Cultura

“Por mucha tecnología que tengas en casa, el ritual de ver una película en pantalla grande es único”

Juan Carlos Palma publica 'Baños de mar y celuloide', una historia local sobre la evolución universal del cinematógrafo, y está nominado en los premios del cine andaluz por su obra sobre la histórica y olvidada actriz secundaria sanluqueña Porfiria Sanchiz

Este sábado estará en la gala, que se celebra en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, de los premios del cine andaluz que entrega Asecan, la asociación de escritoras y escritores cinematográficos de Andalucía. En la edición número 32 de estos prestigiosos galardones se ha colado la historia de Porfiria Sanchiz (1909-1983) dentro de la categoría dedicada a los libros de cine y/o audiovisual. Bajo el subtítulo de La tigresa escondida en la almohada. Secundarios en el teatro y el cine español (1930-1975) (Shangri-La Ediciones, 2019), el sanluqueño Juan Carlos Palma (1972) ha dedicado una intensa investigación a la vida de su paisana, la gran Porfiria Sanchiz. Una actriz secundaria que debutó con la compañía de Margarita Xirgu y que vivió una fulgurante carrera interpretativa en el cine y en el teatro hasta que se vio truncada con el estallido de la Guerra Civil. 

En paralelo, Palma ha publicado el trabajo que le llevó hasta Porfiria, Baños de mar y celuloide. Historia del cinematógrafo en Sanlúcar de Barrameda (Universidad de Cádiz, 2019), un recorrido cronológico por la historia del cinematógrafo en su localidad natal que bien podría transportarse a cualquier otra localidad o incluso al pueblo siciliano de la Cinema Paradiso de Tornatore. En todo caso, son un par de declaraciones de amor al cine y dos exaltaciones de amor por la investigación periodística y la literatura, las grandes pasiones de este autor gaditano que, por si fuera poco, dedica otra gran parte de su jornada a su trabajo como librero en La Luna Nueva, en Jerez.

Rastreando los archivos y las hemerotecas para recopilar material que dieran cuerpo a lo que hoy es Baños de mar y celuloide, el autor se topó con la enigmática Porfiria, “y entonces no pude parar”, cuenta a lavozdelsur.es. Al final, de la idea inicial nació otro libro por el que ahora está nominado a unos premios cinematográficos con cada vez mayor relieve en el mundo del cine español. “Ha sido una gran alegría porque estos premios tienen bastante prestigio, y que te recompensen por una investigación de tanto tiempo pues te hace sentir super satisfecho e ilusionado”. Ambas publicaciones han requerido de una ardua tarea para bucear en documentos históricos a los que no ha sido fácil acceder, pues desde la Guerra Civil y hasta entrados los 80 Sanlúcar no contó con prensa local propia.

Porfiria Sanchiz en ‘Morena Clara’ (1936).

En sus más de 250 páginas, Palma ha querido partir “de lo local y tratar de trascender a lo universal. En cierto modo, esa es la tarea del investigador, hacer trascendente las cosas que podemos tocar. Tanto en Porfiria como en este libro he pretendido llevar algo sencillo, que ocurre en un paisaje urbano concreto o con una actriz secundaria concreta, a una reivindicación tanto de esa figura en el cine y en el teatro, como, en el caso de la historia del cine en Sanlúcar, reflejar las etapas concretas del cine en un pueblo concreto que podían haber ocurrido en cualquier otro lugar”.

La llegada del cine a la San Sebastián del Sur; la consolidación del espectáculo tras la exhibición en salones, barrocones y teatros, con programas que se completan con variedades, ha documentado el autor, como lucha libre de mujeres, saltimbanquis y monos amaestrados; la irrupción del cine sonoro; aquellos cines de verano; el esplendor y también la decadencia… todo ello, “de una manera tan divulgativa como distendida”. Y con unos apéndices repletos de curiosidades y documentos relacionados con la localidad como plató de cine o con los sanluqueños que dieron el salto a la gran pantalla.

Juan Carlos Palma, licenciado en Periodismo, que ha publicado novela negra (La vida en espiral), un poemario (Amor en cuarto menguante), ha dirigido el suplemento cultural Mosaico, e incluso ha sido ilustre concursante de Saber y ganar, es un apasionado del cine y las letras desde que tiene uso de razón. “Desde muy pequeño me gusta el cine. En mi colegio de primaria, donde estudié la EGB, estaba a la espalda el Gran Cinema, uno de los mayores cines de Europa, con una capacidad increíble de espectadores, y cuando llegaba al colegio lo primero que hacíamos todos era ver la cartelera, que era inmensa, lo cual era un aliciente para ir al colegio y ver los próximos estrenos y las reposiciones de clásicos”. Sus padres también le inculcaron esta pasión, junto con la literatura.

De Verne a ‘La Guerra de Las Galaxias’

“Al mismo tiempo que veía películas ya recuerdo empezar a devorar libros; sobre todo, lo que más me regalaron por la Comunión fueron libros, de Verne, Salgari, me los bebía… salíamos de misa y una parada obligatoria era ir a la librería a por las colecciones de las grandes novelas de aventura o de ciencia ficción… así empezamos a aficionarnos”. Habla en plural porque recuerda que con su hermano Félix J. Palma, también escritor, vio algunas de sus primeras películas en pantalla grande en aquella Sanlúcar de la recién inaugurada restauración democrática. “Fue La Guerra de las Galaxiastal vez, pero seguro que vimos La invasión de los ultracuerpos. Nos metimos en una sesión no recomendada para menores y nos colamos, luego tuvimos pesadillas. Lo recuerdo con cariño y pavor”.

Cubierta de la nueva obra de investigación de Palma. FOTO: MANU GARCÍA

Que el cine también se lee ya nos lo enseñó Buñuel con Mi último suspiro o la mítica entrevista de Truffaut recogida en el libro El cine según Hitchcok. Todas las páginas, aquellas y estas, hablan de la pasión por el Séptimo Arte y las letras, mundos que, según Palma, “se retroalimentan”. Hay un episodio de Baños de mar y celuloide que el escritor dedica al auge y caída del cinematógrafo en su localidad, equiparable a las sucesivas crisis que han ido sobreviniendo a la industria y especialmente a la exhibición en pantalla grande, con la llegada de la televisión, internet o las plataformas de streaming. Una industria, pese a todo, inmortal. “Ver una película en pantalla grande es una sensación única, nunca encontrarás por mucha tecnología que tengas en casa esa sensación que representa el hecho de ir al cine, respirarlo; me acuerdo de los cines de la infancia, que olían de una forma especial. Ese ritual de ir al cine a ver una película en pantalla grande es irrepetible“.

En ese capítulo en concreto, Palma cuenta la última etapa de los grandes cines de invierno —les sucederían las multisalas—, “cuando ya se convierten en dinosaurios en las urbes; la mayoría de los que quedaban en Sanlúcar eran mamotretos urbanísticos sin uso en medio de la ciudad. En Jerez hay ejemplos, como el Jerezano o el Delicias. Eso da pena y cuanto más pasaba el tiempo y no acababa el libro, más valor veía que iba a tener porque es recuperar una memoria que todos tenemos en la cabeza y que nadie ha escrito”. Esa memoria sentimental es el testimonio que con su investigación deja el autor gaditano, al que recomendar libros o películas “me cuesta poco si me gustan”.

En cuanto a los cines históricos o a que se mantengan en pie grandes salas, “a veces resulta difícil creer que haya empresas que apuesten por la exhibición en pantalla grande, y es un poco parecido al mundo del libro, que nunca muere. Siempre hay alguien que alimenta la esperanza y recupera esos espacios de cultura tradicional que nadie nos debería quitar”. El cine es una gran ilusión que hace posible lo imposible. Más aún, la literatura. En comunión pueden llegar a provocar, por ejemplo, que Porfiria Sanchiz, esa actriz secundaria de largo recorrido de la que Juan Carlos Palma ha logrado hasta desenterrar películas olvidadas que nadie supo nunca que interpretó, haya sido nominada, más de un siglo después de su nacimiento, a unos premios de la industria cinematográfica.

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