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desde mi trastero

La tormenta perfecta

Demos tiempo al tiempo y mientras tanto confiemos en que la tormenta perfecta no sea más que una agradecida lluvia de primavera

  • Zapatero, en un mitin en Cádiz durante la campaña de las andaluzas. -

La vida política española se ha visto sacudida en las últimas dos semanas por acontecimientos inesperados que han terminado uniéndose a otros mucho más previsibles y que recuerdan una gran película del año 2000, La tormenta perfecta, basada en un aquella otra tormenta, provocada por la confluencia de fenómenos meteorológicos dispares e inesperados, que tuvo lugar en Estados Unidos allá por noviembre de 1991 y que acabo con el naufragio de un pesquero y la muerte de todos sus tripulantes tras una épica odisea.

El primero de esos acontecimientos tuvo lugar hace menos de dos semanas y fue la imputación de Rodríguez Zapatero en un sumario vinculado a un presunto delito de blanqueo de capitales con origen en el rescate tras la pandemia de la compañía aérea Plus Ultra. La polvareda mediática que ha provocado esa imputación ha conmocionado de manera notable la de por si extremadamente polarizada convivencia social. De un lado, la derecha y la extrema derecha han vuelto a apretar el acelerador convirtiendo en condena lo que tan sólo es una imputación y que deberá sustanciarse en la correspondiente instrucción judicial.

Lo que sí es a todas luces evidente es que, resulte lo que resulte de esa instrucción judicial, Zapatero ya ha sido condenado y linchado por quienes pretenden convertirse en adalides de la honestidad aunque la historia más reciente, incluido el juicio que en estos días se celebra en la Audiencia Nacional, los desmienta.

Pero lo que resulta innegable es el mazazo moral que lo publicado ha supuesto para quienes teníamos en Zapatero un referente político en la profundización de los derechos ciudadanos y la modernización de la sociedad española. Porque lo conocido hasta hoy ha llenado de dudas nuestra capacidad de análisis y si algo hay peor que las certezas son las incógnitas. Demos tiempo al tiempo, escuchemos la defensa del expresidente y actuemos entonces en consecuencia.

Que caiga quien caiga

El otro acontecimiento que sin solución de continuidad ha ayudado a agitar las aguas de este mar de dudas es el auto del juez Pedraz en el que acusa a Cerdán, una vez más, y Leire Díaz de intentar obstaculizar investigaciones policiales y judiciales. Otra vez esos personajes surgidos de la versión bufa de la militancia socialista poniendo en riesgo la vida de un partido centenario que se ha distinguido históricamente por la defensa de los derechos ciudadanos y la defensa de los más débiles. La única forma de justicia para ayudar a mitigar el dolor que hoy sienten miles y miles de socialistas es llegar hasta el fondo y caiga quien caiga. 

En ambos temas la respuesta tiene que ser luz y taquígrafos porque lo peor no es el daño, aún con ser importante, al Partido Socialista, lo peor es el daño al sistema democrático y a la credibilidad de las instituciones, algo que sólo beneficia a quienes no creen ni en lo uno ni en lo otro.

Y en el horizonte la tormenta cobra fuerza, ha comenzado el juicio contra David Sánchez y el juez Peinado ha citado de manera amenazante a Begoña Gómez a una audiencia en la que podría rizar el rizo mandando a prisión a la mujer del presidente Sánchez por riesgo de fuga en un salto mortal con tirabuzón propio de la estrategia del juez.

Demos tiempo al tiempo y mientras tanto confiemos en que la tormenta perfecta no sea más que una agradecida lluvia de primavera.

La vida política española se ha visto sacudida en las últimas dos semanas por acontecimientos inesperados que han terminado uniéndose a otros mucho más previsibles y que recuerdan una gran película del año 2000, La tormenta perfecta, basada en un aquella otra tormenta, provocada por la confluencia de fenómenos meteorológicos dispares e inesperados, que tuvo lugar en Estados Unidos allá por noviembre de 1991 y que acabo con el naufragio de un pesquero y la muerte de todos sus tripulantes tras una épica odisea.

El primero de esos acontecimientos tuvo lugar hace menos de dos semanas y fue la imputación de Rodríguez Zapatero en un sumario vinculado a un presunto delito de blanqueo de capitales con origen en el rescate tras la pandemia de la compañía aérea Plus Ultra. La polvareda mediática que ha provocado esa imputación ha conmocionado de manera notable la de por si extremadamente polarizada convivencia social. De un lado, la derecha y la extrema derecha han vuelto a apretar el acelerador convirtiendo en condena lo que tan sólo es una imputación y que deberá sustanciarse en la correspondiente instrucción judicial.

Lo que sí es a todas luces evidente es que, resulte lo que resulte de esa instrucción judicial, Zapatero ya ha sido condenado y linchado por quienes pretenden convertirse en adalides de la honestidad aunque la historia más reciente, incluido el juicio que en estos días se celebra en la Audiencia Nacional, los desmienta.

Pero lo que resulta innegable es el mazazo moral que lo publicado ha supuesto para quienes teníamos en Zapatero un referente político en la profundización de los derechos ciudadanos y la modernización de la sociedad española. Porque lo conocido hasta hoy ha llenado de dudas nuestra capacidad de análisis y si algo hay peor que las certezas son las incógnitas. Demos tiempo al tiempo, escuchemos la defensa del expresidente y actuemos entonces en consecuencia.

Que caiga quien caiga

El otro acontecimiento que sin solución de continuidad ha ayudado a agitar las aguas de este mar de dudas es el auto del juez Pedraz en el que acusa a Cerdán, una vez más, y Leire Díaz de intentar obstaculizar investigaciones policiales y judiciales. Otra vez esos personajes surgidos de la versión bufa de la militancia socialista poniendo en riesgo la vida de un partido centenario que se ha distinguido históricamente por la defensa de los derechos ciudadanos y la defensa de los más débiles. La única forma de justicia para ayudar a mitigar el dolor que hoy sienten miles y miles de socialistas es llegar hasta el fondo y caiga quien caiga. 

En ambos temas la respuesta tiene que ser luz y taquígrafos porque lo peor no es el daño, aún con ser importante, al Partido Socialista, lo peor es el daño al sistema democrático y a la credibilidad de las instituciones, algo que sólo beneficia a quienes no creen ni en lo uno ni en lo otro.

Y en el horizonte la tormenta cobra fuerza, ha comenzado el juicio contra David Sánchez y el juez Peinado ha citado de manera amenazante a Begoña Gómez a una audiencia en la que podría rizar el rizo mandando a prisión a la mujer del presidente Sánchez por riesgo de fuga en un salto mortal con tirabuzón propio de la estrategia del juez.

Demos tiempo al tiempo y mientras tanto confiemos en que la tormenta perfecta no sea más que una agradecida lluvia de primavera.

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