Amar es miedo

Abrazar el estoicismo y dejar que nuestra historia fluya sola es, casi con toda seguridad, la salida más sana

Una pareja se hace una foto en la Plaza de España de Sevilla.
Una pareja se hace una foto en la Plaza de España de Sevilla. JOSÉ MANUEL VIDAL / EFE
06 de mayo de 2026 a las 10:03h

Antes de entrar en materia, déjenme aclararles que la palabra "amar" engloba muchos significados: amar a tu pareja, a tus padres, a tus amigos, a tus mascotas o a esa persona que idolatras por el motivo que sea... Y sí, solo nos centraremos en seres vivientes; las aficiones y demás gustos inanimados no cuentan.

Amar es dolorosamente placentero. Es pensar en esa persona; o mascota; y que te asalte una sonrisa. O, por el contrario, sentir inquietud al llevar tiempo sin saber nada de su situación.

Es en este último escenario donde empezamos a adentrarnos en el terreno del miedo. No pretendo ser derrotista; a menudo se ensalza la cara luminosa del amor, olvidando que también posee un lado oculto. Un rincón cuya exploración solemos posponer, pero en el que, al sumergirnos, nos santiguamos por si no salimos con vida.

Es una faceta que te corroe por dentro, y para cuando te quieres dar cuenta, estás inmerso hasta las cejas. Sentir miedo a perder a ese ser; porque ya no es solo amor, es algo que se escapa de toda lógica; ya sea porque la vida nos separe, por la muerte, la decepción, el daño o la toxicidad... "Qué negativo eres", pensarán. Ya, pero ¿tenemos la certeza de que ninguna de esas situaciones llegará a darse? No. Y eso da miedo, o incertidumbre cuanto menos.

No negaré que los momentos hermosos existen y han existido. Sin embargo, saber que hay una mínima posibilidad de perderlos, aterra. Muchas personas se refugian en el "carpe diem" para no pensar en el mañana, lo cual es loable. No obstante, resulta muy fácil decirlo, pero no tanto aplicarlo.

La solución quizá pase por escuchar a expertos en la materia y acabar aceptando aquello que no está en nuestra mano cambiar. De hecho, abrazar el estoicismo y dejar que nuestra historia fluya sola es, casi con toda seguridad, la salida más sana. Pero sigue aterrando.

No puedo negar, a la altura de la película que estoy en mi vida, que he pasado por pérdidas. Y aterra. Y duele. Más que cualquier investigación paranormal a la que me haya enfrentado, más que cualquier evidencia de anomalía. Creo que por eso dicen que hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos.

Richard Stine

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Antonio S. Jiménez

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