Donald Trump ha declarado formalmente el estrecho de Ormuz "nuevo territorio de Estados Unidos". Una vez descrito el hecho, así, en modo de titular, dan ganas de escribir algo tipo "ahí queda eso" o "y se despachó una cerveza helada". También cabe preguntarse si Ormuz será próximamente la estrella número 51 de la bandera estadounidense... incluso hay que recordar que este enclave se encuentra a 10.600 kilómetros de Washington, que suponemos también que pasa a ser formalmente la nueva capital de Ormuz.
Bromas aparte (no se apuren, dentro de unas líneas va otra), el caso es que hoy el conflicto de Oriente Medio que estalló el 28 de febrero, hace ya casi medio año, vuelve a la actualidad, no solo por la trumpada sobre Ormuz –es evidente que Trump no da con la tecla para salir de este laberinto (mejor, avispero)– sino por el hecho de que es justo el día en que vence el alto el fuego acordado por Estados Unidos e Irán sin que se hayan producido apenas avances que lleven a pensar en que está cerca un acuerdo de paz duradero, antes al contrario, la sensación es que las dos partes pueden volver a entrar en conflicto en cualquier momento. Hace ya varios días que Trump viene elevando el tono, sobre todo respecto al vecino país de Omán –vecino de Irán... y, desde hoy mismo, no se nos olvide, también de EE.UU por aquello de lo de Ormuz–, que parece convencido de formar sociedad con Irán para llevar a cabo el control efectivo del estrecho y del petróleo y el gas (quinta parte de la producción mundial) que navega por sus aguas.
Por supuesto, independientemente de lo estrambótico que pueda resultar la decisión sobre Ormuz, se trata de una medida de presión que va más allá del bloqueo naval que Estados Unidos viene manteniendo en la zona y trata de intimidar tanto a Irán como a Omán, pero también es una decisión que puede verse como un mensaje de fuerza para consumo interno, un intento de comenzar a remontar en las encuestas de cara a las elecciones legislativas de medio mandato, que son ya, el 3 de noviembre. Hace tres días se dio a conocer una encuesta muy significativa sobre la valoración del electorado norteamericano de su presidente. Allá van algunos datos: el 64% desaprueba su política económica y el 55% desaprueba su gestión, el incremento en el precio de los combustibles ha crecido un 36% lo que lleva a un 53% de los encuestados a afirmar que su economía se ha deteriorado en estos casi dos años de mandato.
Falta de armamento, quejas de familiares...
Durante estos seis meses, Trump ha alternado bombardeos, amenazas y bravatas... y siempre, siempre, desde que se vió que con matar al líder iraní no iba a bastar, que Irán resistía y el conflicto podría prolongarse durante meses, en ningún momento ha dado la sensación de saber bien cómo actuar, cual debía ser el siguiente paso a dar. Y eso incluye también a su aliado Israel: unas veces Trump está a partir un piñón con Benjamin Netanyahu y otras, directamente, le ha proferido insultos. Lo que está claro es que ni Trump ni sus asesores vieron venir la duración del conflicto. Ahí está el tema del armamento –la falta del mismo, para ser más exactos–. Según han revelado medios como The New York Times, Estados Unidos ha tenido que detener, pausar o recurrir a argucias dialécticas sencillamente por la falta de misiles. Tampoco el despliegue en la zona (países próximos) de unos 50.000 soldados habla de un volumen capaz de llevar a cabo alguna de las amenazas de Trump, como la de invadir Irán, siquiera parcialmente.
Ayer mismo se ha dado a conocer un nuevo ejemplo de improvisación. Familiares de militares destinados en el portaaviones Lincoln, destacado en la zona, han denunciado públicamente las malas condiciones existentes en el barco y hablan de la alimentación y de servicios interminables. Lo cierto es el que Lincoln salió de su base en California en noviembre y debería haber estado de vuelta en mayo, hace tres meses. A Trump le han preguntado al respecto y ha negado la mayor, justo antes de presentar mapas en los que ya cita a Ormuz como territorio USA y meterse, como es habitual, con algún periodista, en este caso unaa reportera de la CNN que le preguntó por Corea y se llevó un "irrespetuosa"...
Donald Trump ha declarado formalmente el estrecho de Ormuz "nuevo territorio de Estados Unidos". Una vez descrito el hecho, así, en modo de titular, dan ganas de escribir algo tipo "ahí queda eso" o "y se despachó una cerveza helada". También cabe preguntarse si Ormuz será próximamente la estrella número 51 de la bandera estadounidense... incluso hay que recordar que este enclave se encuentra a 10.600 kilómetros de Washington, que suponemos también que pasa a ser formalmente la nueva capital de Ormuz.
Bromas aparte (no se apuren, dentro de unas líneas va otra), el caso es que hoy el conflicto de Oriente Medio que estalló el 28 de febrero, hace ya casi medio año, vuelve a la actualidad, no solo por la trumpada sobre Ormuz –es evidente que Trump no da con la tecla para salir de este laberinto (mejor, avispero)– sino por el hecho de que es justo el día en que vence el alto el fuego acordado por Estados Unidos e Irán sin que se hayan producido apenas avances que lleven a pensar en que está cerca un acuerdo de paz duradero, antes al contrario, la sensación es que las dos partes pueden volver a entrar en conflicto en cualquier momento. Hace ya varios días que Trump viene elevando el tono, sobre todo respecto al vecino país de Omán –vecino de Irán... y, desde hoy mismo, no se nos olvide, también de EE.UU por aquello de lo de Ormuz–, que parece convencido de formar sociedad con Irán para llevar a cabo el control efectivo del estrecho y del petróleo y el gas (quinta parte de la producción mundial) que navega por sus aguas.
Por supuesto, independientemente de lo estrambótico que pueda resultar la decisión sobre Ormuz, se trata de una medida de presión que va más allá del bloqueo naval que Estados Unidos viene manteniendo en la zona y trata de intimidar tanto a Irán como a Omán, pero también es una decisión que puede verse como un mensaje de fuerza para consumo interno, un intento de comenzar a remontar en las encuestas de cara a las elecciones legislativas de medio mandato, que son ya, el 3 de noviembre. Hace tres días se dio a conocer una encuesta muy significativa sobre la valoración del electorado norteamericano de su presidente. Allá van algunos datos: el 64% desaprueba su política económica y el 55% desaprueba su gestión, el incremento en el precio de los combustibles ha crecido un 36% lo que lleva a un 53% de los encuestados a afirmar que su economía se ha deteriorado en estos casi dos años de mandato.
Falta de armamento, quejas de familiares...
Durante estos seis meses, Trump ha alternado bombardeos, amenazas y bravatas... y siempre, siempre, desde que se vió que con matar al líder iraní no iba a bastar, que Irán resistía y el conflicto podría prolongarse durante meses, en ningún momento ha dado la sensación de saber bien cómo actuar, cual debía ser el siguiente paso a dar. Y eso incluye también a su aliado Israel: unas veces Trump está a partir un piñón con Benjamin Netanyahu y otras, directamente, le ha proferido insultos. Lo que está claro es que ni Trump ni sus asesores vieron venir la duración del conflicto. Ahí está el tema del armamento –la falta del mismo, para ser más exactos–. Según han revelado medios como The New York Times, Estados Unidos ha tenido que detener, pausar o recurrir a argucias dialécticas sencillamente por la falta de misiles. Tampoco el despliegue en la zona (países próximos) de unos 50.000 soldados habla de un volumen capaz de llevar a cabo alguna de las amenazas de Trump, como la de invadir Irán, siquiera parcialmente.
Ayer mismo se ha dado a conocer un nuevo ejemplo de improvisación. Familiares de militares destinados en el portaaviones Lincoln, destacado en la zona, han denunciado públicamente las malas condiciones existentes en el barco y hablan de la alimentación y de servicios interminables. Lo cierto es el que Lincoln salió de su base en California en noviembre y debería haber estado de vuelta en mayo, hace tres meses. A Trump le han preguntado al respecto y ha negado la mayor, justo antes de presentar mapas en los que ya cita a Ormuz como territorio USA y meterse, como es habitual, con algún periodista, en este caso unaa reportera de la CNN que le preguntó por Corea y se llevó un "irrespetuosa"...
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