Feria del Caballo

La fiebre del ‘saharazo’: tortilla, adobo, pimientos, croquetas, chocos y puntillitas por una causa justa

La caseta del Pueblo Saharaui es una de las más familiares de la Feria del Caballo, con precios populares y especialidades caseras hechas por sus voluntarios, cuyos beneficios destinan a la causa que en Jerez gestiona la ONG Amiraui

En la calle Manuel Torre de la Feria del Caballo, caseta número 111, se encuentra el hogar del Pueblo Saharaui. Una casa en medio del Parque González Hontoria que huele a adobo desde más allá de su frontera con el albero. Una familia de voluntarios que lucha por la causa de los saharauis en Jerez desde hace 27 años y que, de forma altruista, trabaja durante toda la semana.

“Nos consideramos amigos del pueblo saharaui porque creemos en la causa, es injusto que después de más de 40 años el Gobierno de España no haga nada por ellos”, sostiene Lola Villagrán, presidenta de la Asociación de Amistad de Jerez con el Pueblo Saharaui (Amiraui), durante el encuentro con lavozdelsur.es en esta caseta. Ella lleva dos décadas luchando por esta causa, habiendo visitado tanto el Sáhara Occidental como los campos de refugiados saharauis en Tinduf.

Lola Villagrán explicando el proyecto de Amiraui a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Para ella, todo empezó con la acogida de un niño saharaui en el seno familiar. Desde entonces, su compromiso no ha hecho más que crecer y junto a más de 120 socios que componen Amiraui reivindican la situación de este pueblo, despojado de sus tierras tras la Marcha Verde de Marruecos en 1975. Como el resto de asociaciones pro saharauis repartidas por toda Andalucía y España, Amiraui lleva a cabo el programa Vacaciones en Paz, con el que durante los meses de julio y agosto los niños saharauis pueden disfrutar de una estancia con una familia de acogida en nuestro país.

“Ojalá algún día dejemos de traer niños porque eso significaría que el Sáhara es reconocido como país”, confiesa Lola, en referencia a este programa. Un fenómeno que hace unos años llegó a alcanzar la cifra de 5.000 niños en acogida al año y que ahora se limita, lamentablemente, a solo 1.000. “Corren momentos difíciles, pero no sólo por la crisis, que parece que ya está pasando, sino que las situaciones de las familias han cambiado mucho”, explica.

Un voluntario de la caseta del Pueblo Saharaui prepara el ‘Saharazo’. FOTO: MANU GARCÍA.

Unos problemas que van desde el modelo de familia hasta las subvenciones municipales, que antes sufragaban los gastos del transporte, y que ahora las familias que quieran acoger tienen que asumir de su bolsillo y su correspondiente consecuencia: miles de niños no han disfrutado en los últimos años de sus vacaciones, por lo que la demanda se ha ido incrementando junto a la edad. “Los niños salían desde pequeños con 7 hasta los 12 años, y ahora tenemos una bolsa muy importante de niños que tienen derecho a venir y no pueden porque no hay familias”, cuenta.

Sin embargo y pese a las adversidades, Amiraui y las otras asociaciones con las que está federada en la provincia de Cádiz y en Andalucía, siguen siendo positivas. A la par, otras iniciativas como la Caravana por la Paz, que recoge alimentos desde octubre, hacen lo propio para ayudar al pueblo saharaui. “El voluntariado es todo dar y eso no es fácil”, admite Lola, que consciente de las dificultades está orgullosa de sus compañeros y compañeras, quienes trabajan sin pausa en la cocina de la caseta.

Más de 1.000 ‘saharazos’

La caseta del Pueblo Saharaui se ha hecho famosa por una especialidad que ya ha creado tendencia en la Feria del Caballo. Desde que hace diez años el actual grupo de voluntarios tomara las riendas de la caseta, elaboran el saharazo, un particular plato que combina la tortilla de patatas, con pimientos fritos, choco, adobo, puntillitas y croquetas de puchero. Un todo en uno que se puede disfrutar por el precio de 20 euros y que se puede decir que “alimenta a un regimiento”.

Un camarero lleva dos ‘saharazos’ a una mesa. FOTO: MANU GARCÍA.

“El año pasado vendimos más de 1.000 saharazos“, reconoce alegre Lola, que confiesa que la caseta de esta asociación es un ingreso muy importante para seguir ayudando al pueblo saharaui desde Jerez. Una caseta que tiene precios muy populares, con bebidas y copas de fino a tan sólo un euro, y comida variada para toda la familia. “Nuestra intención es que no se nos desmadre sino que continúe siendo familiar”, explica en referencia a la fama que se ha creado en los últimos años y que provoca que se llene tanto a la hora del almuerzo como de la cena. Una afluencia que se traduce, como denota el trabajo voluntario y el buen hacer de esta asociación, en beneficio social cuya rentabilidad se torna más importante que nunca.

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