Cultura

El tesoro de papel

Sanlúcar acoge el fondo documental privado más grande de Europa, el Archivo de la Casa de Medina Sidonia, que en 2019 estará totalmente digitalizado y que busca ser declarado Patrimonio de la Humanidad

Nada más cruzar la estrecha puerta de madera nos imbuye un intenso olor a papel. Ante nosotros una larga estancia, que antaño fuera dependencias de cazadores, llena de robustas estanterías que soportan centenares de miles de legajos y documentos, de los que cuelgan papeles numerados para facilitarle a Caridad López, la archivera, su labor de localización de los legajos que solicitan los investigadores. Estamos, sin género de dudas, en el archivo privado más importante de España y posiblemente de Europa y el mundo. Estamos en el palacio de Medina Sidonia, en pleno Barrio Alto de Sanlúcar de Barrameda. Grandes ventanales nos muestran una magnífica panorámica de la ciudad, que completa el verde de los pinos del Coto de Doñana, allende el Guadalquivir. Es precisamente esta privilegiada y soleada localización lo que evita que los insectos xilófagos hagan de las suyas. Las estanterías, de madera de pino Canadiense, inmunes a estas plagas, también ayudan a salvaguardar este tesoro.

Liliane Dahlmann, presidenta de la Fundación Casa de Medina Sidonia, se congratula de las últimas noticias que dicen que la Junta de Andalucía, a través del Instituto de Patrimonio Histórico, digitalizará los 6.418 legajos y seis millones de documentos que conforman el archivo de la institución. Y entonces recuerda a la fallecida Duquesa de Medina Sidonia, Isabel Álvarez de Toledo, que tras heredarlo de su padre, Joaquín Álvarez de Toledo — el XX duque de Medina Sidonia—, tardó diez años en catalogarlo, a mano, en una época en la que no había ordenadores. “Y aparte escribió novelas y libros”, añade Dahlmann, que señala el papel fundamental que tuvo la duquesa para que todo este patrimonio no se perdiera. “Estaba en un guardamuebles, en Madrid, afectado por la humedad. Ella lo trajo aquí en 1960 y desde 1976 está abierto a todo el mundo a la investigación”, afirma. Y entonces vuelve a destacar la importante labor que se desarrollará al digitalizar todos los documentos. “La Fundación ha pasado por las fases de creación y consolidación y ahora nos toca difundir y dar a conocer al mundo el archivo para que cualquiera, esté donde esté y sin intervención de intermediarios, pueda acceder a esa documentación. Esa es la democratización de la sociedad”.

Caridad, la archivera, buscando un tomo. FOTO: MANU GARCÍA.

El Archivo de la Casa de Medina Sidonia cuenta principalmente con la documentación generada por esta casa nobiliaria y otras integradas que incorporaron los suyos —la Casa de Villafranca del Bierzo, la Casa de los Vélez y la Casa de Paternò— pero también cuenta con documentación de tipo jurídico, económico, social y político. También hay de tipo comercial, en el que llama la atención aquella que cuenta las relaciones con África, Portugal y la lejana Asia. Liliane nos enseña uno de los documentos más importantes, protegido por un cristal, fechado en 1297, en el que se describe los principios de la Villa de Sanlúcar, cuando Guzmán El Bueno, fundador de la Casa de Medina Sidonia, se estableció en estas tierras para convertirla en centro de sus operaciones militares. También nos enseña el llamado Privilegio de Vejer, datado en 1307, en el que se cuenta cómo Guzmán cambia la rica villa de Zafra por Vejer, prácticamente un descampado entonces, pero situada en una estratégica situación. Pero de todo el archivo, destaca los Diarios de la almadraba, de principios del siglo XVI, en los que se narra el día a día de una almadraba, desde las formas de pescar — la de tiro, que requería a unas mil personas, y la de buche, que es la que hoy se sigue practicando— hasta el comportamiento de los marineros, la climatología o los salarios. El objetivo de la Fundación desde hace años es que se declare esta auténtica biblia de la pesca en Patrimonio de la Humanidad.

Uno de los históricos tomos que se guardan en el archivo. FOTO: MANU GARCÍA.

¿Qué ha aprendido durante todos estos años, rodeada de tal ingente cantidad de documentación?, le preguntamos.

“Pues que la historia se repite una y otra vez y que no aprendemos. Por eso son importante estos depósitos, porque nos enseñan cómo actuaron nuestros antepasados. Estudiando esa documentación podríamos aprender a gestionar mejor nuestro presente y quizás encararíamos un futuro mejor de lo que lo hacemos ahora. Y te pongo un ejemplo. Cuando los antiguos plantaban una bellota para que creciera un alcornoque, ellos sabían que no lo verían crecer, pero tenían una visión a largo plazo y sabían que sus antepasados aprovecharían esos frutos. De los antiguos podemos aprender esa labor, no de la inmediatez, sino de la planificación a largo plazo”.

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