Política

No es VOX, es el PSOE andaluz

Que las tres versiones de la ultraderecha hayan conseguido mayoría absoluta no es culpa de un accidente meteorológico, es obra de un trabajo lento pero progresivo que el PSOE andaluz ha instalado en el sentido común

Domingo, 22 de marzo de 2015. Susana Díaz se las ve muy felices porque ha conseguido 47 escaños, un 35% de los votos y ha “frenado al populismo” en Andalucía, en referencia a Podemos, que acaba de irrumpir con 15 escaños en el Parlamento de Andalucía. Susana Díaz se las ve muy felices porque podrá pactar con Ciudadanos (9 escaños) tras haber expulsado meses atrás a Izquierda Unida del Gobierno andaluz, con quien había mantenido un duro enfrentamiento por el realojamiento de las familias desahuciadas de la Corrala Utopía en Sevilla, a las que el PSOE, como hace la ultraderecha, enfrentó con la lista de demandantes de viviendas para negarles un realojo urgente a 30 familias en exclusión social que vivían al raso tras el desalojo de un bloque de viviendas propiedad de Ibercaja.

A los pocos días de formar gobierno en 2015, tras negarse a pactar con Podemos y llorar por las esquinas porque había sufrido un “bloqueo de 80 días”, Susana Díaz se genuflexiona ante Emilio Botín, entonces presidente del Banco Santander. Tras el banquero cántabro, la presidenta en funciones andaluza se reúne con los presidentes de Telefónica, La Caixa y otros tótems del IBEX-35. Es el momento en el que las fuerzas oscuras del Régimen del 78 intentan usar a la “hija de un fontanero” para blanquear un sistema que se desmorona, amenazado por Podemos, y la utilizan para dar un golpe de Estado en el PSOE y poner a Mariano Rajoy de presidente. Nada mejor que una hija de la clase obrera para defender el plan urdido de las élites contra la gente sencilla. El plan era redondo.

Susana Díaz se pasea por la planta donde tiene el despacho Juan Luis Cebrián, antiguo presidente del Grupo Prisa, como si fuera su casa. Presume de ser hija de la clase obrera mientras urde su plan contra la misma. Es la niña del Régimen del 78, el producto perfecto del capitalismo rabioso que lo quiere todo. Metafóricamente, Susana Díaz se comporta como la hija de la sirvienta a la que los señoritos de la casa le han pagado la carrera, en lugar de como la hija de la señora de la limpieza que pelea para que haya becas para todos y que nadie, nunca más, tenga depender de los señoritos para llegar tan lejos como desee el hijo o la hija de un pobre.

Con Telefónica y el Banco Santander negocia unas becas de seis meses para recién licenciados, pagadas con dinero de la Junta de Andalucía, que le sirven más a ella que a los jóvenes a los que contratan y que son despedidos a los seis meses. Si una palabra define a Susana Díaz es la impostura con la que ha intentado tapar los huecos de un liderazgo sin cuerpo intelectual, sin pensamiento y sin corazón que se ha criado urdiendo estrategias, jugando a eliminar enemigos de partido dentro de las sedes del partido y desconectado del corpus emocional y político de la tradición socialista.

Año 2006. Manuel Chaves, expresidente de la Junta de Andalucía, le concede el Título de Hija Predilecta de Andalucía a María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, Duquesa de Alba, por su “naturalidad y sencillez”. La mujer que representa el latifundio, la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos y la renuncia del PSOE andaluz a una reforma agraria que cree empleo y riqueza en las zonas rurales, es subida a los altares de un régimen que mira a la derecha en sus hechos políticos y económicos y la izquierda en su relato.

Paralelamente, el PSOE sitúa en la picota a los jornaleros del Sindicato de Obreros del Campo que denuncian el caciquismo y la falta de oportunidades en zonas agrarias donde la propiedad del pueblo es, casi enteramente, propiedad de terratenientes como la Duquesa de Alba y que se manifiesta contra el nombramiento humillante a la figura simbólica que aúna los males históricos que aquejan a esta tierra.

Todas estas señales simbólicas, pero muy visuales, ayudan a explicar y entender para quién ha gobernado el PSOE andaluz y qué sentido común ha ido instalando poco a poco en una sociedad, la andaluza, que se ha lepenizado a lo bonzo en las elecciones de este domingo. Por incomparecencia del electorado de izquierdas pero también porque una parte del antiguo electorado socialista se ha ido a VOX en lugar de a Adelante Andalucía, que ha sido incapaz de evitar la catástrofe de la entrada del fascismo en el Parlamento de Andalucía.

Si a esto le sumamos la ingente cantidad de dinero público que el PSOE andaluz ha derivado a medios de comunicación que llevan años alimentando a la ultraderecha y que Canal Sur es una empresa con gestión y programación conservadora, que alimentan el marco neofranquista de toros, folclóricas acríticas, caza y niños con arte, tenemos la fotografía cultural de la Andalucía actual, resultado de 37 años de hegemonía socialista que aspiró a aglutinar a todo el electorado en una especie de peronismo que aglutinara desde las hermandades del Rocío hasta el movimiento feminista.

Luego están las cifras de exclusión social, insoportables en barrios y pueblos de Andalucía donde la gente sobrevive rifando boletos por la calle o vendiendo espárragos o tagarninas. O las subvenciones públicas a la huida de la gran industria para evitar una contestación social, renunciando así a la defensa del modelo productivo. O el desprecio que desde el susanismo, que no es más que la degeneración de un partido que llegó a obtener en 2004 el 52% de los votos, le ha dedicado a periodistas incómodos y a Podemos e Izquierda Unida en pueblos donde, hasta que éstos llegaron a los ayuntamientos y amenazaron con denunciarlo, el PSOE licitaba las obras menores de semáforos, farolas y aceras a asociaciones vecinos controladas por militantes del PSOE, que se encargaban después de contratar a amigos y conocidos.

El PSOE hace demasiados años que no forma parte del tejido social andaluz, que no forma parte de los movimientos sociales, que sólo viaja en coche oficial que deja a sus altos cargos en la puerta de sus respectivas viviendas por la noche y los recoge por la mañana. En los movimientos sociales más dinámicos, el PSOE es un auténtico desconocido, cuando no el enemigo. El mismo 8M le pasó de largo. Mientras el PSOE y los sindicatos hicieron un paro de dos horas, testimonial, el movimiento feminista más joven y dinámico llenó las calles durante todo el día y asombró al mundo ante la sorpresa de propios y extraños.

Si a todo este le añadimos que la Junta de Andalucía ha introducido en la contratación pública a multinacionales, como la de Florentino Pérez, que pagan 4 y 5 euros la hora a las auxiliares de ayuda a domicilio de la Ley de la Dependencia, a monitoras de integración social, a limpiadoras y a cocineras de la escuela pública, que han creado un reguero de exclusión social financiado con dinero público, que ha hecho ricas a las empresas y pobres a sus trabajadoras, tenemos a un partido conservador, reaccionario y económicamente implacable con la gente sencilla que no tiene nada que envidiarle al PP de Galicia.

Mientras en lo importante el PSOE ha sido como cualquier partido de derechas, en lo anecdótico se ha permitido el lujo de jugar a ser de izquierdas, pero lo justo para no molestar a los señoritos, a la jerarquía eclesiástica y al lobby de los consejos de hermandades de la Semana Santa –que nada tienen que ver con la Semana Santa del pueblo- a los que les regala cada año millones de euros que éstos recaudan por la ocupación de la vía pública con los palcos, a la vez que prohíben que los pobres se sienten con su sillita de los chinos para esperar la llegada de los pasos.

Que las tres versiones de la ultraderecha hayan conseguido mayoría absoluta, con un discurso ultranacionalista español, no es culpa de un accidente meteorológico, es obra de un trabajo lento pero progresivo que el PSOE andaluz ha instalado en el sentido común del pueblo andaluz y que en los últimos años, con Susana Díaz haciendo de Agustina de Aragón en el conflicto catalán en lugar de pacificar y ayudar a solucionar desde el diálogo un problema tan serio, se ha agudizado hasta cotas insospechables.

A Susana Díaz y a los suyos, poco dados a la lectura, les hubiera bastado leerse un libro pequeñito escrito por el neurolingüista estadounidense George Lakoff, titulado No pienses en un elefante, que viene a decir que, cuando la izquierda fomenta el sentido común de la derecha, la gente termina votando al original y no a la copia. Ahora tendrán tiempo de leer. Les espera la cola del paro a una cantidad ingente de delegados provinciales, presidentes de empresas públicas, de secretarios, directores generales, asesores, hacedores de discursos y comisarios políticos que se enfrentan a la desmembración del pujolismo andaluz. La primera cita es en pocos meses con la sentencia de los ERE. No es VOX, es el PSOE andaluz.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Comentarios

    1. ¿A qué ser tan pesimistas? En 36 años de gobierno del psoe en Andalucía, solo han dado la raspa del pescado al pueblo andaluz, premiarlos con 4 años más hubiera sido demencial. Si termina habiendo una coalición de derechs al menos se vigiarán los unos a los otros, y si no, en cuatro años, a la calle. Que el psoe se vaya del enquistamiento en que nos sumía son buenas noticias.

  1. Que en 2018 haya gente que escriba este artículo y se crea lo que escribe, me hace dudar de la racionalidad humana, despues de ver lo de la URSS, lo de Corea, etc.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.