Sociedad

Los estigmas de las Tres Mil Viviendas, un barrio “obrero como los demás”

Los vecinos del barrio y trabajadores sociales lamentan que no se acabe con los tópicos y se quejan de que la imagen que se exporta "siempre sea la misma"

Las desafortunadas palabras de Ana María Oramas han vuelto a desatar la polémica unas semanas atrás. La respuesta que la representante de Coalición Canaria le di a la Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante su intervención en el pasado pleno del debate de totalidad a los Presupuestos, ha desencadenado todo un maremágnum de reacciones. Tras el comentado despiste dialéctico, como se sabe, la política canaria pidió perdón al colectivo y, ahora, anuncia una visita a las Tres Mil Viviendas, uno de los barrios más estigmatizados de Sevilla y del país.

Lola Soriano es una de las vecinas que ha querido dejar constancia de su realidad. Lleva más de 27 años viviendo en el barrio, al que se mudó al casarse. Su marido, Fidel Melero, es originario del Polígono Sur y lleva toda su vida viviendo en el mismo entorno. Los dos inciden en que están “un poco cansados de la imagen que se da del barrio”, que no es más que “otro barrio obrero como tantos otros”. Juntos han luchado durante años por la dignificación del Polígono Sur. Han formado parte de la junta directiva de una de las asociaciones sociales más activas de la zona, Solidaridad. “Hemos trabajado mucho durante años con actividades tan importantes como la organización de Cabalgata de Reyes, en la que también participa el Ateneo de Sevilla, las cruces de mayo y muchas otras actividades culturales”. Aseguran estar muy molestos porque “no nos gusta que la gente piense que aquí solo hay delincuencia, porque no es cierto”. Ellos, en concreto, viven en una de las seis zonas en las que se divide el Polígono Sur, situado en el límite meridional de la ciudad, que está conformado por las barriadas de la Oliva, la Paz, Antonio Machado, Martínez Montañés, Murillo y Las Letanías.

“Nosotros hemos vivido siempre enfrente de las chabolas y no hemos tenido jamás problemas con nuestros vecinos. Porque aquí convivimos todos”, asegura Lola. “Siempre se habla de la etnia gitana como un problema y también del narcotráfico, pero lo cierto es que eso supone un 2% de la realidad social del barrio”. La mayoría de sus vecinos, “trabajan en los mercadillos y se ganan la vida dignamente, pero eso es algo que no se cuenta”, explican.

Este barrio es uno de los que más estigmatización social sufre en Sevilla. Considerado como uno de los barrios más peligrosos, supone una de las zonas olvidadas por el Ayuntamiento. “Siempre hemos tenido la sensación de que nos han abandonado. Todos los políticos en campaña electoral prometían que lo mejorarían, pero lo cierto es que luego nunca hacían nada ni por él, ni tampoco por sus vecinos”, asegura Lola un tanto apenada.

Además, la información que siempre se da en los medios de comunicación no ayuda a que se acabe con la “mala imagen que tiene”. “La realidad que se ve es la más negativa de todas, porque al final es lo que más vende”, subraya Fidel. “Aquí somos más de 55.000 personas conviviendo día a día, pero eso no sale porque lo que sucede es que se toma la parte por el todo”, incide.

Las conocidas popularmente como Tres Mil Viviendas fue una de las medidas urbanísticas del gobierno durante los años 70. Se construyeron con la intención de alojar a la población procedente de la inmigración rural, a los afectados por diversas catástrofes naturales como la riada del 61 y el terremoto del 69 y a la población desalojada de las chabolas del casco histórico, algunas de ellas ubicadas en el barrio de El Tardón, en Triana. Es por esto, que nació con la única intención de alojar a familias obreras y procedentes de asentamientos precarios situados en distintas zonas de la ciudad, la mayor parte de ellos de etnia gitana.

El estigma de las Tres Mil Viviendas
Las Tres Mil Viviendas, uno de los barrios más penalizados socialmente, situado en el sureste de la ciudad de Sevilla.

Aunque constituye el límite geográfico de la ciudad, que acaba justo con él por su parte sureste, está lleno de peculiaridades, ya que, a pesar de lo que pueda parecer, este barrio no está completamente aislado. Tiene en frente el Real Club Pineda, uno de los clubes sociales más exclusivos de Andalucía. Además de posicionarse como uno de los barrios colindantes de Bami, otra barriada acomodada de la ciudad, de la que le separan tan solo unos cuantos metros y cuyo límite físico lo constituyen la disposición de un muro y las propias vías del tren.

Con la llegada de las nuevas familias al barrio, fruto de la acogida de personas de otras nacionalidades en los últimos años y la lucha incansable de sus habitantes por mejorarlo, se ha conseguido que este lugar, que cuelga con el pesado lastre de la ignominia, haya cambiado mucho. Así lo aseguran, tanto las asociaciones que trabajan día a día en la zona, como los propios vecinos. Curro Aix es uno de los mediadores de Factoría Cultural, una de las instituciones que ofrece en el barrio un espacio que mira hacia él y que está abierto al mismo. Esta es una infraestructura dependiente del ICAS y del Ayuntamiento de Sevilla que promueve “hacer de vehículo a la cultura al mismo tiempo que ofrece una alternativa al estereotipo. Al sanbenito que sufre esta zona”. Además de ofrecer un relato personal y así “contribuir a que el barrio se autorepresente y cree su imagen propia”.

El estigma de las Tres Mil Viviendas
Curro Aix, uno de los mediadores que trabaja a diario en Factoría Cultural.

“Este lugar tiene una serie de particularidades a nivel cultural. Dentro de que es muy heterogéneo y diverso, presenta unas cualidades impresionantes”.  Por ello, desde Factoría Cultural, que lleva funcionando aproximadamente siete meses en la zona, se defiende “una directriz muy importante, que es el tema de la participación, para ofrecer de este modo una cultura democrática”, explica Curro a lavozdelsur.es.

El ritmo de cambio de este centro de ocio y cultura ha sido trepidante. En tan solo siete meses de apertura del espacio ya se han programado más de 60 actividades. “Estamos viendo que hay una potencia extraordinaria. Es una zona muy deprimida, con grandes desigualdades, pero la cultura se establece como un motor de cambio. Hemos corroborado que hay otras vías que han sido puestas en práctica, pero la vía cultural era inédita en un barrio como este”, explica Curro antes de acudir a uno de los talleres que se imparten en el centro.

Respecto a los estigmas con los que tienen que luchar a diario estos mediadores, él insiste en que “este sitio es concebido como un gueto” insistiendo en que “las ciudades son muy oportunistas con ellos”. Esto no es más que “confinar la exclusión social, para que el resto de la ciudad viva tranquila”. Por el contrario, la Factoría, quiere ser una oportunidad para “revertir esta tendencia”.

Por eso, explica este mediador que las declaraciones de Ana María Oramas no son más que el “uso discursivo que se hace de este gueto”, que en este caso sirve como “algo ejemplarizante, un estigma que constituye el que podemos denominar como el antiejemplo”.

El estigma de las Tres Mil Viviendas
Las Tres Mil Viviendas, uno de los barrios más estigmatizados por la Administración y la sociedad. / FOTOGRAFÍAS: SETEFILLA R. MADRIGAL

“Es injusto que encima de que esta gente sufre el estigma social, se les machaque aún más. Yo creo que si Oramas visitara el Polígono Sur al final se encariñaría con la gente, vería la dimensión humana. El drama que representa el tener que vivir en un lugar donde han encerrado muchas cosas malas. En definitiva, se le demostraría la maravilla que hay aquí. En las Tres Mil Viviendas la gente tiene una capacidad de entusiasmo espectacular”, resalta.

Además de eso, dice que lo que más sorprende es el uso del espacio público. “Aquí es mayor que en ninguna otra zona de Sevilla. Podemos recordar cómo antes las señoras mayores sacaban sus sillas a la calle para disfrutar de ella, pues aquí sigue pasando”. Y añade: “Tienen unos valores muy interesantes, la presencia de la etnia gitana es muy fuerte e irradia muchos valores positivos, como el respeto a las personas mayores o a los familiares, cosa que en otros lugares podríamos decir que hoy por hoy está en crisis”.

Termina este mediador, que ha acudido con su hijo pequeño a uno de los talleres de poesía que se imparten esa misma tarde, con que la ciudad “debe mirar con amor al Polígono Sur. Con el amor de un vástago que ha tenido desatendido durante mucho tiempo”, concluye justo antes de dar comienzo la clase, una de las varias actividades que se celebran en ese momento en el centro cultural.

Cultura para acabar con la exclusión en las Tres Mil Viviendas

Amapola López es la directora de equipamientos y espacios culturales del ICAS. Actúa como la coordinadora del espacio de Factoría Cultural. “Hay teorías sobre la transformación social a través de la cultura, pero nosotros aún no barajamos estadísticas aún para saber cómo está cambiando el barrio, aunque el feedback que recibimos de quienes lo usan es muy positivo”, dice.

Y es que este es concebido por parte de los habitantes de las Tres Mil Viviendas como “un espacio de oportunidades, con un equipamiento de primer nivel y algo que ha dignificado mucho el barrio”, explica su directora.

Entre los eventos de la agenda de este espacio, fundamentado en un modelo de gestión colectivo, figuran más de medio centenar de actividades en medio año. Una de ellas fue el estreno de la serie de Camarón, una de las producciones audiovisuales andaluzas más aclamadas de este año, nominada a los Premios Asecan. La productora decidió presentarla en las Tres Mil Viviendas precisamente por ser una de las cunas incuestionables del flamenco en Sevilla. “En esa presentación hablamos con gente que nunca había ido al cine en su vida, y pudo disfrutar de este estreno en directo. Eso ya es una transformación”, incide Amapola.

Este proyecto forma parte del denominado Plan Urban de 2004, que abogaba por acabar con las desigualdades en los barrios más deprimidos de la ciudad. Una iniciativa europea encuadrada dentro de la estrategia de impulso del Plan Integral promovido por el gobierno de Juan Espadas con la Comisionada del Polígono Sur, María del Mar González.

Un mural en el Polígono Sur sevillano.

Además de este estreno, en la actualidad también cuentan con un taller comandado por el artista flamenco Torombo en el que los asistentes acuden a clases con una formación mucho más integral: filosofía, baile, cante flamenco, escucha, compás. Un proyecto que arrancó en junio del año pasado y que ya está dando sus frutos dentro de la comunidad. “Hemos visto cómo los chavales han ido ganando independencia e, incluso, cómo algunos de ellos quieren poner en marcha su propia compañía de baile y nos piden ayuda y asesoramiento para llevarlo a cabo”.

Acabar con el tópico de las Tres Mil Viviendas, una tarea complicada

Zanjar el estigma es una de las tareas más complejas de las Tres Mil Viviendas. A este respecto Amapola incide: “Es difícil, pero este barrio es luchador y lucha con uñas y dientes contra él. Es muy ilusionante ver cómo la gente al final siempre reclama que se les respete y dignifique”.

La razón por la cual este barrio sufre las consecuencias de las periferias es, a veces, consecuencia de algunas “situaciones políticas que se han enquistado con el paso de los años y ahora desde la administración no se sabe muy bien cómo atajarlas”, explica Amapola. Porque este es “un barrio representativo de lo que hace el sistema con la periferia de las ciudades. Los problemas hay que atajarlos de base. Debemos pensar que estamos haciendo esto aquí, pero que estamos dejando de hacerlo en otros barrios, que tienen los mismos problemas o los van a tener”, incide.

 Las Tres Mil: “Un barrio bendecido por el talento”

En 2003, la cineasta francesa Dominique Abel estrenó el documental El Arte de las Tres Mil. En la obra, centrada en la importancia del barrio como indudable cuna de artistas del flamenco, se vislumbran las carreras de algunos de nuestros bailaores, cantaores y guitarristas más internacionales. Son del Polígono Sur los hermanos Amador, Raimundo y Rafael, que formaron el dúo Pata Negra, Luis Fernández, el guitarrista Emilio Caracafé, Martín Revuelo, Ramón Quilate o Bobote, entre otros. Una cantera del flamenco que es referente en el mundo entero y que, además, han constituido un grupo de empuje de importante cambio social para su barrio. En el caso de Luis Fernández es uno de los que comanda la Asociación Alalá, una de las más activas de la ciudad en favor de los colectivos en exclusión social y que tiene su sede en otro de los centros de principal actividad cultural en las Tres Mil, el Centro Cívico El Esqueleto.

El estigma de las Tres Mil Viviendas
Cartel del documental Polígono Sur, el arte de las Tres Mil, nominado a un Goya en 2004.

Es por todo esto que Sevilla y la sociedad hispalense en general tienen tal y como claman sus habitantes “una gran deuda con este barrio”, ya que según dicen “se ha hecho caso omiso a los problemas de seguridad que ha tenido durante mucho tiempo. Se ha dejado que prolifere el crimen y por eso es por lo que se ha hecho fuerte”. Un abandono institucional que se hace patente en la sensación general de estos luchadores por hacer que el barrio mejore día tras día y año tras año. Porque como piden “esto no es un trabajo de uno solo, sino que es una tarea de toda la sociedad”, concluyen.

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