Ciudadano Saborido

El suicidio homosexual

En estos días se ha celebrado el aniversario de internet, o mejor dicho, sería el aniversario de la democratización de internet, ese momento en que Internet llega a la población en general. Por ello, he estado recordando cuando descubrí yo internet, que fue por 1995, aproximadamente.

Para un homosexual como yo, aquello fue una liberación. Porque Jerez siempre ha sido un pueblo de provincias y hasta esa fecha, era muy difícil conocer a otro homosexual a no ser que fuera por una página de contactos (el Cambalache, en aquella época) con todos los riegos que conllevaba.

Los homosexuales siempre hemos sido en algún momentos de nuestras vidas personas miedosas de que se supiera nuestra condición. Mi contacto con Internet fue un curso de informática en una academia. Me maravilló la web como herramienta de conocimiento, el correo electrónico, como manera de comunicación pero sobre todo el IRC como manera de liberación. El IRC era un chat donde habían muchos canales de todo tipo incluído el #gay. Cuando lo vi, sabía que aquello era la solución para conocer gente igual que yo y que estaba pasando lo mismo que yo. Recuerdo que dije “hola”que alguien me contestó y que apagué el ordenador de golpe. Sentí pánico. Pánico ante lo desconocido y pánico a que en la academia me descubrieran o que quien me contestó detectara donde estaba… ahora me río de aquello, pero la verdad es que la situación fue terrible.

En aquel canal #gay y en sus canales hermanos como #GayAndalucía o #GayCádiz conocí a muchas personas que hoy siguen siendo buenos amigos míos.

Recordando aquellos día en mi cuarto con mi ordenador (el móvil sólo servía para llamar o mandar un SMS), gastando facturas de 20.000 pesetas al mes por conectarte a infovía a partir de las diez de la noche, dejando el teléfono de la casa comunicando… me acuerdo de muchas anécdotas. Pero quizás la que más me impactó fue la de un chico de 16 años que anunció en el canal de #GayAndalucía que se iba a suicidar porque no soportaba el ser gay, el tener que salir del armario, el que lo discriminaran , el que su familia lo supiera.

Tuvimos que hacer uso de lo que se llama ingeniería social. Hubo alguien que llamó a la policía, pero claro no sabíamos quién era ni dónde estaba. Con paciencia, y con miedo, entre todos descubrimos la edad, dónde estaba (en Sevilla capital), quienes eran sus padres (su madre era enfermera en un hospital de Sevilla) y gracias a esos datos, se consiguió localizar a la madre y que llegara a su casa a tiempo de evitar lo que hubiera sido la muerte de su hijo.

El ser homosexual no es nada fácil. Los tiempos han cambiado, es verdad. Pero aún es muy difícil. Parece que vienen tiempos oscuros con autobuses que quieren meternos a los homosexuales de nuevo en las carvernas, en aquellos sitios horrendos donde muchos han muerto suicidados o simplemente, de pena por el rechazo.

A quienes me leen: hagan lo posible para parar la homofobia. No voten a los partidos que no apoyen la libertad de las personas homosexuales. Son fáciles de detectar estos partidos: hablan de ideología de género o de lobbys LGTBI. Por favor, la vida de muchas personas dependen de sus votos. Y alguna persona de éstas, puede ser su hijo o hija, o hermanos o hermanas y ustedes no saberlo.

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Comentarios

  1. En lugar de dramatizar y lloriquear, diga claramente cuáles son esos partidos que, según usted, propugnan la homofobia y diga en qué se concreta esa supuesta homofobia; porque yo no veo homofobia en ninguno de los partidos políticos con posibilidades de alcanzar representación parlamentaria. ¿No será que usted confunde la homofobia con ser contrario a sus postulados?
    Si lo que pretende es pedir el voto para determinado partido político, dígalo claramente, retrátese, y no trate de manipular con un falso victimismo.

    1. Pues mire, un partido como Vox, que en su programa hablan de defender y premiar a la familia “tradicional”, como si tener papá y mamá fuera lo único válido, o estuviera amenazada, que un matrimonio homosexual no tuviera los mismos derechos que uno hetero, que cuestionan que en los centros educativos se muestren las distintas realidades sexuales y de identidad, llamándolo ideología de género, pretendiendo defender poder ser intolerante…

      Yo no soy gay, pero entiendo a la persona que escribe y lo que ha podido sufrir, así como el sufrimiento que quiere evitar a otros. Es empatía, algo de lo que parece que usted, como muchos otros, carece, y de ahí que a estas alturas todavía se puedan dar pasos para atrás después de lo que se ha conseguido en derechos sociales y libertad.

      1. La homofobia es la “aversión hacia la homosexualidad o las personas homosexuales”; eso, en los países occidentales hace tiempo que desapareció de la legislación y del espectro político parlamentario. Usted, no el autor, se refiere a VOX, pero en el programa de ese partido no se ven propuestas homofóbicas.
        Otra cosa es que usted confunde la oposición a la nefasta “ideología de género” con la homofobia; pero eso es un error palmario. La “ideología de género” está implantada en muy pocos países occidentales (entre ellos en España, por desgracia) y hay otros muchos, la mayoría, que no la han incorporado a sus ordenamientos jurídicos ni a sus sistemas educativos y no por ello son homofóbicos ni dejan de ser algunas de las más importantes democracias del mundo.
        Entonces, si la lectura que, según usted, hay que hacer del críptico y melifluo artículo de marras es esa, el autor yerra de plano en la terminología y donde dice “homofobia” debemos leer “oposición a la ideología de género”; y cuando dice “no voten a los partidos que no apoyen la libertad de las personas homosexuales”, hay que leer “no voten a VOX”; ¡vaya!, con lo fácil que es llamar a las cosas por su nombre…
        Sobre la empatía le voy a decir dos cosas. La primera es que la compasión por el sufrimiento que haya podido tener alguien en ningún caso es un argumento para aceptar sus falsas tesis ni para abstenerse de criticarlas si decide publicarlas; en el debate público no caben chantajes emocionales lloriqueantes. La segunda es que usted desconoce por completo mi grado de empatía con el sufrimiento ajeno y que hacer descalificaciones personales es una clara evidencia de falta de argumentos y de sectarismo.

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