El capitán Johan Potgieter fue descendido desde un helicóptero hasta un río infestado de cocodrilos, hipopótamos y rocas para recuperar los restos de un empresario que, según todo apuntaba, había sido devorado por uno de los reptiles tras ser arrastrado por una riada. Una misión que él mismo describe como única e irrepetible, y que el jefe de policía interino del país ha calificado de "extraordinariamente valiente" y "sumamente peligrosa y compleja".
Todo comenzó cuando el coche del hombre quedó atascado al intentar cruzar un puente bajo sobre el río Komati, que bajaba crecido. Cuando la policía llegó al lugar, el vehículo estaba vacío. No había rastro del conductor. Las sospechas apuntaron de inmediato a que la corriente se lo había llevado, aunque el escenario que más temían los agentes era otro: que los cocodrilos que pueblan esas aguas hubieran acabado con él.
Una isla en medio del río, varios cocodrilos al sol y solo una forma de llegar
Se desplegaron drones y helicópteros en la búsqueda. Las imágenes aéreas condujeron a los investigadores hasta una pequeña isla en mitad del río donde varios cocodrilos tomaban el sol. Uno de ellos, de 4,5 metros de longitud y 500 kilogramos de peso, concentró todas las sospechas. El problema era llegar hasta él. "El cocodrilo yacía en una isla... realmente no había otra forma de llegar hasta él excepto por aire", explicó Potgieter a la BBC.
Los compañeros del capitán abatieron al reptil antes de llamarle. Pero la operación no iba a ser tan sencilla. "Se puso boca arriba y pensaron que estaba muerto. Pero cuando volvimos, ya estaba de nuevo sobre su costado derecho y había nadado un poco contra la corriente", relató el agente. El cocodrilo seguía vivo, y los restos del empresario —si es que estaban dentro— tampoco podían recuperarse desde tierra ni desde el agua. La presencia de otros reptiles atraídos por la sangre, la corriente del río y la imposibilidad de usar una barca o canoa dejaban una sola opción sobre la mesa: descender desde el helicóptero.
Sin comunicación con el piloto y sin marcha atrás
Fue en ese momento cuando llamaron a Potgieter. Y una vez que aceptó, no había vuelta atrás, literalmente. "Cuando estaba allí colgado, no tenía forma de comunicarme con el piloto. Así que, independientemente de si cambiaba de opinión y decidía no hacerlo, no había manera de que eso sucediera", confesó el veterano agente. "Tenía que ceñirme al plan y hacer lo que habíamos planeado... de lo contrario, las cosas habrían salido mal".
El policía Johan Potgieter y un momento del rescate con el cocodrilo.
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Redes sociales
El ruido del helicóptero y la corriente de aire descendente alejaron a los otros cocodrilos que merodeaban por la zona, atraídos por la sangre en el agua. "Por suerte, gracias al ruido del helicóptero y a la corriente de aire descendente, se alejaron y no me molestaron", dijo Potgieter. Una vez en el río, el capitán ató al reptil con una cuerda. Solo entonces pudo certificar algo fundamental: "Supe que estaba muerto al 100%. Porque si no lo hubiera estado, sin duda me habría atacado".
En el interior del cocodrilo se encontraron partes del cuerpo y zapatos. Se están realizando pruebas de ADN para confirmar si los restos pertenecen al empresario desaparecido, cuya identidad aún no ha sido confirmada oficialmente. La familia espera los resultados.
La familia de Potgieter, por su parte, no supo la magnitud real del peligro que había corrido su marido y padre hasta que vieron el vídeo de la operación en internet. Estaban felices de verle regresar con vida, pero la imagen de lo ocurrido les dejó helados. El propio agente admite que, pese a sus casi cuatro décadas de carrera, esta misión no tiene precedente: "Sin duda, fue la primera vez y espero que también sea la última... realmente no hay forma de prepararse".
Potgieter, sin embargo, no duda de que todo mereció la pena. Para él, el verdadero motor de su trabajo no son las condecoraciones ni los titulares, sino las familias que esperan respuestas. "Sentimos mucha empatía por las familias de las víctimas. Están de luto por un ser querido. Nunca es agradable perder a alguien a quien amas, y es aún peor si ni siquiera sabes dónde está o qué le sucedió", reflexionó. "Ese es uno de nuestros principales motivos: brindarles a estas familias la tranquilidad que necesitan para poder seguir adelante con sus vidas".
El capitán Johan Potgieter fue descendido desde un helicóptero hasta un río infestado de cocodrilos, hipopótamos y rocas para recuperar los restos de un empresario que, según todo apuntaba, había sido devorado por uno de los reptiles tras ser arrastrado por una riada. Una misión que él mismo describe como única e irrepetible, y que el jefe de policía interino del país ha calificado de "extraordinariamente valiente" y "sumamente peligrosa y compleja".
Todo comenzó cuando el coche del hombre quedó atascado al intentar cruzar un puente bajo sobre el río Komati, que bajaba crecido. Cuando la policía llegó al lugar, el vehículo estaba vacío. No había rastro del conductor. Las sospechas apuntaron de inmediato a que la corriente se lo había llevado, aunque el escenario que más temían los agentes era otro: que los cocodrilos que pueblan esas aguas hubieran acabado con él.
Una isla en medio del río, varios cocodrilos al sol y solo una forma de llegar
Se desplegaron drones y helicópteros en la búsqueda. Las imágenes aéreas condujeron a los investigadores hasta una pequeña isla en mitad del río donde varios cocodrilos tomaban el sol. Uno de ellos, de 4,5 metros de longitud y 500 kilogramos de peso, concentró todas las sospechas. El problema era llegar hasta él. "El cocodrilo yacía en una isla... realmente no había otra forma de llegar hasta él excepto por aire", explicó Potgieter a la BBC.
Los compañeros del capitán abatieron al reptil antes de llamarle. Pero la operación no iba a ser tan sencilla. "Se puso boca arriba y pensaron que estaba muerto. Pero cuando volvimos, ya estaba de nuevo sobre su costado derecho y había nadado un poco contra la corriente", relató el agente. El cocodrilo seguía vivo, y los restos del empresario —si es que estaban dentro— tampoco podían recuperarse desde tierra ni desde el agua. La presencia de otros reptiles atraídos por la sangre, la corriente del río y la imposibilidad de usar una barca o canoa dejaban una sola opción sobre la mesa: descender desde el helicóptero.
Sin comunicación con el piloto y sin marcha atrás
Fue en ese momento cuando llamaron a Potgieter. Y una vez que aceptó, no había vuelta atrás, literalmente. "Cuando estaba allí colgado, no tenía forma de comunicarme con el piloto. Así que, independientemente de si cambiaba de opinión y decidía no hacerlo, no había manera de que eso sucediera", confesó el veterano agente. "Tenía que ceñirme al plan y hacer lo que habíamos planeado... de lo contrario, las cosas habrían salido mal".
El policía Johan Potgieter y un momento del rescate con el cocodrilo.
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El ruido del helicóptero y la corriente de aire descendente alejaron a los otros cocodrilos que merodeaban por la zona, atraídos por la sangre en el agua. "Por suerte, gracias al ruido del helicóptero y a la corriente de aire descendente, se alejaron y no me molestaron", dijo Potgieter. Una vez en el río, el capitán ató al reptil con una cuerda. Solo entonces pudo certificar algo fundamental: "Supe que estaba muerto al 100%. Porque si no lo hubiera estado, sin duda me habría atacado".
En el interior del cocodrilo se encontraron partes del cuerpo y zapatos. Se están realizando pruebas de ADN para confirmar si los restos pertenecen al empresario desaparecido, cuya identidad aún no ha sido confirmada oficialmente. La familia espera los resultados.
La familia de Potgieter, por su parte, no supo la magnitud real del peligro que había corrido su marido y padre hasta que vieron el vídeo de la operación en internet. Estaban felices de verle regresar con vida, pero la imagen de lo ocurrido les dejó helados. El propio agente admite que, pese a sus casi cuatro décadas de carrera, esta misión no tiene precedente: "Sin duda, fue la primera vez y espero que también sea la última... realmente no hay forma de prepararse".
Potgieter, sin embargo, no duda de que todo mereció la pena. Para él, el verdadero motor de su trabajo no son las condecoraciones ni los titulares, sino las familias que esperan respuestas. "Sentimos mucha empatía por las familias de las víctimas. Están de luto por un ser querido. Nunca es agradable perder a alguien a quien amas, y es aún peor si ni siquiera sabes dónde está o qué le sucedió", reflexionó. "Ese es uno de nuestros principales motivos: brindarles a estas familias la tranquilidad que necesitan para poder seguir adelante con sus vidas".
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