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El ‘Grupo Memorialista de Jerez’ sobre la culminación del informe de la UCA de las fosas de Santo Domingo

El ‘Grupo Memorialista de Jerez’ manifiesta su satisfacción sobre la culminación del informe de la UCA de las fosas de la Guerra Civil en el Cementerio de Santo Domingo de Jerez.

1º.-El Grupo Memorialista de Jerez agradece públicamente a la Universidad de Cádiz y concretamente a los profesores arqueólogos José Antonio Ruiz Gil y Lázaro Lagóstena Barrios la culminación del informe sobre los resultados del georradar en los espacios no urbanizados que quedan del antiguo cementerio de Santo Domingo en Jerez. Sus propuestas de catas en determinados puntos de la zona quizás deberían ampliarse a más puntos, pero consideramos adecuados los que, por el momento, van a realizarse, a raíz de los resultados del georradar.

2º.-A pesar de las declaraciones con afán de protagonismo por parte del Ayuntamiento y de su concejal encargado de la memoria histórica, es sabido que este informe técnico de la UCA es un resultado más de la insistencia y de las propuestas concretas que el movimiento memorialista de Jerez y los familiares de víctimas del franquismo han hecho desde hace años.

3º.-Estamos ahora a la espera de los resultados de las mencionadas catas, si bien entendemos que los arqueólogos deberían de formalizar unas sesiones de trabajo, programadas y acompasadas con las mismas catas, con familiares de víctimas y con memorialistas de la ciudad. Un aspecto este, la coordinación con otras fuentes informativas que, combinado con los datos arrojados por el georradar, podría también ofrecer alguna pista más sobre la localización de las fosas de los asesinados.

4º.-Mantenemos una gran prudencia en cuanto a los indicios hasta ahora localizados por el georradar, si bien estimamos correcto el camino que se está siguiendo y animamos a las autoridades (UCA y Junta de Andalucía) a ampliar dichas catas si fuera necesario a zonas muy próximas a las elegidas.

5º.-Respecto a la coincidencia de esta presentación de los resultados y el período de campaña electoral en el que estamos inmersos reservamos nuestra opinión.

y 6º.-No obstante, insistimos en que el Ayuntamiento de Jerez no está cumpliendo su papel en materia de memoria histórica, como hemos expresado por extenso en el informe que hemos hecho público recientemente. Así como señalamos que las escenificaciones mediáticas no van a deslumbrar a nadie, y muchísimo menos a quienes conocemos con mucho detalle la falta de determinación del Ayuntamiento de Jerez en este ámbito de cosas, ya que:

-No se están quitando los símbolos franquistas del viario de nuestra ciudad.

-No se está llevando a cabo ninguna acción pedagógica en los centros educativos, como señala la ley vigente, para llevar el conocimiento de la memoria histórica y democrática al alumnado.

-No se ha seguido adelante con los programas de Onda Jerez TV en materia de memoria histórica.

-No se ha convocado más que una vez al Consejo Asesor de la Memoria Democrática desde la lánguida Oficina Mpal. de Memoria Democrática.

-No se ha activado ningún mecanismo de recogida de pruebas de ADN entre los familiares de víctimas de Jerez.

-No se ha dado ni un paso a favor de la llamada “querella argentina” cuando la Diputación de Cádiz y el parlamento de Andalucía sí lo han hecho.

-No se trabaja con la energía necesaria para levantar en Jerez un memorial a las víctimas del franquismo

-No se va a financiar con dinero municipal el monumento a los bebés robados en la glorieta junto al Hospital

Etc.

El Ayuntamiento de Jerez no podrá capitalizar políticamente, ni usurpar con su maquinaria de prensa, una lucha por la memoria histórica que corresponde por derecho a quienes, tras 40 años de olvido, sí han sabido mantener las exigencias de dignidad y justicia para las víctimas del franquismo.

No hay que convertir la memoria histórica en un arma electoral. No lo permitiremos.

FIRMADO POR EL GRUPO MEMORIALISTA DE JEREZ

(Antonio Fernández, José García, Miguel Ángel Cuevas, Ana Fernández, Cristóbal Orellana, Francisco Sempere, Carmen Javaloyes, Carlos Vera, Francisco Cuevas, Manuel Ruiz, Marina Liberato)

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Comentarios

  1. La lectura de este artículo brinda una oportunidad de reflexionar sobre el concepto de “memoria histórica”.
    Es evidente que el “recuerdo” de los hechos históricos es un recuerdo selectivo y, en consecuencia, parcial o partidista, por lo que para tratar de mitigar esa condición se ha inventado el pseudoconcepto “memoria histórica común”, para intentar presentar como objetivos los recuerdos que se reabren tras los años de la amnesia de la transición democrática. E inclusive se ha constituido toda una legislación, organismos, asociaciones y financiación para el cuidado de la memoria histórica e, inclusive su “recuperación” (concepto este que implica que la supuesta existencia de una memoria histórica objetiva y parcialmente perdida u ocultada, y que por ello necesita ser “recuperada” y no construida). Así se creó ese movimiento de recuperación de la memoria histórica por el PSOE e IU para, inicialmente, facilitar y financiar desde las administraciones públicas la exhumación, identificación y enterramiento de fusilados republicanos de la Guerra Civil o en la inmediata postguerra cuyos restos yacen sin identificar en fosas comunes y anónimas. Así, se constata que la memoria histórica se aplica selectivamente al contexto de la recuperación de los restos de fusilados por Franco en aquella etapa bélica y postbélica; recuperación reivindicativa, puesto que, se dice, los fusilados del bando franquista ya recibieron sus honores y desagravios en el Valle de los Caídos.
    No entro en la oportunidad y legitimidad de dichas operaciones de exhumación e identificación de los fusilados republicanos, sino que me limitaré a analizar el significado de que esas operaciones se realicen en nombre de la “memoria histórica”.
    La “memoria histórica” es un concepto falaz que tiene como referencia el supuesto mítico de “archivo indeleble” custodiado por el “género humano” y que puede eclipsarse ante los individuos, cuya memoria es muy flaca; así estos tienen que “recuperar” una “memoria histórica común” objetiva y ya organizada, aunque oculta u ocultada a la espera de ser recuperada o desvelada. Así, la “recuperación de la memoria histórica” se puede presentar como una reivindicación, pues el eclipse de esa memoria histórica que se alberga en el seno del “género humano”, o en la sociedad, no es casual, sino intencionado, inclusive doloso. No es una amnesia, sino una ocultación por quienes quieren “enterrar el pasado”; aunque sin amnesia tampoco tendría que haber memoria.
    El concepto de “memoria histórica” remite a un sujeto recordador abstracto (la Sociedad, la Humanidad, una especie de divinidad que todo lo conserva y lo mantiene presente, el Gran Archivero) capaz de conservar en su seno la totalidad del pasado que los mortales del presente debemos descubrir. Una memoria histórica con tendencia a la totalidad, que se aproxima a la memoria eterna de Dios, que existe desde el principio de los tiempos. Pero este Gran Archivero no existe, es un sujeto “metafísico”. No hay memoria histórica.
    La Historia no es memoria ni se construye por la memoria. El error tiene su origen en una ramplonería psicologista de Bacon (a partir de una metáfora muy anterior), cuando clasificó las Ciencias en función de las “facultades intelectuales” que consideró esenciales y, así, la Filosofía y las Matemáticas eran producto de la Razón, la Poesía lo era de la Imaginación y la Historia de la Memoria. Ramplonería que fue tomada en serio por d´Alembert en el Discurso preliminar de la Enciclopedia y que la hizo doctrina común entre las gentes de letras, los historiadores y los políticos. Sin embargo, la Historia, por su condición de disciplina científica, no es efecto de la memoria ni tiene que ver con ella más que lo que tengan la Física o las Matemáticas. La Historia no es un mero recuerdo del pasado, sino una reconstrucción o interpretación de la “reliquias” (que permanecen en el presente) y una ordenación de esas “reliquias”. Así, la Historia es producto del entendimiento, no de la memoria.
    La memoria tiene como soporte al cerebro individual y, por ello, solo puede conservar aquello que cada individuo ha vivido, aparte de su herencia genética, y tiene como ámbito aquella parte del mundo envolvente que le ha afectado, la “memoria episódica” y también está la “memoria semántica”, que tiene que ver con el lenguaje, con la ciencia, con la razón. Nadie puede tener memoria de algo que anteceda a su propia existencia y por eso la Historia no se reduce a la memoria.
    También hay que distinguir entre individuo y persona, que son dos conceptos conjugados. La “memoria individual” opera sobre los recuerdos de la vida privada, familiar o biológica, la vida que está fuera de la Historia, la vida que estudia la Psicología. Y la “memoria personal” opera sobre los recuerdos de la vida propia pero en relación con la vida pública (política, científica, artística, profesional), pues la persona implica siempre a un grupo de personas en una sucesión temporal; así, la “memoria personal” tiene que ver con la Historia, es una memoria histórica; dicho de otro modo, la “memoria histórica” no es más que una designación redundante de la “memoria personal”. Así, la memoria histórica o personal es necesariamente parcial y partidista, porque una persona solo es una parte ínfima de la Historia y su biografía solo es relevante para la Historia en la medida de que es una “reliquia” más a interpretar

  2. Continúo mi anterior comentario.
    La memoria histórica personal es el recuerdo del mundo histórico que a cada cual, o a su grupo, le tocó vivir, especialmente en un sentido activo. Así, el riesgo de convertir las memorias personales, necesariamente parciales (partidistas), en “memoria histórica común” (concepto que ya sabemos que es un mito), objetiva y total, es evidente. En realidad, se trata de un elaborado envoltorio de una reivindicación política. ¿Qué quiere decir “memoria histórica” de la revolución de octubre de 1934? ¿Qué es “memoria histórica” de la invasión guerrillera a través del Pirineo en 1945? ¿Qué es “memoria histórica” de la transición democrática? ¿Quién se atrevería a calificar de imparcial y objetiva a esta “memoria histórica” por antonomasia para los españoles de hoy?
    La memoria personal, individual o de grupo, tiene siempre un componente reivindicativo. Reivindicación que no digo que no se deba hacer, sino que no se debe hacer en nombre de la inexistente “memoria histórica universal”, común y objetiva, puesto que la memoria histórica es siempre individual, biográfica, familiar o de grupo y esto explica por qué se oculta, porque no es memoria, sino selección partidista. Una memoria tan inconsistente en su supuesta defensa de la II República que propone quitar de las calles los nombres de los golpistas de 1936 contra aquel régimen, pero que no propone quitar los de los golpistas de 1934 contra aquel mismo régimen.
    La “memoria histórica” solo puede aproximarse a la imparcialidad cuando deje de ser memoria y se convierta en Historia. Hoy es solo un intento de reconstruir la historia del franquismo desde una perspectiva partidista, como táctica del PSOE dirigida a tratar de identificar al PP con el franquismo, como si no hubiera habido una transición democrática, y de dividir a la sociedad, resucitando agravios y odios, y tensionarla, todo ello dentro de la lucha política por el poder.

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