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Move your soul: caramelos de un desconocido

Seleccionaremos con sumo cuidado un par de personajes que creemos susceptibles de tener razones esotéricas, psiquiátricas o policiales para enmascararse.

Comenzaba H.P. Lovecraft su ensayo El horror sobrenatural en la literatura con una frase digna de su epitafio: “La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”.

Desde que un tal Rudy Martínez se hiciera llamar “Question Mark” y declarara ser un marciano capaz de viajar al futuro hasta que un grupo de metal extremo de Iowa decidiera salpimentar su música con máscaras de payasos cancerosos y moteros con pinchos, aquella emoción atávica ha funcionado tan bien en el rock’n roll que siempre corremos el riesgo de encontrarnos ante un truco comercial.

Seleccionaremos con sumo cuidado un par de personajes que sí creemos susceptibles de tener razones esotéricas, psiquiátricas o policiales para enmascararse.

Sopor Aeternus

Sopor Aeternus and the Ensemble of Shadows es el proyecto de Anna-Varney Cantodea, pseudónimo tras el que se esconde un individuo que siempre aparece bajo un tupido velo de maquillaje que deforma sus rasgos. En sus escasas entrevistas ha insinuado que adora a Júpiter y Saturno (Jusa) y que sufrió abusos en su infancia solitaria, en la que descubrió cómo invocar a un grupo de espíritus (The Ensemble of Shadows), quienes supuestamente interpretan la mayoría de los instrumentos. A ellos dedica su música.

Se dice que su apellido, Cantodea, viene a significar algo así como “yo canto, deidad”. Difícil dilucidar si detrás de todo hay una verdadera alma atormentada que ha encontrado en el canto su salvación, y no más bien un cachondo mental o una fullería estética digna de otras bandas del Neue Deutsche Todeskunt (como Das Ich): Anna, que nació hombre, ha permanecido inaccesible durante más de veinticinco años de carrera y nunca ha dado conciertos “frente a humanos”.

En cualquier caso, la depresión suicida de nuestro personaje no impide un negro sentido del humor. En su blog recomienda recetas de galletitas y en “The Urine Song” canta

Once you’ve washed your face in piss, you’ll realise its sacred bliss.
You’ll never waste that precious gold
open your hands … and make a bowl!

Al vídeo anexado lo precede la siguiente indicación: “Contemplen una fabulosa producción de A.V.C. presentando un documento cinematográfico de la mayor importancia y la más divina belleza… cinema vérité”.  Júzguelo usted mismo.

Devil Doll

En 1987, un tal Mr. Doctor pone un anuncio en Italia buscando músicos bajo el epígrafe: “Es menos probable que un hombre sea grande cuanto más está dominado por la razón; pocos pueden alcanzar la grandeza -y nadie en el arte- si no están dominados por la ilusión”.

Poco es lo que se sabe de él; dicen que había huido de Eslovenia. Su proyecto ha sido llamado a menudo “la secta de Devil Doll”, y abordaba temas siniestros en canciones de no menos de 20 minutos (en el caso de su debut, con silencios de igual duración), y en una ocasión agrupadas en una canción de casi 80. En un principio había dos filiales, una en Italia y otra en Yugoslavia. Su primer disco tenía la portada pintada a mano y sólo disfrutó de una copia, guardada hasta hoy en casa del Doctor: estaba proyectada como una “pintura aural” a modo de talismán.

Mr. Doctor dice poseer 40.000 vinilos de este y otros planetas. Su nombre se conoció gracias a la publicación de su libro 45 Revolutions (A definitive discography of UK punk, mod, powerpop, new wave, NWOBHM, and indie singles 1976–1979, Volume I): Mario Panciera.

Don Bradsham Leather
Don Bradsham Leather.

Nada sabemos, para variar, sobre Don Bradsham Leather (a menudo incorrectamente transcrito como Bradshaw), si es que ese es su verdadero nombre. Sólo tenemos un ignoto disco de 1972 de música instrumental e inquietante,

Distance Between Us, y un ser indescriptible en la portada. En la contraportada aparece la misma criatura atacando a una mujer desnuda, cual si de un horrísono sacrificio se tratara.

En este caso, casi preferimos que sea una parida.

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