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Opinión

Carta desde Argelia

Todo recuerda demasiado al absurdo de Camus. Quizás hay que buscar un placebo sustitutivo para las masas

  • Casba de Argel, en una foto de Sergio Villalba.

Obviar por unos días la inmundicia política, la posibilidad de una nueva pandemia o un conflicto a escala mundial, higieniza la masa gris y mitiga la ansiedad como estado permanente de nuestra contemporaneidad. Es una pequeña victoria cuando se logra dominar un resquicio de uno de los tesoros más preciados de esta coyuntura vital: el tiempo, mi tiempo, recalcando el posesivo como un grito de libertad, uno de los actos simbólicos más relevantes que nuestra insignificante existencia puede hacer y aportando una impagable luz a la neblina que los hijos de Saturno generan en nuestra percepción. En estas cavilaciones me encontraba en un ventoso paseo por las ruinas de Tipasa, frente a un Mediterráneo gris y embravecido y un austero monolito con la inscripción “Je comprends ici ce qu'on appelle gloire: le droit d'aimer sans mesure”, traducido como “aquí entiendo lo que se llama gloria: el derecho a amar sin medida”. La metáfora y rotunda afirmación no es otra disertación que el necesario apasionamiento por la vida y la belleza, la aceptación del inevitable presente y la conexión de lo terrenal y lo espiritual como filosofía existencial de una verdad absoluta. Albert Camus ha sido enmarcado en la llamada Filosofía del Absurdo, en los límites de una razón que no nos permite la explicación de nuestro propio devenir ni la consecución de un propósito superior. 

Esta trazada se me antoja terriblemente contemporánea y ejerce un paralelismo entre la crisis del ciudadano occidental coetáneo de la obra más conocida (El extranjero, 1942) y el presente actual, teniendo en común la desconexión entre sociedad e individuo, la carencia colectiva de valores y el frustrado anhelo de soluciones no definidas. La memoria de este texto la recuerdo sutil y quizás no encajada conceptual y emocionalmente como debiera, al haberla leído con apenas veinte ingenuos años en una nebulosa edición de la -ya hace lustros cerrada- biblioteca pública de la calle Alfonso XII de Sevilla. La literatura tiene sus tiempos y la revisión en la madurez tiene ahora el poder de la fascinación y el engarce propio. El cine completa el círculo y aunque la adaptación cinematográfica de Visconti (1967) muestra el siempre fascinante Mastroianni, creo modestamente que fue superada por la reciente versión de François Ozon (2025), en un hipnótico blanco y negro que resalta perfectamente el oxímoron de cegadora luz de la novela, con un Benjamin Voisin en el papel de Meursault que borda la plenitud del personaje en la conciencia del ser sentenciado por su fatuo destino.

El preámbulo y desarrollo de la fuga por las tierras de lo que fue la antigua Mauritania Cesariense, el Reino de Numidia y parte del África Proconsular, o si se prefiere la Cabilia berebere, la Algérie française o el actual norte argelino, tiene su peaje: el tren de alta velocidad a Madrid sale lento, remolón y traqueteante por los cambios de riel, buscando un hueco al perder su turno en la escaleta de las decenas de salidas. Sigo apostando por la empresa pública ferroviaria por principios, pero se aprecia óxido en las puertas y en la saturación que trae la lamentable liberalización del mercado, mientras me llega un mensaje justificativo de estar circulando con una demora de 49 minutos “debido a tráfico ferroviario y a limitaciones de velocidad durante el trayecto”. Leo en prensa que esto ocurre ya en el 65 % de los trayectos, y añoro época pretérita de puntualidad y devoluciones, que era una forma de viaje en extremo agradable y placentera, ahora tornada en la tortura de las prisas y la masificación. Parada en Estación de Córdoba-Julio Anguita que tiene picos de tráfico cada 6 minutos, como si fuera una estación de metro; no sé si somos conscientes del estrecho margen de consecución y uso…los accidentes son un cúmulo de circunstancias añadidas, pero no solo una casualidad. Queremos llegar a 100 millones de turistas anuales, en un país de casi 50, con unas infraestructuras que necesitarían unos 400.000 millones necesarios para adaptarse. Sostenibilidad, sosiego, deceleración son palabras inexistentes.

  • Una vista de Argel.
  • -

Todo es enigmáticamente conocido

De Atocha se pasa a un Chamartín con obras faraónicas y todo ello para noche previa en Barajas y no arriesgar la conexión del vuelo. El hotelito básico de cadena internacional cuesta 150 euros por una habitación individual “renovada” con un par de vinilos de esa pátina estúpida de pretendido nómada digital. Te enteras de que ese mismo día la estancia que reservaste hace dos meses cuesta 135 euros, porque todo fluctúa como si fuera una acción bursátil. Intento la devolución y la queja hace eco en la cabeza del joven aprendiz de gestor de recepción, con un perfecto perfil de lacayo de empresa y sin la menor empatía. Mañana siguiente en la T4, calvario de facturación, control policial, desnudo parcial por si llevas explosivo C4 e intenciones perversas y trenecito autónomo a la terminal satélite…he visto ferias de ganado menos estabuladas. Recorrido largo en bus por pista y embarque con retraso en el slot (franja o reserva de tiempo que tiene el avión para realizar el despegue); el comandante pide excusas porque por lo visto debemos estar aparcados por Alcalá de Henares y en el tránsito de carreteo hasta cabecera de pista daría perfectamente tiempo a leer El viejo y el mar. 

Fin de la tortura y “Argel la blanca” te recibe con cercana extrañeza. Todo resulta enigmáticamente conocido. El azul marino intenso funde el puerto con el bulevar afrancesado de arbolado recortado y un urbanismo donde se cruzan estilos neoárabes, Art Déco, neoclasicismo, Art Nouveau, el proyectado Plan Obus de Le Corbusier y la omnipresente Casba que me remite inmediatamente al filme La Batalla de Argel. La obra de Gillo Pontecorvo (1966) me quebró esquemas en su momento y lo sigue haciendo por la crudeza de una violencia ambivalente, encarnada en Ali la Pointe como lucha y resistencia anticolonial del Frente de Liberación Nacional y la figura del coronel Mathieu, inspirada en el personaje real del general Jacques Massu. Estar presencialmente en el Milk Bar Café (atentados 30 septiembre 1956) o visitar los solares de las casas voladas por las tropas paracaidistas me coloca en una excitación paradójica y atrayente hacia una violencia naturalizada en el ser humano que trastoca mis preceptos éticos.

Este introito iniciático me desliga momentáneamente de la realidad en un desdoble abstracto de esbozos, ideas y reflexiones, intentando situarme como uno de los 800.000 pieds-noirs que pese a vivir como nacional de pleno derecho, tuviera que ser evacuado a la Francia continental tras el proceso de independencia, para ser recibido como apátrida o como explotador del nativo- indígena.  La continuidad de la experiencia viajera por los magníficos espacios arqueológicos, museísticos y monumentales de Timgad, Djemila, Cherchell-Caesarea, Madaura, Constantina-Cirta, Sétif, Guelma o Khenchela, es como hacerlo por Itálica o Tréveris, es entender que Roma consideraba este territorio -hasta el sur en el límite del desierto- al mismo nivel que el resto del Imperio y por tanto de su/nuestra civilización. Como anexo, permiso y advertencia del cine pastiche y la veracidad histórica tipo Gladiator, por aquí se localizaba la Colonia Iulia Augusta Zucchabar y habría que recordar que efectivamente, Septimio Severo o Macrino sí que fueron emperadores de origen africano. 

En esta línea, el acomplejamiento occidental que ha traído el progresismo barato cuestiona y ostenta una concepción histórica vaga y sectaria, manipulando al antojo la pertinencia o no de un pueblo. Los conceptos de descolonización cultural tan de moda deberían aterrizar en casuísticas específicas y no en un revisionismo al libre albedrío, pero parece que los filtros de los principios y valores son relativos. Si queremos una diatriba en condiciones ignoro si los imponentes mausoleos númidas de Kubr-er-Rumia y Madghacen justificarían su prevalencia frente a romanos, bizantinos, vándalos, el Califato fatimí o quizás el reino ziyánida de Tremecén, sin dejar atrás cuna y obra de San Agustín en Souk Ahras, Madaura e Hipona, (referente del actual León XIV en su condición de religioso agustino). Sin saturar el conocimiento podrían añadirse los distintos dominios del Imperio otomano o hasta la propia España que tuvo presencia y vinculación en Mazalquivir y Orán (en esta última sigue existiendo por ejemplo la plage des Andalouses), el paso de refugiados republicanos o el intento de Franco con Vichy para un proyecto territorial fallido (Operación Cisneros en el llamado Oranesado, con población descendiente de inmigración española), terminando el breve repaso con la Operación Torch o desembarco aliado en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial y el fin de la colonización francesa en 1962. Es fácil y simbólico intuir desde la terraza de un hermoso y decadente Museo Nacional de Bellas Artes que encabeza el Jardín de Pruebas de Hamma, la cercanía de las costas levantinas y sureñas del continente europeo. Como guinda, en el barrio de Belouizdad se encuentra la teórica cueva donde el amigo Cervantes se refugió en uno de sus intentos de escape del cautiverio. En resumen, no sé si en un concurso étnico- racial alguna entidad tiene el poder de demostrar mayor vinculación cultural o histórica que otra.

  • Viviendas en la capital de Argelia.
  • -

Hasta Karl Marx cultivó el género epistolar desde Argel

Con todo, se podrá entender que no pretendo cuestionar integridades territoriales, pero sí identidades que se dan por asentadas. La dictablanda del régimen actual se sobrepuso a las primaveras árabes y mantiene un modelo de socialismo clásico con un sueldo medio de 300-400 euros, con un importante intervencionismo estatal y un entramado transversal de funcionarios y militares que garantizan cierta estabilidad. El turismo se abre, pero se controla en parte por el riesgo yihadista, en parte por saber-controlar el perfil del visitante foráneo (en todo momento teníamos escolta y relevos por carretera o agentes de paisano en la ciudad). En Argelia es predominante el islam suní de la escuela malikí, con un carácter teóricamente moderado y enraizado a las costumbres tradicionales; se mantiene un perfil discreto en el conjunto del Magreb que no esconde sus conexiones y alianzas estratégicas, el poder de sus fuentes energéticas y un potente ejército fundamentalmente orientado a su correoso vecino marroquí, que sigue aumentando hegemonía bajo los auspicios de EEUU e Israel. La relación con Madrid ha fluctuado desde el traslado medicalizado del líder del Frente Polisario (Brahim Gali), hasta el incomprensible cambio de postura de Pedro Sánchez respecto al Sáhara Occidental (cf. Espionaje Pegasus). Las relaciones geoestratégicas son más complejas de lo que parecen y sin duda las posiciones internaciones del gobierno español respecto a Oriente Medio han influido en que el ministro Albares limara recientemente asperezas, favoreciendo el aumento del bombeo de gas natural a buen precio (gaseoducto Medgaz), lo que junto a otras diversificaciones energéticas nos permiten ciertas ventajas de las consecuencias del cierre de Ormuz.

Me despido de esta incursión introspectiva que ha permitido una puntual alteración de espacio y conciencia situacional, multiplicando el conocimiento de puntales que ahora cobran sentido unitario: cambio de puerta de embarque poco antes de la salida, llegada y activación de móvil con encuesta-mail de la compañía aérea. Vuelta a la realidad-rebaño con nuevo retraso en el transporte ferroviario y un gracias por “mi” comprensión. Todo recuerda demasiado al absurdo de Camus. Quizás hay que buscar un placebo sustitutivo para las masas. Es curioso que hasta Karl Marx cultivó el género epistolar desde Argel (1882), en una visión más intimista que combativa y probablemente con cierta consciencia de su final cercano. Supongo que las anotaciones y reflexiones de viaje que constituyen este artículo en otro tiempo hubiera salido como corresponsalía acreditada mediante una misiva textual física. Digamos que me permito la licencia poética de abrir el bloc de notas un par de meses después y pensar que hubiera recibido mi propia carta desde La Grande Poste d'Alger en la Rue Larbi Ben M'Hidi.

Obviar por unos días la inmundicia política, la posibilidad de una nueva pandemia o un conflicto a escala mundial, higieniza la masa gris y mitiga la ansiedad como estado permanente de nuestra contemporaneidad. Es una pequeña victoria cuando se logra dominar un resquicio de uno de los tesoros más preciados de esta coyuntura vital: el tiempo, mi tiempo, recalcando el posesivo como un grito de libertad, uno de los actos simbólicos más relevantes que nuestra insignificante existencia puede hacer y aportando una impagable luz a la neblina que los hijos de Saturno generan en nuestra percepción. En estas cavilaciones me encontraba en un ventoso paseo por las ruinas de Tipasa, frente a un Mediterráneo gris y embravecido y un austero monolito con la inscripción “Je comprends ici ce qu'on appelle gloire: le droit d'aimer sans mesure”, traducido como “aquí entiendo lo que se llama gloria: el derecho a amar sin medida”. La metáfora y rotunda afirmación no es otra disertación que el necesario apasionamiento por la vida y la belleza, la aceptación del inevitable presente y la conexión de lo terrenal y lo espiritual como filosofía existencial de una verdad absoluta. Albert Camus ha sido enmarcado en la llamada Filosofía del Absurdo, en los límites de una razón que no nos permite la explicación de nuestro propio devenir ni la consecución de un propósito superior. 

Esta trazada se me antoja terriblemente contemporánea y ejerce un paralelismo entre la crisis del ciudadano occidental coetáneo de la obra más conocida (El extranjero, 1942) y el presente actual, teniendo en común la desconexión entre sociedad e individuo, la carencia colectiva de valores y el frustrado anhelo de soluciones no definidas. La memoria de este texto la recuerdo sutil y quizás no encajada conceptual y emocionalmente como debiera, al haberla leído con apenas veinte ingenuos años en una nebulosa edición de la -ya hace lustros cerrada- biblioteca pública de la calle Alfonso XII de Sevilla. La literatura tiene sus tiempos y la revisión en la madurez tiene ahora el poder de la fascinación y el engarce propio. El cine completa el círculo y aunque la adaptación cinematográfica de Visconti (1967) muestra el siempre fascinante Mastroianni, creo modestamente que fue superada por la reciente versión de François Ozon (2025), en un hipnótico blanco y negro que resalta perfectamente el oxímoron de cegadora luz de la novela, con un Benjamin Voisin en el papel de Meursault que borda la plenitud del personaje en la conciencia del ser sentenciado por su fatuo destino.

El preámbulo y desarrollo de la fuga por las tierras de lo que fue la antigua Mauritania Cesariense, el Reino de Numidia y parte del África Proconsular, o si se prefiere la Cabilia berebere, la Algérie française o el actual norte argelino, tiene su peaje: el tren de alta velocidad a Madrid sale lento, remolón y traqueteante por los cambios de riel, buscando un hueco al perder su turno en la escaleta de las decenas de salidas. Sigo apostando por la empresa pública ferroviaria por principios, pero se aprecia óxido en las puertas y en la saturación que trae la lamentable liberalización del mercado, mientras me llega un mensaje justificativo de estar circulando con una demora de 49 minutos “debido a tráfico ferroviario y a limitaciones de velocidad durante el trayecto”. Leo en prensa que esto ocurre ya en el 65 % de los trayectos, y añoro época pretérita de puntualidad y devoluciones, que era una forma de viaje en extremo agradable y placentera, ahora tornada en la tortura de las prisas y la masificación. Parada en Estación de Córdoba-Julio Anguita que tiene picos de tráfico cada 6 minutos, como si fuera una estación de metro; no sé si somos conscientes del estrecho margen de consecución y uso…los accidentes son un cúmulo de circunstancias añadidas, pero no solo una casualidad. Queremos llegar a 100 millones de turistas anuales, en un país de casi 50, con unas infraestructuras que necesitarían unos 400.000 millones necesarios para adaptarse. Sostenibilidad, sosiego, deceleración son palabras inexistentes.

  • Una vista de Argel.
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Todo es enigmáticamente conocido

De Atocha se pasa a un Chamartín con obras faraónicas y todo ello para noche previa en Barajas y no arriesgar la conexión del vuelo. El hotelito básico de cadena internacional cuesta 150 euros por una habitación individual “renovada” con un par de vinilos de esa pátina estúpida de pretendido nómada digital. Te enteras de que ese mismo día la estancia que reservaste hace dos meses cuesta 135 euros, porque todo fluctúa como si fuera una acción bursátil. Intento la devolución y la queja hace eco en la cabeza del joven aprendiz de gestor de recepción, con un perfecto perfil de lacayo de empresa y sin la menor empatía. Mañana siguiente en la T4, calvario de facturación, control policial, desnudo parcial por si llevas explosivo C4 e intenciones perversas y trenecito autónomo a la terminal satélite…he visto ferias de ganado menos estabuladas. Recorrido largo en bus por pista y embarque con retraso en el slot (franja o reserva de tiempo que tiene el avión para realizar el despegue); el comandante pide excusas porque por lo visto debemos estar aparcados por Alcalá de Henares y en el tránsito de carreteo hasta cabecera de pista daría perfectamente tiempo a leer El viejo y el mar. 

Fin de la tortura y “Argel la blanca” te recibe con cercana extrañeza. Todo resulta enigmáticamente conocido. El azul marino intenso funde el puerto con el bulevar afrancesado de arbolado recortado y un urbanismo donde se cruzan estilos neoárabes, Art Déco, neoclasicismo, Art Nouveau, el proyectado Plan Obus de Le Corbusier y la omnipresente Casba que me remite inmediatamente al filme La Batalla de Argel. La obra de Gillo Pontecorvo (1966) me quebró esquemas en su momento y lo sigue haciendo por la crudeza de una violencia ambivalente, encarnada en Ali la Pointe como lucha y resistencia anticolonial del Frente de Liberación Nacional y la figura del coronel Mathieu, inspirada en el personaje real del general Jacques Massu. Estar presencialmente en el Milk Bar Café (atentados 30 septiembre 1956) o visitar los solares de las casas voladas por las tropas paracaidistas me coloca en una excitación paradójica y atrayente hacia una violencia naturalizada en el ser humano que trastoca mis preceptos éticos.

Este introito iniciático me desliga momentáneamente de la realidad en un desdoble abstracto de esbozos, ideas y reflexiones, intentando situarme como uno de los 800.000 pieds-noirs que pese a vivir como nacional de pleno derecho, tuviera que ser evacuado a la Francia continental tras el proceso de independencia, para ser recibido como apátrida o como explotador del nativo- indígena.  La continuidad de la experiencia viajera por los magníficos espacios arqueológicos, museísticos y monumentales de Timgad, Djemila, Cherchell-Caesarea, Madaura, Constantina-Cirta, Sétif, Guelma o Khenchela, es como hacerlo por Itálica o Tréveris, es entender que Roma consideraba este territorio -hasta el sur en el límite del desierto- al mismo nivel que el resto del Imperio y por tanto de su/nuestra civilización. Como anexo, permiso y advertencia del cine pastiche y la veracidad histórica tipo Gladiator, por aquí se localizaba la Colonia Iulia Augusta Zucchabar y habría que recordar que efectivamente, Septimio Severo o Macrino sí que fueron emperadores de origen africano. 

En esta línea, el acomplejamiento occidental que ha traído el progresismo barato cuestiona y ostenta una concepción histórica vaga y sectaria, manipulando al antojo la pertinencia o no de un pueblo. Los conceptos de descolonización cultural tan de moda deberían aterrizar en casuísticas específicas y no en un revisionismo al libre albedrío, pero parece que los filtros de los principios y valores son relativos. Si queremos una diatriba en condiciones ignoro si los imponentes mausoleos númidas de Kubr-er-Rumia y Madghacen justificarían su prevalencia frente a romanos, bizantinos, vándalos, el Califato fatimí o quizás el reino ziyánida de Tremecén, sin dejar atrás cuna y obra de San Agustín en Souk Ahras, Madaura e Hipona, (referente del actual León XIV en su condición de religioso agustino). Sin saturar el conocimiento podrían añadirse los distintos dominios del Imperio otomano o hasta la propia España que tuvo presencia y vinculación en Mazalquivir y Orán (en esta última sigue existiendo por ejemplo la plage des Andalouses), el paso de refugiados republicanos o el intento de Franco con Vichy para un proyecto territorial fallido (Operación Cisneros en el llamado Oranesado, con población descendiente de inmigración española), terminando el breve repaso con la Operación Torch o desembarco aliado en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial y el fin de la colonización francesa en 1962. Es fácil y simbólico intuir desde la terraza de un hermoso y decadente Museo Nacional de Bellas Artes que encabeza el Jardín de Pruebas de Hamma, la cercanía de las costas levantinas y sureñas del continente europeo. Como guinda, en el barrio de Belouizdad se encuentra la teórica cueva donde el amigo Cervantes se refugió en uno de sus intentos de escape del cautiverio. En resumen, no sé si en un concurso étnico- racial alguna entidad tiene el poder de demostrar mayor vinculación cultural o histórica que otra.

  • Viviendas en la capital de Argelia.
  • -

Hasta Karl Marx cultivó el género epistolar desde Argel

Con todo, se podrá entender que no pretendo cuestionar integridades territoriales, pero sí identidades que se dan por asentadas. La dictablanda del régimen actual se sobrepuso a las primaveras árabes y mantiene un modelo de socialismo clásico con un sueldo medio de 300-400 euros, con un importante intervencionismo estatal y un entramado transversal de funcionarios y militares que garantizan cierta estabilidad. El turismo se abre, pero se controla en parte por el riesgo yihadista, en parte por saber-controlar el perfil del visitante foráneo (en todo momento teníamos escolta y relevos por carretera o agentes de paisano en la ciudad). En Argelia es predominante el islam suní de la escuela malikí, con un carácter teóricamente moderado y enraizado a las costumbres tradicionales; se mantiene un perfil discreto en el conjunto del Magreb que no esconde sus conexiones y alianzas estratégicas, el poder de sus fuentes energéticas y un potente ejército fundamentalmente orientado a su correoso vecino marroquí, que sigue aumentando hegemonía bajo los auspicios de EEUU e Israel. La relación con Madrid ha fluctuado desde el traslado medicalizado del líder del Frente Polisario (Brahim Gali), hasta el incomprensible cambio de postura de Pedro Sánchez respecto al Sáhara Occidental (cf. Espionaje Pegasus). Las relaciones geoestratégicas son más complejas de lo que parecen y sin duda las posiciones internaciones del gobierno español respecto a Oriente Medio han influido en que el ministro Albares limara recientemente asperezas, favoreciendo el aumento del bombeo de gas natural a buen precio (gaseoducto Medgaz), lo que junto a otras diversificaciones energéticas nos permiten ciertas ventajas de las consecuencias del cierre de Ormuz.

Me despido de esta incursión introspectiva que ha permitido una puntual alteración de espacio y conciencia situacional, multiplicando el conocimiento de puntales que ahora cobran sentido unitario: cambio de puerta de embarque poco antes de la salida, llegada y activación de móvil con encuesta-mail de la compañía aérea. Vuelta a la realidad-rebaño con nuevo retraso en el transporte ferroviario y un gracias por “mi” comprensión. Todo recuerda demasiado al absurdo de Camus. Quizás hay que buscar un placebo sustitutivo para las masas. Es curioso que hasta Karl Marx cultivó el género epistolar desde Argel (1882), en una visión más intimista que combativa y probablemente con cierta consciencia de su final cercano. Supongo que las anotaciones y reflexiones de viaje que constituyen este artículo en otro tiempo hubiera salido como corresponsalía acreditada mediante una misiva textual física. Digamos que me permito la licencia poética de abrir el bloc de notas un par de meses después y pensar que hubiera recibido mi propia carta desde La Grande Poste d'Alger en la Rue Larbi Ben M'Hidi.

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