El Penal

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El Penal

13-10-2017 / 11:25 h.
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El pasado viernes 6 de octubre se estrenó en el teatro Muñoz Seca de El Puerto un documental llamado El Penal, rostro y alma de un mito. Fui sólo, llegué allí y me senté en la parte alta del graderío. La directora, Sara Gallardo, y las responsables del Foro por la Memoria de El Puerto, hicieron una introducción minutos antes de que se apagaran las luces y comenzara la proyección. Sonó un martinete grabado en el patio del Penal y la piel se me erizó. Se me erizó hasta el alma en muchos momentos. Por la pantalla iban pasando historiadores, responsables de la Memoria Histórica y familiares de aquellas personas que en los años treinta, y en la larga postguerra, estuvieron presas en el Penal; militantes comunistas, socialistas, anarquistas, o simplemente personas trabajadoras con ideas progresistas. Unos testimonios absolutamente desgarradores que lograron saltarme las lágrimas en más de una ocasión. Aquel Penal, ahora declarado Lugar de Memoria, fue un verdadero exponente del horror franquista para miles de presos políticos. Torturas, fusilamientos, muertes por inanición... tras aquellos muros, sin duda, se mostró la peor cara del ser humano. 

También colaboraron con sus testimonios varios presos de ETA y del FRAP, que a mediados de los años setenta estuvieron encerrados tras las rejas del Penal. Quizá faltara el testimonio de algún miembro de los GRAPO o del PCEr, que también, por aquellas fechas, fueron inquilinos en aquel siniestro lugar. Yo me pongo en la piel de aquellas personas, y pienso en todas las penurias que tuvieron que pasar metidos en aquel antiguo monasterio de La Victoria. Un edificio del siglo XVI que a finales del XIX pasó a ser centro penitenciario, al cual, se le practicaron varias reformas y construcciones anexas para su nuevo uso. 

Creo que El Penal, rostro y alma de un mito, es un documental bastante valiente, a mí —y lo digo sinceramente— me hizo pasarlo mal en aquella butaca, incluso estuve tocado los días posteriores a su visionado. Parece mentira, pero a un puñado de kilómetros, teníamos un verdadero infierno en la tierra. Si tienen oportunidad, véanlo y me cuentan. Y para concluir este breve artículo de opinión, les dejo aquella famosa toná que decía: 

Mejor quisiera estar muerto
que preso pa toa mi vía
en este penal del Puerto,
Puerto de Santa María. 

 
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