Cultura

Gabriel Noguera, el escritor de los 5.000 microrrelatos que retrata como nadie a la Generación Y

El autor publica 'La gente normal', su cuarta novela, con la editorial sevillana Mclein y Parker: "la normalidad sólo nos puede llevar a la frustración"

Gabriel Noguera, escritor de adopción malagueña pero natural de Gotemburgo (Suecia), se define como un “autor secreto, tercermundista y sentimental”. Y algo de eso tiene, si empatizamos con su irónico autorretrato. También es un escritor altamente prolífico, brillante, algo nihilista, y que lleva varios lustros escribiendo sin cesar en las profundidades de Internet, en su bitácora Aventuras en el país de la psicopatía. En ese rincón literario ha escrito, atención, más de 5.000 microrrelatos en los últimos quince años (desde 2013 no ha faltado ningún día a su cita, es decir, que lleva siete años publicando a diario), acaparando también multitud de premios literarios (hasta 28 distinciones ha recibido).

¿Cómo ha conseguido tanta disciplina? “El secreto está en carecer de vida, poco vas a escribir si estás todo el rato en fiestas con odaliscas y drogas gratis, aunque lo cierto es que te lo pasarás mejor. Leí alguna vez, o quizá me lo estoy inventando, que Norman Mailer se preguntaba de dónde sacaba tiempo Truman Capote para la literatura, puesto que siempre se lo encontraba de farra (aunque Capote habría podido responder que en realidad coincidían en las únicas fiestas a las que acudía). Yo me marqué escribir en el blog como un ejercicio de autodisciplina, pero a estas alturas me da la sensación de que lo hago por TOC (trastorno obsesivo-compulsivo). Creo que hasta me sentiría mal si no actualizara un día”, explica.

Noguera acaba de publicar con la editorial sevillana Mclein y Parker La gente normal, una espléndida novela que versa, según explica su solapa sobre “un tipo despreciable que, a los treinta y cinco años, vive con sus suegros y dedica sus días a dos fantasías bien definidas: por un lado, la de ser escritor, vocación para la que carece de talento; por otro, su cuñada de quince años, a la que desea en secreto”. Es una tragicomedia que si te engancha, se lee de una sentada.

¿Qué es “ser normal” hoy día? Pregunta lavozdelsur a Noguera: “Tengo dos teorías al respecto. O bien la normalidad es una entelequia, un constructo que nunca podremos alcanzar, pues pertenece a un mundo idealizado y sólo nos puede llevar a la frustración y a votar a la ultraderecha, o bien sí que existe y es un vago saber estar en el mundo, llevar una existencia de baja intensidad en la que las apetencias y los deseos se limitan al día a día, sin mayor drama. Ser normal quizá sea pensar en comer, estar abrigado cuando hace frío y fresco cuando hace calor, follar de vez en cuando, ver la tele un poco y dormir ocho horas. Así dicho puede que parezca un esnob y que arrugo la nariz mientras comento esto, pero nada más lejos de mi intención. La normalidad suena muy apetecible, a mí me encantaría participar de ella. Parecen pasárselo muy bien, sin excesivas preocupaciones inútiles”.

‘Gente normal’.

La ironía del propio autor, uno de los recursos que más y mejor maneja, se funde en sus páginas con la del protagonista, al que Noguera asegura parecerse poco: “Prácticamente no me parezco en nada a él. A mí escribir me permite explorar otras vidas, poner en boca de mis personajes opiniones que nunca osaría enunciar en voz alta y, en general, ser otro. Yo sobre todo hubiera querido ser extrovertido, creo que habría sido muy feliz. Si escribiera sobre mí, mis personajes siempre serían horriblemente tímidos, se comportarían más o menos como Woody Allen en la escena de la cita a ciegas en Play it again, Sam”. 

Una curiosidad, el personaje principal de La gente normal no desvela su nombre en ningún tramo de las 166 páginas de la obra: “Es un recurso para que la gente se identifique con él, eso y la voz en primera persona”, añade Noguera. El tema polémico que rodea a este protagonista es su obsesión con su cuñada de 15 años: “Lo bueno de ser un autor completamente desconocido es que puedes tocar temas polémicos sin que nadie se moleste”, asegura, añadiendo: “No entiendo esta creencia profundamente infantil de muchas personas según la cual las ficciones han de ser cuentos morales que nos ofrezcan una visión amable de las cosas y que estén protagonizadas por arquetipos heroicos, como cuando los estadounidenses tenían el código Hays.

Parece que la ficción tuviera que ser educativa y aleccionadora y es acusada de pervertir a la sociedad cuando se sale de esta norma

Parece que la ficción tuviera que ser educativa y aleccionadora y es acusada de pervertir a la sociedad cuando se sale de esta norma. Llama la atención porque al final esta tesis significa darle la razón a los que afirmaban que la música de Marilyn Manson era la culpable de los asesinatos de Columbine. Síndrome de don Quijote, habría que llamar a esta idea. Lo más parecido a una queja fue una señora en Facebook que al leer la sinopsis puso algo como «¡pero si esto es la historia de un pederasta!». A ver, señora, ¿qué le parecería la historia de un tipo que, comparándose con Napoleón, considera que algunas personas están por encima de las reglas y convenciones morales y pueden hacer lo que quieran si es por un bien mayor y que para poner esta tesis en práctica asesina a una anciana por su dinero? Porque es la premisa de Crimen y castigo, oiga”.

Otro de los asuntos en los que ahonda la novela es el vacío existencial de la generación Y: “No sé si es este vacío una sensación generalizada”, duda, puntualizando: “A mí me da la sensación de que formamos una sociedad bastante conformista, que no es exactamente lo mismo que insatisfecha. Seguimos adelante con poca cosa, sin darle muchas vueltas. Yo hace seis meses cumplí cuarenta años y tampoco me ha deprimido tanto (quizá influya que intento no pensar demasiado en ello, claro). De todos modos, yo quería hablar en la novela de las vocaciones equivocadas, de cómo puedes invertir tu vida, o una buena parte de tu juventud, en pos de un objetivo para el que no tienes aptitudes o disciplina. De cómo te engañas por perseguir sueños que no estaban a tu alcance por una cuestión u otra. ¿Es eso generacional? ¡Espero que no!”.

Una relación de amor-odio con el mundo editorial

La gente normal es la cuarta obra de Noguera, tras Fuera de trama (Berenice, 2015), Historia de la literatura secreta (Ediciones en huida) y el tebeo Órbita 76 (Dibbuks). “Creo que todos los escritores tenemos editoriales en las que nos haría especial ilusión publicar y para mí Maclein y Parker era una de ellas. Sus libros me parecían muy bonitos y quería verme en esa tesitura, así que les envié unos relatos que tenía reunidos. Me dijeron que no. Como no era la primera vez que una editorial me rechazaba cruelmente, me lo tomé con filosofía. Dejé pasar un tiempo prudencial para lamerme las heridas y contraataqué con la novela pensando que les gustaría todavía menos. Pero la vida te da sorpresas y me contestaron que estaban interesados en publicarme. Puede que jamás exista un libro mío tan bonito, ya sólo me queda la decadencia”, bromea.

Noguera ha ido cambiando de editorial con cada trabajo, le preguntamos acerca de este vaivén literario: “Lo de las cuatro editoriales es producto de la casualidad: tanto Órbita 76 como Fuera de trama fueron premiadas en los concursos de cómic y novela, respectivamente, que organizaba el Instituto Andaluz de la Juventud y fueron publicadas con las editoriales con las que tenían firmados contratos de colaboración; Historia de la literatura secreta y La gente normal, en cambio, sí que obedecen a mi interés en publicar con esas editoriales. Y al de ellas, claro. Otras se resisten más, como Páginas de espuma o Anagrama. Pero cualquier día de estos, en algún universo paralelo…”. 

Blog de Gabriel Noguera.

Otra curiosidad; el autor rescató su primera novela Fuera de trama de ser literalmente destruida por Berenice: “Pagué los treinta euros del envío y rescaté todas las copias en stock. Hasta ahora he repartido ciento diecisiete ejemplares, me quedan en casa unos doscientos treinta. El caso es que en su día se había vendido excelentemente bien para los parámetros de un autor desconocido: doscientos sesenta ejemplares. A veces fantaseo con que La gente normal se convierte en un superventas, el nuevo fenómeno editorial del que todo el mundo habla, me llevan a la tele para entrevistarme, celebran mi nombre en las tertulias por haber sabido capturar a la perfección el angst moderno, agoto edición tras edición y desde Berenice me telefonean para pedirme disculpas por haberse equivocado conmigo, me ofrecen las llaves del reino y de los coches deportivos de los directivos y relanzan Fuera de trama en una edición de lujo, pero igual es poco factible”.

En las redes sociales Noguera suele hablar con pelos y señales de las cuentas que rodean a sus libros, precisamente en una industria, la de los libros, en la que la transparencia no se estila: “La transparencia siempre es un plus. En la política, en la lencería, etc. Me parecería un poco ridículo intentar ocultar la realidad o avergonzarme de ella. Esto es lo que hay, así que hablemos de ello. Decía Alberto Olmos que no podía sentirse escritor si sólo vendía quinientos ejemplares, yo todavía sueño con llegar algún día a esa cifra. Y que mis editores me llamen un día para susurrarme las dos palabras más bonitas del castellano: «segunda edición»”.

Es dura la vida del escritor. En general son tiempos difíciles. Noguera diserta sobre el panorama político actual y no ve nada claras las próximas elecciones: “No tengo esperanzas de ningún tipo. La gente de izquierdas se quedará en casa refunfuñando por alguna tontería y las hordas derechistas acudirán en masa a las urnas como en un apocalipsis zombi. Pero luego nos quejaremos en Internet con gran profusión de originalidad e ingenio. ¡Qué de memes veremos! Siempre nos quedará algún meme divertido que recordar cuando vayan a fusilarnos por ser malos españoles”.

Siempre activo, Noguera ya tiene en mente su siguiente novela: “Tengo ganas sobre todo de meterme en faena con una novela de ciencia ficción, que era mi primera idea cuando publiqué Fuera de trama, pero siempre lo pospongo. Ahora estoy terminando una obra de amor y humor, después ya veremos”. De momento, se conforma con cumplir objetivos más mundanos: “Confío en escribir ciertas cosas, ganar algo de dinero, ser moderadamente feliz. O sobrevivir a duras penas, lo que sea más fácil”, concluye.

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