Jerez y el Rocío: entre bulerías, lágrimas, agradecimiento y caballos cuidados como parte de la familia
Entre el polvo del camino, las bulerías al simpecado y los caballos cruzando hacia Doñana, la Hermandad de Jerez vuelve a convertir el Rocío en una mezcla de fe, emoción y memoria compartida que pasa de generación en generación
La Hermandad del Rocío de Jerez ya está en la aldea almonteña. Más de 2.500 personas, unos 250 vehículos y alrededor de 350 caballos forman parte este año de la comitiva jerezana. Un camino marcado otra vez por sus tradicionales carros, por el cante constante y por esa mezcla de emoción y nervios que recorre a todos los peregrinos desde primera hora de la mañana. Hay quienes llevan décadas viniendo y todavía sienten el cosquilleo como si fuera la primera vez.
Cuando la barcaza comienza a moverse, las cámaras se levantan, las voces se rompen y más de uno se seca las lágrimas intentando disimular. Desde la orilla, algunos despiden a familiares. Otros miran en silencio el horizonte del Coto de Doñana. El Rocío tiene mucho de fe, pero también de memoria. De volver cada año al mismo sitio para reencontrarse con una parte de uno mismo.
Bulerías para rezarle a la Virgen
En Jerez, la manera de cantarle a la Virgen del Rocío tiene acento propio. Las bulerías aparecen casi sin darse cuenta entre las carriolas, en las paradas improvisadas o mientras el simpecado avanza rodeado de caballos. No hace falta un escenario. Basta un compás bien marcado con las palmas y una voz arrancándose por dentro.
Jerez le canta al simpecado de la Virgen del Rocío al entrar en Doñana.-
José María Reyna
María Hurtado y Paula Casas lo explican con naturalidad a lavozdelsur.es porque llevan toda la vida viviéndolo así. "Le cantamos con mucho sentimiento y con las letras que nos dejaron nuestros padres", cuentan mientras observan pasar la comitiva. Para ellas, esa herencia familiar es una de las grandes riquezas del camino. Una forma de rezar distinta, profundamente jerezana, donde el flamenco y la devoción terminan mezclándose.
Las sevillanas conviven con las rumbas y las bulerías durante todo el recorrido. Hay momentos de fiesta y otros de recogimiento absoluto. Canciones improvisadas delante del simpecado y silencios que pesan más que cualquier palabra. "Aquí se le canta rezando", resume Paula, que tiene que contener la emoción al hablar del significado del Rocío y de su hermandad. Alrededor, quienes escuchan asienten sin necesidad de añadir nada más.
Cante en la hermandad del Rocío de Jerez en el camino.-
José María Reyna
Los caballos, el alma silenciosa de la comitiva
El embarque obliga a extremar la atención con los caballos. Algunos cruzan tranquilos; otros muestran más nervios ante la barcaza y el movimiento del agua. Aun así, todos avanzan acompañados por jinetes pendientes de cada gesto. En Jerez, el caballo no es un complemento del camino, sino que es parte esencial de la romería.
Juan Antonio Gamaza lleva cinco años haciendo el Rocío con la hermandad jerezana y no duda al explicar cuáles son las prioridades. "Lo importante es que el caballo tenga buena alimentación, hidratación y cuidados constantes", asegura. Basta observar cualquier parada para comprobarlo. Antes de comer o descansar, muchos caballistas revisan monturas, patas y heridas con una atención casi obsesiva.
Jinetes embarcan a sus caballos en la barcaza para cruzar a Doñana en el camino del Rocío.-
José María Reyna
María y Paula lo cuentan entre risas, aunque hablan completamente en serio. El padre de una de ellas, también caballista, lo primero que hace al detenerse es quitarle la montura al animal y revisarlo entero. "Antes de pensar en él mismo, piensa en el caballo", explican. En una hermandad que presume de ser la segunda con más caballos en el Rocío, el cuidado de los animales forma parte del orgullo colectivo.
Meses preparando unos pocos días
Detrás del camino hay mucho más que unos días de romería. Hay meses enteros de organización, gastos y preparativos que terminan desembocando en esta semana. Julia Toscano y María Quesada acumulan ya varios caminos, pero siguen llegando al embarque con los mismos nervios.
Hablan del "gusanillo" que aparece cada año cuando se acerca mayo. Del miedo a que el caballo enferme a última hora, de los trajes preparados durante semanas y de toda la logística que implica mover animales, carros y equipaje hacia Doñana. "Esto no se organiza en una semana", cuentan mientras esperan turno para cruzar.
Julia Toscano y María Quesada, con sus caballos, en el camino del Rocío.
José María Reyna
Las dos coinciden en que el estado del caballo marca completamente el camino. "Si el caballo no va bien, tú tampoco", resumen. Y quizá ahí esté una de las diferencias más visibles de la hermandad jerezana. El vínculo emocional con los animales atraviesa toda la peregrinación. Hay preocupación, cariño y una vigilancia constante para que nada falle durante el recorrido.
Una forma de vivir que pasa de padres a hijos
El Rocío de Jerez también se sostiene sobre la herencia familiar. Sobre generaciones enteras repitiendo el mismo camino y transmitiendo costumbres que terminan formando parte de la identidad de muchas familias. María y Paula apenas pueden contener la emoción cuando hablan de lo que significa para ellas esta romería.
"Es familia", dicen casi al mismo tiempo. Después aparecen los recuerdos de la abuela, de 82 años, que continúa haciendo el camino con la misma energía de siempre. También las amistades construidas durante décadas y esa sensación de desconexión absoluta que encuentran cada año entre las arenas de Doñana.
Una reunión de Jerez descansa en el camino del Rocío.
José María Reyna
Para mucha gente de Jerez, el Rocío funciona como una especie de refugio emocional. Un espacio donde desaparecen durante unos días las preocupaciones cotidianas y solo importa avanzar junto al simpecado. "Es encontrar la paz", explican. Y en sus voces se percibe algo más profundo que una simple tradición festiva.
Eugenia Martínez de Irujo y su primer camino con Jerez
Entre la multitud también aparece Eugenia Martínez de Irujo. Vive este año su primera experiencia con la hermandad jerezana después de haber hecho tradicionalmente el camino con Triana. El cambio no ha sido casual. Confiesa sentirse muy vinculada a Jerez, a su gente y especialmente al flamenco, como explica ella misma a este medio.
Eugenia Martínez de Irujo hace su primer camino con Jerez.-
José María Reyna
Cruzar el Coto era una experiencia pendiente para ella. Y las primeras horas del recorrido parecen haber confirmado todas las expectativas que llevaba tiempo construyendo. Habla del colorido, de la alegría y de una manera distinta de entender el Rocío que, asegura, ya percibe desde el inicio.
Eugenia Martínez de Irujo, en la barcaza para cruzar a Doñana con Jerez.-
José María Reyna
Mientras la barcaza sigue cruzando hacia Doñana, Eugenia observa el ambiente con sorpresa y entusiasmo. Cree que el camino de Jerez tiene una personalidad propia, incluso para quienes ya conocen otras hermandades. El cante, los caballos y la forma de convivir terminan creando una atmósfera muy reconocible.
El fotógrafo que decidió hacerlo andando
Entre caballos, tractores y todoterrenos también hay quienes eligen recorrer el camino a pie. El fotógrafo jerezano Jesús Salido repite experiencia este año convencido de que es la manera "más íntima" de vivir el Rocío. Ya lo hizo el año pasado y asegura que no dudó en volver.
Caminar transforma completamente la percepción del recorrido. Obliga a bajar el ritmo y a mirar detalles que muchas veces pasan desapercibidos desde arriba de un caballo o dentro de una carriola. El sonido de las ruedas sobre la arena, el cansancio acumulado y las conversaciones largas entre peregrinos terminan formando otra experiencia distinta.
Peregrinos de la hermandad del Rocío de Jerez-
José María Reyna
Salido habla del camino andando como algo "más recogido". Una forma de conectar con el entorno y con la propia romería desde otro lugar. Mientras alrededor suenan sevillanas y pasan carros cargados hasta arriba de enseres, él prefiere avanzar despacio entre el polvo del sendero.
Una mujer al volante y con volantes
Entre tantos caballos y carriolas también aparecen enormes tractores avanzando lentamente hacia Doñana. Rocío Román conduce uno de ellos con absoluta naturalidad. Está acostumbrada porque es su herramienta de trabajo diaria dentro de la empresa familiar y ahora también forma parte de la peregrinación.
Los todoterrenos se adentran en las arenas con la hermandad de Jerez para el Rocío.-
José María Reyna
Durante años ha hecho el camino a caballo, pero desde hace dos romerías participa al volante de los tractores, y con su traje de gitana y las flores perfectamente colocadas. Manejar una maquinaria de ese tamaño sobre la arena exige experiencia y mucha atención. Las raíces, los desniveles y el peso del vehículo obligan a extremar la precaución durante todo el recorrido.
Rocío reconoce que disfruta especialmente de esa responsabilidad. Mientras conduce, lleva detrás a decenas de personas compartiendo viaje hacia la aldea. El camino cambia con los años y con las nuevas necesidades logísticas, pero mantiene intacta esa mezcla entre tradición y convivencia que define a la hermandad jerezana.
Entre el toreo y la Virgen del Rocío
Álvaro Montes, banderillero jerezano de la cuadrilla de Alejandro Talavante, reaparece este año junto a la hermandad después de varias romerías ausente por compromisos profesionales. Su calendario suele coincidir con ferias y plazas importantes, pero esta vez ha encontrado un hueco para reencontrarse con el camino.
Habla del Rocío desde la nostalgia de quien guarda recuerdos muy concretos. "Tengo memorias maravillosas de noches y tardes aquí", cuenta mientras acompaña a la hermandad en las primeras horas de recorrido. Aunque esta vez solo pueda estar un día, necesitaba volver a despedir a Jerez antes de regresar a los ruedos en sus compromisos de esta misma semana y la temporada completa –que no son pocos–.
Álvaro Montes, banderillero jerezano, en el camino del Rocío.
José María Reyna
Cuando se le pregunta qué le pide a la Virgen, la respuesta sale rápida: protección, para él y para sus compañeros. "Que tenga siempre el capote preparado para hacernos el quite", resume con jerga taurina, como corresponde. En el Rocío, las peticiones personales se mezclan continuamente con el agradecimiento y con esa necesidad de sentirse acompañado durante todo el año.
El instante en que Doñana aparece delante
Mercedes Colombo, delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Cádiz, resume esa sensación hablando de la experiencia del embarque como algo "maravilloso". Invita a cualquiera que nunca lo haya vivido a hacerlo alguna vez, sobre todo por esa imagen única de las hermandades entrando hacia el Coto mientras Sanlúcar queda al fondo.
Caballos y carretas de Jerez por el coto de Doñana.-
José María Reyna
"La provincia de Cádiz mantiene una relación histórica con el Rocío y especialmente con la hermandad sanluqueña, considerada la más antigua de todas. Pero Jerez también ha construido una identidad muy reconocible dentro de la romería", explica. Una manera propia de caminar hacia la Virgen entre bulerías, caballos y una emoción que sigue atravesando generaciones enteras.
El Rocío donde Jerez se reconoce a sí misma
Cuando cae la tarde y el polvo empieza a cubrirlo todo, el camino sigue avanzando entre cantes improvisados y coches cargados hasta el techo. Hay neveras, flores, mantas, monturas y equipaje repartido por cualquier rincón. Pero también hay algo más difícil de explicar, que es na emoción colectiva que aparece especialmente en los pequeños gestos. Todos los peregrinos nos indican lo mismo: esto hay que vivirlo, no puede explicarse.
Jerez ya avanza por Doñana para llegar a la aldea del Rocío.-
José María Reyna
En los ojos de quienes cruzan la barcaza por primera vez. En quienes vuelven después de años sin poder venir. En los que revisan al caballo antes de sentarse siquiera a beber agua. O en quienes se emocionan escuchando una bulería delante del simpecado mientras cae la tarde sobre Doñana.
El Rocío de Jerez tiene mucho de identidad compartida y de ciudad que se reconoce a sí misma entre el cante, el caballo y la devoción. Por eso cada año miles de personas vuelven a repetir el mismo trayecto hacia la aldea almonteña. Más allá de la fiesta o de la tradición, hay sentimientos que solo entienden quienes alguna vez han cruzado hacia el Coto siguiendo al simpecado jerezano.
La Hermandad del Rocío de Jerez ya está en la aldea almonteña. Más de 2.500 personas, unos 250 vehículos y alrededor de 350 caballos forman parte este año de la comitiva jerezana. Un camino marcado otra vez por sus tradicionales carros, por el cante constante y por esa mezcla de emoción y nervios que recorre a todos los peregrinos desde primera hora de la mañana. Hay quienes llevan décadas viniendo y todavía sienten el cosquilleo como si fuera la primera vez.
Cuando la barcaza comienza a moverse, las cámaras se levantan, las voces se rompen y más de uno se seca las lágrimas intentando disimular. Desde la orilla, algunos despiden a familiares. Otros miran en silencio el horizonte del Coto de Doñana. El Rocío tiene mucho de fe, pero también de memoria. De volver cada año al mismo sitio para reencontrarse con una parte de uno mismo.
Bulerías para rezarle a la Virgen
En Jerez, la manera de cantarle a la Virgen del Rocío tiene acento propio. Las bulerías aparecen casi sin darse cuenta entre las carriolas, en las paradas improvisadas o mientras el simpecado avanza rodeado de caballos. No hace falta un escenario. Basta un compás bien marcado con las palmas y una voz arrancándose por dentro.
Jerez le canta al simpecado de la Virgen del Rocío al entrar en Doñana.-
José María Reyna
María Hurtado y Paula Casas lo explican con naturalidad a lavozdelsur.es porque llevan toda la vida viviéndolo así. "Le cantamos con mucho sentimiento y con las letras que nos dejaron nuestros padres", cuentan mientras observan pasar la comitiva. Para ellas, esa herencia familiar es una de las grandes riquezas del camino. Una forma de rezar distinta, profundamente jerezana, donde el flamenco y la devoción terminan mezclándose.
Las sevillanas conviven con las rumbas y las bulerías durante todo el recorrido. Hay momentos de fiesta y otros de recogimiento absoluto. Canciones improvisadas delante del simpecado y silencios que pesan más que cualquier palabra. "Aquí se le canta rezando", resume Paula, que tiene que contener la emoción al hablar del significado del Rocío y de su hermandad. Alrededor, quienes escuchan asienten sin necesidad de añadir nada más.
Cante en la hermandad del Rocío de Jerez en el camino.-
José María Reyna
Los caballos, el alma silenciosa de la comitiva
El embarque obliga a extremar la atención con los caballos. Algunos cruzan tranquilos; otros muestran más nervios ante la barcaza y el movimiento del agua. Aun así, todos avanzan acompañados por jinetes pendientes de cada gesto. En Jerez, el caballo no es un complemento del camino, sino que es parte esencial de la romería.
Juan Antonio Gamaza lleva cinco años haciendo el Rocío con la hermandad jerezana y no duda al explicar cuáles son las prioridades. "Lo importante es que el caballo tenga buena alimentación, hidratación y cuidados constantes", asegura. Basta observar cualquier parada para comprobarlo. Antes de comer o descansar, muchos caballistas revisan monturas, patas y heridas con una atención casi obsesiva.
Jinetes embarcan a sus caballos en la barcaza para cruzar a Doñana en el camino del Rocío.-
José María Reyna
María y Paula lo cuentan entre risas, aunque hablan completamente en serio. El padre de una de ellas, también caballista, lo primero que hace al detenerse es quitarle la montura al animal y revisarlo entero. "Antes de pensar en él mismo, piensa en el caballo", explican. En una hermandad que presume de ser la segunda con más caballos en el Rocío, el cuidado de los animales forma parte del orgullo colectivo.
Meses preparando unos pocos días
Detrás del camino hay mucho más que unos días de romería. Hay meses enteros de organización, gastos y preparativos que terminan desembocando en esta semana. Julia Toscano y María Quesada acumulan ya varios caminos, pero siguen llegando al embarque con los mismos nervios.
Hablan del "gusanillo" que aparece cada año cuando se acerca mayo. Del miedo a que el caballo enferme a última hora, de los trajes preparados durante semanas y de toda la logística que implica mover animales, carros y equipaje hacia Doñana. "Esto no se organiza en una semana", cuentan mientras esperan turno para cruzar.
Julia Toscano y María Quesada, con sus caballos, en el camino del Rocío.
José María Reyna
Las dos coinciden en que el estado del caballo marca completamente el camino. "Si el caballo no va bien, tú tampoco", resumen. Y quizá ahí esté una de las diferencias más visibles de la hermandad jerezana. El vínculo emocional con los animales atraviesa toda la peregrinación. Hay preocupación, cariño y una vigilancia constante para que nada falle durante el recorrido.
Una forma de vivir que pasa de padres a hijos
El Rocío de Jerez también se sostiene sobre la herencia familiar. Sobre generaciones enteras repitiendo el mismo camino y transmitiendo costumbres que terminan formando parte de la identidad de muchas familias. María y Paula apenas pueden contener la emoción cuando hablan de lo que significa para ellas esta romería.
"Es familia", dicen casi al mismo tiempo. Después aparecen los recuerdos de la abuela, de 82 años, que continúa haciendo el camino con la misma energía de siempre. También las amistades construidas durante décadas y esa sensación de desconexión absoluta que encuentran cada año entre las arenas de Doñana.
Una reunión de Jerez descansa en el camino del Rocío.
José María Reyna
Para mucha gente de Jerez, el Rocío funciona como una especie de refugio emocional. Un espacio donde desaparecen durante unos días las preocupaciones cotidianas y solo importa avanzar junto al simpecado. "Es encontrar la paz", explican. Y en sus voces se percibe algo más profundo que una simple tradición festiva.
Eugenia Martínez de Irujo y su primer camino con Jerez
Entre la multitud también aparece Eugenia Martínez de Irujo. Vive este año su primera experiencia con la hermandad jerezana después de haber hecho tradicionalmente el camino con Triana. El cambio no ha sido casual. Confiesa sentirse muy vinculada a Jerez, a su gente y especialmente al flamenco, como explica ella misma a este medio.
Eugenia Martínez de Irujo hace su primer camino con Jerez.-
José María Reyna
Cruzar el Coto era una experiencia pendiente para ella. Y las primeras horas del recorrido parecen haber confirmado todas las expectativas que llevaba tiempo construyendo. Habla del colorido, de la alegría y de una manera distinta de entender el Rocío que, asegura, ya percibe desde el inicio.
Eugenia Martínez de Irujo, en la barcaza para cruzar a Doñana con Jerez.-
José María Reyna
Mientras la barcaza sigue cruzando hacia Doñana, Eugenia observa el ambiente con sorpresa y entusiasmo. Cree que el camino de Jerez tiene una personalidad propia, incluso para quienes ya conocen otras hermandades. El cante, los caballos y la forma de convivir terminan creando una atmósfera muy reconocible.
El fotógrafo que decidió hacerlo andando
Entre caballos, tractores y todoterrenos también hay quienes eligen recorrer el camino a pie. El fotógrafo jerezano Jesús Salido repite experiencia este año convencido de que es la manera "más íntima" de vivir el Rocío. Ya lo hizo el año pasado y asegura que no dudó en volver.
Caminar transforma completamente la percepción del recorrido. Obliga a bajar el ritmo y a mirar detalles que muchas veces pasan desapercibidos desde arriba de un caballo o dentro de una carriola. El sonido de las ruedas sobre la arena, el cansancio acumulado y las conversaciones largas entre peregrinos terminan formando otra experiencia distinta.
Peregrinos de la hermandad del Rocío de Jerez-
José María Reyna
Salido habla del camino andando como algo "más recogido". Una forma de conectar con el entorno y con la propia romería desde otro lugar. Mientras alrededor suenan sevillanas y pasan carros cargados hasta arriba de enseres, él prefiere avanzar despacio entre el polvo del sendero.
Una mujer al volante y con volantes
Entre tantos caballos y carriolas también aparecen enormes tractores avanzando lentamente hacia Doñana. Rocío Román conduce uno de ellos con absoluta naturalidad. Está acostumbrada porque es su herramienta de trabajo diaria dentro de la empresa familiar y ahora también forma parte de la peregrinación.
Los todoterrenos se adentran en las arenas con la hermandad de Jerez para el Rocío.-
José María Reyna
Durante años ha hecho el camino a caballo, pero desde hace dos romerías participa al volante de los tractores, y con su traje de gitana y las flores perfectamente colocadas. Manejar una maquinaria de ese tamaño sobre la arena exige experiencia y mucha atención. Las raíces, los desniveles y el peso del vehículo obligan a extremar la precaución durante todo el recorrido.
Rocío reconoce que disfruta especialmente de esa responsabilidad. Mientras conduce, lleva detrás a decenas de personas compartiendo viaje hacia la aldea. El camino cambia con los años y con las nuevas necesidades logísticas, pero mantiene intacta esa mezcla entre tradición y convivencia que define a la hermandad jerezana.
Entre el toreo y la Virgen del Rocío
Álvaro Montes, banderillero jerezano de la cuadrilla de Alejandro Talavante, reaparece este año junto a la hermandad después de varias romerías ausente por compromisos profesionales. Su calendario suele coincidir con ferias y plazas importantes, pero esta vez ha encontrado un hueco para reencontrarse con el camino.
Habla del Rocío desde la nostalgia de quien guarda recuerdos muy concretos. "Tengo memorias maravillosas de noches y tardes aquí", cuenta mientras acompaña a la hermandad en las primeras horas de recorrido. Aunque esta vez solo pueda estar un día, necesitaba volver a despedir a Jerez antes de regresar a los ruedos en sus compromisos de esta misma semana y la temporada completa –que no son pocos–.
Álvaro Montes, banderillero jerezano, en el camino del Rocío.
José María Reyna
Cuando se le pregunta qué le pide a la Virgen, la respuesta sale rápida: protección, para él y para sus compañeros. "Que tenga siempre el capote preparado para hacernos el quite", resume con jerga taurina, como corresponde. En el Rocío, las peticiones personales se mezclan continuamente con el agradecimiento y con esa necesidad de sentirse acompañado durante todo el año.
El instante en que Doñana aparece delante
Mercedes Colombo, delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Cádiz, resume esa sensación hablando de la experiencia del embarque como algo "maravilloso". Invita a cualquiera que nunca lo haya vivido a hacerlo alguna vez, sobre todo por esa imagen única de las hermandades entrando hacia el Coto mientras Sanlúcar queda al fondo.
Caballos y carretas de Jerez por el coto de Doñana.-
José María Reyna
"La provincia de Cádiz mantiene una relación histórica con el Rocío y especialmente con la hermandad sanluqueña, considerada la más antigua de todas. Pero Jerez también ha construido una identidad muy reconocible dentro de la romería", explica. Una manera propia de caminar hacia la Virgen entre bulerías, caballos y una emoción que sigue atravesando generaciones enteras.
El Rocío donde Jerez se reconoce a sí misma
Cuando cae la tarde y el polvo empieza a cubrirlo todo, el camino sigue avanzando entre cantes improvisados y coches cargados hasta el techo. Hay neveras, flores, mantas, monturas y equipaje repartido por cualquier rincón. Pero también hay algo más difícil de explicar, que es na emoción colectiva que aparece especialmente en los pequeños gestos. Todos los peregrinos nos indican lo mismo: esto hay que vivirlo, no puede explicarse.
Jerez ya avanza por Doñana para llegar a la aldea del Rocío.-
José María Reyna
En los ojos de quienes cruzan la barcaza por primera vez. En quienes vuelven después de años sin poder venir. En los que revisan al caballo antes de sentarse siquiera a beber agua. O en quienes se emocionan escuchando una bulería delante del simpecado mientras cae la tarde sobre Doñana.
El Rocío de Jerez tiene mucho de identidad compartida y de ciudad que se reconoce a sí misma entre el cante, el caballo y la devoción. Por eso cada año miles de personas vuelven a repetir el mismo trayecto hacia la aldea almonteña. Más allá de la fiesta o de la tradición, hay sentimientos que solo entienden quienes alguna vez han cruzado hacia el Coto siguiendo al simpecado jerezano.
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