Jerez se prepara para despedir a Manuel Malena, uno de los cantaores pertenecientes a una de las generaciones más prolíficas que ha dado la ciudad en el último siglo. Sus restos llegarán desde Madrid a última hora de este domingo y su funeral tendrá lugar este lunes a las 18.30 horas en el tanatorio, donde familiares y allegados le darán el último adiós.
Malena formó parte de la llamada generación del 50, compartida con nombres como El Torta, Enrique Soto, Mateo Soleá, Luis de la Pica, José María Molero, Moraíto, José Mercé, Niño Jero, El Gómez de Jerez, Capullo o Vicente Soto.
Sus primeros pasos estuvieron vinculados, como los de otros muchos artistas de su época, a Antonio Benítez y la Peña Los Cernícalos. Su conocimiento del cante comenzó desde muy pequeño. Con apenas 12 años participó en la grabación de Nueva Frontera del cante.
De Jerez a Londres y Japón
Consciente de las dificultades para vivir exclusivamente del cante en su tierra, a principios de los años noventa emprendió una trayectoria internacional que le llevó a actuar en numerosos países.
Trabajó junto a figuras del baile como El Güito, Merche Esmeralda, La Tati, Manolete o María del Mar Moreno. Durante dos décadas se instaló en Londres y, posteriormente, estableció su hogar en Japón.
“Porque tengo trabajo siempre”, explicaba sobre su decisión de vivir en el país nipón. Allí celebró precisamente sus 50 años como profesional, acompañado por quienes consideraba su familia japonesa. “Ellos saben qué somos, quiénes somos y nunca te pierden el respeto. Es más, para ellos es un orgullo que estés allí”, contaba en una entrevista.
Un cantaor orgulloso de los Malena
Tras una imagen que incluso podía recordar a la de un rockero, como ha recordado este domingo en Diario de Jerez el periodista y presidente de la Cátedra de Flamencología de Jerez, Fran Pereira, había un artista profundamente conocedor del flamenco, pero que nunca presumía de ello. La humildad fue una de las características que acompañaron su carrera.
Aunque nunca sintió en Jerez todo el cariño que consideraba merecer, continuó llevando su cante por el mundo y defendiendo a los Malena allá donde actuaba.
Su repentina muerte ha provocado numerosas muestras de afecto llegadas desde diferentes lugares. Ahora será Jerez quien tenga la oportunidad de despedirlo. " Manuel, como otros muchos artistas de esta tierra, nunca sintió el cariño de Jerez, pero seguía llevando con orgullo la bandera de su cante y defendía a capa y espada a los suyos, los Malena. Su repentina pérdida aún duele, a mí personalmente mucho, y las muestras de cariño, desde todas partes del mundo, han llegado a su familia en estos días duros", ha escrito el crítico y experto en flamenco.
Jerez se prepara para despedir a Manuel Malena, uno de los cantaores pertenecientes a una de las generaciones más prolíficas que ha dado la ciudad en el último siglo. Sus restos llegarán desde Madrid a última hora de este domingo y su funeral tendrá lugar este lunes a las 18.30 horas en el tanatorio, donde familiares y allegados le darán el último adiós.
Malena formó parte de la llamada generación del 50, compartida con nombres como El Torta, Enrique Soto, Mateo Soleá, Luis de la Pica, José María Molero, Moraíto, José Mercé, Niño Jero, El Gómez de Jerez, Capullo o Vicente Soto.
Sus primeros pasos estuvieron vinculados, como los de otros muchos artistas de su época, a Antonio Benítez y la Peña Los Cernícalos. Su conocimiento del cante comenzó desde muy pequeño. Con apenas 12 años participó en la grabación de Nueva Frontera del cante.
De Jerez a Londres y Japón
Consciente de las dificultades para vivir exclusivamente del cante en su tierra, a principios de los años noventa emprendió una trayectoria internacional que le llevó a actuar en numerosos países.
Trabajó junto a figuras del baile como El Güito, Merche Esmeralda, La Tati, Manolete o María del Mar Moreno. Durante dos décadas se instaló en Londres y, posteriormente, estableció su hogar en Japón.
“Porque tengo trabajo siempre”, explicaba sobre su decisión de vivir en el país nipón. Allí celebró precisamente sus 50 años como profesional, acompañado por quienes consideraba su familia japonesa. “Ellos saben qué somos, quiénes somos y nunca te pierden el respeto. Es más, para ellos es un orgullo que estés allí”, contaba en una entrevista.
Un cantaor orgulloso de los Malena
Tras una imagen que incluso podía recordar a la de un rockero, como ha recordado este domingo en Diario de Jerez el periodista y presidente de la Cátedra de Flamencología de Jerez, Fran Pereira, había un artista profundamente conocedor del flamenco, pero que nunca presumía de ello. La humildad fue una de las características que acompañaron su carrera.
Aunque nunca sintió en Jerez todo el cariño que consideraba merecer, continuó llevando su cante por el mundo y defendiendo a los Malena allá donde actuaba.
Su repentina muerte ha provocado numerosas muestras de afecto llegadas desde diferentes lugares. Ahora será Jerez quien tenga la oportunidad de despedirlo. " Manuel, como otros muchos artistas de esta tierra, nunca sintió el cariño de Jerez, pero seguía llevando con orgullo la bandera de su cante y defendía a capa y espada a los suyos, los Malena. Su repentina pérdida aún duele, a mí personalmente mucho, y las muestras de cariño, desde todas partes del mundo, han llegado a su familia en estos días duros", ha escrito el crítico y experto en flamenco.
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