Empieza con las primeras canas, las primeras arrugas y las primeras manchas en la piel de las manos, sigue con pequeñas pérdidas de memoria y con dolores de espalda. Cuando a Felipe González se le nevaron los cabellos de las sienes me acuerdo que las mujeres maduras decían que le favorecían. Sí, pero se iniciaba el eclipse. Comienza por las patillas y se extiende por toda la cocorota, incluso es posible cantar aquello falangista: “Montañas nevadas,/ banderas al viento,/ el alma tranquila./ Yo sabré vencer”. Por cierto, es una canción de 1945 y la letra se debe a una mujer, Pilar García Noreña. La música es de Enrique Franco Manera. Igualdad también en la ultraderecha: 50 por ciento.
Nada de banderas al viento
Puntualicemos. Vale lo de montañas nevadas si es que quedan pelos por nevarse. Vale lo de “el alma tranquila” ya que el eclipse humano es lo que tiene, que como se va llevando la masa y la energía lo único que te deja es la tranquilidad a la fuerza por falta de fuerza. Esa tranquilidad acaba siendo tan intensa que te conduce al asilo y la familia se queda, asimismo, relajada sin el abuelo cascarrabias. Ya puede irse tranquila la prole a ver el eclipse solar en la playa con unas gafas chinas. El tiempo en que los abuelos se quedaban con la familia hasta el óbito pasó, salvo honrosas excepciones. De todas formas, es uno mismo el que tiene que quitarse de en medio y meterse en un asilo para no dar guerra.
El eclipse te lleva al cementerio de los elefantes pachuchos llamado asilo (Residencia de Mayores en idioma correcto). Pero ya no somos elefantes sino un montón de pellejos, un “armazón de huesos y pellejo”, como escribió Gustavo Adolfo Bécquer que se veía así, eclipsado, a pesar de morirse con 34 años.
Nada de banderas al viento, ya, como los sombreros de paja, ni p’al viento ni p’al agua, sopitas y buen vino. La bandera masculina va siendo domeñada por el eclipse y al final no la levanta ni una pastilla azul modelo forte. Ergo, no es posible vencer en eso ni en nada, el eclipse ha alcanzado anteriormente a la próstata y la micción se retrotrae en grado considerable, imposible jugar a ver quién mea más lejos como hacían los amigos púberes de Benedetto en la encantadora película “Las tentaciones de Benedetto”. Lo que sí es posible es levantarse por la noche varias veces para desaguar una birria, si es que se desagua.
¿Dónde estarán los amigos?
Disfruté de un amigo de verdad que más que amigo era hermano mayor, ese hermano mayor que no tuve. Cuando una mujer bastante más joven que él en temporalidad -no sé si en mente- se acercó demasiado y mi hermano creyó verle las intenciones se le presentó diciendo: “Me llamo Fulano de Tal y padezco de próstata”. O sea, muchacha, por si vienes movida no sólo por el corazón sino por las hormonas, el que avisa no es traidor, ya se sabe que los hombres siempre estamos pensando en lo mismo, o eso dicen, de ahí la advertencia a la moza. Mi hermano se me fue desde un asilo, acudí a verlo y nos despedimos con un abrazo prolongado sabiendo que el eclipse final nos impediría volver a hacerlo. Vivíamos lejos el uno del otro y él ya empezaba con el Parkinson y el Alzheimer, ahí es nada.
Alberto Cortez cantaba: “¿Dónde estarán los amigos/ Distancia/ mis compañeros de juegos?/ ¿Quién sabe dónde se han ido/ Distancia/ y que habrá sido de ellos?”. Ay, con el eclipse llega la nostalgia, Juan Rulfo, en su novela “Pedro Páramo”, aconseja no ir nunca al lugar donde se fue feliz. ¿Por qué? Porque está eclipsado, no lo conoce ni la madre que lo parió. Eso deprime.
El eclipse humano se lleva a la madre que nos parió, al padre que “también tuvo que ver” en el asunto, como cantaban los Hermanos Calatrava, el guapo y el feo de la boca grande como la de los dioses míticos que echan agua por la boca en las fuentes. ¿Los amigos? El eclipse les ha colocado como mínimo un bastón en una mano, un taca-taca, una artrosis por acá o por allá, unos vértigos y una confusión temporal de narices. Eso si es que siguen en el planeta.
No olvidemos las cataratas oculares. Ahora se quitan en un santiamén y cuidado con confiarse que algunos médicos lo hacen ya en plan rutina. Si las dejas crecer te quedas como el maestro de Kung Fú que sabía de todo menos operarse las cataratas, demostrando así que más vale una persona médico mañosa que tanta sabiduría oriental.
Más maña y menos palabras lindas
Todos los días me llegan frases que supuestamente me van a hacer feliz en este contexto positivista absurdo en el que vivimos cuando con un bisturí o un láser te devuelven la vista y te dejan más alegre que unas Pascuas. Cuando estaba Hugo Chávez de presidente en Venezuela me dijeron que una de las campañas electorales que Fidel Castro hacía en favor de su amigo era enviarle una legión de médicos para operar de cataratas a quienes las padecieran.
Los viejecitos, cuando se veían viendo, casi bendecían a Fidel y por supuesto votaban a Chávez. Hace bien Trump -que ya está casi en pleno eclipse, aunque sea incontrolable, a primera vista- ahogando del todo a Cuba porque, ¿mira que si esas cosas solidarias se asentaran y a la gente le da por el comunismo? Imposible, de todas formas. ¿Por qué? Por lo que dijo el cantautor estadounidense Frank Zappa: el comunismo no es posible porque a la gente le gusta mucho comprar tonterías. Y yo añado: porque es totalitario y aburrido, de ahí que el mentado Felipe González afirmara en el mismo EEUU a finales de los 70 que prefería el riesgo de una cuchillada a las diez de la noche en el Metro de Nueva York a treinta años de vida tranquila y segura en Moscú. Luego matizó que no estaba eligiendo entre lo bueno y lo malo, «sino entre lo malo y lo peor». De todas formas, macho, si no puntualizas la idea, con ella te dan lo que quieras desde aquel país casi en bancarrota junto a sus amigos japoneses.
Arrugas y esplendor
Las mujeres más exigentes con su belleza suelen comenzar su eclipse por las arrugas. En mi película preferida -que es de José Luis Garci y se llama “Sesión continua”- uno de los protagonistas, Jesús Puente, estando una noche en la habitación conyugal en situación de acostarse para dormir y en viendo que su señora, Encarna Paso, antes de echarse en brazos de Morfeo se hallaba en el cuarto de baño cuidándose las arrugas, se acercó a ella y le dijo algo así como: “Deja esas arrugas, mujer, son bienes gananciales”. Y la mujer lo mandó a paseo.
La necesidad de consolarse que siembra el eclipse humano es tremenda. En mi eclipse particular, voy por la calle ahora en verano y puedo cruzarme con señoras y señoritas que portan a gala y con garbo sus anatomías. Me parece estupendo, nos dan una limosna somática a viejos y previejos y exhiben un signo de sabiduría porque todo se viene abajo con el eclipse y, ya que no hay apenas partos ni crianzas, al menos que haya más esplendor en la ciudad y menos eclipse.
¿He cometido algún micromachismo? Los hermanos Maristas me hubieran advertido de que es un pecado con la vista lo que he dicho, incluso con el deseo. Venial, no mortal. No sabían que se estaban adelantando al pensamiento progresista en pleno franquismo y Franco sin hacerles nada. ¡Claro! Si es que Franco era el machista de los machistas. Miraba con ojos de pecador a Evita Perón cuando vino a España y me parece que hasta delante de doña Carmen Polo que en mi barrio la rebautizaron con el nombre de Carmen Collares.
En las playas, les llama la atención a los latinoamericanos, por ejemplo, que las mujeres enseñen sus pechos sin recato. ¿Y qué? No hace mucho se hablaba de playas familiares donde no había senos al viento. Ya no, y es un adelanto, no hay escándalo para nadie, los niños crecen mejor así, pueden alcanzar visiones realmente negativas en Internet, sobre eso sí que hay que educar; bien está, sin embargo, que no se extrañen ante pechos femeninos, eso que ganan, ¿o ya hemos olvidado que no hace tanto los niños estaban presentes en los velatorios de las casas al lado de los ataúdes descubiertos de sus abuelos o de sus padres y que en no pocos países siguen estando? ¡Ya está bien de esconder las realidades!
En Miami Beach he visto protestas de mujeres porque no les permitían desprenderse de la parte superior del bikini. La paradoja se está dando en algunas zonas playeras, por ejemplo, en el independentista País Vasco donde jóvenes puritanos riñen y espantan a clientes en determinadas playas nudistas por ir en pelota picada. O sea, que hay jóvenes al revés, se rebelan porque están en contra de que uno aproveche los encantos de la vida y la transgresión ante la llegada inevitable del eclipse cronológico humano.
Si el azote masculino es la próstata el femenino pueden ser esas inoportunas pérdidas de orina. Me acuerdo de Concha Velasco anunciando en televisión “dodotis” para evitar esas incomodidades, si bien llega un momento en que tales artilugios son unisex, el eclipse no perdona a nadie, es otro signo de igualdad, con razón la igualdad es una de las banderas principales de la izquierda.
Edadismo, pensiones y privatización
Es signo del eclipse el edadismo, la desaparición de aquello que decía “del viejo, el consejo”. ¿Para qué queremos eso con la cantidad de expertos en evitar incendios que tenemos cuyas competencias en el tema se están comprobando cada día? ¿Para qué viejos si ya la Inteligencia Artificial les ha dado la puntilla? ¿Para qué si no hacen más que cobrar buenas pensiones?
Pedro Sánchez, ese rayo joven que no cesa, quita de aquí y de allá para comprar votos de habitantes del eclipse y pronto de habitantes de otras galaxias terráqueas y culturales. Sánchez cuida a los ciudadanos eclipsados para evitar así su propio eclipse y hace bien, procura ser el habitante más bello del reino, nos está dando lecciones que ni Maquiavelo se atrevió a darle al Príncipe. Que aprenda Feijóo, Pedro Sánchez ha abierto la veda del eclipse democrático.
El eclipse de sol da para mucho cuando lo comparamos con el eclipse humano. El sol y la luna le han hecho un gran favor a toda esa masa de personas que están aburridas y a la vez asustadas y quieren mirar al cielo mientras la Tierra se derrumba a sus pies.
Hay que ver el sol lo que sigue picando a pesar de encontrarse ya en la mitad de su vida. Supongo que a alguien se le habrá ocurrido privatizar los eclipses y cobrar no sólo por las gafas sino por la entrada al espectáculo. No sé cómo se hace eso, pero todo llegará y los empresarios emprendedores contarán con millones y millones de espectadores y de publicidad porque la ciencia sigue pariendo viejos y la sociedad de consumo prosigue hurtándoles a las personas sus identidades profundas mientras que ellas colaboran pegándose patadas en el trasero para contemplar no sólo un eclipse sino las Perseidas y una alineación de planetas.
¿Quién da más? Pues sí, la final del próximo mundial de fútbol, con tanto hablar de 2030, etc., no da tiempo ni a darse cuenta de que nuestro eclipse avanza. Nos hablan como si fuéramos a vivir siempre o, mejor dicho, no nos hablan a los del eclipse sino a los que vienen hacia él, pero aún ni le echan cuenta. Muy bien, que vivan la vida a base de cuentos, pero, ¿tendrán pensiones para comer y votar a quienes se las den? ¿Seguirá al frente de este país desmembrado el señor Sánchez, el conseguidor?
Empieza con las primeras canas, las primeras arrugas y las primeras manchas en la piel de las manos, sigue con pequeñas pérdidas de memoria y con dolores de espalda. Cuando a Felipe González se le nevaron los cabellos de las sienes me acuerdo que las mujeres maduras decían que le favorecían. Sí, pero se iniciaba el eclipse. Comienza por las patillas y se extiende por toda la cocorota, incluso es posible cantar aquello falangista: “Montañas nevadas,/ banderas al viento,/ el alma tranquila./ Yo sabré vencer”. Por cierto, es una canción de 1945 y la letra se debe a una mujer, Pilar García Noreña. La música es de Enrique Franco Manera. Igualdad también en la ultraderecha: 50 por ciento.
Nada de banderas al viento
Puntualicemos. Vale lo de montañas nevadas si es que quedan pelos por nevarse. Vale lo de “el alma tranquila” ya que el eclipse humano es lo que tiene, que como se va llevando la masa y la energía lo único que te deja es la tranquilidad a la fuerza por falta de fuerza. Esa tranquilidad acaba siendo tan intensa que te conduce al asilo y la familia se queda, asimismo, relajada sin el abuelo cascarrabias. Ya puede irse tranquila la prole a ver el eclipse solar en la playa con unas gafas chinas. El tiempo en que los abuelos se quedaban con la familia hasta el óbito pasó, salvo honrosas excepciones. De todas formas, es uno mismo el que tiene que quitarse de en medio y meterse en un asilo para no dar guerra.
El eclipse te lleva al cementerio de los elefantes pachuchos llamado asilo (Residencia de Mayores en idioma correcto). Pero ya no somos elefantes sino un montón de pellejos, un “armazón de huesos y pellejo”, como escribió Gustavo Adolfo Bécquer que se veía así, eclipsado, a pesar de morirse con 34 años.
Nada de banderas al viento, ya, como los sombreros de paja, ni p’al viento ni p’al agua, sopitas y buen vino. La bandera masculina va siendo domeñada por el eclipse y al final no la levanta ni una pastilla azul modelo forte. Ergo, no es posible vencer en eso ni en nada, el eclipse ha alcanzado anteriormente a la próstata y la micción se retrotrae en grado considerable, imposible jugar a ver quién mea más lejos como hacían los amigos púberes de Benedetto en la encantadora película “Las tentaciones de Benedetto”. Lo que sí es posible es levantarse por la noche varias veces para desaguar una birria, si es que se desagua.
¿Dónde estarán los amigos?
Disfruté de un amigo de verdad que más que amigo era hermano mayor, ese hermano mayor que no tuve. Cuando una mujer bastante más joven que él en temporalidad -no sé si en mente- se acercó demasiado y mi hermano creyó verle las intenciones se le presentó diciendo: “Me llamo Fulano de Tal y padezco de próstata”. O sea, muchacha, por si vienes movida no sólo por el corazón sino por las hormonas, el que avisa no es traidor, ya se sabe que los hombres siempre estamos pensando en lo mismo, o eso dicen, de ahí la advertencia a la moza. Mi hermano se me fue desde un asilo, acudí a verlo y nos despedimos con un abrazo prolongado sabiendo que el eclipse final nos impediría volver a hacerlo. Vivíamos lejos el uno del otro y él ya empezaba con el Parkinson y el Alzheimer, ahí es nada.
Alberto Cortez cantaba: “¿Dónde estarán los amigos/ Distancia/ mis compañeros de juegos?/ ¿Quién sabe dónde se han ido/ Distancia/ y que habrá sido de ellos?”. Ay, con el eclipse llega la nostalgia, Juan Rulfo, en su novela “Pedro Páramo”, aconseja no ir nunca al lugar donde se fue feliz. ¿Por qué? Porque está eclipsado, no lo conoce ni la madre que lo parió. Eso deprime.
El eclipse humano se lleva a la madre que nos parió, al padre que “también tuvo que ver” en el asunto, como cantaban los Hermanos Calatrava, el guapo y el feo de la boca grande como la de los dioses míticos que echan agua por la boca en las fuentes. ¿Los amigos? El eclipse les ha colocado como mínimo un bastón en una mano, un taca-taca, una artrosis por acá o por allá, unos vértigos y una confusión temporal de narices. Eso si es que siguen en el planeta.
No olvidemos las cataratas oculares. Ahora se quitan en un santiamén y cuidado con confiarse que algunos médicos lo hacen ya en plan rutina. Si las dejas crecer te quedas como el maestro de Kung Fú que sabía de todo menos operarse las cataratas, demostrando así que más vale una persona médico mañosa que tanta sabiduría oriental.
Más maña y menos palabras lindas
Todos los días me llegan frases que supuestamente me van a hacer feliz en este contexto positivista absurdo en el que vivimos cuando con un bisturí o un láser te devuelven la vista y te dejan más alegre que unas Pascuas. Cuando estaba Hugo Chávez de presidente en Venezuela me dijeron que una de las campañas electorales que Fidel Castro hacía en favor de su amigo era enviarle una legión de médicos para operar de cataratas a quienes las padecieran.
Los viejecitos, cuando se veían viendo, casi bendecían a Fidel y por supuesto votaban a Chávez. Hace bien Trump -que ya está casi en pleno eclipse, aunque sea incontrolable, a primera vista- ahogando del todo a Cuba porque, ¿mira que si esas cosas solidarias se asentaran y a la gente le da por el comunismo? Imposible, de todas formas. ¿Por qué? Por lo que dijo el cantautor estadounidense Frank Zappa: el comunismo no es posible porque a la gente le gusta mucho comprar tonterías. Y yo añado: porque es totalitario y aburrido, de ahí que el mentado Felipe González afirmara en el mismo EEUU a finales de los 70 que prefería el riesgo de una cuchillada a las diez de la noche en el Metro de Nueva York a treinta años de vida tranquila y segura en Moscú. Luego matizó que no estaba eligiendo entre lo bueno y lo malo, «sino entre lo malo y lo peor». De todas formas, macho, si no puntualizas la idea, con ella te dan lo que quieras desde aquel país casi en bancarrota junto a sus amigos japoneses.
Arrugas y esplendor
Las mujeres más exigentes con su belleza suelen comenzar su eclipse por las arrugas. En mi película preferida -que es de José Luis Garci y se llama “Sesión continua”- uno de los protagonistas, Jesús Puente, estando una noche en la habitación conyugal en situación de acostarse para dormir y en viendo que su señora, Encarna Paso, antes de echarse en brazos de Morfeo se hallaba en el cuarto de baño cuidándose las arrugas, se acercó a ella y le dijo algo así como: “Deja esas arrugas, mujer, son bienes gananciales”. Y la mujer lo mandó a paseo.
La necesidad de consolarse que siembra el eclipse humano es tremenda. En mi eclipse particular, voy por la calle ahora en verano y puedo cruzarme con señoras y señoritas que portan a gala y con garbo sus anatomías. Me parece estupendo, nos dan una limosna somática a viejos y previejos y exhiben un signo de sabiduría porque todo se viene abajo con el eclipse y, ya que no hay apenas partos ni crianzas, al menos que haya más esplendor en la ciudad y menos eclipse.
¿He cometido algún micromachismo? Los hermanos Maristas me hubieran advertido de que es un pecado con la vista lo que he dicho, incluso con el deseo. Venial, no mortal. No sabían que se estaban adelantando al pensamiento progresista en pleno franquismo y Franco sin hacerles nada. ¡Claro! Si es que Franco era el machista de los machistas. Miraba con ojos de pecador a Evita Perón cuando vino a España y me parece que hasta delante de doña Carmen Polo que en mi barrio la rebautizaron con el nombre de Carmen Collares.
En las playas, les llama la atención a los latinoamericanos, por ejemplo, que las mujeres enseñen sus pechos sin recato. ¿Y qué? No hace mucho se hablaba de playas familiares donde no había senos al viento. Ya no, y es un adelanto, no hay escándalo para nadie, los niños crecen mejor así, pueden alcanzar visiones realmente negativas en Internet, sobre eso sí que hay que educar; bien está, sin embargo, que no se extrañen ante pechos femeninos, eso que ganan, ¿o ya hemos olvidado que no hace tanto los niños estaban presentes en los velatorios de las casas al lado de los ataúdes descubiertos de sus abuelos o de sus padres y que en no pocos países siguen estando? ¡Ya está bien de esconder las realidades!
En Miami Beach he visto protestas de mujeres porque no les permitían desprenderse de la parte superior del bikini. La paradoja se está dando en algunas zonas playeras, por ejemplo, en el independentista País Vasco donde jóvenes puritanos riñen y espantan a clientes en determinadas playas nudistas por ir en pelota picada. O sea, que hay jóvenes al revés, se rebelan porque están en contra de que uno aproveche los encantos de la vida y la transgresión ante la llegada inevitable del eclipse cronológico humano.
Si el azote masculino es la próstata el femenino pueden ser esas inoportunas pérdidas de orina. Me acuerdo de Concha Velasco anunciando en televisión “dodotis” para evitar esas incomodidades, si bien llega un momento en que tales artilugios son unisex, el eclipse no perdona a nadie, es otro signo de igualdad, con razón la igualdad es una de las banderas principales de la izquierda.
Edadismo, pensiones y privatización
Es signo del eclipse el edadismo, la desaparición de aquello que decía “del viejo, el consejo”. ¿Para qué queremos eso con la cantidad de expertos en evitar incendios que tenemos cuyas competencias en el tema se están comprobando cada día? ¿Para qué viejos si ya la Inteligencia Artificial les ha dado la puntilla? ¿Para qué si no hacen más que cobrar buenas pensiones?
Pedro Sánchez, ese rayo joven que no cesa, quita de aquí y de allá para comprar votos de habitantes del eclipse y pronto de habitantes de otras galaxias terráqueas y culturales. Sánchez cuida a los ciudadanos eclipsados para evitar así su propio eclipse y hace bien, procura ser el habitante más bello del reino, nos está dando lecciones que ni Maquiavelo se atrevió a darle al Príncipe. Que aprenda Feijóo, Pedro Sánchez ha abierto la veda del eclipse democrático.
El eclipse de sol da para mucho cuando lo comparamos con el eclipse humano. El sol y la luna le han hecho un gran favor a toda esa masa de personas que están aburridas y a la vez asustadas y quieren mirar al cielo mientras la Tierra se derrumba a sus pies.
Hay que ver el sol lo que sigue picando a pesar de encontrarse ya en la mitad de su vida. Supongo que a alguien se le habrá ocurrido privatizar los eclipses y cobrar no sólo por las gafas sino por la entrada al espectáculo. No sé cómo se hace eso, pero todo llegará y los empresarios emprendedores contarán con millones y millones de espectadores y de publicidad porque la ciencia sigue pariendo viejos y la sociedad de consumo prosigue hurtándoles a las personas sus identidades profundas mientras que ellas colaboran pegándose patadas en el trasero para contemplar no sólo un eclipse sino las Perseidas y una alineación de planetas.
¿Quién da más? Pues sí, la final del próximo mundial de fútbol, con tanto hablar de 2030, etc., no da tiempo ni a darse cuenta de que nuestro eclipse avanza. Nos hablan como si fuéramos a vivir siempre o, mejor dicho, no nos hablan a los del eclipse sino a los que vienen hacia él, pero aún ni le echan cuenta. Muy bien, que vivan la vida a base de cuentos, pero, ¿tendrán pensiones para comer y votar a quienes se las den? ¿Seguirá al frente de este país desmembrado el señor Sánchez, el conseguidor?
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