Cultura

“Me duele el poco respeto que se le tiene hoy a la cultura en Andalucía”

El músico y antropólogo sevillano Raúl Rodríguez profundiza en "la riqueza de la mezcla" en 'La raíz eléctrica', un disco que surgió de un viaje a Haití con Jackson Browne. "Nos enredamos en qué debe llamarse flamenco y qué no, y para mí eso es política, no es arte. El arte está más allá de los nombres", afirma

Acaba de terminar el puchero y la pringa de la mama. Casi sin pararse a digerir nos atiende al otro lado del móvil. En un rato regresa para el  madrileño Café Berlín, donde se cuece un próximo disco donde Martirio, su señora madre, se reencuentra con el piano de Chano Domínguez para homenajear a Bola de Nieve. En unos tiempos tan tenebrosos, con la ultraderecha resurgiendo, con el miedo al otro en un enorme crescendo, y bajo la reescritura de la historia al compás de los intereses partidistas y mercantilistas, Raúl Rodríguez Quiñones (Sevilla, 1974) aparece desde Andalucía al mundo como una bombilla encendida al final de un negro túnel. Músico y antropólogo cultural, lleva años tendiendo puentes con su música, rescatando memoria para crear concordia y riqueza, no controversia, y poniendo el foco sobre el nomadismo y esos movimientos migratorios en los siglos que riegan la sangre que somos.

Como probó Luca Cavalli Sforza, icónico genetista recientemente fallecido, no cree Raúl que existan las razas más que en las cabezas de los racistas. Rodríguez ha publicado La raíz eléctrica (Vodoulería), un disco de ida y vuelta que nos devuelve familiar lo que creíamos ajeno, y que se revela inédito y fresco, una vez más. Lo suyo es regresar al futuro, recolectar lo mejor de cada casa para crear una verdadera aldea global. Pasa por Jerez estos días, acompañando a Martirio en concierto, y no duda en confesar la “veneración” que le tiene a esta “especie de santuario de la alegría, un lugar mágico por la forma de ser de la gente, por el compás y la muy buena relación del pueblo gitano con la ciudad de Jerez, un elemento extraordinariamente positivo”. 

Se licenció en Geografía e Historia y Antropología Cultural, cuenta su bio, para comprender mejor la naturaleza de nuestras músicas populares y, a través de sus viajes y contactos con las músicas latinoamericanas, realizó la primera incorporación del Tres Cubano al Flamenco, hasta diseñar un nuevo instrumento, el Tres Flamenco. Enumerar su currículo sería aburrir, pero entre las leyendas con las que ha tocado su música figuran Chavela Vargas, Compay Segundo, Jackson Browne y Enrique Morente.

¿La pureza es mestiza?

Creo que en realidad la riqueza de la mezcla es la que nos hace particulares. Revisando la historia andaluza es muy difícil quedarse con una parte aislada del resto porque nuestra riqueza está en la comunicación intercultural. En la capacidad tan extraordinaria y misteriosa que hemos tenido durante toda nuestra historia de relacionarnos con gente tan diferente y llevarnos bien. Y especialmente la música es el terreno donde tenemos que llevarnos bien. Es el primer lugar donde se puede ensayar la convivencia entre los distintos, desde siempre ha sido así. Ahí el compás, el ritmo, la emoción y la afinación son las leyes que mandan, y creo que la música popular que tenemos en Andalucía es esencialmente mestiza, con elementos africanos, europeos, americanos, orientales, ibéricos… destilamos en una calidad suprema y esa riqueza es la pureza nuestra, seguir asimilando influencias externas y hacerlas de una forma cabal. Esa cultura de la verdad es la que nos identifica.

En sus viajes a Haití con Jackson Browne, previos a La raíz eléctrica, ha conocido de cerca el vudú rock. ¿Están más cerca los Smash de Agujetas o Pata Negra de Jimi Hendrix de lo que se piensa?

Claro que sí, por supuesto, yo lo que escuchaba allí era lo más parecido que he vuelto a escuchar de Pata Negra desde que los escuchaba de niño. No he vuelto a escuchar esa cantidad de electricidad concentrada dentro de los patrones tradicionales, pero con esa voluntad de libertad tan grandísima. Fue un verdadero impacto a nivel artístico y humano ese descubrimiento. Y sobre todo que aquello se parecía tanto a lo que teníamos nosotros, lo que me reforzó en la idea de que realmente hay un mapa secreto por debajo de la nomenclatura de las músicas oficiales que responde muchas veces a la migración de los esclavos. Casi en paralelo a la diáspora de los esclavos puedes trazar un mapa de estilos que están influenciados unos por otros y que realmente vienen casi todo del África occidental, que es de donde viene muchísima gente que sigue llegando a nuestra costa hoy.

“He crecido rodeado de Veneno, Pata Negra, Martirio… Mi casa es la fusión y hay muchos motivos de peso para que eso pase, ni fue una cosa comercial ni tiene porque seguir la onda de la comercialización, es algo ya que forma parte de la tradición y que puede servirnos en el futuro”

Todo esto conecta el blues con el jazz, el soul, el tango argentino, el fado, el flamenco… hay muchísimas claves rítmicas y dinámicas de danza similares, y en un viaje reciente a Mali también descubrí muchísima relación su lenguaje de cuerdas con la guitarra y los toques de laud. Hay una participación decisiva de la cultura negra en la andaluza, y me interesa mucho reconectar esos cables pelaos, esos filones históricos que dan argumentos y motivos de peso para pensar que la música andaluza no está tan lejos de la de otros lugares y por ahí podemos seguir creciendo y avanzar en una línea que para mí considero tradición. Porque también he crecido en eso, rodeado de Veneno, Pata Negra, Martirio… Mi casa es la fusión y hay muchos motivos de peso para que eso pase, ni fue una cosa comercial ni tiene porque seguir la onda de la comercialización, es algo ya que forma parte de la tradición y que puede servirnos en el futuro.

Su último disco es pura electricidad, ¿detecta mucha pobreza energética en la cultura española actual?

Creo que sí, hay bastante pobreza energética, hay bastante poco tocar con los otros, hace falta acompañar más, la música se está derivando mucho hacia un lenguaje en el que no es necesaria la participación de los demás, todo es como muy individual, y pierde fuerza porque los discursos son demasiados personales. En otros lugares la música pertenece más al ámbito colectivo y se usa y se vive de otra manera. Pertenece a otros ámbitos que van más allá del entretenimiento, músicas que son capaces de formarte, de curarte, con un valor que va más allá del estrictamente musical o de la performance de la música, sino que responde a la verdadera manera de ser un pueblo. Después de Haití estuve en Mali, y ahora iré a Guinea Ecuatorial, y son viajes que me llena mucho porque intento estar lo más cerca posible de la música de mi tierra y salirme lo menos posible de los compases flamencos y nuestro discurso, por lo que me resulta muy estimulante ver cómo utilizando esas mismas herramientas puedo comunicarme con tanta gente de tantos sitios. Eso es lo que verdaderamente demuestra la teoría de que somos mestizos.

Escribe Ortíz Nuevo: “Yo reniego de lo falso, que no es contrario de lo puro, sino de lo verdadero”. ¿Usted de qué reniega? ¿Ve mucha falsedad en la música y, especialmente, en el flamenco?

Hombre, digamos que hablamos de músicas que han tenido siempre un valor de uso antes que un valor de cambio. Son músicas que se han hecho para hacerse y no tanto para venderse. Vivimos una época en la que los músicos necesitan mucho sobrevivir y tenemos que hacer muchas cosas únicamente para poder garantizarnos el sustento, y ahí la verdad se negocia y muchas veces sale perdiendo. Hay muchos condicionantes que parecen que van a darte más dinero que la verdad, y la verdad últimamente no es muy rentable. Pero para mí sigue siendo el único valor real, la sinceridad, la honestidad, y el hecho de ser consecuente, de hacer lo que tu cuerpo y tu posición en el mundo demanda de ti. El arte aparece cuando hay una verdad por delante y es lo que se persigue, y se llega más lejos aunque se vaya más despacio.

Rodríguez y su inseparable tres flamenco. FOTO: LUIS CASTILLA.

Usted que vivió su infancia en los ambientes más ‘underground’ de la Sevilla del tardofranquismo y los albores de esta democracia. ¿La contracultura de hoy es postureo?

Son momentos tan precarios en los trabajos y en la cultura que igual pueda volver a aparecer ese sentido de contestación… pero lo que tuve la suerte de vivir de niño creo que es una etapa muy irrepetible por las condiciones que se daban. Era la salida de España del franquismo, por salir del aislamiento empezando a participar en un circuito de música internacional, y por la ilusión de una generación con muchas ganas y talento acumulado como era la generación de Camarón, Veneno y de todos aquellos. Creo que con ese peso es muy difícil que vuelva a pasar otra vez. Entonces se hacían también las cosas con bastante más inconsciencia y sin pensar mucho en el comercio, y eso hacía llegar a cotas artísticas más altas.

Era un sobrevivir anteponiendo el alimento espiritual a lo puramente crematístico…

Exactamente, no se tocaba tanto para vivir de lo que se toca, sino que se vivía para tocar. Era otra manera y recuerdo un sentido lúdico que ahora echo muchísimo de menos. Una manera de divertirse los músicos en ese punto que ahora se echa de menos, aunque en la generación nueva pueda estar reapareciendo, en la fusión de la poesía con la música, con la imagen y el teatro, puede aparecer un campo creativo nuevo muy interesante y es una cuestión generacional.

Son de la Frontera: “En el flamenco se trabaja poco en grupo, normalmente son solistas o cuadros intercambiales. Aquí había un grupo fijo, un colectivo, y conseguimos ese efecto de los grupos rockeros, gente que no suma, sino que se multiplica cuando se junta”

Introdujo por primera vez el tres cubano en el flamenco con Son de la Frontera. Hace diez años que dejó el grupo. ¿Qué recuerdos conserva de la experiencia?

Me da tremenda emoción acordarme y que me cogiera ahí en medio aportando mi granito de arena para que se conociera la música de Morón. Creo que lo que llegamos a hacer fue muy bonito, muy importante y muy bien hecho, con muchísima vergüenza y educación. Me emociona mucho acordarme porque creo que fue una hazaña. En el flamenco se trabaja poco en grupo, normalmente son solistas o cuadros intercambiales. Aquí había un grupo fijo, un colectivo, y conseguimos ese efecto de los grupos rockeros, gente que no suma, sino que se multiplica cuando se junta. Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible, como decía Miguel Ríos. Creo que no sabíamos que era imposible tener esa potencia y desarrollar ese lenguaje, me siento verdaderamente orgulloso de aquellos dos discos que creo que pueden ser una referencia muy válida para el futuro y que dieron mucho valor a Diego del Gastor, a la música de Morón, y que introdujeron el tres en el flamenco, un instrumento que ya luego me ha dado muchísimas alegrías para encontrar mi propia voz y mi lugar en el mundo. Debo mucho a ese amor que le tengo a Morón y a mi familia de allí. Nos queremos muchísimo a pesar de que ahora no trabajemos juntos.

En aquellas propuestas, y ya en su trabajo en solitario, usted siempre ha defendido la revalorización del legado que nos dejaron moriscos y esclavos negros en Andalucía. ¿Hasta qué punto sepulta todo eso la historia oficial?

Estamos en un primer momento de asumir esas influencias, estamos en los primeros momentos en los que en el campo teórico del flamenco se empieza a investigar con información muy contrastada y contrastable. Entonces ahora es cuando salen muchos datos y estadísticas que avalan sensaciones que ya se tenían de antes. Digamos que la historia oficial se va construyendo un poco entre todos, con aportaciones de mucha gente muy interesante que conectan esa música con todas las rutas de las migraciones a las que han estado sometida toda esa gente que ha participado en esas músicas. La cantidad de gente que ha venido y la cantidad de gente que se ha ido, y cómo la música se convierte en un efecto mágico como resultado de procesos muy trágicos, como son los procesos migratorios a no ser que sean por amor.

“La historia flamenco se está escribiendo al mismo tiempo que vamos haciendo la música, y probablemente estén surgiendo subgéneros dentro del género”

La historia flamenco se está escribiendo al mismo tiempo que vamos haciendo la música, y probablemente estén surgiendo subgéneros dentro del género que también respondan a otra naturaleza y ya sean en realidad otra música para la que aún no tenemos el nombre y que quizás ya no sea flamenco. A veces la música va por delante de los nombres que se le puedan poner. Ahora mismo están creciendo muchos tipos de música que no se llaman todavía de ninguna manera determinada porque no hay dinero que sacar de ahí o no se han ido asimilando. Desde luego, poco a poco se van asimilando las influencias de Al Andalus y de la herencia negra que yo creo por supuesto que son las dos verdaderas ramas a investigar.

Un momento de un directo de ‘La raíz eléctrica’. FOTO: NACHO GONZÁLEZ.

Ya se encargará la industria de poner etiquetas…

Exactamente. Realmente los nombres van después. Las cosas 15, 20 o 30 años en asentarse. La raíz eléctrica no sé qué género tiene, no hay un nombre nada más, y normalmente la creación si es verdadera va por delante de la nomenclatura. A veces nos enredamos en qué debe llamarse flamenco y qué no, y para mí eso es política, no es arte. El arte está más allá de los nombres.

Al margen de su carrera particular y de trabajar con su madre, entre otras cosas, ahora produce el disco de su padre, un artista que va a debutar con 65 años y 50 años después de empezar a componer. ¿En su familia se habla otro lenguaje que no sea el de la música?

(Risas) Afortunadamente sí, pero nos hablamos todos a compás. Mi padre ha sido médico toda su vida y ahora se acaba de jubilar, pero nunca ha dejado de labrarse un estilo componiendo, a medio camino entre muchas influencias que le gustan. Es de la parte del Andévalo, en Huelva, de San Bartolomé de la Torre, cerquita de Alosno, y tiene ese sustrato de los fandangos y de los toques de campo de aquella zona tan rica y poco conocida en el ámbito cultural, y al mismo tiempo también ha sido influido por la contracultura de Bob Dylan, la Creedence, Lou Reed… y todo eso está ahí metido en sus canciones. Es un proyecto muy humilde, que hemos grabado en mi casa, pero muy hermoso y con enormes dosis de cariño porque él llevaba años con ese sueño de grabar un disco. Él ha puesto las canciones y yo he puesto todo lo demás, los instrumentos, los arreglos, los coros…

Ha sido muy bonito imaginar una banda desde lo que él toca con su forma de tocar la guitarra, que es una de mis primeras y más importantes influencias desde siempre, y abrir esa especie de rock campero a muchísimas cosas. Para él ha sido un debut en muchísimos sentidos y era muy bonito el fenómeno de niño-viejo, niño-viejo, y en este caso yo era el que tenía un poco más de experiencia en esta labor, pero hemos ido aprendiendo uno del otro. Su nombre artístico es Juan Tacones y el disco se llama Campo de fresas y estará disponible en un mes o mes y medio. Hay mucha valentía humana y artística como para que a esa edad quieras hacer tu primer disco, y es una llamada de atención a nuestra generación para que cooperemos con nuestros mayores, tener un campo creativo común, con una relación fluida a la que ayuda la música.

“Como soy bético, vengo con el manquepierda a cuestas y tengo que ser optimista por obligación”

¿Qué le duele más de la Andalucía que tenemos hoy?

La falta de cultura, el poco respeto que se le tiene hoy a la cultura, siempre la hemos respetado muchísimo aunque estuviésemos tiesos. Siempre se ha respetado mucho a los poetas, a los músicos, a los pintores, a los historiadores, a la gente que sabe cosas… y hemos abandonado eso. Si en algo somos potentes es en ser potencia cultural, probablemente somos la tierra del mundo con mayor cruce cultural, con mayor influencia de más lugares. Entonces, si potenciamos más nuestra cultura nos convertiremos en una tierra admirable y, si no, perderemos una gran oportunidad y le haremos un flaco favor al mundo porque hay mucha cultura que echar para adelante. Y me da que ya se ha perdido ese respeto y el cariño a la cultura, y eso me duele de esta Andalucía.

Y hablando de ‘La raíz eléctrica’, ¿con qué se enchufa cada mañana para reilusionarse? Es de natural optimista, aunque sea bético, pero tendrá sus bajones…

(Ríe) Últimamente me despierto mucho poniéndome directamente a la Fernanda por soleá, con Marote o Paco del Gastor, y ahí me mató. Del tirón. Me hartó de llorar antes de echar el café y me entra por el cuerpo lo más grande, pero me pongo como un toro. También me tiran muchos las chirigotas callejeras, las de tres o cuatro, y cuando veo que está la cosa mala me enchufo un cuplé de Los curas de pueblo o Los Guillermitos y ya se me viene el cuerpo arriba. Pero como bien dices, como soy bético, vengo con el manquepierda a cuestas y tengo que ser optimista por obligación.

El panorama, desde luego, no invita al optimismo. ¿Qué le parece el debate sobre la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos?

Hace poco veía la noticia de que en Portugal estaban intentando meter en el panteón nacional a José Afonso, el compositor de Grandola la Vila Morena, y eso creo que es otro tratamiento. Habría que valorar muchísimo más a los hombres de creación y poner en su lugar a los hombres que provocan destrucción. 

Y a los que siguen generando destrucción y odio, ¿no? ¿Habría que cantarle más fuerte el Bella Ciao a los Salvini y compañía…?

Claro, hay que darle el sitio a la gente que crea pero también a la que destruye porque destruir es muy fácil. Destruir la convivencia entre los distintos es muy fácil, eso lo haces tú mismo en tu bloque en un día, te pones a hablar malamente de uno y de otro y revientas el bloque. Lo difícil es poner a la gente distinta de acuerdo, eso se hace con creación, con imaginación, cultura y sabiduría, pero vivimos una época muy mala de directivos, que no están a la altura de sus jefes, que somos los ciudadanos. Al mismo tiempo también tengo esperanza de que en el futuro podamos reaccionar de alguna manera y nos demos cuenta de que la vida nos pertenece y tenemos que participar más de las decisiones, que no sean otros siempre los que lo hagan. Hay que perder el miedo a gestionar las cosas; cuando te toca te das cuenta que no es fácil organizar, coordinar y dirigir, pero hay que intentarlo, hay que participar para que no tengamos siempre dirigentes que no estén a la altura de los ciudadanos.

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