Las fotografías difundidas por la Policía Nacional lo dejan claro. Las granadas aparecen visiblemente oxidadas y con restos de cinta aislante, algo que lejos de restarles peligrosidad la multiplica: el deterioro en este tipo de artefactos los convierte en dispositivos impredecibles, difíciles de manipular con seguridad y más propensos a fallos imprevistos en su mecanismo.
Detalle de la granada, donde se aprecia la oxidación y la cinta aislante.
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La granada M93 es heredera directa del diseño de la Primera Guerra Mundial, concretamente del modelo Mod.1917, aunque incorpora componentes de plástico moldeado en lugar de metal, una elección que los expertos consideran llamativa para un artefacto de fabricación moderna. Su espoleta de percusión mantiene el funcionamiento que su predecesora de hace más de un siglo.
A diferencia de otros modelos, las estrías exteriores del cuerpo no sirven para fragmentarse, sino únicamente para proporcionar agarre. La fragmentación letal se consigue mediante un sistema interno de bobinas de acero segmentadas, diseñadas para proyectarse en todas direcciones con una cobertura lo más uniforme posible.
El resultado es devastador. La granada puede accionarse en tan solo tres segundos y funciona en condiciones extremas: nieve, barro, agua o temperaturas muy bajas no afectan a su activación, según la propia Policía, que añade algo preocupante. Y es que su radio de acción mortal alcanza los 54 metros y está concebida para causar el máximo número de víctimas en espacios cerrados o con concentración de personas, gracias también a las 3.000 bolas a modo de metralla en su interior.
Armamento de guerra para proteger droga
El hallazgo de estas granadas no estaba solo. Formaba parte de un arsenal intervenido junto a cuatro fusiles de asalto AK-47, un fusil cetme, 14 cargadores, un cargador rotativo de ametralladora, un depósito de munición de varios calibres, varios rotativos policiales y un chaleco antibalas. Todo ello custodiando 1.600 kilos de hachís que habían llegado en barco por el río Guadalete en la madrugada del 28 de abril.
Las fotografías difundidas por la Policía Nacional lo dejan claro. Las granadas aparecen visiblemente oxidadas y con restos de cinta aislante, algo que lejos de restarles peligrosidad la multiplica: el deterioro en este tipo de artefactos los convierte en dispositivos impredecibles, difíciles de manipular con seguridad y más propensos a fallos imprevistos en su mecanismo.
Detalle de la granada, donde se aprecia la oxidación y la cinta aislante.
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La granada M93 es heredera directa del diseño de la Primera Guerra Mundial, concretamente del modelo Mod.1917, aunque incorpora componentes de plástico moldeado en lugar de metal, una elección que los expertos consideran llamativa para un artefacto de fabricación moderna. Su espoleta de percusión mantiene el funcionamiento que su predecesora de hace más de un siglo.
A diferencia de otros modelos, las estrías exteriores del cuerpo no sirven para fragmentarse, sino únicamente para proporcionar agarre. La fragmentación letal se consigue mediante un sistema interno de bobinas de acero segmentadas, diseñadas para proyectarse en todas direcciones con una cobertura lo más uniforme posible.
El resultado es devastador. La granada puede accionarse en tan solo tres segundos y funciona en condiciones extremas: nieve, barro, agua o temperaturas muy bajas no afectan a su activación, según la propia Policía, que añade algo preocupante. Y es que su radio de acción mortal alcanza los 54 metros y está concebida para causar el máximo número de víctimas en espacios cerrados o con concentración de personas, gracias también a las 3.000 bolas a modo de metralla en su interior.
Armamento de guerra para proteger droga
El hallazgo de estas granadas no estaba solo. Formaba parte de un arsenal intervenido junto a cuatro fusiles de asalto AK-47, un fusil cetme, 14 cargadores, un cargador rotativo de ametralladora, un depósito de munición de varios calibres, varios rotativos policiales y un chaleco antibalas. Todo ello custodiando 1.600 kilos de hachís que habían llegado en barco por el río Guadalete en la madrugada del 28 de abril.
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