Sociedad

Carmen Hombre y Juan Máximo, el matrimonio gaditano asesinado dos veces por el franquismo

Una nieta de la maestra y el tipógrafo, fusilados en Jerez tras el Golpe del 36, registra una denuncia ante la Justicia argentina para que el crimen de sus abuelos no quede impune

El primer asesinato fue físico, el disparo seco de los fusiles tras las vejaciones, las violaciones y la tortura. El segundo asesinato fue el olvido. Como si la tierra se tragara sus vidas y sus historias para siempre. La condena a las cunetas y el silencio impuesto y autoimpuesto en la familia para no hablar ni recordar nada de aquel horror.  Pero sí existieron. Una nieta lo supo casi todo hace ahora diez años y empezó a “escarbar”. Y cuando se escarba ya nada es lo mismo. Más que reabrir heridas, era lograr que cicatrizaran. Hace unas semanas acudió al Consulado Argentino en Cádiz para firmar un protocolo notarial que enviara una denuncia a los tribunales argentinos, los únicos que hasta ahora investigan los crímenes de lesa humanidad y el genocidio franquista en la España del 36 y en los años posteriores.

Muy activos políticamente, socialistas y republicanos, adscritos a la UGT y al Socorro Rojo Internacional, “muy señalados”, la maestra Carmen Hombre Ponzoa (San Fernando, 1903) estaba embarazada de ocho meses en el momento de ser fusilada en un frío enero de hace 82 años. Había llegado a Jerez en el año 31, después de ejercer como docente en Arcos, para dar clases en la escuela unitaria número 5 de El Retiro. Su marido, Juan Máximo (gaditano sin origen exacto nacido en 1898), llegado desde El Puerto de Santa María, se ganaba la vida como tipógrafo y sería asesinado un mes antes también en Jerez. Los meses posteriores al Golpe, fueron destituidos de sus puestos —Carmen era vocal de la junta directiva de la Colonia Escolar jerezana—, detenidos, les incautaron sus bienes —entre ellos, un estanco que regentaban— y fueron brutalmente torturados antes de ser asesinados.

La maestra Carmen Hombre Ponzoa, en otro retrato familiar.

Carmen Máximo, nieta e hija del único hijo del matrimonio que logró salir con vida —hoy con 84 años—, “gracias a una monja que lo metió en una cajita para que pareciera que estaba muerto y entregárselo a una prima hermana de mi abuela”, ha denunciado ante la Justicia argentina el asesinato del matrimonio gaditano para que el doble crimen, como tantísimos otros, no quede impune. “Yo tenía claro que había que ponerla porque una cosa era el tema de intentar recuperar sus restos pero también desde mi punto de vista debíamos dar un paso a más y ahondar en esta posibilidad”. Desde que fue realmente consciente de la misma estuvo construyendo el relato sordo de la memoria de sus abuelos, a veces hasta chocándose con el muro del silencio, con las contradicciones, con las huellas pérdidas y con los deseos de la familia de seguir adelante sin mirar atrás.

“Tengo ahora mismo 51 años, y hablo de que hace diez años la mentalidad de la familia era seguir para adelante y no remover el tema, como ocurre en casi todas las familias. Pero yo empecé a escarbar porque era una cuestión política y personal, y al final me decidí a poner la denuncia”, cuenta la nieta del matrimonio represaliado a lavozdelsur.es. Años después de contactar con asociaciones memorialistas de Jerez y El Coronil —un pueblo de Sevilla donde se han sumado a la querella argentina de la jueza Servini que investiga los crímenes de lesa humanidad y el genocidio franquista—, y con la abogada Ana Mesuti, que precisamente es una de las letradas que representa a las a las víctimas en la citada querella, Carmen ha podido al fin registrar la denuncia y poner el crimen de sus abuelos ante la Justicia.

“Hicieron una limpieza sistemática del movimiento obrero en la ciudad, sin consideración y con ensañamiento. Mis abuelos eran buenas personas”

Semanas antes de que en Andalucía el nuevo Gobierno conformado por PP y Cs ya planee derogar la Ley de Memoria Democrática andaluza, que entre otros muchos avances en materia de justicia y reparación ha permitido el inicio de las catas por georradar en la zona de Jerez donde se cree que pueden reposar los restos de sus abuelos, y de que el Gobierno de Pedro Sánchez haya devuelto la financiación a la Ley estatal de Memoria Histórica tras seis años en blanco, Carmen Máximo viajaba de Benalmádena, donde reside, a Cádiz para cursar la denuncia a partir de los bandos de guerra donde se acusa a sus abuelos de “actividades marxistas o rebeldes”, y de la reconstrucción de un relato en el que queda claro, reflexiona, que “sencillamente les asesinaron por sus ideas”.

“No hicieron nada, porque ni tan siquiera en Jerez hubo levantamiento en armas tras el Golpe”, abunda Carmen Máximo, quien añade: “Hicieron una limpieza sistemática del movimiento obrero en la ciudad, sin consideración y con ensañamiento. Eran buenas personas, todos los testimonios que he recabado lo confirman; de mi abuela me decían que se llevaba las horas del día trabajando por el bien de los demás”. Desconoce el futuro que seguirá la denuncia presentada, aunque está dispuesta a “contactar donde haga falta en Argentina”, pero sí subraya su indignación por los retrocesos que vuelven a producirse en materia de memoria histórica en España conforme crece la ola ultraderechista. “Me parece tan tremendo que todavía hoy haya quien no entienda que estos asesinatos merecen justicia… Es trágico que mis abuelos murieran dos veces: asesinados y enterrados en el olvido para no reabrir viejas heridas. ¿Pero qué viejas heridas si todos los aparatos del Estado están llenos de franquistas, de los vencedores? Sin evaluar el pasado e interpretar el presente es imposible avanzar hacia el futuro. Esto no es solo una cuestión familiar, que lo es, ni es por venganza, es por una cuestión de justicia”.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *