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la bulla

La vivienda no debe ser un negocio

El caso es que si un particular, con un piso alquilado, o dos, ya puede vivir mucho mejor que la media y guardar dinero, inmovilizarlo, los grandes tenedores, como la familia Aznar, bancos y fondos buitre ¿cuantos millones estarán acumulando, guardando sin producir nada, inmovilizando el numerario, a costa de mantener a mucha gente en la miseria?

  • Pisos de VPO, en una imagen de archivo.

No, porque es un derecho (artículo 47 de la Constitución). Y por principios no se debe permitir el comercio con la vida de las familias. En tiempo de elecciones es buen tiempo para hablar de vivienda, acordarse de ello y de las personas y familias que sufren abusos para tener acceso a un techo, ya que hace tiempo viene siendo materia electorera. Unos para atraer a los necesitados, en cuyo favor mueven muy poco; otros para mantener su apoyo a los fondos buitre, bancos y todo el estrato especulador grande y pequeño. Porque el precio de la vivienda en venta y alquiler ha levantado la ambición más especulativa jamás vista y está provocando la mayor inmovilización de dinero, en perjuicio de la inmensa mayoría. No es de recibo que una persona pueda obtener un sueldo extra, sólo por haber heredado una vivienda más, cuando ello fuerce a una familia a entregarle el suyo, íntegro o casi íntegro, lo cual literalmente es vivir a costa de otro. U obligar a vivir en una habitación —término disfrazado con insana intención de suavizar su significado, de disimular, cuando este hecho, simple y llanamente, es obligar a las familias a vivir hacinadas. O alquilar solamente a estudiantes, o turismo de borrachera y escándalo. El caso es que si un particular, con un piso alquilado, o dos, ya puede vivir mucho mejor que la media y guardar dinero, inmovilizarlo, los grandes tenedores, como la familia Aznar, bancos y fondos buitre ¿cuantos millones estarán acumulando, guardando sin producir nada, inmovilizando el numerario, a costa de mantener a mucha gente en la miseria?

Veamos datos, analicemos realidades: en los últimos cuarenta años los salarios se han duplicado. En ese mismo tiempo la vivienda se ha multiplicado por diez, y más. Una vivienda de noventa metros, con ascensor, piscinas, pistas de tenis y local social, costaba el equivalente al salario de 25-30 meses. Así era cómodo el pago, no se necesitaban dos salarios para acceder a una vivienda. Se pagaban con comodidad en 15-20 años. Y hasta en doce. Hoy el plazo ha subido a 50 años, porque una vivienda de 70 m, sin ningún tipo de servicio exterior, como piscina,  se acerca y en ocasiones supera con ventaja los 300.000 euros. Por eso pagarlo es un calvario, cuando se es capaz de llegar. Esa enorme diferencia de dinero, además de hacer la vida imposible a miles de personas, millones más bien, es el enterrado en las cajas fuertes a nombre de los especuladores. Ese es el dinero invalidado, improductivo, porque el dinero crece cuando se mueve, y muere cuando se invalida, cuando se esconde o se inmoviliza, que es lo mismo.

 

 

La vivienda en venta ha pasado de los 14.600 euros aproximados en los 80, a los 300.000 mil en la actualidad. De ahí para arriba, incluso en viviendas teóricamente “protegidas”, puestas a la venta por la empresa municipal Emvisesa. El alquiler ha subido desde el 15 o 20% máximo de un salario de la época, al 80% y hasta el 100%, de los actuales. ¿Imaginan una subida similar en la alimentación? Imaginen pagar dos o tres mil euros por un kilo de garbanzos, o de alubias, o de papas. O doscientos euros por un manojo de acelgas. Por ejemplo. ¿Se quedarían todos tan tranquilos, lo aceptarían con el conformismo colaboracionista del “las cosas están así”? Porque no están. Estar es verbo que denota una situación normal. Tal vez cambiante pero racional.

La subida del precio de la vivienda en venta y alquiler, no es normal ni racional. Porque obliga a la gente a vivir hacinados, con la hipócrita ficción de “piso compartido”. Muchos “pisos compartidos” había en Sevilla, cuando salió a la luz el hacinamiento provocado por la avaricia en 1961 al reventar el muro de defensa del Tamarguillo y el agua embravecida atravesó la ciudad de este a oeste, provocando el mayor desastre, el drama más grave del siglo XX y XXI. ¿Se quiere provocar otro desastre similar con tanto “piso compartido”? Vivir en una habitación no es la solución a un problema serio. En último extremo puede ser el mecanismo para que el arrendador se enriquezca aprovechando  la necesidad de los demás, con un ingreso superior en estos casos a un salario medio-alto, mientras el arrendatario sufre serias dificultades para enriquecer al otro y al mismo tiempo vivir. Porque el Tamarguillo ya no se puede desbordar, pero las lluvias torrenciales podrían llegarnos en cualquier momento. Aunque “el tiempo no está cambiando” (dicen las derechas en apoyo a sus adorados especuladores), nadie está libre de que le toque una DANA o similar. El Tamarguillo no se puede desbordar, pero el Guadalquivir, sí, depende de la cantidad de agua recibida y de su violencia. Y recuérdese: el agua siempre busca su camino. Los lechos de antiguos ríos están entre los preferidos.

No es  sólo el peligro de una inundación, eso es un ejemplo, una posible consecuencia de la codicia, la rapacidad; el mayor enemigo de la convivencia y de la igualdad. Aunque Abascal, Ayuso y Feijóo lo disfracen con supuestas subvenciones. En definitiva excusas para impedir que sus amigos ganen un poco menos.

No, porque es un derecho (artículo 47 de la Constitución). Y por principios no se debe permitir el comercio con la vida de las familias. En tiempo de elecciones es buen tiempo para hablar de vivienda, acordarse de ello y de las personas y familias que sufren abusos para tener acceso a un techo, ya que hace tiempo viene siendo materia electorera. Unos para atraer a los necesitados, en cuyo favor mueven muy poco; otros para mantener su apoyo a los fondos buitre, bancos y todo el estrato especulador grande y pequeño. Porque el precio de la vivienda en venta y alquiler ha levantado la ambición más especulativa jamás vista y está provocando la mayor inmovilización de dinero, en perjuicio de la inmensa mayoría. No es de recibo que una persona pueda obtener un sueldo extra, sólo por haber heredado una vivienda más, cuando ello fuerce a una familia a entregarle el suyo, íntegro o casi íntegro, lo cual literalmente es vivir a costa de otro. U obligar a vivir en una habitación —término disfrazado con insana intención de suavizar su significado, de disimular, cuando este hecho, simple y llanamente, es obligar a las familias a vivir hacinadas. O alquilar solamente a estudiantes, o turismo de borrachera y escándalo. El caso es que si un particular, con un piso alquilado, o dos, ya puede vivir mucho mejor que la media y guardar dinero, inmovilizarlo, los grandes tenedores, como la familia Aznar, bancos y fondos buitre ¿cuantos millones estarán acumulando, guardando sin producir nada, inmovilizando el numerario, a costa de mantener a mucha gente en la miseria?

Veamos datos, analicemos realidades: en los últimos cuarenta años los salarios se han duplicado. En ese mismo tiempo la vivienda se ha multiplicado por diez, y más. Una vivienda de noventa metros, con ascensor, piscinas, pistas de tenis y local social, costaba el equivalente al salario de 25-30 meses. Así era cómodo el pago, no se necesitaban dos salarios para acceder a una vivienda. Se pagaban con comodidad en 15-20 años. Y hasta en doce. Hoy el plazo ha subido a 50 años, porque una vivienda de 70 m, sin ningún tipo de servicio exterior, como piscina,  se acerca y en ocasiones supera con ventaja los 300.000 euros. Por eso pagarlo es un calvario, cuando se es capaz de llegar. Esa enorme diferencia de dinero, además de hacer la vida imposible a miles de personas, millones más bien, es el enterrado en las cajas fuertes a nombre de los especuladores. Ese es el dinero invalidado, improductivo, porque el dinero crece cuando se mueve, y muere cuando se invalida, cuando se esconde o se inmoviliza, que es lo mismo.

 

 

La vivienda en venta ha pasado de los 14.600 euros aproximados en los 80, a los 300.000 mil en la actualidad. De ahí para arriba, incluso en viviendas teóricamente “protegidas”, puestas a la venta por la empresa municipal Emvisesa. El alquiler ha subido desde el 15 o 20% máximo de un salario de la época, al 80% y hasta el 100%, de los actuales. ¿Imaginan una subida similar en la alimentación? Imaginen pagar dos o tres mil euros por un kilo de garbanzos, o de alubias, o de papas. O doscientos euros por un manojo de acelgas. Por ejemplo. ¿Se quedarían todos tan tranquilos, lo aceptarían con el conformismo colaboracionista del “las cosas están así”? Porque no están. Estar es verbo que denota una situación normal. Tal vez cambiante pero racional.

La subida del precio de la vivienda en venta y alquiler, no es normal ni racional. Porque obliga a la gente a vivir hacinados, con la hipócrita ficción de “piso compartido”. Muchos “pisos compartidos” había en Sevilla, cuando salió a la luz el hacinamiento provocado por la avaricia en 1961 al reventar el muro de defensa del Tamarguillo y el agua embravecida atravesó la ciudad de este a oeste, provocando el mayor desastre, el drama más grave del siglo XX y XXI. ¿Se quiere provocar otro desastre similar con tanto “piso compartido”? Vivir en una habitación no es la solución a un problema serio. En último extremo puede ser el mecanismo para que el arrendador se enriquezca aprovechando  la necesidad de los demás, con un ingreso superior en estos casos a un salario medio-alto, mientras el arrendatario sufre serias dificultades para enriquecer al otro y al mismo tiempo vivir. Porque el Tamarguillo ya no se puede desbordar, pero las lluvias torrenciales podrían llegarnos en cualquier momento. Aunque “el tiempo no está cambiando” (dicen las derechas en apoyo a sus adorados especuladores), nadie está libre de que le toque una DANA o similar. El Tamarguillo no se puede desbordar, pero el Guadalquivir, sí, depende de la cantidad de agua recibida y de su violencia. Y recuérdese: el agua siempre busca su camino. Los lechos de antiguos ríos están entre los preferidos.

No es  sólo el peligro de una inundación, eso es un ejemplo, una posible consecuencia de la codicia, la rapacidad; el mayor enemigo de la convivencia y de la igualdad. Aunque Abascal, Ayuso y Feijóo lo disfracen con supuestas subvenciones. En definitiva excusas para impedir que sus amigos ganen un poco menos.

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