Cultura

Juan de Paterna: la grandeza de la sencillez

Juan F. Sánchez, profesor de Lengua y Literatura y presidente de la Asociación Cultural Impresiones, habla sobre libros, autores y el activismo cultural

Es mi amigo. Y así lo afirmo con un entusiasmo casi infantil. No es fácil encontrar a personas tan íntegras, amables, bondadosas y sin embargo cultas y extraordinariamente inteligentes. Así es él, y nadie me puede llevar la contraria. A los hechos y a su trayectoria me remito. Por eso me doy la licencia de hablar de él en primera persona, si ustedes me lo permiten.

Desde que tuve la fortuna de conocer su labor al frente de Impresiones, revista y Asociación Cultural, en Paterna, su pueblo, no he dejado que se aleje. Ya su luz es necesaria e imprescindible. Y como él mismo dice: las personas con inquietudes similares se reconocen, y se quedan cerca para compartir experiencias y vivir la aventura, a veces tortuosa, de intentar promover la cultura desde el lugar donde uno vive y que ama.

Nacido en Cádiz en 1978 y natural de Paterna de Rivera. Juan F. Sánchez es un entusiasta de la cultura,
profesor de Lengua y literatura, presidente de la Asociación Cultural Impresiones y coordinador de la revista con el mismo nombre, cuyo primer número vio la luz en mayo de 2014, y que cuenta con 14 en total. Licenciado en Filología hispánica, ha colaborado escribiendo artículos en revistas literarias como Renacimiento, en Sevilla, o El Ático de los gatos en Cádiz. Así mismo, ha sido corrector para las editoriales sevillanas RD Editores o Renacimiento, donde corrigió, entre otros, el Sertorio de Adolf Shulten.

¿Quién es Juan F. Sánchez? ¿Qué pide a la vida? ¿Dónde se siente realmente cómodo?

Soy un tipo satisfecho de la vida que lleva, haciendo casi todo lo que quiero. A la vida, como no me gusta pedir mucho, a veces, le pido explicaciones de lo bien que se ha portado conmigo habiendo todavía tantas desigualdades en el mundo y tanta gente que pasa penurias.

Y lo que más identifica a las personas es su capacidad para soñar y el lugar. La inquietud de aportar y de reconocer a otros y otras que son mis semejantes, a través de necesidades compartidas, no primarias, más bien terciarias o cuaternarias diríamos, pero que nos hacen sentirnos muy bien, y a la vista está pues seguimos enredándonos en el laberinto de las actividades culturales.

Y mi lugar está con mi familia, sin la cual mi vida no estaría completa. Y los sueños, sueños son.

Le picó el gusanillo de la cultura. El veneno se extiende rápido, pero se trata de un veneno que nos salva… ¿Es optimista?

Porque nos hace sentirnos vivos. En lo que yo entiendo por mundo, en mi mundo (que diría la Alicia de Carroll) hay que apasionarse por algo, estar alerta, y para eso cada uno usa el instrumento que le parece más adecuado. Mi instrumento para estar alerta son los libros y mi pasión, en un mundo tan deshumanizado, es la Cultura, además de mi familia. Otros tendrán otras pasiones, por supuesto respetables, pero en mí caso, a menudo me viene a la mente lo que Gandalf le revela a Frodo en las profundidades de las Minas de Moria (“Lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”). Y pensando en eso yo elijo dedicar parte de mi tiempo a la cultura, a trabajarla, y sobre todo, a disfrutarla.

Y sí, soy optimista, siempre lo he sido. Hay quien lo ve como un defecto. Una de las cosas que me han enseñado los mayores es que la vida es cuestión de actitud. Hay quien tiene todos los motivos para estar contento y no sale de su casa o se pasa el día maldiciendo su suerte y hay quien ha tenido y tiene una vida “perra” y es un transmisor nato de felicidad. Para ser feliz, primero hay que verse feliz. Y la cultura, en nuestro caso, como la amamos, nos hace felices, y rellena ese vacío. Que ojo, luego hay otros que no se ven vacíos sin cultura o sin apasionarse por algo. Nuestro pro y nuestro contra es tener esa necesidad y sentir, por tanto, que hay que rellenar ese vacío. 

El profesor de Lengua y Literatura y presidente de la Asociación Cultural Impresiones, junto a Rosario Troncoso en la Fundación Caballero Bonald.

Lo suyo es activismo cultural desde todos los frentes. Háblenos de sus Mayores Activos.

Mayores Activos es un programa de Diputación de Cádiz que venía funcionando en veintidós pueblos de la provincia y que en este momento se está ampliando a otros tantos. Para mí ha sido una de las grandes experiencias de mi vida junto a mi etapa como monitor en los Scouts y a la etapa actual de Impresiones. Trabajar con personas mayores es ser mucho menos docente que aprendiz, es un regalo que nunca podré agradecer lo suficiente, pues a través de nuestros mayores se adquiere un saber que no está en los libros y no hay día en que los mayores que nos rodean no ejerzan la docencia sobre los jóvenes. Muchas de esas personas mayores permanecerán para siempre en mi corazón, de manera que hoy por hoy no se explica quien soy sin esa etapa de mi vida, que ha durado seis años, y que acaba de finalizar para comenzar a ejercer la interinidad como profesor de lengua y literatura.

Nos conocimos en una de las actividades que gestiona para la Asociación Cultural Impresiones de Paterna. Me pareció maravilloso todo lo que se mueve allí. Creo que Impresiones es mucho más que un reto, ¿verdad?

Por lo que te decía antes, siempre tuve inquietudes culturales y tenía la ilusión de poder llevarlas a cabo en mi pueblo. Allí siempre me decían: “Eso en Paterna no funciona” alegando que culturalmente solo iba a funcionar lo que fuera flamenco o carnaval. El flamenco no me disgusta, y estamos de acuerdo en que es nuestra seña de identidad, con la Petenera a la cabeza, y el carnaval me flipa. E incluso nos interesaba enfocar ese flamenco tan nuestro desde puntos de vista distintos, no abordados en Paterna hasta el momento. Por ejemplo, en nuestra revista número nueve, dedicada a la Petenera, Andrés Carmona dejó plasmado un caligrama de la Petenera, haciendo literatura del cante. En fin, uno que es un utópico y que tenía la convicción de que todo puede tener cabida en el saco cultural, se empeñó en buscar una manera de que funcionase junto a otros locos que compartían mis inquietudes. Impresiones nació como una revista cultural allá por mayo de 2014. En ella, artículos de personas del pueblo, sobre el pueblo, pero también de infinidad de temas, de música, de literatura, de fotografía, de pintura, que hablaban de cultura presente o pasada de fuera del pueblo.

La prioridad era equilibrar entre todos los tipos de cultura que, aun sin saberlo hacía gente del pueblo, con lo que se hacía culturalmente en la provincia y fuera de ella de manera que no se convirtiera en un “vamos a mirarnos el ombligo” simplemente. Cultura de Paterna, pero también para Paterna, con la premisa de que todos somos capaces de dar nuestra “Impresión” sobre cualquier tema que nos apetezca. En Impresiones he conocido a mucha gente que me ha maravillado como a Andrés Carmona, Alberto Romero, Sole Romero o Toñi Gutiérrez, reciente incorporación. A otros como Gloria Sánchez, mi hermana, José Cabrales o Fernando Sánchez Moreno ya los conocía, pues son grandes amigos. Entre todos hacemos Impresiones, y son ya 14 números publicados de nuestra revista e infinidad de actividades culturales entre las que han colaborado autores como Pedro Sevilla, Rosario Troncoso, Blanca Flores, Francisco J. Márquez, Paco Ramos, Daniel Fopiani, Benito Olmo, Eduardo Formanti, Palma Medina, Ana Mayi, Mª Luisa Ucero, Belén Peralta, Valero Cortadura, Fernando Lobo, Juan Luis Pineda, Javier Salmerón, entre otros. No es la primera iniciativa cultural de Paterna ni tampoco será la última pero para mí es otra etapa que marca mi vida. La vida está hecha de etapas y la de Impresiones ha sido y es muy especial.

¿Y qué me dice de la experiencia de haber abanderado un magnífico trabajo sobre Julio Mariscal? ¿Cómo de necesarias son estas actividades para recuperar y ensalzar nombres de autores más o menos olvidados?

A don Julio prácticamente nadie lo recordaba en Paterna como poeta, sino como maestro. Luego, Pedro Sevilla en una Feria del libro de Jerez me habló de que en Paterna había estado en los años 50-60 uno de los poetas más importantes de la generación del 50, momento en que adquirí la preciosa Antología “La mano abierta”, de Renacimiento que prepararon Pedro y José Mateos. Eso quedó ahí incubándose y al tiempo llegó a mis manos el magnífico trabajo de Blanca Flores para la Poesía completa de la Isla de Siltolá. Blanca daba precisos y preciosos detalles sobre la estancia de Julio Mariscal en Paterna y lo que empezó como una inquietud personal, se convirtió en mesas redondas con estudiosos de la obra, alumnos y otros conocidos que Julio Mariscal había tenido en Paterna.

Todo ese trabajo no habría sido posible sin un montón de gente que individualmente había estudiado a Mariscal y tengo que agradecer también a Aurelio Sánchez Mariscal, su sobrino y depositario de su obra, que nos abriera las puertas de su casa, que años atrás fue la casa de Julio Mariscal en Arcos de la Frontera. La consecuencia final fue el documental “Recordando a Julio Mariscal” del poeta y maestro que codirijo junto a Antonio Lozano Gil y la revista Impresiones nº 12 dedicada íntegramente a Julio Mariscal con artículos de Pedro Sevilla, Pepa Caro, José Antonio Hernández Guerrero, Blanca Flores, Mª Carmen García Tejera y conocidos suyos de Paterna como Serafín Galán (para mí el catalizador y responsable de que a Julio Mariscal se le siga recordando en Paterna y a la vez de que en la biografía de Julio Mariscal haya un sitio para Paterna), Rufino de Paterna, los hermanos Paco y Juan Caravaca, los hermanos Diego y Antonio Herrera, o Pedro Luis Cabrales, entre otros.

Como en la revista, el documental intenta equilibrar entre el Julio poeta de los 50 y el Julio que se mezcla en un pueblecito de la posguerra, que dialoga con sus gentes y ejerce su influencia en la Paterna de aquellos años. En cuanto a la segunda pregunta, creo que más que rescatarlos mediante actividades lo que hay que hacer es leerlos. Los autores se olvidan porque se deja de leerlos. Es esencial que haya libreros como Abelardo Linares o Javier Sánchez Menéndez que reeditan a estos autores. Ya el hacer actividades para recuperarlos es una consecuencia de haber vuelto a leerlos. Y claro que es necesario leerlos. En Julio Mariscal, por ejemplo, encontramos una radiografía sociológica de los tipos de la Paterna y el Arcos de aquellos años. Es un conocimiento valiosísimo al que accedemos a través de su poesía, además de la propia estética poética, de su literariedad, innegable, por cierto.

Es todo un idealista, pero ha entrado a formar parte del “sistema”: ya es profesor de Enseñanza Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. ¿Preparado para esta nueva situación?

Encaro lo que me espera con mucha motivación y entusiasmo, pues me encuentro en un momento en el que me apetece mucho aportar y qué mejor manera de hacerlo que intentando encauzar a algunos de nuestros jóvenes, que se encuentran insertos en la selva de la adolescencia. He trabajado todas las edades, desde los 3 años, hasta los ochenta y muchos. Los mayores son los que te lo hacen más fácil y los adolescentes, para mí, la etapa más complicada de trabajar. Encaro esta etapa con ganas de remangarme y sumergirme en el barro.

Juan F. Sánchez rodeado de activistas culturales.

Y si le queda tiempo, ¿en qué le veremos? ¿cuáles son sus proyectos?

Realmente no soy de tener proyectos a la larga. Me vienen de pronto en los sitios más insospechados y comunes a veces: en un trayecto en coche, en la ducha, en la azotea tendiendo (donde me vino, por cierto, la idea de Impresiones). Me plantea seguir profundizando en la figura de Julio Mariscal y en otros autores del 50. En estos momentos estoy concentrado en asentarme en mi etapa como profesor, en hacerlo lo mejor posible, de manera que mis alumnos y alumnas puedan encontrar un ejemplo en el que mirarse. Ya te dije que era optimista.

Recomiéndenos libros que le hayan ayudado.

No soy mucho de autores predilectos. De los clásicos me quedo con Quevedo y Cervantes. Borges fue un descubrimiento imprescindible. Me maravilla el boom hispanoamericano, en especial Cortázar, Rulfo, el Vargas Llosa pre-prensa rosa, también Darío, Valle-Inclán, Roberto Arlt, Quiroga. Del 27, prácticamente todos, pero en especial Lorca y Alberti. Me encanta Manuel Machado. Y estos últimos años he profundizado en la generación del 50: Mariscal, Caballero Bonald, Carlos Edmundo de Ory, los hermanos Murciano, Pilar Paz Pasamar, y otros.

Y disfruto mucho de la poesía actual: Karmelo Iribarren, Miguel D’ors, Luis Alberto de Cuenca, Vicente Gallego, Amalia Bautista, Pedro Sevilla, Ana Rosetti, Ioana Gruia y cómo no, estar al día de lo que se publica en mi entorno geográfico más cercano, leer a amigos como Valero Cortadura, Rosario Troncoso, Francisco J. Márquez, Sergio Moreno, Fernando Lobo, a gente que vive en mi misma ciudad como José Mateos, Mª Dolores Galán, a mis admiradas Pepa Parra, Pepa Caro, Blanca Flores, las novelas de Benito Olmo, Daniel Fopiani, Eduardo Formanti y tantos otros autores que tenemos en la geografía gaditana. Ahora mismo estoy con la biografía de Carlos Edmundo de Ory escrita por Mané García Gil y mi última adquisición, que espero leer pronto, son las cartas de San Juan de Ávila preparadas por Fidel Villegas.

Intento intercalar lectura y relectura de clásicos con lectura de amigos y de paisanos. De esa conjunción se forma mi horizonte de expectativas. Todo empezó no obstante con aventuras épicas y quizá soy el lector que soy gracias a haberme topado en mi infancia con La historia interminable de Ende y sobre todo con El Señor de los Anillos de Tolkien. Ambos fueron regalos de mi hermana y se lo agradezco.

Deme un verso para vivir.

Hay un verso tuyo que no consigo quitarme de la cabeza: “Ya no son infalibles las rutas conocidas” y ese miedo, esa incertidumbre por “lo que no conocemos y apenas sospechamos” (otro verso clave de Darío) me mantiene alerta. La poesía como aprendizaje para la vida. Y la cultura, y mi familia, mis dos grandes pasiones, me ayudan a enfrentarme a ese abismo que supone lo desconocido. 

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