Sociedad

¿Quién mató a los Carito? (y II)

Un doble asesinato previo a la sublevación del 18 de julio en la provincia

Por Santiago Moreno y Luis Rossi

En Cádiz, se celebraba ese mismo domingo una reunión entre alcaldes de toda la provincia en el Gobierno Civil (hoy Diputación) y, según reza en los rotativos del momento, los periodistas preguntaron por el suceso acaecido en Barbate al gobernador –Mariano Zapico- quien comentó que “carecía de valor político, ya que se trataba de una reyerta entre obreros”. Sin embargo, el propio Diario de Cádiz, días posteriores desmentía esta línea, debido a la trascendencia de la historia.

Entierros multitudinarios

Por un lado, en Barbate, el entierro de Manuel Caro se produjo el 12 de julio ante una gran cantidad de personas. Vecinos de la localidad y también provenientes del propio Vejer y de Conil. Aunque no hay documentos periodísticos sobre el asunto, sí constan fotografías alusivas al momento del sepelio. En ellas se observa la gran cantidad de personas que poblaron el cementerio municipal de Barbate, así como los vecinos relacionados con el anarcosindicalismo.

En una de ellas aparecen en primer término la madre de los fallecidos y sus hermanas, sosteniendo una bandera de CNT-AIT. Aparecen justo delante del féretro que se halla sostenido a hombros, percibiéndose los brazos con el puño en alto de los portadores del mismo. Según fuentes orales, no solo se trató de un sepelio, sino de “toda una manifestación proletaria”.

Los restos de Juan Caro fueron llevados desde el Mentidero al cementerio de San José, tratándose de ‘toda’ una manifestación proletaria.

En Cádiz, el asunto no fue menor. La crónica del Diario de Cádiz da fe que se llevó el cuerpo sin vida de Juan Caro al depósito Santa Rosalía (situada en el Mentidero). Desde allí partió una comitiva fúnebre hasta el cementerio de San José, por lo que el cortejo recorrió medio Cádiz, y no solo eso, sino que, como apunta el periódico, estuvo presente “toda la población obrera”. Incluso los comercios de la zona fueron clausurándose al paso del féretro, como apunta el rotativo que retrasó el cierre de la edición por este mismo motivo. De hecho, durante el sepelio, se hizo una lectura a favor de los obreros y se lanzaron loas a la República.

Esto mismo contrasta con el silencio que guarda respecto a este tema el otro rotativo de la capital: La Información. De corte ultraconservador –desde 1934 se había posicionado claramente en las filas Tradicionalistas-, ni su director Eduardo Juliá Téllez, ni sus redactores dedicaron unas pequeñas líneas al asesinato.

Ese mismo domingo se celebraba en Cádiz un hecho histórico. La izada de la bandera de Andalucía, tras la visita de Blas Infante y la propuesta realizada en la Asamblea de alcaldes para que esto se llevara a cabo. Precisamente, antes del comienzo de la reunión, se celebró un minuto de silencio “por la memoria de los obreros antifascistas asesinados la pasada noche en Barbate”.

Tras celebrarse el juicio, Manuel Bermúdez fue condenado a 14 años de prisión “como autor de los tres delitos, dos de homicidio y uno de tenencia ilícita de armas”, acabando sus días en la cárcel. Aunque bien es cierto que no se investigó más allá de los posibles responsables, fuentes orales apuntan a la “cúpula facciosa”, como los principales instigadores del doble crimen perpetrados días antes de la sublevación de un grupo de militares provenientes del norte de África.

Una familia rota

Rara familia española no vio transformada su vida con el golpe de Estado del 18 de julio y la guerra que le siguió. Sin embargo la familia Caro Marín lo advirtió días antes. A la pérdida de dos de sus hijos varones asesinados, Francisca Marín Guerrero –que había llegado a Barbate desde Vejer años atrás con sus siete hijos tras quedar viuda-, se le sumó el hecho de tener que asistir al juzgado a declarar, y ver al hombre que mató a sus hijos. Los recuerdos orales indican que le pidieron que firmara un indulto a lo que ella se negó, “decía que le cortaran antes las dos manos, ella cómo iba a firmar un indulto para quien había matado a sus dos hijos. De esto me acuerdo perfectamente que lo contaba ella”. Las palabras pertenecen a Dolores Pareja Caro, nieta de Francisca.

Pronto la familia Caro se vio obligada a alejarse del núcleo urbano de Barbate y marchar al campo. No obstante los recuerdos se diluyen en el tiempo y frente a estos tristes episodios muchas veces la mente selecciona los mejores momentos. Esto parece que le sucedía a Josefa Caro Marín, que siempre recordó éste primer instante de salida de Barbate hacia el campo de Vejer como “el tiempo más bonito y tranquilo, después de toda la pena, que yo viví”, según nos cuenta su hija Dolores.

Y no debe extrañar su reflexión porque al poco tiempo la situación empeoraría. El único varón que quedó con vida –José- tuvo que marchar al frente de guerra. En palabras de su hijo Antonio: “con los que habían asesinado a sus hermanos”. Más concretamente con la 1ª Compañía del Tercio de Montejurra. ¿Reusaría de alguna manera enrolarse en las filas falangistas en favor del Requeté? La cuestión es que, al menos, desde agosto de 1937 ya se encontraba bajo las órdenes del ejército sublevado. Participó en la campaña del Norte cayendo ciudades a su paso como Santander o Asturias. Luego en la de Levante, quedando marcado en sus recuerdos la batalla del Ebro donde se tuvo que enfrentar a los Brigadas Internacionales, para finalizar en la campaña de Cataluña. Poco antes de finalizar la Guerra Civil el Tercio quedó en Toledo.

Quedan todavía en el municipio sangre de la sangre que fue derramada injustamente la noche del 11 de julio de 1936.

Mientras esto ocurría, Francisca, como tantas madres, esposas o hermanas de la retaguardia franquista, se vio obligada a solicitar la ayuda al Combatiente. La familia Caro Marín había regresado a Barbate, a la calle Oliva, donde después de mucho papeleo y solicitudes a las nuevas autoridades franquistas, consiguieron que se les concediera cuatros pesetas diarias. Antes de finalizar la contienda hubo una nueva pérdida en el seno familiar: la pequeña Paca debió morir en algún momento que se desconoce. Lo que sí se mantiene en los recuerdos familiares es que sucedió a raíz de una caída vinculada con el asesinato de sus hermanos.

Al regreso del frente José no encontró trabajo ni por Barbate ni por la zona, por lo que tuvo que marchar un tiempo a Cádiz. No fue el único caso de los Caro Marín que tuvo que buscarse el sustento más allá de La Janda. Su hermana Josefa, que a estas alturas “solo veía tristeza en Barbate”, decidió marchar a la capital donde comenzó a trabajar de sirvienta, como tantas otras muchachas de la provincia. Allí coincidiría con un antiguo amigo de sus hermanos, José Pareja Baro, con el que se terminaría casando. A su vez José Pareja, que años atrás había compartido ideología con los hermanos Caro, también había llegado a la capital huyendo por temor a represalias en Barbate.

Antonio Caro, sobrino de los asesinados en Barbate.

La desmemoria

La familia Caro Marín no es un caso aislado. En multitud de poblaciones andaluzas se vivieron situaciones parecidas, aunque bien es verdad, que a ellos les sobrevino la desgracia del golpe fascista con antelación. Fueron víctimas de los deseos de poder de las altas esferas conservadoras de la zona. Lo cual, su situación, solo empeoró con el inicio de la guerra.

Barbate ha restaurado las figuras de Juan y Manuel Caro Marín hace un par de años rotulando una de sus calles con dichos nombres. Actualmente, la familia busca los restos de Juan porque, aunque tenían constancia del lugar exacto donde se hallaba (fue enterrado en un nicho en el Cementerio de San José de Cádiz), sospechan que los restos mortales acabaron en una fosa del cementerio de San José en Cádiz o, en el mejor de los casos, en un osario. Quedan todavía en el municipio sangre de la sangre que fue derramada injustamente la noche del 11 de julio de 1936, así como letreros con nombres de aquellos que tuvieron cierta relevancia fascista en la zona. No estaría mal que el municipio gaditano recupere dichas figuras – los hermanos Carito- como símbolo de cultura y paz nombrándolos, ¿por qué no? Hijos Predilectos de la localidad.

Este artículo es la continuación de: ¿Quién mató a los Carito? (I)

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