Opinión

Adiós al Olivillo

Corrían los primeros años de plomo de la dictadura franquista cuando el arquitecto municipal Antonio Sánchez Esteve finalizaba un nuevo edificio que originalmente se iba a dedicar para viviendas y al final fue sede de la Junta Provincial de Sanidad. Cercano a La Caleta, cerraba en unos de sus extremos la glorieta donde décadas después se colocaría el monumento ecuestre de Simón Bolívar. Ocupaba los antiguos terrenos de la Huerta de la Oliva, de ahí su nombre: El Olivillo. Como algunos otros edificios de la capital, desde su construcción estaban llamados a ser magníficos ejemplos de aquel estilo Racionalista Andaluz.

Sin uso desde 1980, hace un año se anunciaba la obra que lo devolvería a la vida como parte del cinturón universitario de la ciudad. No obstante, ha sido en estos días cuando ha saltado la voz de alarma en los medios de comunicación. Aunque bien es verdad, cualquiera que hubiera paseado algunas jornadas atrás por el entorno, al fijar su mirada se habría dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Me explico: las quejas provienen por mor del derribo de los balcones de un extremo de la fachada.

Pronto, la Universidad de Cádiz -a quien la Junta de Andalucía le cedió el edificio en 1998-, se ha apresurado a declarar que serán reconstruidos. Había peligro de caída de cascotes cuando no de balcones enteros. Hasta ahí todo bien. Se derriban los balcones y se vuelven a construir… porque… ¿a estas alturas alguien cree que el Balneario de la Palma es el original de 1926?

Los balcones no son la cuestión. Lo más doloroso es, como decía, desde muchas jornadas atrás, se veía como todo el edificio iba desapareciendo hasta llegar a hoy donde lo único que queda es su esquelética fachada. ¡Claro que lo volverán a levantar! ¡Claro que el peatón no perderá de vista su resolutiva fachada! El problema en cuestión es que se ha hecho desaparecer, la forma de su planta en “W” y con ella el histórico edificio.

¿Cómo la Junta de Andalucía no ha dicho nada al respecto? Hablamos de una pieza arquitectónica que forma parte de una no breve bibliografía, incluso de una tesis doctoral defendida en la Universidad de Sevilla. Y peor aún: el edificio estaba catalogado dentro del Patrimonio Inmueble de Andalucía por la propia Junta, y por lo tanto protegido. Y digo “estaba” porque ya no existe.

Y así, queridos/as lectores/lectoras, es como se va perdiendo nuestro patrimonio e historia sin que quien debe velar por el mismo mueva un dedo. Así nos va. Ya ven, al fin y al cabo toda una paradoja. La fachada del edificio se conserva, mientras cambia todo el interior; mientras que por otro lado ellos en toda la historia de nuestra democracia han cambiado una cara por otra, mientras que el interior sigue estando en ruinas.

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