Cuando Pamela Palenciano (Andújar, 1982) se sube a un escenario su cuerpo se resiente. En la hora y media que habitualmente dura su monólogo de tragicomedia, interpreta episodios violentos que sufrió durante su adolescencia que, de algún modo, espanta con su actuación, pero que también revive en sus carnes. "Es un monólogo que está hecho para incomodar. Pero porque yo me incomodo. Me cuestiono como madre, como blanca, como heterosexual, cuestiono todos mis privilegios… Y lo que quiero es que te revuelvas. Que te encante, que te hayas reído pero que también te vayas con un ardor en el estómago", expone Palenciano. En su función No solo duelen los golpes, una obra viva que recita de cabeza, la jienense narra cómo sufrió violencia de género desde los doce hasta los 18 años. Una experiencia de supervivencia que transmite a los demás con la intención de prevenir y detectar la violencia entre los adolescentes.

"Hacer humor de las mujeres, los maricones, los negros y los moros, es fácil, te ríes de los de abajo. Pero reírte de lo de arriba es muy complicado. El humor feminista habla de reírse de lo de arriba", expone subiendo el brazo izquierdo y bajando el derecho. En No solo duelen los golpes la desigualdad se hace latente en sus manos y en su diálogo. Como ella misma expresa, cuando el patriarcado y el capitalismo se casaron, nacieron todas las desigualdades sociales. Arriba los blancos, los hombres, los heterosexuales, los ricos... Abajo las demás razas, las demás identidades de género, el resto de orientaciones sexuales, los pobres... Así fue como ella terminó conjugando su monólogo, cargado de denuncia, risa, reivindicación, dolor... Pero como el propio cuerpo muta y las ideas fluctúan en su discurso, su manera de llegar al público también fue evolucionando.

Palenciano interpretando su monólogo 'No solo duelen los golpes' en el Poblado de Doña Blanca. FOTO: MANU GARCÍA.

Todo empezó cuando cursaba la licenciatura de Comunicación Audiovisual en Málaga. En una de sus asignaturas tuvo que realizar un proyecto fotográfico y el trabajo coincidió con una terapia de mujeres maltratadas. Cuenta que la terapeuta le aconsejó sacar toda la rabia que tenía a través del lado artístico. Y eso hizo. "Empecé a contar mi historia en fotos. Puse a mis padres de modelos, y a unos colegas, que hacían de mí y de mi ex. Me sirvió un montón. Fue maravilloso, además, un proceso creativo brutal". Cuando Palencino tuvo que exponer, las fechas se alinearon y coincidió con el 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. "Estuve diez minutos intentando explicar las fotos y me puse a llorar". Entre el público, una profesora le animó a que fuese a su instituto para contar su historia, esa misma historia, a los jóvenes. "La segunda vez que fui logré aguantar media hora", ríe. A partir de ahí hasta hoy han trasncurrido 14 años donde Palenciano se ha recorrido toda la geografía española interpretando su monólogo en más 3.500 ocasiones.

Lo que empezó siendo un taller de prevención contra la violencia de género, pasó a ser un monólogo contra la violencia machista y acabó siendo un monólogo que denuncia la violencia patriarcal. "Para mí es muy importante el nombre. Violencia de género es una cosa, violencia machista es otra y violencia patriarcal es otra. La violencia que marca el patriarcado es: la machista, la racista, la de clases… Entran todas. Entonces abarca mucho más". Cogió las fotografías y las pasó a una diapositiva. Pero dice que un día ya no lo hizo falta ese pie de foto, y ni tan siquiera esa foto, porque lo que hizo fue colocarse como Pamela adolescente y más tarde como Antonio, su ex y su agresor.

"En un principio me presentaba como: Hola soy Pamela Palenciano fui víctima de violencia de género. Pero llegó un momento en que ya estaba harta de que todas las preguntas fueran: ¿Pero tus padres por qué no hicieron nada? Pero, ¿y por qué no lo dejaste antes? Es que eras muy joven… Y me dije, me están juzgando. Porque al final, exponerte así, es que la gente te juzgue", explica y continúa: "Y dije, hasta aquí, mejor lo pongo a él y que la gente vea que el responsable de esta historia es él. Me cansé de explicar por qué aguanté seis años con ese tío".

No solo duelen los golpes es una obra que nunca es igual. En ella Palenciano improvisa en cada lugar, actualiza el monólogo con temas de rigurosa actualidad como el caso de Juana Rivas, o por qué no, la creación del partido antifemninista y ultranacionalista Nosotros. El monólogo se ha convertido en un diálogo con el público y ha pasado a hablar de muchas otras violencias, no solo de la machista. Ella misma se va enriqueciendo con sus actuaciones —una media de 30 al mes—, va aprendiendo cosas nuevas, pero, como la jienense destaca, lo ha conseguido gracias a los muchos ángeles que se ha encontrado por el camino. “Esto no lo he pensado yo sola. He leído gracias a otras feministas, he hablado con amigas… No es algo que haya conseguido yo solita. Me ha ayudado mucha gente a tener la cabeza amueblada”.

"El feminismo no está atacando a los hombres, ataca a los privilegios de los hombres"

Una parte esencial en su monólogo es cuando, con 21 años, una psicóloga le dice a través del teléfono: “No solo duelen los golpes”. Esa fue la frase que desterró su ceguera e hizo que sus tormentos salieran a la luz. Fue así como Palenciano logró alzar la cabeza para poder contemplar desde lo alto su realidad, todo aquello por lo que había pasado. Confiesa que descubrió el feminismo en Málaga y dice que cuando llegó a Madrid fue el culmen. "Ahí me di cuenta que mi problema no era mío, sino que era la sociedad, y eso alivia mucho. El feminismo me ha cambiado la vida. Los feminismos, porque yo he bebido y leído de todo".

Pamela Palenciano posando momentos después de la entrevista, en El Puerto. FOTO: MANU GARCÍA.

"El feminismo no está atacando a los hombres, ataca a los privilegios de los hombres. Lo que el feminismo le pide a los hombres es: Renuncia a tus privilegios, chaval". Relata que cuando fue a El Savador, hace unos nueve años, ella tuvo que renunciar a sus privilegios "de blanquita". Le ofrecieron una casa sin pagarla, un contrato de 1.500 euros, y ella dijo que no. "Podía haber hecho lo que hicieron mis amigas. Pues tía ya se cambiará el mundo ¿qué voy a hacer?, me dijeron. ¡¿Qué qué voy hacer?! Pues cambiar el mundo yo, les dije. Yo fui coherente en eso. Pero yo también extrañé esos privilegios en El Salvador, porque te tratan diferente. Eres la blanquita y te tratan mejor. Por eso yo entiendo a los hombres cuando se cabrean con el monólogo y conmigo", incide.

¿Cómo consiguió interpretar al agresor, a Antonio?

Por el teatro. Yo no empecé interpretando a Antonio, sino a un loco asesino de un psiquiátrico de El Salvador. Y eso me enganchó para ponerme en los pies de un asesino, que mi ex maltratador nunca ha matado a nadie, pero era fácil cambiarme al otro zapato. Pero a mí me incomoda más interpretarme a mí como víctima adolescente. Y es al contrario, siento que cuando le hago a él, me encanta. Para que la gente vea lo que es capaz de decir y hacer un tío que te quiere. Y que cree que en el marco de quererte decirte payasa o decirte puta forma parte del amor. Porque es que mola, la gente ya no te escucha a ti, escucha al agresor haciendo lo que a ti te hacía. Me da sensación de justicia, pero no por mi, sino porque estoy atacando a los privilegios.

Si le soy sincera, a mí me encantó la parte de Antoñita —cuando la protagonista deja a Antonio y esta termina convirtiéndose en él—. 

A todas les mola Antoñita. No conozco a ninguna que no le encantase. Es increíble cómo las mujeres, cuando ejercemos violencia, lo vemos enseguida. Pero cómo un tío no dice: Me encanta cómo haces de Antonio, porque yo soy igual que él. No. Nosotras lo asumimos en público. ¿Por qué? Porque las mujeres estamos educadas en la no violencia. Entonces, cuando las mujeres somos violentas, nos damos cuenta. Los hombres están educados en la libertad de ser violentos. No está permitida la violencia para nosotras. La violencia, la rabia… Por eso somos locas, feminazis, histéricas… ¿Cuál es el problema de todos estos años que las mujeres no hemos podido sacar esa rabia? Que hemos maltratado a quien hemos podido. Nuestros hijos, nuestras hermanas, nuestras madres, cuñadas… Con iguales. Es muy rápido que nosotras podamos identificar la violencia y además disculparnos.

"Mi abuela me dice: 'Es que las mujeres no aguantan lo de antes'. Pues qué bien abuela, qué bien que no aguantemos lo de antes"

¿Es cierto lo que cuenta en su monólogo de que hay profesores que la llaman feminazi? 

Sí, y delante de los niños. Pero vamos, a mí y a un montón de feministas que en los institutos están sufriendo una violencia terrible.

Palenciano durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

José Ángel Lozoya, quien creara en 1999 el programa Hombres por la Igualdad en el Ayuntamiento de Jerez y organizara la primera manifestación de hombres contra la violencia machista en 2006 a nivel mundial, renunció a sus privilegios por justicia distributiva. Pero sobre todo porque una señora se le acercó y le dijo que ella, aunque asistía a numerosos talleres feministas, tenía un problema, y es que al llegar a casa tenía al mismo hombre de siempre. ¿Qué tendría que hacer esta señora?

Que esta mujer deje a su marido, hija. Es que no se puede… —Ríe—. Hay que ser radical, radical que significa la raíz de las cosas. Tenemos que cambiar nosotros. Yo no puedo cambiar al otro. No hay una frase, no hay un cuadro… No existe. Hay maneras, estrategias que se han hecho para intentar llevar el mensaje. Pero muchas mujeres a veces se empoderan tanto que tienen que acabar dejando al de al lado. Ahora hay muchos divorcio porque las mujeres aguantamos menos. Por eso mi abuela me dice: Es que las mujeres no aguantan lo de antes. Pues qué bien abuela, qué bien que no aguantemos lo de antes. Qué bien que podemos tener otra posibilidad de camino para nosotras. No hay que aguantar. Entonces, que un hombre abra los ojos cuando él quiera, cuando él pueda… Y yo tengo claro que cuando tú cambias, el que está al lado tuya cambia.

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