Feminismo

“Prefiero ser mujer cuota que mujer excepción”

Amparo Rubiales, la que fue la primera mujer en formar parte de un Gobierno andaluz, habla de su vida marcada por el compromiso feminista, la militancia socialista y la ruptura de techos de cristal a su paso

Ts, cuidado que viene Amparo”. Así la recibían sus compañeros de partido, entre codazos y susurros, para acabar con la conversación. “¿Qué estarán diciendo?”, se preguntaba Amparo Rubiales (Madrid, 1945) al ver que, cuando ella hacía acto de presencia, “pasaba un ángel”, como dice la expresión. Rubiales, que fue la primera mujer en formar parte de un gobierno andaluz, entre 1982 y 1984, como consejera de Presidencia en el primer Gobierno autonómico de Andalucía, ante todo formó parte primero del Movimiento Democrático de Mujeres como una acérrima feminista que es.

“En mi partido, tanto en el PSOE como en el Partido Comunista, me preguntaban: ¿Y tú por qué te dedicas a esto si tú no lo necesitas? Si tú eres doctora en Derecho… He sido delegada del Gobierno, he mandado a la Policía, a la Guardia Civil, y he seguido siendo feminista. Yo he podido escapar a la regla, pero las demás mujeres no. Y yo quiero ayudar a las demás. Cuando el PSOE aprobó la Ley de Cuotas, yo dije: Prefiero ser mujer cuota que mujer excepción. Yo hasta entonces era siempre la excepción y estoy encantada de ser mujer cuota”, declara a lavozdelsur.es después de haber participado en las jornadas feministas Mujeres en el Espacio Mediterráneo. Diversidad, Igualdad y Cultura: hacia una sociedad inclusiva, en los Claustros de Santo Domingo de Jerez.

En su grueso currículum, Amparo Rubiales ha sido concejala en el Ayuntamiento de Sevilla y vicepresidenta de la Diputación de la capital andaluza, parlamentaria por Sevilla en el Parlamento de Andalucía, delegada del Gobierno en Andalucía y diputada nacional por Sevilla. Además de ser doctora en Derecho y profesora titular de Derecho Administrativo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Cargos en los que, sin duda, le han hecho centenares de entrevistas salpicadas por el machismo y repletas de sexismo. “No tengo un buen tratamiento en los medios, en casi todos los artículos mi condición de mujer aparece”, destaca.

“Cuando tomé posesión en el Ayuntamiento de Sevilla llevaba un traje amarillo, y mira que la foto era en blanco y negro, pero igualmente escribieron que era amarillo. Mira, de Puigdemont”, se ríe. “Recuerdo una vez, era yo concejala en el Ayuntamiento de Sevilla, y le dije al periodista: Muchas gracias por no haber hecho referencia a nada que tuviera que ver con mi género. Y al día siguiente veo el titular y dice: Amparo Rubiales enfundada en un espléndido traje rojo… Y digo, ea, ya está; y se lo había advertido”, recuerda.

“En la inmensa mayoría eran así. Eso es muy gracioso, porque tal como voy creciendo hay muchas menos referencias a mi físico. Porque al principio llamo la atención. Primero porque soy mujer, porque soy joven y soy guapa. A medida que voy creciendo, ya se van incorporando más mujeres, ya no soy tan joven, ya se van acostumbrando a mí, ya dejo de ser tan guapa… Ya va decreciendo a mi condición de mujer”, explica la socialista, que defiende los avances en materia de igualdad que están llevando a cabo sus compañeros de partido. No obstante, también resalta que cuando ha ido a sus compañeros a decirles que tiene que haber más mujeres en las listas y ella le decía nombres, ellos le recriminaban tal que así: “Siempre dices las mismas”. “Y yo los veía a ellos, y eran los mismos. Todos los mismos. Y eso me producía… ¿Y ahora qué hago?”.

Amparo Rubiales durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

Llama la atención que lo primero que destaca siempre de usted misma es que es feminista, feminista y feminista; cuando hay quienes todavía le guardan cierto recelo al término. Pero claro, ¿desde qué año lleva usted con el feminismo por bandera?

Probablemente desde finales de los 60, cuando estudiaba en la Universidad. Estudié en la Universidad de Sevilla, en la Facultad de Derecho, y las mujeres de mi generación no estudiaban. Entonces yo no era feminista, pero sí me parecía raro que fuésemos tan pocas las que estudiábamos.

¿Cuántas eran en clase?

Éramos seis mujeres en mi curso, y ellos serían unos 60 o 70. Por ejemplo, mi hermana no estudió carrera universitaria porque lo normal era no estudiar. Además, una carrera universitaria era, en el mejor de los casos, un paréntesis en la vida de las mujeres hasta que se casaban. Todo esto las niñas ‘bien’, las hijas de familia con recursos económicos, claro. Estudiaban, casi todas Filosofía y Letras, que era como la carrera de las mujeres. Pero para ellas era un paréntesis hasta que cumplieran su función en la vida, que era ser esposa y madre. Yo, para empezar, no quise hacer Filosofía y Letras e hice Derecho, que era una carrera menos femenina. Y yo sola me daba cuenta de… ¿y por qué esto es así? ¿Por qué nuestra función tenía que ser la de esposa y madre nada más?

En el imaginario colectivo la mujer lo que debía hacer era eso: casarse y tener hijos. 

Sí, eso era lo normal en todos lados.

¿Y cómo salió usted diferente?

Porque escapé a la regla. De hecho soy esposa y madre, pero hice teatro en un grupo independiente: Esperpento y Santígona. Pero no fue por mi casa, ni por mis amigos. Pero yo empecé, antes de militar en los partidos políticos, en los movimientos de mujeres. Porque empecé a ver a mujeres que tenían los mismos problemas que yo, o les preocupaba las mismas cosas que a mí. Y no lo he abandonado nunca. Fue la vida lo que me hizo tener un espíritu crítico, el hacer una vida distinta, no convencional.

¿Recuerda cuándo abrió los ojos en la concienciación feminista?

Un día exacto no. Pero cuando terminé la carrera de Derecho, la primera conferencia que di fue sobre la situación jurídica de la mujer en España.

Que en ese momento era…

Que en ese momento era un desastre. (Ríe). Entonces las mujeres necesitábamos autorización marital para poder abrir cuentas corrientes. Yo jamás tuve ese problema, pero esto era así. Y el único problema que tuve en el franquismo —que a mí no me han detenido ni he estado en comisaría— es que me daban el pasaporte por un solo viaje. Yo tenia siempre que volverlo a pedir a la vuelta de los viajes. Y luego, cuando Clavero o Arévalo, el que fue ministro y mi director de tesis, cuando fue rector: me llamó un día y me dijo que había visto mis antecedentes policiales. Claro, las brigadas policiales siempre iban a oír lo que yo decía en las conferencias y en el informe decían que yo había dicho que hay que mandar a los niños a que los eduque el Estado como en Rusia. Cosa que yo jamás he dicho. Debieron de entenderlo mal cuando yo dije que la mujer no puede estar condicionada solo por el cuidado de los niños y que tiene que tener vida propia.

La abogada y política madrileña, Amparo Rubiales. FOTO: MANU GARCÍA.

Ha ejercido en la abogacía, en la política… ¿Siempre ha estado en un ‘mundo de hombres’?

Sí, sí. De hecho, soy un curso inferior o dos, —porque yo estudié primer y segundo año en Madrid— con Manuela Carmena y Cristina Almeida. Entonces, en Madrid, ya había mujeres. Pero bueno, a nosotras, en Derecho Canónico, en Sevilla, que lo daba Jiménez Fernández, en Derecho Canónico tiene los vicios del consentimiento, que son causas para que te den la anulidad matrimonial canónica. Pues bien, Jiménez Fernández, que a la sazón había sido catedrático de la República, de la derecha, pero republicano, cuando llegaba el matrimonio, echaba a las mujeres y se quedaba con los hombres para explicarles los vicios del matrimonio. Y en Madrid tan solo lo hacía cuando tenía que explicar el vicio de impedimento, porque el impedimento es que el tío no puede meter la polla en el coño. Cosa que no podíamos decir… Pero no protestábamos ninguna. Luego, unos años más tarde, ya empezaron a protestar y ya dejaron de hacerlo.

¿Alguna vez ha tenido que cambiar su personalidad para estar en igualdad de condiciones que los hombres?

No.

¿Ni se ha sentido cuestionada por sus compañeros?

Nunca. No se atrevían. (Ríe). Eso sí que no. Siempre he tenido mucha seguridad.

¿Y recuerda la frase o situación machista que más le haya dolido?

Debe haber tanto… Yo recuerdo que algunos medios me han preguntado: ¿Qué comidas sabes hacer? ¿Cómo guisas? Y cosas así, y yo les decía: Yo solo sé cocinar un huevo frito.

¿Ocupando un cargo político?

Claro, y no en una sola entrevista, sino en 40. Pero vamos, de eso me voy dando cuenta ahora mismo. Y tengo pensado escribir un libro recopilando ese tipo de cosas. Y que cómo cuido de los niños, cuántos niños tienes… Yo en el 71 me casé por lo civil y también declaré que había abortado cuando en verdad no había abortado, pero me autoinculpé del aborto. Recuerdo que la primera vez que fui concejala del Ayuntamiento de Sevilla, fui a un acto y me quisieron sentar en el lado de las mujeres consortes que habían ido al acto, y no con los demás cargos públicos. Y todo porque al de protocolo le parecía más adecuado, yo le dije que de ninguna de las maneras. O cuando fui vicepresidenta de la Diputación, me hicieron unas tarjetas en las que ponía vicepresidente y les dije que no las quería. O me pones vicepresidenta o no las quiero, y ya está. Otras veces repartían puros en las comidas y eso, y a mí me saltaban. Mira que no fumo puros, pero me evadieron el puro. Lo mismo ocurría con los chistes con la democracia del paritorio. “Ya están estas con la democracia del paritorio”…

Entonces entiende que las cuotas de género son necesarias. 

Las cuotas de género las considero totalmente esenciales. Si no hubiese habido cuotas no estábamos aquí. Si dejamos solo que el devenir natural de las cosas nos lleve a ocupar el mismo espacio de poder que los hombres, estaríamos… vamos. Hablamos mucho sobre la globalización, que ahora todo el mundo está globalizado, y el patriarcado fue la primera globalización del mundo. El patriarcado es la globalización. El patriarcado estableció unas reglas que ya luego hemos ido, según cada país, rompiendo.

¿Qué le parece la Ley de Igualdad Laboral que ha propuesto la vicepresidenta y ministra de Igualdad, Carmen Calvo, en la que se establece la obligación legal de las empresas españolas a compartir y repartir el poder de decisión con las mujeres?

A mí me parece perfecta. Es más, me gusta que me hayas dicho la Ley de Igualdad Laboral, porque están empeñados en decir la Ley de Igualdad Salarial. Y no es verdad. Es que la brecha salarial también está contemplado ahí, para trata de que nos paguen igual, de que podamos acceder a los mismos puestos de trabajo… Me parece esencial. Pero a mí me parecen muy importantes las leyes, que hay que seguir haciéndolas, y muchas, pero lo que más importante me parece es la educación. Desde ya y desde la cuna.

El Gobierno entonces debería hacer una política educativa en materia de igualdad, en base a la pedagogía feminista.

Claro que hay que hacerla. Desde que nacen. Pero no basta solo con las leyes y los Gobiernos. Las familias también son responsables.

Rubiales posando en los Claustros de Santo Domingo. FOTO: MANU GARCÍA.

El feminismo se encuentra dividido en cuanto al tema de la prostitución. ¿En qué bando se encuentra usted?

Yo abolicionista pura y dura. Con respecto a la prostitución, la mayoría del movimiento feminista es abolicionista. La inmensa mayoría, diría yo. Hay una parte que no lo es, pero eso ha pasado siempre en todo.

¿Y por qué es abolicionista?

Porque creo que no es verdad lo de la libertad.

El mito de la libre elección.

Hombre por Dios. Que dicen que yo prefiero abrirme de piernas que limpiar el culo a un viejo. ¿Y por qué te abres de piernas? Porque no tienes recursos. O te abres de piernas para ganar más dinero. Pero es siempre una cuestión económica, de pobreza. Bueno, hay algunas que dicen que quieren tener más, comprarse joyas… Vale, pero es una utilización. Y además, eso, si lo quieren hacer, que lo hagan. Ya está. Si dices, mira, me quiero sacar unos eurillos porque quiero comprarme un reloj, po tú te vas y te acuestas con 20. ¿Pero regularizar la prostitución? ¿Para que pase como en Alemania? Que lo han regularizado y la semana pasada venía un anuncio: 15 euros, una salchicha, una puta y una cerveza.

La semana pasada hubo cinco asesinatos machistas, ¿qué está fallando en el sistema?

Estamos fallando todos. Yo quiero terminar con los gritos del silencio. Las mujeres asesinadas gritan en silencio y no las oímos. Y están gritando. La madre esta a la que le han asesinado sus dos niñas, le daba miedo si iba a más y tratan de no gritar tanto por miedo a las consecuencias. No la hemos oído. Asesinan a los niños y las asesinan a ellas.

Son entonces responsables tanto el sistema judicial, como la familia, los vecinos…

Si yo creyera solo en las leyes, estaría encantada, porque diría: Nos hemos hartado de hacer leyes, sí, y aquí estamos. Hay que darle formación en igualdad a los jueces, los policías, a la Guardia Civil…, sin duda. Hay que dotar de más medios, sin duda. Si es que hasta la forma de un infarto es la masculina, el infarto femenino, los signos, son diferentes. Y cuando tú llegas a un hospital te dicen, no, esto no es un infarto, porque no tienen el protocolo, los mismos síntomas del miocardio masculino. Y eso se está arreglando, hay que hacerlo. Y hay que ayudar a las mujeres. Hay que oír, el silencio, el grito… En el acoso, porque las mujeres no pueden decir: Es que mira lo que me ha pasado… Porque nadie las cree.

“Espero que esta cuarta ola nos lleve al fin del patriarcado”, dijo en una reciente entrevista. ¿Es cierto eso de que el patriarcado tiene un fin?

No. (Ríe). Vamos, debería tener un fin, pero es lejano. Para empezar, las mujeres deberían poder tener vida propia.

Es algo que usted reivindica mucho, la autonomía de la mujer. 

Es que sin eso no hay tu tía. Si tienes dependencia… Y claro, para eso hace falta recursos económicos, empleo… Mientras haya dependencia de las mujeres con respecto a cualquiera: tu padre, tu hermano, tu pareja… Hemos pasado la vida dependiendo de un hombre. Por favor, yo quiero depender de mí. Entonces el fin del patriarcado llegará cuando las mujeres tengamos autonomía para decidir sobre nuestras vidas. Y yo creo que estamos más cerca, claro, que con la primera ola.

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