La felicidad y el entusiasmo del periodista Carlos Alsina ha sido imposible de disimular, sólo basta verle la alegría casi infantil en los videos que ha publicado el programa que dirige: “más de uno”, en Onda Cero.
No sé si fue una puesta en escena su pedido urgente a los oyentes para que salvaran su ninot ya que no había sido indultado y, como manda la tradición, iba a ser quemado. Se solicitaban camiones como medio de trasportar el ninot y sitio adecuado donde guardarlo.
Alsina estaba desconsolado:“el lunes, ¿quién se va a acordar de mi pobre ninot”.
A última hora la fallera mayor utilizando su capacidad de indulto lo salvó de la quema, e imagino el entusiasmo y la alegría de Alsina.
Desde esta columna felicito al periodista por este homenaje encantador y comparto su alegría por conseguir que se escape del fuego su simpático ninot.
Me resulta difícil de comprender que quemen esas maravillosas obras de arte, aunque intelectualmente sabes que la “cremá” es una tradición profundamente sentida por los valencianos, con un importante arraigo en sus costumbres.
El fuego de las Fallas de Valencia (marzo) es un acto de sátira y arte efímero que quema grandes monumentos artísticos, marcando el fin del invierno, cuyo patrón es San José.
La quema de objetos en San Juan (junio) es un rito pagano de purificación del solsticio de verano, enfocado en hogueras y pequeñas fallas para quemar lo viejo.
La magia del fuego purificador es ancestral, casi tan antigua como la civilización.
En Valencia, la noche del 15 al 16 de marzo es de intensa actividad. Los falleros trabajan a destajo porque todas las fallas que se plantan en València deben estar terminadas a primera hora del día 16. Ese día, un jurado premia a las mejores y elige el ninot indultat, (ninot indultado) el único que se salvará del fuego durante la Cremà.
Las Fallas son la fiesta más universal de Valencia, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre hace referencia a los espectaculares monumentos escultóricos de madera y papel maché que se colocan en las calles y plazas de la ciudad para ser admirados antes de que sucumban a las llamas . Considero espectaculares y complejos los vestidos de falleras: una auténtica obra de arte.
Su confección requiere gran habilidad y amplios conocimientos sobre tejidos.
Los actuales vestidos son el resultado de una evolución que se remonta a siglos atrás. Sus orígenes se encuentran en la indumentaria de las campesinas. Con el tiempo fueron adoptando elementos decorativos y sofisticados del siglo XIX y en el siglo XX se populariza esta vestimenta gracias a las fiestas falleras.
A partir de la década de los ´50 se estandariza el traje de fallera y se crea la indumentaria infantil.
Se emplean tejidos de alta calidad: seda, raso. La falda es ancha y con vuelo. Se utiliza también una manteleta que cubre los hombros y cabeza y se complementa con peinetas, aderezos, mantillas y zapatos.
Existen en la actualidad tiendas especializadas en la confección de estas “joyas”.
Me complace remarcar un aspecto poco conocido de la fiesta fallera en mi país de origen (Argentina) que señalo a continuación, se trata de la Influencia inmigratoria de los valencianos en Argentina: se celebra en marzo de este año la 72° Falla Valenciana en Mar del Plata (ciudad turística de la costa atlántica). Organizado por la Unión Regional Valenciana, este evento, único fuera de Europa con gran tradición, incluye actividades artísticas y venta de buñuelos. ¡Felicitaciones!





