En cualquier lugar del Real del González Hontoria puede abrirse esa caja de la esencia flamenca de una Feria de Jerez que encara melancólicamente su recta final.
Entre el chunda-chunda de algunas casetas, la desvirtualización de otras convertidas casi en discotecas y las listas de reservas que llegaron hace unos años para quedarse, quitándole encanto a lo de buscar el papeo al azar, hay momentos que invitan a pensar que no todo está perdido.
Con Juan de la María al cante
Y es entonces cuando la Feria de antes regresa con su arte y poderío para dejar de manera improvisada su impronta ante un público espontáneo que se rinde cautivo al duende de una tierra que sabe bailar y cantar como pocas.
Delcalza, sobre el albero, así se fabrica desde el alma la pataíta que recorre las venas del Real, deteniendo con el compás el reloj del tiempo. Así pasarán mil años, muchos más, pero Jerez seguirá siendo Jerez, cuna de momentos únicos como el vivido a las puertas de la caseta de la Peña La Buena Gente. Al cante, Juan de la María. Al baile, quienes guardan el secreto eterno del pellizco que acaba en aplausos.
Y es que, como dijo hace unos años Joan Manuel Serrat, "Jerez y Buenos Aires son las ciudades del mundo con más artistas por metro cuadrado".
En cualquier lugar del Real del González Hontoria puede abrirse esa caja de la esencia flamenca de una Feria de Jerez que encara melancólicamente su recta final.
Entre el chunda-chunda de algunas casetas, la desvirtualización de otras convertidas casi en discotecas y las listas de reservas que llegaron hace unos años para quedarse, quitándole encanto a lo de buscar el papeo al azar, hay momentos que invitan a pensar que no todo está perdido.
Con Juan de la María al cante
Y es entonces cuando la Feria de antes regresa con su arte y poderío para dejar de manera improvisada su impronta ante un público espontáneo que se rinde cautivo al duende de una tierra que sabe bailar y cantar como pocas.
Delcalza, sobre el albero, así se fabrica desde el alma la pataíta que recorre las venas del Real, deteniendo con el compás el reloj del tiempo. Así pasarán mil años, muchos más, pero Jerez seguirá siendo Jerez, cuna de momentos únicos como el vivido a las puertas de la caseta de la Peña La Buena Gente. Al cante, Juan de la María. Al baile, quienes guardan el secreto eterno del pellizco que acaba en aplausos.
Y es que, como dijo hace unos años Joan Manuel Serrat, "Jerez y Buenos Aires son las ciudades del mundo con más artistas por metro cuadrado".
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