Provincia

El desembalse como reclamo turístico

El poblado de Los Hurones se llena de visitantes cada vez que proliferan las lluvias y hay que aliviar el pantano, que abastece a unos 800.000 habitantes de la provincia

Cuando comienza a extenderse el rumor entre las poblaciones de alrededor, son muchos los que no dudan en coger el coche y peregrinar para no perderse el acontecimiento, que tiene lugar cada ciertos años, cuando hay un periodo prolongado de lluvias. Es entonces cuando hay que desembalsar el pantano de Los Hurones, uno de los más pequeños de la provincia, situado entre las localidades de Algar y San José del Valle —a cuyo término municipal pertenece—. El temporal de los últimos días ha hecho que haya pasado del 24% de hace dos semanas, al 33% de la anterior y a rebasar el 90% de su capacidad estos días, por lo que en vista de la incidencia de Emma, Félix y Giselle, que amenazan con seguir sumando amigos, se opta por vaciar el embalse, que desagua hacia el pantano de Guadalcacín, el gigante de la provincia, con capacidad para 800 hectómetros cúbicos —el de Los Hurones es de 135—.

Imagen aérea del desembalse de Los Hurones. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

El día es frío, el viento sopla con fuerza. Está nublado y amenaza con llover, de hecho lo hace, pero con muy poca intensidad. El discurrir del agua, presa abajo, es el ruido que predomina. El caudal es de unos 160 metros cúbicos por segundo, sumando los 40 metros cúbicos que salen por cada una de las tres compuertas, y los 35 metros cúbicos del desagüe de fondo, un conducto situado en la parte derecha de la infraestructura. La imagen impacta a quien no la ha visto nunca. Las tres compuertas, abiertas, es algo que no se ve habitualmente, pero esta ocasión lo merece. Unos 4 hectómetros se vaciarán durante toda la jornada. Habrá varias de desembalse. Quien da estos datos es Cristóbal Moreno, jefe general de presa, quien la conoce muy bien, ya que lleva 35 años trabajando para ella, aunque lleva ligado a esta infraestructura desde mucho antes, cuando su padre comenzó a hacer trabajos de reparación en la zona, donde se quedó como encargado de mantenimiento.

Ahora lo es su hijo. Entre él y los otros cuatro trabajadores que tiene la presa se encargan de que todo funcione correctamente, tanto mecánica como eléctricamente, y también de mantener las viviendas del poblado de Los Hurones, donde llegaron a residir hasta 300 trabajadores durante la construcción de la presa, entre los años 50 y 60 del siglo pasado. Ahora, Cristóbal y dos compañeros más son los únicos que residen en ellas, quienes, sumados a los propietarios de la Venta El Pantano, el único negocio del lugar, dan vida a la zona habitualmente. “Es demasiado tranquilo”, confiesa uno de los empleados, que valora la belleza de la naturaleza que rodea a este enclave, donde acuden muchos curiosos, sobre todo los fines de semana, y por supuesto los días de desembalse.

Un operario contempla la presa mientras desembalsa. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

“Esto es espectacular, es muy bonito”, dice uno de los visitantes que, desde la parte superior de la presa, observa cómo el agua baja con rapidez, pasando junto al poblado, en dirección al pantano de Guadalcacín. La expectación era máxima durante estos días, comenta uno de los trabajadores. “Muchos nos han preguntado si abría o no”, señala, en vistas de un acontecimiento que “espera mucha gente”, y que estaba al caer después de tanta lluvia. “No es normal que vengan tantos días seguidos 60 litros”, añade.

El desembalse, por las turbinas con las que cuenta la presa, también sirve para generar electricidad, que luego se puede vender a una comercializadora y así producir un ahorro de unos dos millones de euros anuales. “Tenemos 1.085 hectómetros cúbicos almacenados en la parte de la cuenca atlántica andaluza de la provincia de Cádiz, y el año pasado por estas fechas teníamos solamente siete hectómetros cúbicos menos, es decir 1.078 hectómetros cúbicos”, explica el delegado territorial de Medio Ambiente, Ángel Acuña, durante una visita reciente a la presa. “Estas cifras quieren decir que venimos de una situación complicada y que todavía no hemos salido totalmente de ella por lo que tenemos que mirar por este bien preciado que es el agua”, añade.

El poblado de Los Hurones, visto desde la presa. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
¿Por qué una presa en esta zona?

El pantano de Los Hurones comenzó a construirse en 1953, después de incluirse el proyecto en el Plan Nacional de Embalses del año 1945, para culminar en 1964, aunque su puesta en funcionamiento se retrasó, aproximadamente, hasta 1975. La presa, proyectada por el ingeniero Vicente Aycart Benzo, necesitó de un buen número de trabajadores para hacerla realidad, por lo que se construyó un pequeño poblado a sus pies, ya que se encuentra alejada de otros núcleos poblaciones. Algar, el más cercano, está a más de 11 kilómetros. Por eso se hicieron 32 viviendas, una iglesia y un bar, que a día de hoy se conservan en perfectas condiciones, aunque llegó a tener también una cantina, una carnicería, una panadería o un economato.

“Aquí hay mucho trabajo”, señala Cristóbal Moreno, ya que los jardines que discurren por uno de los márgenes del caudal que desembalsa la presa, necesitan de un esmerado mantenimiento. El embalse, con capacidad para 135 hectómetros cúbicos, abastece a la capital de la provincia y a las localidades que se encuentran en un radio de 45 kilómetros, como Jerez, El Puerto, Chiclana, Chipiona, Medina Sidonia, Conil, Rota, Puerto, San Fernando, Paterna o Algar, abarcando a más de 800.000 habitantes, aunque en temporada estival, con la influencia del turismo, supera el millón.

El turismo como ‘salvación’ del poblado

La explotación turística de este enclave pasa por ser una de las salvaciones del poblado. La Junta de Andalucía, en 2014, ya lanzó un concurso de ideas para poner en valor la zona y fue el arquitecto jerezano Carlos Rozadillas, el ganador, quien planteó la implantación de cuatro tipos de alojamiento: uno colectivo, pensados para grupos, con capacidad para 40 personas; otro en chalé, para grupos de entre ocho y doce personas; uno familiar, tipo casa rural; y el último como hospedería. Además, el proyecto de Rozadillas incluye un restaurante y un bar cafetería, que la iglesia se utilice como salón de actos y la escuela como espacio para llevar a cabo talleres.

Gracias a la Iniciativa Territorial Integrada (ITI) se prevé destinar 2,5 millones de euros a estas actuaciones, que la Junta señala que no serán tal cual plantea el arquitecto, aunque su trabajo servirá de base para los trabajos que se ejecuten. Este proyecto pretende poner en bandeja la explotación turística al empresario que se atreva a invertir en este complejo, que grupos municipales como Ganemos Jerez ya han pedido que se revitalice aprovechando la llegada de estos fondos europeos.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *