Opinión

El terrorista santo

Nunca jamás en su historia, desde las catacumbas, la Iglesia ha tenido tantos ingresos provenientes del Estado sin ninguna exigencia a cambio

El 1 de Octubre de 1975, Pío Moa, miembro fundador del GRAPO, grupo terrorista que cometió 84 asesinatos en España, entró en la sucursal del Banesto en la Avenida del Mediterráneo de Madrid, acompañado de otros dos terroristas, Cerdán y Collazo, su misión, matar al policía de guardia en represalia por la últimas ejecuciones firmadas por Franco. Cerdán, alias “Costa”, disparó a quemarropa y a sangre fría al policía de guardia, que cayó malherido, Pío Moa, alias “Verdú”, se acercó al agente moribundo y según algunos testimonios lo remató de un martillazo y le quitó la pistola. (ABC Madrid, 15 Febrero 1977, pág. 2).

Ese individuo, Pío Moa, alias “Verdú”, apareció el 1 de Abril de 2008 a las 20,30 en la sala Juan Pablo II, del obispado de Jerez, invitado, pagado, claro está, por la Unión de Hermandades de Jerez y en colaboración con el obispado para que diera una conferencia sobre la iglesia en la II República. (Diario de Jerez, 2 Abril 2008).

Con esta innoble paradoja se ve claramente el camino que ha escogido la jerarquía católica española, en vez de la de la reconciliación o la fraternidad ha elegido la confrontación y aumentar la división entre españoles, usando para ello cualquier medio, terroristas, falsos profesionales o medios de comunicación pagados con los fondos que el estado y los fieles les dan a la iglesia para luchar contra la pobreza o el bienestar de las personas.

Para sustentar esta postura han creado un argumento, común en las dictaduras y totalitarismos, un enemigo exterior, para unos es el estado español, para otros era el contubernio judeo masónico y para la actual judicatura católica son las hordas rojas que están maquinando para acabar con la iglesia y sus tradiciones. Que vienen los rojos a quitar la Semana Santa y a quemar iglesias. Como en el 36.

Ojo que hablo de la jerarquía católica, del apparattich. No de los miles de fieles y activistas que ejercen eso de que tu mano izquerda no sepa lo que hace tu derecha.

Nunca jamás en su historia, desde las catacumbas, la Iglesia ha tenido tantos ingresos provenientes del Estado sin ninguna exigencia a cambio.

La iglesia tiene hoy control sobre casi el 40% de los colegios de España, privados o concertados. El mayor crecimiento se produce desde 1985, con la LODE del PSOE. ¿Cuando ha tenido la iglesia tantísimos ingresos y tanto poder de influencia en la enseñanza?. 2.587 centros educativos, 1.500.000 de alumnos, 103.569 profesores, 15 universidades con 90.000 alumnos. Mas de 20.000 profesores de religión y 700 millones de euros al año sin el más mínimo control del estado. Enseñan lo que quiere y como quieren. ¿En alguna época desde Constantino el grande, ha tenido la iglesia tal mando y libertad de acción en la educación?. No.

La iglesia recibe en nuestros días unos 270 millones de euros del Estado, a través de una herramienta creada por ese estado rojo y despiadado, la casilla de la declaración del IRPF. ¿Esto lo inventó Franco?. No, Franco tenía una asignación directa que manejaba a su antojo y por la que pedía sumisión y vasallaje, que se materializaba con esperpentos como sus apariciones bajo palio, la interpretación del himno nacional en las procesiones, el desfile de mandos o cuerpos del ejército en ritos puramente religiosos o la enseñanza de los principios de la falange en los colegios a los niños. Esto sí que era adoctrinamiento y no las mamarrachadas de los independentistas esos del Torra. Pero a lo que íbamos, este sistema de financiación se inició en 1988 con Felipe González, el del puro y la chaqueta de pana, otro rojo quemador de Iglesias. Se perfeccionó entre 2000 y 2002 con Aznar, y se puso plenamente en vigor con otro rojo colaboracionista de filoterrotistas y venezolanos, con Zapatero.

Los más mayores recordamos las acciones sociales de la iglesia católica como las hermanitas de los pobres, pura miseria, hoy, después de la transición, a través de Cáritas y Manos Unidas la iglesia atiende casi a 7.000.000 de personas, aunque les dedique muy poco de lo que cobra de la aportación del estado, apenas un 3,9 %. Por contra de ese estado de rojos desenterradores de fascistas recibe Cáritas casi un 30% de su presupuesto. Cosas de comunistas ateos y anti cristianos.

En mis tiempos mozos las procesiones se limitaban a Semana Santa y a algunos desfiles menores como el Corpus o Minerva, o el rosario de la aurora, más de barrio, es más, ser costalero era algo casi indigno y había hermandades al borde de la desaparición. Hoy es muy difícil no cruzarse, hasta en pleno Agosto, con alguna procesión o similar cada semana, por la calle, y no digamos en Semana Santa, que se bloquea la ciudad durante un mes al menos.  En toda la historia de las peregrinaciones ha habido tanta asistencia al Rocío a la Virgen de la Cabeza o a cualquier peregrinación católica como en los últimos tiempos y todo apoyado en la infraestructura del estado gobernando por los rojos esos que dice la presidenta de Madrid que van a quemar iglesias como en el 36.

¿De verdad alguien en su sano juicio puede decir que cuando gobierna la izquierda, según ellos, cuarenta años el PSOE, las tradiciones católicas están en peligro? No tendrían que hacerse la pregunta ellos mismos en sus ejercicios espirituales de porque pierde la iglesia fieles y vocaciones a pesar de aumentar la vinculación folclórica católica de los españoles. ¿No tendrá algo que ver esa pérdida de afección con el acercamiento de la iglesia a posiciones ultraconservadoras iniciadas por el papa Juan Pablo II? Acercamiento que supuso la pérdida de derechos de los trabajadores, la proliferación de dictaduras sangrientamente amparadas por el trío Tatcher, Reagan y Juan Pablo II y la promoción de leyes anti homosexuales y contra las libertades individuales.

Esos si que queman iglesias y fieles, sin llamas, con leyes y acciones políticas y publicistas.

P.D En la cárcel un católico de misa diaria, Oriol Junqueras, y en los púlpitos cientos de curas pidiendo en funerales y bodas la aplicación del 155. Que oportunidad de oro estamos perdiendo con la mediación de una institución que tiene entre sus fines la reconciliación, el amor entre hermanos.

P.D. Sigo sin saber porqué en Jerez hay un monumento al Papa más negativo para los católicos desde los Borgia, amparador de pederastas como Marciel Marcial. ¿Que hizo ese hombre por Jerez? ¿Cual es la vinculación con nuestra ciudad que ampara la erección de dicho monumento.

P.D. Hay que destacar honrosas excepciones, en la época franquista como el cardenal Tarancón y muchos curas obreros que prestaron un inestimable apoyo a la lucha antifranquista a pesar de las presiones, amenazas y persecuciones del propio estado o sus fieles y compañeros de casulla.

Nota: todos los datos expuestos han sido sacados de la página web de transparencia de la Iglesia y de Caritas. Ejemplares, por cierto.

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Comentarios

  1. El autor comienza con una forzada, por extemporánea (alejada del presente), alusión a una conferencia que en 2008 (hace 11 años) impartió Pío Moa, patrocinada por el obispado y las hermandades de Jerez, como punto de partida para su crítica a la deriva política de la iglesia católica, al recordar que Moa fue en tiempos miembro de la banda terrorista Grapo y que hay quien le atribuye el asesinato de un policía armada (así se llamaban los grises) en el tardofranquismo. Pero Moa siempre negó que él asesinara al policía, dijo que ya estaba muerto por el disparo de pistola que le descerrajo otro terrorista (Cerdán), nunca fue juzgado y condenado por ese crimen y se benefició como tantos otros miles antifranquistas de la Ley de Amnistía de 1977, extremos importantes que el autor omite en su reseña de aquel suceso; en ese aspecto su situación era jurídicamente similar y moralmente mejor que la de otros beneficiarios de dicha Ley (como Carrillo o Líster, ambos con miles de muertos a sus espaldas durante la guerra civil) y, no digamos ya, que la de otros terroristas condenados por crímenes de sangre que fueron exonerados y, algunos de ellos, inclusive entraron en política y llegaron a ser diputados. Precisamente si algún hito importante hubo en la reconciliación entre españoles que se produjo en la Transición fue aquella ley de amnistía tan demandada por la izquierda antifranquista. Por ello, nunca se puede decir, con base en aquel lejano evento de la conferencia de Moa en Jerez, que la jerarquía católica española haya escogido el camino contrario a la reconciliación y la fraternidad y haya elegido el de la confrontación y la división, por mucho que la producción historiográfica sobre la guerra civil y sobre el franquismo de Moa pueda no ser del gusto del autor, pues, si bien Moa peca de un cierto sesgo benévolo con el franquismo, sin embargo su relato de la determinante y deliberada causalidad de la política socialista a partir de 1934 en el origen de la guerra civil, basándose en documentación antes inédita de los archivos del PSOE y de la UGT y en otros documentos desclasificados en Moscú tras la caída de la URSS, marcó un antes y un después en la historiografía sobre la guerra civil y es hoy día imprescindible para quien quiera estudiar con objetividad aquel desastre de nuestra Historia. Aparte de que Moa siempre se ha manifestado a favor de la reconciliación y contra el resurgimiento del guerracivilismo.
    Sin embargo, es cierto que la iglesia católica hace mucho que eligió el camino de fomentar la confrontación y la división entre los españoles como medio de debilitar al Estado democrático español y así poder conservar y aumentar sus numerosos e injustificables privilegios. Pero la evidencia de esa deriva eclesial no la ilustra el episodio irrelevante de aquella lejana conferencia de Moa en Jerez, sino hechos mucho más graves, flagrantes, evidentes, dilatados en el tiempo y peligrosos, como son, concretamente, la promoción y protección eclesial de los movimientos separatistas vasco y catalán, inclusive de sus respectivas ramas terroristas y revolucionarias para mantener en jaque permanente al Estado español; no me extenderé en detalles sobre ese apoyo de la jerarquía católica porque son de sobra conocidos. Estrategia eclesial anti española que tiene su origen en el siglo XIX con la lucha dinástica, la implantación del Estado liberal y las desamortizaciones.
    Es imprescindible que el gobierno español denuncie el concordato con el Vaticano y los acuerdos posteriores que lo modificaron.

    1. Antes de nada agradecer su respuesta, y más que nada el tono y la documentación.
      Tiene razón en alguna de sus afirmaciones, no he hecho referencia a las informaciones que defienden o excusan a Pio Moa, las fuentes en las que me he basado son ABC, un periódico nada sospechoso de ser de izquierdas, y de muchísimas informaciones que hay en internet. Mi intención no era sino poner en evidencia la falta de coherencia De la Iglesia catolica, con este acto al que hago referencia. Perdone pero me gustaría en ese mismo tono que he alabado antes, recordarle que son muchos los profesionales y científicos que desautorizan las teorías de Moa y su falta de rigor historico acudiendo a fuentes nada fiables. También hay miles de referencias en internet. Y perdone que le diga que han sido las teorías de Moa las que han servido de base para reactivar el guerracivilismo como lo denomina usted y la confrontación en la política, eso y sus trabajos en los medios de comunicación de la órbita De la Iglesia.

      1. Efectivamente, nunca hay que confundir al autor con su obra; de modo que, una vez aclarado que Moa nunca fue condenado por el asesinato de nadie y que, en consecuencia, es inocente de esa insidiosa acusación, podemos si quiere pasar a criticar su obra historiográfica. Lamento decirle que no puedo estar de acuerdo con su conclusión. La obra historiográfica de Pío Moa no es en modo alguno la causa del guerracivilismo forzado del presente ni tampoco la Iglesia tiene responsabilidad alguna en ese fenómeno político por el hecho de que hayan sido universidades y organizaciones de su órbita las que, casi exclusivamente, hayan acogido conferencias de dicho historiador que ha sido sistemáticamente vetado en las universidades públicas, lo que representa un claro síntoma del grado de degeneración en el que está la universidad pública española, ya que si algo debe estar en el adn de una universidad (inclusive está en la etimología del vocablo “universidad”) es la apertura a la exposición de cualquier tesis, y su debate o discusión para, si es posible, desmontarla con argumentos, pero jamás el veto dogmático. La principal y casi única objeción que se puede formular a la obra historiográfica de Moa es un cierto (tampoco excesivo) sesgo profranquista, sobre todo en sus libros más tardíos, pero en sus libros más importantes (los primeros), concretamente en “Los orígenes de la Guerra Civil española”, “Los personajes de la República vistos por ellos mismos” y “El derrumbe de la II República y la Guerra Civil” es donde hace su aportación verdaderamente original al poner detalladamente en evidencia el papel causal determinante del PSOE (singularmente de sus dirigentes Largo Caballero y Prieto) en la búsqueda, provocación y desencadenamiento de la guerra civil que estaban seguros de ganar y de así poder imponer una dictadura socialista del proletariado, basándose en numerosos documentos de los propios archivos históricos del PSOE y la UGT, además de en documentos del PCUS desclasificados tras la caída de la URSS. De forma que Moa pudo argumentar con mucha solvencia el guerracivilismo del PSOE desde 1934 y triturar la tesis falaz y maniquea de que el “culpable” de la guerra civil era el “malísimo y fascista” Franco, que se había levantado en armas contra la “democrática” II República y contra la “muy democrática e inocente” izquierda para implantar un régimen fascista. Obviamente, Moa recibió inmediatamente aceradas críticas desde los gurúes de la historiografía academicista de izquierda que copa las universidades públicas, singularmente de Moradiellos, Santos Juliá, Preston, Tusell y Viñas, entre otros, pero también recibió el apoyo de otros historiadores renombrados como Thomas, Seco Serrano o Kamen y, sobre todo, Payne, entre otros. De forma que Moa introdujo un revisionismo en el paradigma histórico académico sobre el origen y responsabilidad de la guerra civil que imperaba (y en gran medida sigue imperando de forma impermeable) que, naturalmente, espoleó a dichos máximos gurúes de ese paradigma, pero en cualquier disciplina científica (y la Historia lo es) el progreso se produce mediante la trituración de los paradigmas vigentes y sus sustitución por otros más ajustados a la realidad, a la verdad; y los historiadores, como los biólogos, deben ser científicos que sin apriorismos formulen sus conclusiones ateniéndose exclusivamente a las frías evidencias materiales. Eso, triturar el paradigma existente (aunque no con toda la frialdad deseable, pero no por ello sin razones contundentes) fue lo que hizo Moa en el aspecto concreto de la responsabilidad de la izquierda española de aquel tiempo en el origen de la guerra civil. Aunque Moa, si bien fue el que de forma más documentada y detallada estudió ese aspecto crucial de aquel periodo histórico, tampoco fue el primero, pues ya se le adelantaron en cierta medida los hermanos Salas Larrazabal cuya obra historiográfica monumental es de imprescindible lectura (especialmente “Historia del Ejército Popular de la República”, “los datos exactos de la Guerra Civil”, “Historia General de la Guerra de España” y “Pérdidas de la Guerra”), el pro-comunista Bolloten o Martínez Bande y también Lojendio, entre otros. En Historia, como en todas las disciplinas psico-sociales (las llamadas ciencias blandas) es muy raro, casi imposible, que un solo autor sea capaz de desentrañar una época histórica en todos sus aspectos. Por ello, quien quera acercarse con ecuanimidad al estudio de la guerra civil española no se debe jamás limitar a la lectura de determinados autores de la misma escuela, sino que debe leer obras diversas, sabiendo que cada autor tiene sus fortalezas en unos aspectos y sus debilidades en otros; pues bien, Moa es imprescindible para entender cabalmente el origen de la guerra civil y, muy especialmente, la enorme responsabilidad del PSOE.
        Respecto del guerracivilismo reavivado, la realidad fue que el pueblo español diez años después de la guerra civil ya había superado los odios de la guerra civil y estaba de hecho reconciliado tanto en las grandes ciudades como en los pueblos y se producían matrimonios cuyos cónyuges pertenecían a familias que estuvieron en ambos bandos (yo soy hijo de uno de aquellos matrimonios); por supuesto, mucho antes de la muerte de Franco la guerra civil estaba olvidada en la práctica y no llamaba la menor atención del común de los españoles; por eso, porque la reconciliación en el pueblo ya se había producido naturalmente desde décadas antes, nadie quería aventuras políticas rupturistas tras el fallecimiento de Franco y el pueblo apoyó masivamente la Transición ordenada (la reforma de la ley a la ley) a la democracia y la Constitución de 1978; fue en esa Transición donde se produjo la reconciliación de la clase política, con la Ley de Amnistía, la legalización del PCE y el pacto constitucional, entre otros hitos históricos. Fue el muy irresponsable y nefasto Zapatero quien por su propio interés político reactivó el guerracivilismo mediante su antidemocrática Ley de Memoria Histórica, entre otras medidas, como medio para fracturar al electorado en dos bandos irreconciliables que impidiera el trasvase de votos, crear un “hooliganismo” político (cosa que en gran medida consiguió) y tratar de identificar al PP con el “fascista” bando nacional y al PSOE (al principal causante de la guerra civil) con el “demócratico” bando republicano de aquella contienda y, así, tratar de impedir el regreso del PP al gobierno nacional, con episodios tan miserablemente antidemocráticos como el “cinturón sanitario” antiPP del Pacto del Tinell.
        Moa no ha sido, pues, quien ha provocado el resurgimiento del guerracivilismo, sino el PSOE, con su totalitaria Ley de Memoria Histórica que pretende, nada menos, imponer por ley una versión oficial de la Historia, cosa que sólo ocurre en las dictaduras comunistas, inclusive con sanciones y multas, pasándose por el forro las libertades de cátedra, de pensamiento y de producción intelectual; una ley que, no por casualidad, excluye de su objeto los sucesos históricos anteriores a la guerra civil, esto es, excluye a los cientos de asesinados por la violencia de los golpistas de octubre de 1934 y de los tres meses de gobierno del Frente Popular inmediatamente anteriores al 18 de julio de 1936 para eludir la responsabilidad palmaria del PSOE en aquellos centenares de muertes y, sobre todo, en el origen de la guerra civil. Lo que sí es Moa, sin duda alguna, es uno de los más conspicuos detractores de esa ley totalitaria.
        Todo ello al margen de que está plenamente justificado que la Iglesia, que sufrió durante la guerra civil la segunda persecución más sangrienta de su historia tras la de Diocleciano en el siglo IV, con 6.832 asesinados (aquí la autoridad histórica indiscutible es Antonio Moreno Montero en su “Historia de la persecución religiosa en España”), incluyendo a 13 obispos (eso sí que fue un genocidio de libro perpetrado por el Frente Popular), y a quien Franco libró del exterminio sin duda alguna, acoja las conferencias de un historiador opuesto a la versión orwelliana de la Historia que nos quiere imponer el PSOE.
        Como dije, la Iglesia Católica tiene desde hace dos siglos una estrategia de dividir y enfrentar a los españoles como forma, muy eficaz, de mantener débil al Estado español y así preservar sus inaceptables privilegios; pero esa estrategia no se evidencia en absoluto en la anécdota de las conferencias de Moa, sino en algo que no es anecdótico, sino categórico: el apoyo eclesial decisivo, determinante, permanente y sin fisuras a los separatismos vasco y catalán, inclusive a sus respectivas ramificaciones violentas.

  2. De nuevo agradecerle tanto el tiempo que me dedica como el tono en el que lo hace, es digno de mencionar que aunque defendemos posturas radicalmente opuestas no nos hemos lanzado, como es usual en estos momentos, ni ataques personales ni descalificaciones gratuitas ni por supuesto, y eso es mas de agradecer, etiquetas pretendidamente descalificatorias aprioristidamente.
    En primer lugar debo decirle que me parece que estamos convirtiendo este espacio en una especie de mesa redonda acerca de la historiografia de la guerra civil española. No me disgusta, aunque no me creo, le soy sincero, con la erudición suficiente para llegar a su nivel.
    En primer lugar permítame rebatirle el asunto de la autoría del asesinato de Moa, aunque no fué juzgado, como usted bien dice, hasta el mismo se considera autor del mismo, aunque siempre ha negado lo del martillo, algo que nunca se pudo confirmar ni desmentir. Pero esto no le quita valor a mi cita y comparación, ya que con esta lo que quería demostrar, y con la asuncion por el propio Moa de su condición de terrorista creo que es completamente valida mi aseveración, es la doble vara de medir que están demostrando las autoridades eclesiásticas en el relato politico desde hace un tiempo, ellos directamente o los medios a los que sustentan, por un lado acusan a Pedro Sanchez de filoterroristas y se rasgan las vestiduras con la mas mínima mención a ETA, pero no hacen ascos a alguien que se denomina asimismo terrorista, eso si, que les nutre de argumentación y les soporta Con un tinte academicista falso un discurso anti transición, o mejor dicho, pro franquista y poco en consonancia con el papel que el estado actual le está dando en su estructura.
    No tengo su conocimiento para refutar sus aseveraciones en cuanto a la validez histórica de Moa, solo lo que he podido leer en internet, y esas lecturas no son muy favorables a su obra, hasta autores de posiciones muy conservadores descalifican su obra, eso permítame usar una teoría mas de andar por casa. Mire, me parece inaudito que teniendo como tuvo el franquismo 40 años de absoluto poder en todos los campos, universitarios, académicos, científicos, legales y demás, esta infrahistoria ni fuera contada antes. Es llamativo y ademas sospechoso que lo haga alguien sin formación académica como historiador y con la personalidad de un exaltado terrorista.
    Por otro lado permítame que e muestre mi mas absoluta disconformidad con la afirmación de que las secuelas de la guerra civil se habían acabado dies años después del conflicto, nada mas lejos de la realidad, en mi casa, por ejemplo, que también es de la mescolanza que usted cita, no se podia hablar de política ni en plena transición, el miedo era profundo, perceptible, permanente. Si la division de la guerra y las barbaridades de s dos bandos y las posteriores actividades del franquismo se hubieran olvidado no levantarían las pasiones que hoy levantan en la sociedad española. Yo creo que es de agradecer, en aras a un futuro de concordia, cerrar las heridas de esa gran division mediante instrumentos como la ley de memoria histórica que nivele algo que desde 1939 siempre, hasta nuestros días siempre se ha escorado del lado del franquismo. Muchas de nuestras calles y plazas aun llevan el nombre de sangrientos personajes.
    Por ultimo, no es cierto que los historiadores digamos academicistas, formales, serios, hayan ignorado las barbaridades de la otra parte, de os rojos, muchos de ellos han contado con todo lujo de detalles la responsabilidad del bloque de izquierdas en la situación que se vivió durante el final de la republica, pero mire, para una persona decente y pacifica siempre hay otro método a usar antes que la violencia y una guerra que costo cientos de miles de vidas una represión brutal y un atraso económico y social de medio siglo y eso lo empezaron unos militares que faltaron a su lealtad al estado que les nombró, lucrándose de ello personal y pecuniariamente, perdiendo con ello el honor militar del que tanto le gusta hacer gala, si alguna vez lo tuvieron.
    Se puede jugar a juzgar los entornos y circunstancias, pero al igual que Moa, pudo haberse negado a coger el martillo y seguir a Cerdan a asesinar al policía y no lo hizo, puede usted exculparlo por formalismos legales o circunstancias atenuantes, pero lo hizo el y lo hicieron los militares franquistas pudiendo haber elegido no hacerlo.
    Gracias de nuevo por su atención y su tiempo.
    Permítame que de por finalizada mi intervención porque creo que poco mas podemos aportar a este debate.

    1. Lamento no poder estar nuevamente de acuerdo con sus conclusiones. No he dado por terminada mi intervención porque considero que sí puedo aportar algo a este debate.
      Sí, Moa participó en aquel atentado terrorista (nadie lo niega, ni él mismo) y por tanto era cómplice (artículo 28 del Código Penal) de aquel asesinato, lo que ya es mucho más difícil de probar es que fuese autor (en cualquiera de las modalidades del artículo 27 del Código Penal) y, como no hubo juicio tampoco se pudo demostrar, ni mucho menos que él fuese quien remató al policía malherido de un martillazo, como usted dijo. Como en un Estado de derecho nadie es culpable de ningún delito hasta que lo declara una sentencia judicial firme (supongo que esta máxima fundamental la suscribirá usted), Moa no es culpable de aquel delito (ni como cómplice ni, mucho menos, como autor) pues no fue juzgado porque se le aplicó la Ley de Amnistía, como a tantos otros con crímenes probados y condenados muchísimo peores que aquel suceso. Así, el caso de Moa no sirve para ilustrar adecuadamente ninguna doble vara de medir eclesiástica. Sí habría sido muy pertinente que, por ejemplo, en materia de terrorismo usted hubiera mencionado alguno de los muchos casos archiconocidos e indubitables de amparo (material y dialéctico) de terroristas muy sanguinarios (con crímenes cometidos en plena democracia) por el clero vasco, con el extinto obispo Setién a la cabeza o también la colaboración de cierto sector del clero catalán con el terrorismo de la extinta Terra Lliure; ¿por qué no lo hizo usted así y se fijó en un caso tan impropio e inadecuado a ese fin como el de Moa? Espero que no sea porque no comparte, no le gustan, sus tesis históricas o su evolución ideológica; realmente creo que sencillamente está usted mal informado. Los ataques a Moa por aquel suceso (y, repito, no lo digo por usted) suelen venir desde sectores de la izquierda y traen como verdadera y oculta causa el hecho de que le consideran un traidor a la extrema izquierda antifranquista de la que fue en aquel tiempo un “heroico” activista muy comprometido, hasta el punto de jugarse la vida, porque su evolución posterior, como la caída de San Pablo del caballo, le ha llevado a sostener tesis profranquistas más explicativas que justificativas, pues esa extrema izquierda (y la no tan extrema también) no tiene escrúpulo moral alguno en pactar con formaciones proetarras, como Bildu, que albergan en su seno a conocidos y muy sanguinarios terroristas exconvictos a quienes reviste de un mítico halo revolucionario. El discurso de Moa no es antiTransición, sino todo lo contrario, repáselo, pues Moa es muy inteligente como para caer en una contradicción vital tan enorme, ya que él fue uno de los beneficiarios del pacto de reconciliación de la Transición, que incluía el perdón de los crímenes de ambos bandos (Ley de Amnistía); y no tiene tampoco ningún tinte academicista (verdadero o falso) porque Moa es un declarado antiacademicista y ejerce inequívocamente como tal.
      Moa no es en absoluto un autor de cabecera absoluto para mí (ninguno lo es) en la historiografía de la guerra civil, pero considero (con otros muchos) que su aportación historiográfica al estudio concreto de la responsabilidad de la izquierda en el desencadenamiento de la guerra civil es decisiva y de imprescindible lectura para quien quiera comprender con ecuanimidad aquel conflicto; para evaluar a Moa, como a cualquier otro autor, lo mejor, casi lo único, que hay que hacer es leer alguna de sus obras principales, que no son nada áridas; en general, hay que ser muy cauteloso con las opiniones que se leen en internet, que suelen carecer de rigor. Resulta sorprendente que critique la obra de Moa de oídas, sin haber leído ninguno de sus libros más relevantes, eso no es serio.
      Durante el franquismo se hicieron importantes aportaciones historiográficas muy bien documentadas (varias se las cité), de las que Moa fue en cierto modo continuador y que completó, pero en el tardofranquismo, desde mediados de los 60´s la universidad ya estaba en mayoritariamente en manos de la izquierda (mientras no fuera de política, los catedráticos podían hablar en clase de todo sin problema; recuerdo perfectamente que en las facultades de economía se explicaba predominantemente la planificación económica marxista, en las de filosofía a Marx, en las de Historia el materialismo histórico marxista, y así en general) y durante la Transición más aún, hasta su actual dominio casi absoluto; la historiografía de la guerra civil hecha durante la Transición es casi toda de izquierda, con un clarísimo sesgo frentepopulista, con la excepción de Ricardo de la Cierva y algún otro despistado, y esa historia academicista es la que cuestionó la obra de Moa (con gran éxito de público, por cierto). Que Moa no sea licenciado o doctor en Historia es una descalificación que le hace cierta (no toda) crítica academicista, que no se sostiene porque para hacer ciencia en Historia o en Física no es necesario (aunque sea conveniente y habitual) ser doctor en Historia o en Física, otra cosa es para ser docente o para ejercer una profesión regulada, como la Medicina o la Arquitectura; Estrabón no era doctor en Geografía ni Platón lo era en Filosofía ni Miguel Ángel en Arquitectura o en Bellas Artes; esa crítica falaz y demagógica a Moa desde el academicismo militante en la izquierda (casi todo) fue en su día muy bien rebatida por Payne (entre otros), quien sí es doctor en Historia por la Universidad de Columbia, catedrático emérito de la Universidad de Wisconsin-Madison y el más relevante hispanista estadounidense vivo; sus obras sobre la II República, sobre la guerra civil y sobre el franquismo también son imprescindibles. En el fondo, esa descalificación personal absurda a Moa por el hecho irrelevante de que no sea doctor en Historia ni catedrático de universidad es una conocida treta demagógica muy bien descrita por Schopenhauer (“Dialéctica Erística”, otra lectura obligada) para tratar de tener la razón sin llevarla, por ello, dicha descalificación a Moa es un reconocimiento implícito, aunque evidente, de que sus críticos no son capaces de desmontar sus tesis como se debe hacer en la universidad, con argumentos y evidencias históricas que las contradigan, de que han fracasado.
      Efectivamente, durante el franquismo no se hablaba en público de la guerra civil, pero eso nada tiene que ver con la reconciliación, sino con la falta de libertad política, la dictadura no fue un régimen de terror y, sin meterse en política, nadie iba mirando detrás de las esquinas, esto no era la URSS; lo que no creo que viera, porque no lo había desde los años 50´s (inclusive desde antes), era odio o rencor entre españoles que habían combatido o militado en diferentes bandos, eso era la reconciliación, por eso se casaban y tenían hijos. En Irlanda del Norte no hay bodas entre católicos y protestantes, aunque pueden hablar libremente sobre el IRA sin que les encarcelen por ello y votan en elecciones libres y democráticas; allí sí hay libertad política… y también mucho odio todavía, allí aún no se han reconciliado.
      Las pasiones que levanta ahora el guerracivilismo reeditado de salón son minoritarias y artificialmente azuzadas por cierta casta política; ya quedan muy pocos supervivientes que tuvieran uso de razón y fueran conscientes de aquella terrible guerra de hace 80 años, es el ridículo guerracivilismo de los nietos y bisnietos, la gran mayoría iletrados. Es un fenómeno creado por intereses políticos miserables que inmoralmente hurgan en las cicatrices de unas heridas que se cerraron hace décadas mediante un generoso pacto en la Transición que fue uno de los episodios de mayor grandeza de nuestra Historia. La concordia ya la teníamos, ya la tenemos, desde hace décadas y lo mejor para no perderla es dejar la Historia para los historiadores y no tratar de imponer por ley una “verdad” histórica que, además, es falsa. La Ciencia no se legisla; la Ciencia no es “democrática”, no es “política”, pues ambas categorías son ajenas la una de la otra. La historiografía dominante de la guerra civil y del franquismo (no digamos ya la producción mediática) si está escorada hacia algún sitio es hacia la ideología marxista; repásela. El cambio de nombres de las calles es lo menos importante de la ley de memoria histórica, cualquier ayuntamiento puede, sin necesidad de esa ley, cambiar su callejero cuando así lo decida su Pleno; lo relevante, antidemocrático y totalitario de esa ley es imponer una “verdad” histórica (un relato) oficial. No obstante, se están quitando nombres de calles a personalidades del franquismo que no tuvieron ninguna actividad bélica y que, inclusive, realizaron una benéfica gestión pública y se están manteniendo nombres de calles de personalidades de la izquierda que sí cometieron gravísimos crímenes, pero, repito, eso es lo menos importante.
      Historiador academicista no es sinónimo de historiador riguroso ni viceversa.
      Decir que la guerra civil la comenzaron unilateralmente unos militares desleales a la República es de una simplicidad inaceptable y es alinearse con las tesis de la historiografía profrentepopulista y obviamente contrarias a Moa. La guerra civil no fue un hecho súbito e inesperado, como la caída de un meteorito o un terremoto, fue la segunda parte de un largamente madurado enfrentamiento a muerte entre la izquierda y la derecha de la época cuyo primer capítulo fue el golpe de estado socialista-comunista-separatista de octubre de 1934 y cuyo detonante fue el vil asesinato de Calvo Sotelo (e intento frustrado de asesinato de Gil Robles, que se salvó milagrosamente) el 13 de julio de 1936 a manos de los escoltas de Indalecio Prieto, ¡a manos de policías y guardias civiles!, crimen que fue lo que decidió la incorporación al golpe de estado del hasta entonces dubitativo y renuente Franco, sin cuya presencia al mando del ejército de África aquella rebelión habría sido inviable. Franco fue el último en rebelarse contra la República, después de que antes lo hubieran hecho (y fracasado) los anarquistas, los socialistas, los comunistas y los separatistas, cuando el régimen estaba ya en una situación prerrevolucionaria irreversible. El fracaso de golpe de estado, junto con la incapacidad gubernamental para detener y derrotar a las fuerzas rebeldes y la barbaridad temeraria del gobierno frentepopulista de repartir armas a las milicias de partidos y sindicatos revolucionarios fue lo que dio paso al caos y al terror en la zona roja e impidió una solución pactada y condujo a una guerra civil que no era el objetivo primigenio de los sublevados. La guerra civil fue buscada por los dirigentes del PSOE (con la oposición interna escandalizada de Besteiro, a la sazón líder de la UGT) quienes creían que la ganarían y podrían imponer una dictadura marxista del proletariado. La guerra civil no fue una contienda de fascistas contra demócratas porque a esas alturas ninguno de los dos bandos era demócrata. Fue una guerra entre fascistas (a su manera) y marxistas (de distintos pelajes) junto a anarquistas, de cuyo desenlace, ganara quien ganara, nunca habría surgido un régimen democrático. Y Franco pudo ganar la guerra porque la mitad de la población le apoyaba, si no habría sido imposible. Aquellos militares no perdieron ningún honor porque la República ya había perdido antes su legitimidad de ejercicio por la pasividad cómplice del gobierno del Frente Popular ante los cientos de crímenes de la izquierda que alentaba, como hoy hace Torra con los CDR (deslegitimando a la Generalidad catalana) pero muchísimo peor porque corría mucha sangre (los padres intelectuales de la II República, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, se pasaron al bando nacional asqueados del Frente Popular); como tampoco perdieron su honor el general Castaños cuando se sublevó contra el legítimo José I y le derrotó en Bailén ni el general Riego cuando se sublevó contra el legítimo Fernando VII. En cuestiones históricas rara vez cabe el maniqueísmo aparte de que el objeto de la Historia no es la Ética ni la Moral, en la guerra civil no hubo buenos y malos, fue un fracaso colectivo de España, especialmente de su nefasta élite (es un decir) dirigente azuzadora de odios, como describe muy bien Azaña en sus Diarios, entre otros; todas las veces que se repita esto son pocas porque es la más importante lección que debemos extraer los españoles de aquel baño de sangre para no repetir esos errores nunca más, lección que algunos irresponsables de nuestras también pésimas élites políticas no aprenden.
      Yo no exculpo a Moa, no soy quien, como tampoco es usted quien puede inculparle ni condenarle. Moa no necesita exculpación porque nunca fue condenado. Lo que sí digo es que Moa no es un apestado social, porque, si lo fuera, antes que él tendrían que serlo otros muchos, algunos de los cuales están hoy en política o tienen estatuas o calles con su nombre que nadie quita ni borra. Lo que sí digo es que la reconciliación y el perdón de la Transición vale para todos, para Moa también, aunque hace 44 años tomara una elección obviamente equivocada, como también pudo Azaña haber promovido una Constitución republicana de consenso en 1931, como pudieron Largo Caballero e Indalecio Prieto haber tomado la decisión de aceptar su derrota en las elecciones de 1933, dejar gobernar a la CEDA y no dar un golpe de estado en octubre de 1934 que dejó a la II República herida de muerte e Indalecio Prieto pudo también haber elegido no ordenar el asesinato de Calvo Sotelo y el presidente José Giral pudo haber elegido no entregar armas a las organizaciones obreras (como antes que él habían decidido los presidentes Casares Quiroga y Martínez Barrio) y conservar el control de la situación. Quienes no tuvieron elección, porque la II República iba imparablemente hacia una revolución marxista de corte soviético (como muy pronto se vio), fueron los militares que se sublevaron. Gil Robles ya lo vaticinó en el Congreso días antes del asesinato de Calvo Sotelo, cuando dijo “Media España no se resigna a morir”.

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