, como son algunos embutidos, sopas de sobre, purés precocinados y también algunos medicamentos que pueden utilizar la lactosa como relleno.
Otro grupo son los celíacos y otros los sensibles al gluten. Estos tienen problemas si consumen alimentos que llevan cereales como el trigo, la cebada, la espelta, el kamut y el triticale, porque les daña el intestino.
A otros, dentro de este grupo de intolerancias, les produce sensibilidad digestiva el pan convencional, el trigo, la cebada, el centeno, la pasta de trigo, la bollería, las galletas y la cerveza elaborada con cebada. Son altamente prohibidos para ellos.
Tienen que tener especial cuidado cuando compran en supermercados y tiendas que no son especializadas en dietética. Deben leer los componentes del producto. Ciertos chocolates, golosinas y embutidos industriales pueden llevar algunos de los componentes citados. De la misma manera, deben evitar degustar salsas espesadas en restaurantes o croquetas realizadas con harina.
Otra intolerancia más a añadir es a la histamina, presente en el tomate. Les ocurre a las personas que carecen de la enzima DAO. No pueden ingerir quesos, alimentos curados, conservas de pescado ni vino, donde la histamina también hace presencia.
Hay más intolerancias en grupos más minoritarios, que seguro que aún se están investigando.
Agradecemos al Dr. inglés Samuel Gee (1888) sus estudios sobre la intolerancia alimentaria infantil y que abrió puertas a tantos otros que siguieron investigando medio siglo después, como el pediatra holandés Willem Karel Dicke, demostrando en 1952 que algunos niños que comían pan de trigo durante la Segunda Guerra Mundial padecían daño intestinal.
Números 11:19-21
19: No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días; 20: sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?
21: Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero!
Más de medio mundo se muere de hambre, mientras la otra mitad desperdicia los alimentos y su propia vida comiendo en exceso. Hay personas que están mal alimentadas comiendo demasiado. No es lo mismo alimentarse que comer. Se puede disfrutar de los sabores y de los alimentos, pero sin gula y respetando y compartiendo las necesidades alimentarias del prójimo.
Según las estadísticas de la ONU, el desperdicio doméstico por persona en el mundo es de 79 kg de comida tirada por persona en nuestros hogares. A esto hay que añadir los desperdicios de los restaurantes. En todos los países de ingresos medios y altos, el sobrante que se tira es muy parecido.
Una medida que puede paliar estos desperdicios es la reciente Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, que obliga a los restaurantes a facilitar a sus clientes envases para poder llevarse lo que no hayan consumido. Se publicó en el BOE (Boletín Oficial del Estado) el 2 de abril de 2025, pero el Gobierno concedió una moratoria técnica de un año para que los restaurantes, bares y, en general, todo el sector pudiera conseguir los envases necesarios antes de que la medida pasara a ser obligatoria bajo amenaza de sanción. Normativa que entró en vigor el 3 de abril de 2026. En algunas otras comunidades autónomas y Cataluña ya lo contemplaban desde 2020. Pero ya se unificó como un derecho nacional para todos los consumidores en España desde abril de 2026.
Como contraste, según las estadísticas de las agencias internacionales de las Naciones Unidas, como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el PMA (Programa Mundial de Alimentos), nos indican que hay aproximadamente unos seiscientos millones de personas pasando hambre en el mundo. Dentro de estas cifras, alrededor de 266 millones de personas de una manera aguda, repartidas en 47 países o zonas, e indican que esto es debido a situaciones extremas. El problema se concentra principalmente en África y Asia. Además, hay que incluir, según las estadísticas, zonas con conflictos armados en las que pasan hambre e inseguridad alimentaria en el planeta alrededor de 266 millones de personas. Los conflictos, la violencia y el clima extremo afectan de manera grave a territorios como Sudán, Gaza, Sudán del Sur, Malí y Haití.
Hay problemas de mala alimentación, y no solo por comer mucho, sino por comer mal también. La obesidad hace su aparición desde la niñez por exceso de consumo de elaborados de repostería industrial; no se les inculca el hábito de saborear las frutas variadas de que disponemos, gracias a Dios, en cada temporada.
Ciertamente, en algunas personas la obesidad es una enfermedad cuyo origen se puede diagnosticar actualmente; las causas pueden ser endocrinas y hormonales. En este caso se busca un tratamiento médico. A veces es por causa de efectos secundarios al utilizar algunos medicamentos, como los corticoides, los antidepresivos o los utilizados para el tratamiento de la presión sanguínea. Por ello, el médico es el único que debe y puede realizar un estudio al respecto.
No debemos dejarnos engañar por curanderos o ciertos centros de belleza que ofrecen remedios que ponen en riesgo nuestra salud y la propia vida, además de sacarnos el dinero. Puede ocurrir que la obesidad se deba a daños o alteraciones en el control del apetito. Hay una parte de nuestro cerebro, “el hipotálamo”, que es la zona que controla el apetito, apagando la sensación de saciedad.
Pero, basándonos en los estudios del ser humano en general desde que nace un bebé, sin advertir las patologías anteriores y centrándonos en el estudio y comportamiento de las personas en nuestro país, según las estadísticas, se observa lo siguiente:
Pasamos de la etapa de lactancia con la leche materna (ligeramente dulce) o la de alimentación no materna de bebés, igualmente de sabor dulce, a la del puré de frutas. Algunas frutas son más ácidas que otras, pero son dulces; esto suele ser mucho mejor aceptado por el paladar del niño.
Sin embargo, el paso a los purés de legumbres, de verduras, añadiendo “poco a poco” carne o pescado para que su sentido del gusto vaya despertando y conociendo otros sabores hacia lo salado “natural”, prácticamente provoca resistencia al principio en todos los bebés.
Después de haber dado el paso, aunque les haya costado comenzar a ingerir alimentos con otro sabor no dulce, muchos padres les comienzan a dar, mientras van sentados en sus sillitas de paseo, bolsas de “gusanitos” o cualquier otra variedad de aperitivos salados y blandos para que vayan tranquilitos. A pesar de ser salados y, a veces, en extremo, los niños no les hacen ascos, pero tiene una explicación: esos aperitivos son adictivos y, si sus progenitores leyeran detenidamente en el envase lo que están ingiriendo sus bebés, ¡alucinarían!
Más adelante, en su primera etapa de colegio, suele aparecer otro enemigo de la alimentación saludable: la bollería industrial. Lo más conveniente sería que llevaran al cole una pieza de fruta de temporada (fácil de pelar) o un panecillo con alguna proteína, como un quesito, etc., o un postre casero, como una porción de bizcocho, que sería lo correcto, por supuesto según sus tolerancias alimenticias.
De vez en cuando, unas onzas de chocolate (también adictivo) no son malas, pues consumen ¡energía por un tubo! Pero si el niño es gordito por constitución, sería recomendable evitar, en lo posible, la ingesta de los dulces industriales.
El asunto es bastante serio. Cada año, según las estadísticas, hay más niños “gorditos”, que suelen tener un entorno de obesos en la familia. Además, la obesidad conlleva enfermedades como la diabetes adquirida y otras alteraciones psicológicas, sociales, así como complejos y problemas escolares.
La NAOS (Nutrición y Salud), organización creada por AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), organismo público de España, da estas indicaciones. Su función es promover entre la población la lucha contra la obesidad, impulsando planes de salud, enseñando a alimentarse de una manera saludable y añadiendo el fomento del ejercicio en la población en general, haciendo una especial mención en la infancia.
Este organismo indica, analiza y estudia los hábitos y costumbres de la población, intentando así mejorar la salud.
Lo que las estadísticas a nivel mundial, a través de la Organización Mundial de la Salud, “OMS”, igualmente nos indican respecto a la alimentación es que el mayor índice de obesidad se concentra en las islas del Pacífico, en los Estados Unidos y en Oriente Medio.
En la alimentación también hay intolerancias digestivas que son cada vez más numerosas en la población mundial en general. Esto se desconocía hace años, y fue en 1995 cuando un comité de la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) estableció la separación oficial y moderna entre las alergias (origen inmunitario) y las intolerancias (déficits enzimáticos o reacciones no inmunitarias).
Gracias al avance de la investigación, hoy en día ya están clasificadas. Recopilan datos de los pacientes en las consultas médicas. Las asociaciones de afectados de las diferentes intolerancias de España analizan estas también mediante encuestas a su colectivo.
De igual manera, AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), en su competencia, vigila la red de alertas alimentarias, coordinando estos controles oficiales en toda la cadena de producción. Consisten en evaluar riesgos y en analizar peligros científicos, a través de su comité experto, para prevenir enfermedades por alimentos.
Para ello realizan análisis de laboratorio. Utiliza centros especializados como el Centro Nacional de Alimentación, en Madrid, y el laboratorio de biotoxinas marinas, en Vigo.
Por todo esto es muy importante conocer la trazabilidad de los productos que consumimos. La información de estos alimentos viene en los procesados y congelados, en los botes de cristal y latas.
No solo es importante la caducidad, elemental para su consumo, salvo en algunos productos, como es el aceite de oliva virgen, que puede ver alterado su sabor pasada la fecha indicada, pero que, sin embargo, no es malo su consumo para la salud, según indican los expertos envasadores y productores de este oro líquido.
La trazabilidad es importante para saber el camino que sigue un producto y todo lo que lo compone, junto a la procedencia de estos, sabiendo desde su elaboración y producción cuál es su canal de distribución hasta llegar al proveedor. Trazabilidad hacia atrás, trazabilidad interna y trazabilidad hacia adelante.
De acuerdo con lo establecido en el artículo 18.5 del Reglamento Comisión Europea 178/2002, que otorga la autoridad legal para adoptar disposiciones específicas de trazabilidad obligatoria.
Se obtienen pruebas de intolerancia a ciertos alimentos fácilmente, que se pueden tratar evitando consumir los componentes de estos que contengan lo que produce cada intolerancia.
Hay bastantes productos que se pueden adquirir tanto en supermercados como en tiendas de dietética, que indican no llevar ingredientes que habitualmente suelen tener de origen, especializándose en cada grupo intolerante.
Según los datos, la intolerancia a la fructosa, que es el azúcar presente en frutas, miel y en algunos vegetales, les produce a los que son intolerantes gases y dolor abdominal, pues su intestino no la absorbe bien.
De las más comunes en la población se encuentra, como número uno, la intolerancia a la lactosa, que impide tomar leche de vaca, cabra u oveja, yogures normales, quesos frescos, mantequilla, nata y helados. Pero, además, hay alimentos procesados que contienen lactosa de una manera oculta en su elaboración, como son algunos embutidos, sopas de sobre, purés precocinados y también algunos medicamentos que pueden utilizar la lactosa como relleno.
Otro grupo son los celíacos y otros los sensibles al gluten. Estos tienen problemas si consumen alimentos que llevan cereales como el trigo, la cebada, la espelta, el kamut y el triticale, porque les daña el intestino.
A otros, dentro de este grupo de intolerancias, les produce sensibilidad digestiva el pan convencional, el trigo, la cebada, el centeno, la pasta de trigo, la bollería, las galletas y la cerveza elaborada con cebada. Son altamente prohibidos para ellos.
Tienen que tener especial cuidado cuando compran en supermercados y tiendas que no son especializadas en dietética. Deben leer los componentes del producto. Ciertos chocolates, golosinas y embutidos industriales pueden llevar algunos de los componentes citados. De la misma manera, deben evitar degustar salsas espesadas en restaurantes o croquetas realizadas con harina.
Otra intolerancia más a añadir es a la histamina, presente en el tomate. Les ocurre a las personas que carecen de la enzima DAO. No pueden ingerir quesos, alimentos curados, conservas de pescado ni vino, donde la histamina también hace presencia.
Hay más intolerancias en grupos más minoritarios, que seguro que aún se están investigando.
Agradecemos al Dr. inglés Samuel Gee (1888) sus estudios sobre la intolerancia alimentaria infantil y que abrió puertas a tantos otros que siguieron investigando medio siglo después, como el pediatra holandés Willem Karel Dicke, demostrando en 1952 que algunos niños que comían pan de trigo durante la Segunda Guerra Mundial padecían daño intestinal.
Números 11:19-21
19: No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días; 20: sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?
21: Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero!
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