Primera línea de playa. Al fondo, el Faro de Chipiona y los corrales dibujan una postal donde resalta un cordón dunar regenerado con pasarelas de madera. Fue el remedio para que nadie pisara la duna que en otra época llegó a ser tan imponente como la de Bolonia. Vivir en Las Tres Piedras significa disfrutar del litoral. Nada como despertar frente a los pinos con el relajante sonido de las olas. Alfredo Zaragaza, escultor chipionero, es uno de los que no cambian este estilo de vida. En su taller, al aire libre, reposan los cangrejos gigantes que se bañaban en la playa de Las Canteras. Un conjunto escultórico que llama la atención al pasear por este enclave natural de Chipiona que lleva años ansiando su regularización.
Calles con nombres de flores, desde el lirio hasta la amapola, componen el mapa de Las Tres Piedras. Un lugar bastante peculiar que se divide en tres sectores extendidos entre la zona de los beach clubs hasta la laguna de Chipiona. Decisión que tomó el Ayuntamiento para, administrativamente hablando, agilizar la ordenación y regularización de esta ubicación en la que viven unos 900 vecinos en total, entre primeras y segundas residencias.
Cada parcela presenta su propia idiosincrasia. Un paseo por sus calles revela que hay algunas edificadas, otras con tiendas de campaña, otras con autocaravas y otras, con móvil homes. Hay casas que albergan en su interior terreno de Costas y otras que se construyeron en la misma duna, que es una zona de protección medioambiental. También hay quien ha convertido su parcela en un aparcamiento para campers y quienes la tienen completamente abandonada suponiendo un foco de insalubridad.
“Tenemos un barrio muy variopinto”, comenta Cristina Pérez, vecina veterana y secretaria de la asociación vecinal del sector 3, formado por casi 200 residentes repartidos en unas nueve calles que llegan hasta el Pasaje Arraite. La sevillana atraviesa la calle Corales, donde antaño había cultivos de zanahorias, papas o tomates.

“Mi madre vino aquí por primera vez en los años 60, embarazada de mí. Colocaban sus tiendas de campaña en la arena y pasaban el verano. Después, se hicieron casetas de madera”, dice Cristina, hija de las primeras personas que empezaron a instalarse en esta zona catalogada como rústica.
Un día, alguien comenzó a vender parcelas por la zona dando pie a su crecimiento y a la creación de calles. La primera fue Corales. “Mi padre compró una de esas parcelas, dio la señal, de 25.000 pesetas, firmando en una servilleta del emblemático bar de Eduardo”, comenta la vecina.
En este terreno no se podía edificar, pero poco a poco, empezó a crecer un barrio donde “cada uno hizo lo que le dio la gana”. Para tener servicios básicos, el Ayuntamiento dio permiso para extraer luz y agua a través de una maquinaria pagada por las familias que conectaba con la laguna, a unos 5 kilómetros. No todo el mundo pudo sumarse.
“Hubo una época de muchas multas por parte de los distintos ayuntamientos, muchos de los vecinos pensaron que fue una forma de enriquecerse porque multaban a diestro y siniestro, y multas bastante grandes”, recuerda Cristina.

Cada parcela, de nuevo, presenta unas condiciones distintas. En su caso, ella dispone de contador de luz y agua porque sus padres pudieron adoptar esa alternativa. Sin embargo, hay vecinos que tienen luz pero no agua y otros que, directamente, no tienen acceso a ninguno de estos servicios básicos. Algunos se enganchan ilegalmente, otros recurren a placas solares, otros instalan motores de diésel o compran generadores. Medio centenar cayó en la trampa de un estafador que, aprovechando las características del lugar, prometía instalar luz y agua por 3.000 euros. “Aquí cada uno hace lo que puede, esto es una jungla”, dice Cristina.
Cada calle también es diferente porque, al ser privadas, es responsabilidad de los residentes mantenerlas. No pueden asfaltar, pero hay quienes han puesto piedras como medida preventiva a las borrascas, y quienes han colocado un terrizo. “Nosotros pusimos farolas solares y muchas calles han hecho lo mismo. Aquí todas las mejoras corren a nuestro cargo”, explica. Solo la calle Virgen del Carmen, la más larga, es pública y pertenece al Ayuntamiento, que en los últimos días ha realizado trabajos de mantenimiento tras el temporal.
Las Tres Piedras alberga, además, una vía pecuaria intocable, el pasaje Arriate, en el límite del cordón dunar donde viven especies protegidas. Como cualquier otra, es propiedad de la Junta, que bajo ningún concepto quiere transformar este camino lleno de baches “para que no se meta más gente de la que llega ahora”. Según dice la sevillana, “en verano estamos masificados y mucha gente aparca en zona protegida, y nosotros queremos velar por que la duna se mantenga”.
Por tanto, en el desarrollo y mejora de esta zona entran en juego distintas administraciones. Desde la Demarcación de Costas Andalucía Atlántico hasta el Ayuntamiento de Chipiona y la Junta de Andalucía. Ni los propios vecinos, algunos asentados desde hace más de 60 años, tienen muy claro a quien dirigirse cuando surgen problemas.


María acaba de salir de su casa para avisar a Cristina de que ha visto ratas en un rincón lleno de maleza. “Aquí tiran colchones y todo. Solo pido que lo limpie al que le corresponda”, dice. La basura es una de las demandas históricas de este barrio. Pagan la tasa de gestión de residuos, pero se encuentran con carencias.
“Tenemos puntos negros. Hay cinco contenedores que no dan abasto para los que somos. Aunque los duplican en verano, no sirve. Estamos en conversaciones constantes con el Ayuntamiento y cada vez que llamamos, vienen, limpian y se llevan los enseres. Pero claro, eso tarda y se van acumulando. Además la gente no es cívica y tiran los colchones que no les sirven en cualquier lado”, sostiene Cristina mientras un hombre conocido como “el pastor” atraviesa la zona con sus ovejas. “Esto no es urbano, es campo”, insiste.
Cambio de rumbo
La aprobación de la Ley 7/2021, de 1 de diciembre, de impulso para la sostenibilidad del territorio de Andalucía (Lista) supuso un antes y un después. Por primera vez, aparece la figura de la Asimilación Fuera de Ordenación (AFO) y se facilita la regularización de todo lo que se encuentra fuera de los planes urbanísticos de los municipios. Convertir viviendas irregulares en regulares para poder contratar servicios. Un proceso largo y tedioso en el que Las Tres Piedras está inmerso desde 2023, año en el que se crea la asociación del sector 3.
La clave está en los planes especiales de adecuación ambiental y territorial. El gabinete Racero Consultores está elaborando el proyecto de los tres sectores para, entre todos, decidir cómo ordenar el territorio teniendo en cuenta la normativa paisajística y medioambiental.

Según comenta la vecina, las asociaciones llevan desde los años ochenta alzando la voz en busca de soluciones para el lugar. Pero no ha sido hasta hace cinco años cuando se ha puesto en marcha esta ley que ven como un “amparo legal” y que motivó una movilización más fuerte por parte de las asociaciones, y un nivel de compromiso mayor del ayuntamiento.
“Siempre hemos sido los ilegales”, dice Cristina dejando atrás casas en las que, en su mayoría, viven personas mayores con necesidades sanitarias. Ahora, vislumbran luz para el futuro. Eso sí, con paciencia. Para agilizar el proceso, incluso han pensado en crear una confederación de asociaciones. Todos los vecinos van a una y están dispuesto a poner de su parte para arreglarlo.
“Yo lo que quiero es que mi casa esté regularizada, que haya luz, a mí no me hace falta que lleguen más turistas aquí en verano, ni que destrocen este medio natural precioso que tenemos”, comenta la vecina, que apuesta por Las Tres Piedras. Un hogar que le gustaría mantener.


“Lo más fácil es vender tu propiedad e irte a Costa Ballena o a otras zonas. Pero queremos vivir aquí. Nuestros hijos se han criado aquí. Queremos seguir manteniendo este legado en honor a nuestras familias y para que lo sigan disfrutando nuestros hijos y nietos”, añade a unos metros de la orilla.
El enclave les aporta una calidad de vida inigualable. El cantar de los pájaros y el mar marcan la banda sonora de la rutina.
Avances en los planes especiales
Desde la asociación del sector 3, aseguran que el Ayuntamiento de Chipiona trabaja de la mano. “Está por ayudar sabiendo que es una zona compleja por cómo ha sido su historia. Ha crecido de una forma desmesurada y sin ninguna ordenación. Hemos llegado a pagar IBI urbano durante casi 20 años y esto es rústico”, añade la secretaria.
Sus esperanzas están puestas en los planes especiales. Un proceso “muy lento”, que va dando sus pasos. Según explica el delegado de Urbanismo de Chipiona, Pepe Mellado, los sectores 1 y 2 ya han presentado sus proyectos mientras que el del sector 3 está en admisión a trámite, a la espera de unos informes para poder enviarlos a la Junta.
“Para aprobar un plan especial participan siete consejerías. En el sector 1 y 2 la Junta echó para atrás algunas cosas. Por ejemplo, nos han pedido un estudio de sonoridad y de contaminación acústica. Para eso hay que contratar una serie de profesionales que tú le tienes que pagar para hacerlo. Eso nos cuesta dinero. Pero si no lo llevamos, nos lo echa para atrás”, explica Cristina.

Según comenta el delegado, el proceso “se está dilatando más de lo que yo quisiera”. Sin embargo, están teniendo reuniones para plantear propuestas y que no se paralice.
“No supone ningún coste para las arcas municipales, todo corre a cargo de los propietarios. Supondrían ingresos considerables, organización, servicios básicos y eliminar la contaminación difusa del acuífero”, detalla Mellado.
“La Junta de Andalucía también ha estado un poco recelosa, porque son proyectos nuevos. Muchas veces ellos desconocen el territorio y ponen pegas donde realmente no debería de haberlas. Yo también quiero que esto vaya más rápido, que quede claro”, expresa.
El delegado también explica que estos planes no solo mejoran la calidad de vida sino también el medio ambiente al contemplar la reforestación, el incremento de pantallas vegetales o la fijación de CO2. “Nosotros lo vemos como una oportunidad, porque si resolvemos ese problema, también pueden venir inversores a desarrollar la zona que está más vacía”, explica.



