Feminismo

Una joven de 24 años a la que intentaron violar, uno de los 150.000 relatos del fenómeno #Cuéntalo

Una universitaria relata por primera vez, a través de Twitter, cómo un hombre la intimidó y abusó de ella en Granada. "Es curioso cómo un hashtag, algo tan estúpido, pueda crear un espacio seguro", comparte

“No lo había hablado nunca, solamente con mi psicóloga”, confiesa una joven de 24 años que sufrió un episodio de intimidación y abuso sexual a principios de 2017 en Granada a manos de un hombre. “Me había marcado, pero no sabía hasta qué punto era consciente del gatillazo emocional que me había provocado. Me estaba afectando mucho”, continúa. Esta joven no contó jamás lo que vivió aquella noche, cerca de la calle Pedro Antonio, en la capital granadina. Nunca. Hasta que el pasado mes de abril se metió en Twitter y se encontró con que #Cuéntalo era Trending Topic (TT). “Es curioso cómo un hashtag, algo tan estúpido, pueda crear un espacio seguro”, sonríe.

El pasado 26 de abril la periodista Cristina Fallarás inició el fenómeno #Cuéntalo en Twitter, animando a todas las mujeres a relatar sus historias de agresión, acoso y abuso sexual en la red, tras el artículo de Virginia Pérez Alonso, codirectora de Público, que contó un caso personal a raíz del señalamiento que sufrió la víctima de La Manada. “Tenemos que contar las agresiones, violaciones, compañeras. Este relato nos lo han hurtado. Debemos construirlo para que otras reconozcan…”, promulgó Fallarás. Lo que desató tres millones de tuits con más de 150.000 relatos únicos de agresiones sexuales narrados por las propias víctimas, según los datos del proyecto Cuéntalo, con la colaboración del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (BSC).

Una de las voces del hashtag #Cuéntalo es esta joven de 24 años, que, a través de un hilo de Twitter, relató cómo un hombre la cargó a hombros a su habitación, echó el pestillo e intentó violarla. “Eran las cinco de la madrugada. Iba yo con mi compañera de piso y, entre bares, fumando, conocimos a dos chicos. Lo estabamos pasando bien y ya entonces habíamos hablado de que yo era lesbiana y que mi amiga tenía novio. Pero parece que respetan más a una chica con novio que a una chica lesbiana. Es como, no voy a tocar el objeto de otro hombre”, narra a lavozdelsur.es. “Eso es porque no has probado un buen rabo”, le espetó uno de los chicos. “Tú eres hetero por lo mismo, porque no has probado un buen rabo”, le devolvió ella.

Entre risas, decidieron tomarse la última en el piso de uno de ellos. “Estuvimos muy bien, genial”, destaca ella, pero claro, que una mujer suba al piso de un hombre parece que lleva implícita su “apertura de piernas”. Ya arriba, uno de ellos, la agarró y la besó. “Y le mordí tan fuerte que le hice hasta sangre”, incide. “Pero se puso dominante, se pensó que a mí me molaba ir de dura”, prosigue. Fue entonces cuando la cargó “como un saco de papas”, la postró sobre su cama y empezó a desnudarse para violarla. “Se puso encima mía, yo intenté revolverme. Hasta que llegó un momento en que hubo un clic en mi cabeza y le crucé la cara”. Él se molestó: “¿Qué haces? Yo a ti no te he pegado”. “Estás abusando de mí”, le replicó ella en su cabeza. Sin embargo, él se tomó el guantazo como “parte del juego” y siguió. “Ahí fue cuando me dije, no va a parar si no hago algo, y le pegué un rodillazo en sus partes y me fui”.

La joven alertó a su amiga, esta pegó un brinco y ambas salieron corriendo del piso. Una historia que jamás contó a su pareja, a su familia o a su círculo de amigos. Pero hoy confiesa que lo vertió en Twitter porque sintió que, ahí, no la iban a juzgar. “Vi que la gente no se quedaba callada, y que había un montón de mujeres que pensaban que eran las únicas que habían pasado por algo así”. Y de eso trata el proyecto Cuéntalo, de crear un relato colectivo de la violencia de género que sufren las mujeres y que a veces son situaciones que pasan inadvertidas por miedo o vergüenza. “Eso es lo que nos han dicho toda la vida, las cosas que te pasan a ti, en casita, que nadie tiene que saberlas… El calladita estás más guapa, no buscar conflictos…”, señala. Pero, como dijo la feminista Germaine Greer, “lo personal es político”.

Aquella experiencia de sufrimiento todavía le afecta, y dice que lo que más le chocó es que muchos hombres no se dan cuenta de que están violando, “porque follar por coacción sigue siendo violación”. “Me dio pánico cuando entendí lo que había pasado. El momento duro es cuando te das cuenta de que todas las tias que aparecen muerta por violación. Todas, presentan indicios de haberse defendido antes, de intentar zafarse. Y claro, si no te defiendes, nadie te cree. Y si te defiendes, lo más probable es que acabes muerta. Fue duro darme cuenta de que yo pude haber sido una de ellas, de las que aparecen muertas”, comparte con este digital.

“Fue chungo de aceptar y de digerir”, dice con la voz temblorosa. Desde entonces, dice que si se enfrenta a alguna situación similar, como por ejemplo una escena de acoso callejero, “no me callo, soy de hostia fácil”. “Hace poco estaba volviendo a casa por la calle, sola, y aparecieron tres tíos detrás de mí. Cualquier persona hubiese llamado a alguien por teléfono para sentirse más segura, o lo que sea. Pero yo no, el concepto de miedo lo pasé. Me giré y me encaré con ellos”, cuenta. Los chicos, del “Guapa, ¿dónde vas tan sola?”, pasaron al “Eres una creída como todas las putas”, con varias patadas de por medio. “Así funcionan las cosas. Hace dos años quizás no habría dicho ni mú, pero a día de hoy no tengo mucho filtro con estas cosas”, apostilla.

 

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