Cultura

Antonio Manuel: “La historiografía oficial se puede manipular fácilmente, una seguiriya no”

El hiperactivo jurista e intelectual cordobés, que ha publicado 'Flamenco. Arqueología de lo Jondo', reflexiona, entre otras cosas, sobre el legado y la evolución de la cultura andaluza, los males endémicos de nuestra tierra y su causa contra el "paraíso fiscal" de los bienes inmatriculados de la Iglesia

En su cuenta de Twitter tiene fijado un tuit que alude a una sentencia de Averroes, jurista, filósofo y médico cordobés durante el califato omeya, que sigue de plena vigencia: “La ignorancia lleva al miedo. El miedo al odio. Y el odio lleva a la violencia”. A ello, tantos siglos después, Antonio Manuel Rodríguez Ramos (Almodóvar del Río, Córdoba, 1968) añade: “Conoce. No temas. No odies. Y ama”. Doctor en Derecho y Profesor de Derecho Civil en la  UCO, donde coordina el laboratorio jurídico sobre desahucios, escritor comprometido, activista y músico, acaba de publicar Flamenco. Arqueología de lo Jondo, “una emocionante defensa de las raíces andalusíes, moriscas, gitanas y negras del Flamenco”, como lo describe la web de Almuzara, editorial andaluza donde han visto la luz otros de sus trabajos, como Andalucía. Teoría y Fundamento Político de Blas Infante y La huella morisca. 

Uno de los fundadores y presidente de la federación de Ateneos de Andalucía, y patrono de la Fundación Blas Infante, basta echar una mirada a su perfil en la mencionada red social para constatar su hiperactividad, sus ansias de divulgar, denunciar, reivindicar y, en suma, compartir y comunicar. Algo que queda patente cuando uno asiste a una de sus conferencias, donde la pasión y el corazón se superponen a lo meramente divulgativo o científico. Ya en el nivel de conversación, sentados en una tórrida tarde de octubre en Jerez alrededor de un café solo con hielo, el jurista e intelectual cordobés reflexiona sobre sus causas, siempre echando mano de la poesía, y la retórica, y atravesando sus pensamientos por los meandros y surcos de una tierra herida; a la que a menudo pueden haberla despojado de su historia e incluso de su dignidad, pero que siempre ha acabado levantándose y sintiéndose orgullosa de su identidad. “Cada vez que Andalucía se ha sentido oprimida ha mirado a su pasado”. Cada vez que la atacan, “mordemos”.

¿Cómo de grave y profunda es la amnesia que nos han hecho padecer a los andaluces?

Supongo que deberá existir en el diccionario una palabra que se refiera a la amnesia de los sentidos, pero este pueblo sí es cierto que sufre una amnesia respecto del conocimiento, pero no del sentir. Si como decía Infante, pienso y siento, luego existo, este pueblo ha abdicado de la amnesia de la razón, pero no de la de los sentidos. Desde ese punto de vista es como si existiera una biblioteca abierta de par en par que no entendemos, pero que está en formol, intacta, y esa ha sido la salvación del propio pueblo andaluz. Respecto de la otra amnesia, es gravísima porque no entendemos esa biblioteca precisamente porque no tenemos las herramientas debido a la amputación de nuestra historia. No entendemos esa memoria. 

La manipulación histórica es la que nos hace no entender la memoria, pero ésta está intacta, ¿eh? Está para ser descubierta. Una de las razones que me convencen de lo que te digo es que basta simplemente rascar un poco al corazón para darte cuenta. Decían los hermanos Caba que a los andaluces no se les puede atar ni por la cabeza como a los bueyes, ni por los pies como a los esclavos, sino por el corazón. La palabra recordar deriva de recardium, de corazón, volver a sentir. A este pueblo le han amputado la historia pero no le han amputado la memoria aunque sea sensitiva, sensorial.

¿Ser arqueólogo de lo jondo significa desenterrar cosas que nos han querido ocultar o cosas que han querido que caigan en el olvido?

Lo que intento es que la gente vea lo evidente. Si la memoria de los sentidos está ahí, presente, lo que nos faltan son las claves para poder entenderlo. Es como una inmensa wifi de la que desconocemos la clave. Mi trabajo es incorporar las claves que provienen de la amputación de la historia, que se puede manipular perfectamente, modificando un documento simplemente. A partir de ahí, la historiografía oficial puede edificar un relato que para nada se comparece con lo que está pasando o ha pasado. Pero la memoria es más fuerte que las piedras, y no se puede manipular porque, aunque no la sepamos entender, habita en la garganta de tu madre o en las manos de tu abuela. Más que desentrañar lo oculto, lo que quiero es revelar lo evidente.

“Todos los que creen que el andalucista ha muerto, en realidad son los más andaluces que conozco”

¿Hasta qué punto han sido decisivos estos últimos 40 años para que hayamos perdido esa cobertura de la que hablaba?

Sí, ha sido algo así como una esperanza desesperanzadora. Cuando Andalucía se siente oprimida, siempre busca su memoria para redimirse. Cuando llega la Transición, los andaluces tienen muy claro que todos sus problemas vienen del centralismo y de la dictadura, por eso piden autonomía y democracia. Pero identitariamente, vuelven a mirar al Mediterráneo y vuelven a resentir lo que sentían. En aquel momento se vivió una epifanía; yo no la viví, pero sí es verdad que basta simplemente con ojear cualquier archivo para ver que los grupos se llamaban Medina Azahara, Triana, obras de teatro que se llamaban Quejío… Andalucía estaba a flor de piel y era vanguardia. 

Cuando se consigue la autonomía formal, mucha de esta gente que pedía esa reparación de la memoria vio que aquello se cortó y se decidió que todo se hilvanara al destino que estaba marcando el centralismo, más vinculado a la movida madrileña y a una modernidad vacía que en nada tenía que ver con aquella generación que consiguió libertad y autonomía. Estos últimos 40 años, más que ayudar, han hecho un daño importante porque el daño que comete la razón puede olvidarse, pero cuando se traiciona al corazón, ni se perdona, ni se olvida.

“No voy a culpar a los andaluces y andaluzas por lo que han votado, lo que quiero es entender por qué ha ocurrido y por qué está ocurriendo”

Supongo que de esa involución todos somos un poco culpables. Y si hablamos de dirigentes políticos, están ahí porque se les ha votado…

Bueno, me refería más bien a un ámbito cultural o sociológico. No sé si estás de acuerdo conmigo o no, pero no es lo mismo la ignorancia impuesta que la ignorancia consentida. El ignorante impuesto no ve porque no puede, porque le han anulado los conocimientos para entender lo que tiene delante. Hay una generación que ha sido víctima de esta ignorancia que han impuesto sus gobernantes, y es normal que los resultados sean estos. De ahí que sea tan urgente tu pregunta inicial, reconstruir nuestra memoria para poder darnos cuenta de todo lo que no sabemos y obras en consecuencia. Uno solo es libre cuando puede optar entre dos caminos, pero si me has amputado uno, no tengo más opción de caminar por el que conozco. En estos 40 años ha habido una amputación de un camino que tenía que ver con la generación que más había luchado por la consecución de nuestra democracia y nuestra autonomía. Con estas madres y padres sí habría que hacer justicia. No voy a culpar a los andaluces y andaluzas por lo que han votado, lo que quiero es entender por qué ha ocurrido y por qué está ocurriendo.

Un momento de la conversación el escritor e intelectual cordobés. FOTO: MANU GARCÍA.

Andalucía ha vuelto al grupo de las regiones más pobres de Europa…

No hemos salido de allí… Volvemos de nuevo a la negación de la historia. Cuando España entra en la UE es un Estado económicamente fuerte, aunque siempre se manejó el mito de que entrábamos como un Estado débil. La primera fase después de la firma del tratado fue la del desmantelamiento de toda nuestra fortaleza, de nuestra fuerza agrícola, industrial, minera… La segunda fase de esa entrada fue la sustitución del sistema productivo, te quito tu fortaleza y ahora te coloco un nuevo modelo productivo, que va a ser el dinero que va a venir para crear infraestructuras, pero no para crear un modelo productivo alternativo. Y Andalucía se plaga de infraestructuras que van destinadas fundamentalmente al ladrillismo pensando en un modelo claro que es el del turismo y la especulación inmobiliaria. 

Todo esto quiebra y hay un desmantelamiento financiero posterior: Andalucía pierde sus cajas, sus bancos, nuestro poder industrial se ha perdido, y ya por último está habiendo un desmantelamiento humano sin precedentes. Desde 2008 a 2015 han emigrado de Andalucía 820.000 personas… es como si vaciaras toda Granada y Málaga. Se está yendo gente que no tienes la conciencia de que verdaderamente son migrantes. Los salustianos que se iban a Alemania con su maleta eran gente que era percibida como verdaderos emigrantes, pero nuestros jóvenes no, ni siquiera son reconocidos socialmente como emigrantes. Muchos de sus padres y abuelos acaban emigrando con ellos porque se quedan solos. Son cifras superiores a las de la migración andaluza de los 60 y 70. No es que hayamos vuelto a la pobreza, es que no hemos salido de ahí. Es un mal estructural que no se ha solucionado, la llegada de Europa y la autonomía solo ha disfrazado esa pobreza.

Por no hablar de la pobreza cultural, simbolizada en Andalucía, por ejemplo, con entes públicos como Canal Sur…

Bueno, creo en los medios de comunicación públicos andaluces hay profesionales de primer nivel y muchísimas personas que han intentado potenciar la cultura andaluza, es una cuestión de dirección política. Se ha redireccionado hacia un modelo que para nada tiene que ver con la reconstrucción de nuestra historia y memoria. No es hablar de una televisión elitista, afortunadamente nuestras expresiones culturales son muy populares y se puede encontrar perfectamente un equilibrio. Sin embargo, creo que el tiempo ha demostrado que ha habido una falta de respeto a nosotros, que somos un pueblo de una importancia cultural descomunal. Somos el pueblo que más creadores tiene en la SGAE y que tiene más industria cultural, y que después de un tiempo de tránsito industrial por el desierto, estamos en la primera línea en todas las facetas de creación audiovisual. El caudal creativo en Andalucía es inagotable.

Al flamenco qué le sienta peor: los prejuicios y clichés, el todo por la pasta o no reconocer su propio pasado.

Creo que no reconocer su propio pasado. El flamenco no deja de ser la biblioteca de los sentidos más importante de Andalucía y sobre el que creo que se ha hecho un trabajo musicológico descomunal, pero padece de los mismos males que otras áreas de la historiografía oficial. Si no se le incorpora toda la parte extranjerizada de nuestro pasado o todo el conocimiento lingüístico o antropológico del momento en el que pudiera haberse fundado germinalmente, es difícil que se le entienda. El flamenco padece los mismo males que la historia de Andalucía. Si la historia medieval la revisan arabistas castellanos que niegan nuestro pasado andalusí, lo mismo le ocurre al flamenco si no somos capaces de incorporar las claves para entenderlo. Con la única diferencia de que la historiografía oficial se puede manipular fácilmente y es muy difícil manipular una seguiriya. Por más que intenten simularlo no van a poder quebrar la garganta de un cantaor o una cantaora cuando transmite un sonido milenario, y ahí está la verdad, lo único que tenemos que hacer es desvelarla. 

“La gitanidad en el flamenco es el agua, sin eso no se puede entender lo que el flamenco es hoy”

Al igual que se ha borrado gran parte de esa herencia andalusí o de los negros andaluces, ¿tiene la impresión de que se intenta de un tiempo a esta parte suprimir la aportación gitana del flamenco?

Sí. Para que exista una playa hace falta mar, pero no necesariamente palmeras, arena, piedras… La gitanidad en el flamenco es el agua, sin eso no se puede entender lo que el flamenco es hoy, y junto a la gitanidad, el resto de veneros que han hecho que el flamenco sea hoy lo que es. No solamente lo negro, sino también los sustratos culturales anteriores, e incluso los sustratos de Al-Andalus y lo que existió a la muerte de Al-Andalus. Es cierto que como le repugna a la historiografía oficial todo aquello que no se compadece con ese canon centroeuropeo, pues claro, le repugna la negritud, la gitanidad, los pobres, y en general, Andalucía cuando escenifica todo eso.

¿Qué es lo que más le ha impactado de sus averiguaciones?

Quizá el comprobar en gente muy humilde, en cantaores muy sencillos, con mucha verdad, que cuando le cuentas todo esto, cuando incorporas razón al sentido, es como si de repente se iluminasen. Lo he notado en gente muy sencilla. Comprobar que cuando la verdad penetra en personas que cantan, bailan o tocan, estás tocando la veta de Andalucía. En el fondo lo que más me ha sorprendido es que la verdad estaba intacta y solo había que desvelarla.

Otro instante de la conversación. FOTO: MANU GARCÍA.

Debe de ser difícil hallar la verdad entre tanta mentira…

Pues sí, la verdad que sí, ¿qué te digo, Paco? Yo que he sido víctima de linchamientos digitales, de infamias, calumnias y amenazas de toda índole, pero creo que lo más importante es no caer en la provocación y en ese lenguaje. Hay que hacer como hacía Lorca con La Barraca, ir pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, encontrarte frente a frente con la gente, y hacerla partícipe de lo que acabas de descubrir y percibir cómo entra en sus corazones. Intentar quemar bibliotecas enteras me parece un error gravísimo, creo que lo que intentamos hacer es invertir la prueba. Si somos capaces de incorporar el código fuente que faltaba para entender los términos tanto de origen árabo-andalusí como gitano o negroq que están vivos en el flamenco, y demostramos la inmensa mayoría de términos que provienen de ahí, son los que niegan eso los que tendrán que demostrarlo. Esos que dicen que mirabrás viene de mira el Blas, o taranto de estarán tós, o que flamenco viene de Holanda…, serán los que tendrán que decirme cuáles son sus argumentos científicos para demostrar eso. Lo que hacemos es invertir la prueba, abrir un camino para que haya una línea de investigación y, quizás, dentro de unos cuantos años, podamos tener una confirmación mucho más aceptada por la mayoría de que en el fondo lo único que hacemos es poner sobre la mesa lo evidente.

“Todos no podemos estar en todas las trincheras, pero sí creo que los intelectuales, al menos los andaluces, no pueden permanecer callados ante esta avalancha de este fascismo de Channel que nos intentan vender”

Las cosas existen cuando se nombran, reivindica en su último libro. ¿Callamos demasiado o escuchamos poco?

Creo que estamos viviendo una época de un silencio muy peligroso…

Se habla cada vez más de autocensura, probablemente la peor de las censuras…

Sí, cada vez más percibo un fascismo amable, de gente muy humilde que ante el presunto fracaso que nos intentan vender de las políticas de izquierda y de sus valores esenciales, la solidaridad y la unión para hacernos fuertes, pretenden cambiar de trinchera. Se sienten mucho más cómodos cambiando de trinchera. Eso me preocupa porque genera un discurso muy peligroso en el que, amparándose en una falsa neutralidad, están descaradamente aplaudiendo un discurso fascista, y ante eso no podemos callar. Burke decía que para triunfe el mal basta con que los hombres de bien no hagan nada, y creo que hay demasiado silencio cómplice. Y es cierto también que todos no podemos estar en todas las trincheras, pero sí creo que los intelectuales, al menos los andaluces, no pueden permanecer callados ante esta avalancha de este fascismo de Channel que nos intentan vender, y que hace un daño terrible a lo que en esencia es Andalucía, descuartizándola y convirtiéndonos en una colección de seres individuales.

¿Cuándo escucha un quejío a dónde viaja?

Viajo al momento en el que se le causó un trauma tan brutal a este pueblo que no lo olvida. Ese momento es cuando se intentó exterminar la diferencia y fracasó ese intento porque al final toda esa memoria acabó contenida en un quejío.

Antonio Manuel posa tras la entrevista con este medio. FOTO: MANU GARCÍA.

¿Hasta dónde llegan las cifras de lo que usted llama el paraíso fiscal en España de las inmatriculaciones de la Iglesia? Lo de la Mezquita de Córdoba debe ser solo la punta del iceberg…

Sí, sin duda es la punta del iceberg del mayor escándalo inmobiliario de la historia. El propio  portavoz de la Conferencia Episcopal me reconoció un programa de la Cadena SER que había unos 40.000 bienes. Creo que son más de 40.000, pero el problema no es el número, sino la calidad. Es que estamos hablando de bienes que nos han pertenecido a todos siempre, pero que ahora aparecen privatizados en el registro de la propiedad como si fueran un local o un garaje. Es una anomalía que solamente ocurre en España con esta intensidad. En Portugal, la Catedral de Lisboa pertenece al pueblo de Portugal. Y la jerarquía eclesiástica tiene que explicar cómo esos monumentos de extraordinario valor que hemos construido y rehabilitado todo el pueblo, no importa su confesión o que preexistían, hoy en día están en manos de una entidad privada porque dos normas franquistas lo permitieron.

Eso supone que hoy somos infinitamente más pobres que antes porque ya no tenemos esos bienes de extraordinario e incalculable valor, y además hay que añadir todo lo que dejamos de percibir por ello, que no es solo el mito del IBI, que por supuesto, sino que esos ingresos ni declaran ni tributan. Estamos hablando de que la Mezquita de Córdoba se mueve en una horquilla anual de entre 18 y 20 millones de euros, y todo eso es dinero que no declara, es dinero negro. Si exigimos transparencia a la corona, a los partidos, a los sindicatos… no tiene sentido que en el siglo XXI exista una institución en España que funcione con la opacidad de un paraíso fiscal dentro del Estado.

“Si exigimos transparencia a la corona, a los partidos, a los sindicatos… no tiene sentido que en el siglo XXI exista una institución en España que funcione con la opacidad de un paraíso fiscal dentro del Estado”

¿Qué le dice a quienes piensan que el andalucismo ha muerto?

Que no saben que es andalucismo. Todos los que creen que el andalucista ha muerto, en realidad son los más andaluces que conozco. Porque son los más conversos, son los que más intentan simular su condición para sobrevivir. Quien normalmente argumenta eso se comporta como uno de los dos vectores de los andaluces resilientes: o somos bueyes, o somos lobos, no tenemos término medio. Quienes dicen que el andalucismo ha muerto, lo único que tendrían es que saber mirarse al espejo y reconocerse, pero, claro, para eso tienen que conocer su verdadera historia.

“Ahora hace mucha falta apagar el ruido de fondo y permitirnos reflexionar sin tener que apoyarnos en las opiniones de otros”

Usted que escribe en varios medios, ¿sobran opinadores y tertulianos a tiempo completo en este país?

Sí, sin duda. Sobre todo porque al final lo que estamos haciendo es contribuir al ruido de fondo y no deja de ser un síntoma más de lo que está provocando la globalización. Nunca como ahora habíamos tenido acceso a tanta información, y nunca como ahora compartimos tan poca información entre nosotros. Hemos generado el fenómeno de creer que nuestro nodo es todo el universo, y hemos caído en la trampa de que lo que no se conoce no existe. Entonces lo que estamos generando son grupos que cada vez comparten menos información, con una inflación de opinadores que no ayuda mucho. En Alfanhuí había un flautista que tocaba la flauta del silencio, y eso hace mucha falta ahora para apagar todo ese ruido de fondo y permitirnos reflexionar sin tener que apoyarnos en las opiniones de otros.

Si los andaluces quisieran volver a ser lo que fueron, ¿qué serían hoy, en esta sociedad globalizada y tecnoilógica?

(Piensa unos segundos) Aunque te pueda resultar sorprendente, los andaluces no han dejado de ser quienes fueron, pero tenemos que aceptar nuestras grandezas y nuestras miserias, como cualquier otro ser humano. Este pueblo para sobrevivir tuvo que alejarse del miedo, y ahí se comporta como andaluz, al igual que cuando se le ataca a su dignidad, que se levanta y muerde. Creo que no es tanto volver a ser lo que fuimosf, sino saber quiénes fuimos. Creo que tiene toda su intención cuando lo dice Blas Infante, que en realidad dice que le encantaría que los andaluces supieran quiénes fueron. Si sabemos eso, no moderemos el anzuelo del parasitismo o la subordinación de otros poderes del Estado.

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