El Gran Premio de Motociclismo, la Feria de Abril o un macrofestival. No hay por qué irse a grandes eventos multitudinarios para detectar casos de sumisión química. En la discoteca del barrio o incluso en la misma puerta de casa las mujeres pueden sufrir este tipo de violencia que se ha triplicado en los últimos años. Los agresores introducen drogas en los vasos de sus víctimas con el fin de agredirla sexualmente, robarle o maltratarle bajo la influencia de las mismas. Es habitual encontrar GHB (gamma-hidroxibutirato), conocida como droga de las violaciones, un depresor del sistema nervioso que se camufla y no se detecta en los análisis toxicológicos sistemáticos.
En los últimos meses ha ocurrido en El Palmar, donde varias chicas han vivido episodios compatibles con la sumisión química sin su consentimiento. “Esto pasa en todos los pueblos, en todas las fiestas, no solo aquí, pero nosotras hemos decidido movilizarnos”. Son las palabras de las fundadoras de la plataforma Libres y Seguras, una comunidad que surge para prevenir y sensibilizar sobre la violencia machista. En su grupo de WhatsApp hay más de 60 chicas preocupadas por esta situación que motivó al inicio de esta iniciativa en 2023 al trascender el caso de una agresión sexual a una chica que apareció en una duna.
“Investigamos y supimos que hay gente que se lo pasa bien haciendo esto, suministrando drogas muy fuertes que te dejan insconscientes. El problema es que no deja rastro. En 24 horas ya tú no tienes eso en el cuerpo. Por eso es muy difícil denunciar este tipo de agresiones”, explican desde la plataforma, que empezó a conocer más situaciones similares.
"Yo no sabía cómo había llegado a mi casa"
Una de esas historias para no dormir es la de una joven de 34 años que ha compartido su testimonio con lavozdelsur.es. Sufrió una agresión sexual el día de Reyes de hace seis años en la comarca de La Janda. Estaba de fiesta con sus amigos y había bebido voluntariamente. Cuando llegó el momento de marcharse, se despidió de su amiga en una plaza, a dos calles de su casa. “Apareció un amigo de un amigo, nos conocíamos del pueblo, y me dijo que se iba conmigo en la misma dirección porque tenía su coche allí aparcado”, explica.
“Llegó un momento en el que empezó a mostrarme que quería tener algo conmigo y a agarrame de las manos, yo le dije que no pero ahí tengo un fundido a negro”, dice la mujer. Cuando se despertó al día siguiente, le faltaba ropa y su bolso había desaparecido. “Yo no sabía cómo había llegado a mi casa. Otras veces me había emborrachado, me había acostado con tíos, pero esta vez yo no había decidido nada. Yo no era consciente”, expresa.
No descarta que le echaran droga en la bebida. Asegura que nunca había vivido algo así. “Me llevé meses sin salir, me costó verbalizarlo y asumir lo que había pasado. Te levantas con un trauma y con la culpabilidad de qué bebí. Estuve tratándolo con la psicóloga y me vinieron flashes de situaciones muy desagradables dentro de su coche”, detalla.

Esta mujer, como la mayoría, prefiere mantener el anonimato y no ha tenido fuerzas para denunciar. Por su familia, por el sufrimiento y por el estigma que supone. Desde la plataforma Libres y Seguras, que acompañan a las mujeres en estos procesos, trasladan que no suelen obtener resultados y que se suele revictimizar a la víctima.
Realizan una gran labor de concienciación en sus redes sociales y dan la voz de alarma a las autoridades competentes con el objetivo de evitar que se repitan estos casos. Por desgracia, les han cerrado muchas puertas. “No hay protocolo, todo el mundo se limpia las manos, nos han llegado a decir que vemos fantasmas”, lamentan.
“Nos han dicho quiénes son algunos de los que lo hacen, no tenemos pruebas y no queremos culpar a nadie. Lo que realmente queremos es poner en marcha iniciativas para la prevención, con un objetivo disuasorio”, explican desde la plataforma que busca promover cuidados.
Una guía para crear espacios de respeto
El último proyecto de Libres y Seguras consiste en dotar de herramientas a los establecimientos hosteleros, como lugar donde se detecta la mayoría de los casos de sumisión química. Para ello, han configurado una Guía para crear espacios de ocio seguros. La lanzaron justo la semana en la que la Justicia envió a prisión, ocho años después, a los individuos que agredieron sexualmente a una joven en la Feria de Vejer de 2018.

“Esas cosas nos animan a seguir”, dicen desde la plataforma, que está repartiendo diferentes tipos de carteles por los bares, beach clubs y chiringuitos de Conil, El Palmar o Los Caños. La idea es que los cuelguen en sus paredes. En ellos se leen frases como “Aquí venimos a disfrutar, no a incomodar"; "No toleramos conductas que pongan en riesgo a otras personas"; o "Si algo no va bien, el equipo está aquí para ayudarte".
Es una forma de advertir que el personal va a vigilar este tipo de violencia y, de alguna manera, intentar disuadir a quienes tienen la intención de llevarla a cabo. “Esperemos que si ven estos carteles se lo piensen dos veces”, añaden.
Pregunta con Ángela fue la primera campaña que llevó a cabo esta plataforma para activar protocolos y llegó a instalarse en la Feria de Conil. Sin embargo, se dieron cuenta de que “al final, toda la carga recae en la víctima y era ella quien tenía que pedir auxilio”. En este proyecto, el foco se centra en el papel que puede desempeñar el equipo que trabaja en los establecimientos.

A través de esta guía, Libres y Segura ofrece formación a camareros, porteros o propietarios de negocios con el objetivo de que sepan como actuar y que la víctima no sea la que tenga que pedir auxilio. “Si ellos ven cualquier indicio de que algo está pasando, ellos van a prestar el servicio y van a saber cómo hacerlo gracias a este manual”, explican.
Una de las directrices que contempla esta guía es no suministrar líquidos a una persona que se encuentra bajo sumisión química siempre y cuando no sea necesario. “Hay líquidos que pueden activar la droga”, explica la plataforma que también insiste en que lo más importante es llamar a primeros auxilios y, en segundo lugar a la Policía por si la víctima desea denunciar. “Pero no hay que presionar porque es algo muy privado”, dicen.
Esta campaña busca la empatía en la sociedad y recurre a la formación como una medida para prevenir. No todos los establecimientos están dispuestos. “Nos encontrábamos muchísima resistencia por parte de los bares, muchos no están por la labor. Algunos gerentes ni nos hacen caso y se ríen de la propuesta y eso cansa”, expresan.

En cambio, otros sí han mostrado colaboración y se han sumado a esta red de espacios seguros. Es el caso de Mecalito, La Posada, Cervecería Al Sur o La Quilla, en la zona de Los Caños. “Me he apuntado para estar formada de cara a lo que le pueda pasar algún cliente, ya no sólo por lo que me pueda pasar a mí. Y por desarrollar esa empatía, ese tejido social, hay que ayudar”, sostiene Silvia Vega, propietaria de Al Sur y copropietaria de La Quilla.
Ya lleva 14 años en esta zona, aunque la hostelería forma parte de su vida desde que entró a trabajar en una barra con 16 años. “Gracias a la hostelería y a la ayuda de mis padres me he pagado mis estudios”, explica Silvia, que es licenciada en Publicidad, tres máster en Comunicación, doctora en Comunicación y profesora en la UCA.
Compagina los bares con las clases porque “al final la educación pública no es tan rentable”. Sus establecimientos son espacios pensados para todos los públicos con una gastronomía asequible y “precios no extremadamente altos, de hecho, el alcohol no se ha subido”.
Silvia comenta que “no son bares oscuros”, pero considera importante divulgar para concienciar. Sobre todo en un mundo en el que existe una Academia para violadores. Así lo publicó la CNN hace unos días, explicando que es un lugar donde más de 60 millones de hombres han aprendido a agredir sexualmente a las mujeres, a drogaras y a violarlas. “Pienso que hay que organizarse contra estas cosas que están pasando”, dice.
Para ella, sumarse a esta guía es su manera de poner su granito de arena. “Libres y Seguras nos traen la cartelería, nos da la formación y está para lo que necesitemos, no tenemos que pagar nada”, comenta Silvia, que valora la acción.
Desde la plataforma, se esmeran en crear espacios en los que se van a preocupar de que la clientela esté bien, estar protegidas y cuidadas. “Para nosotras estos bares se merecen la Q de calidad”, explican.
Manual para que todas disfruten libres y seguras
Esta guía plantea una estrategia de prevención visible dentro de los locales. Para ello, recomienda colocar carteles claros con mensajes de “respeto, cuidado y apoyo”, dejar claro que el establecimiento actúa ante situaciones de riesgo y asegurar una buena iluminación, especialmente en la barra y en los baños. A esto se suma la formación del personal, que debe estar preparado para detectar señales como desorientación o cambios bruscos de comportamiento, intervenir con rapidez y discreción y, en todo momento, no cuestionar a la persona afectada. El objetivo es que el espacio transmita desde el principio que se han tomado medidas para que todas las personas puedan disfrutar de forma libre y segura.
El manual también pone el foco en el control de las bebidas y en un protocolo de actuación claro ante cualquier incidencia. En este sentido, indica que las bebidas deben entregarse directamente a quien las solicita, que no se deben dejar consumiciones desatendidas en la barra, que hay que vigilar posibles manipulaciones sospechosas y retirar cualquier bebida que genere dudas. Si se detecta una situación de riesgo, el procedimiento pasa por acompañar a la persona a un lugar seguro, no dejarla sola, contactar con personas de confianza si así lo desea, llamar al 112 si presenta síntomas físicos y evitar que se marche con desconocidos.
Los establecimientos interesados en sumarse a esta campaña y entrar a formar parte de la red de espacios de ocio seguros pueden contactar con la plataforma a través de su Instagram @Libresyseguras_lajanda.
Las mujeres que lo necesiten tienen a su disposición teléfonos de atención a víctimas de violencia machista. El teléfono 24 horas 016; Whatsapp: 600 000 016 y el Centro Municipal de la Mujer en Cádiz: 956 21 11 99 (Atención psicológica y jurídica).


