Opinión

La caza del maestro: en el 83 aniversario del asesinato de Teófilo Azabal

83 años después aún seguimos sin saber dónde enterraron tus verdugos tus restos y los de miles de víctimas como tú

Este jueves 18 de julio tendrá lugar en nuestra ciudad, en el lugar conocido como Parque Scout -un nombre muy poco apropiado por la fuerte carga simbólica y la significación histórica que el sitio tiene-, una serie de actos de homenaje a los jerezanos/as, y vecinos de otras poblaciones cercanas, que fueron víctimas de la violencia fascista de 1936 y años siguientes. Las palabras que siguen, aunque dedicadas al recuerdo de una de esas víctimas, el maestro Teófilo Azabal Molina, deben entenderse como contribución a ese homenaje y, a la vez, como reivindicación para que las fosas comunes que se presume existen en ese lugar del antiguo cementerio de Santo Domingo, y donde se presume igualmente que están enterrados sus restos, se abran de una vez.

La feroz represión y la violencia desatadas por la tropas coloniales de élite del ejército africanista español contra la población y participantes en la Revolución de Asturias de octubre de 1934 vino a revelarse, andando el tiempo, como un anticipo y un ensayo general de lo que iba a ser la actuación de estas mismas tropas contra la población indefensa de aquellos lugares en los que triunfó la sublevación militar iniciada el 17 de julio de 1936, precisamente en el Protectorado español de Marruecos.

Y en este sentido la propuesta que hacía el periódico local de nuestra ciudad El Guadalete en su edición de 16 de noviembre de 1934 clamando a las autoridades del Estado para que aplicara un severo y necesario castigo a los maestros en general, y a los asturianos en particular, por, decía el diario, ser los responsables de haber llevado el marxismo a las escuelas y a las mentes infantiles, puede y debe ser vista igualmente como otra anticipación de la saña y violencia ciega que, andando el tiempo también, se abatiría como un vendaval sobre este grupo profesional en Jerez y en toda España, sobre todo contra aquellos más comprometidos con el programa reformista que encarnaba la II República en la cultura, la escuela y la educación, los más comprometidos con las nuevas ideas y programas de renovación escolar y con las necesidades que tenía la escuela del momento. Las consecuencias de esta petición de 1934 que hacía el diario de castigo ejemplar para esos maestros y maestras y la petición de un cirujano de hierro que sirviera de termocauterio que queme hasta la última huella “socialista” en la escuela, no tardarían en llegar, y no solamente para los maestros asturianos. Y llegó bajo la misma forma de violencia extrema y muerte que en la Asturias de octubre de 1934. Como tampoco tardó en llegar la limpieza inmediata del Magisterio, prohibiendo la sindicación marxista, [decía El Guadalete] revisando las inspecciones, reformando, si es preciso, la legislación en materia de enseñanza…

Teófilo Azabal Molina fue uno de esos maestros que en Jerez pagó con su vida en 1936, y de qué manera, la acción quirúrgica de ese cirujano de hierro por el que tanto clamaba El Guadalete en 1934, aunque en esta ocasión dicho cirujano no aparecía revestido de bata blanca sino del uniforme caqui de unos militares fascistas y felones traidores al gobierno legalmente constituido y del azul falangista.

A la caza del maestro

¿Quién era este maestro al que tanto temían y del que tanto abominaban los sectores sociales más conservadores y católicos de la ciudad de Jerez ¿Quién era este maestro al que el párroco de Santiago, Fco. Corona, en sus vergonzosos y poco cristianos informes acusatorios que dirigía a la Comisión Provincial de Cádiz de Depuracion del Magisterio, presentaba como persona de la que “todas sus referencias eran pésimas? ¿Quién era este maestro, esposo y padre de familia, al que tanto odiaban estos grupos sociales y políticos del nuevo régimen implantado por la fuerza de las armas como para creer justificado su asesinato en los últimos días de agosto de 1936? Teófilo Azabal había nacido a las 11 de la mañana del día 8 de septiembre de 1893 en la calle de la Travesía de la Iglesia del pueblo de Fuentelespino de Haro (Cuenca). Eran sus padres Bernardino Azabal, de profesión Maestro de Instrucción Primaria y su madre Anastasia Molina. Era ya “maestro” desde su juventud, antes de iniciar formalmente sus estudios, pues ejerció frecuentemente como monitor en las escuelas que servía su padre y desde esa época ya sentía un verdadero cariño por esta profesión, a pesar de los sinsabores y del cortísimo sueldo que por su padre ya sabía que le esperaba si estudiaba Magisterio.

El maestro Azabal.

Con 22 años terminó la carrera de  Maestro Superior  en la escuela Normal de Cuenca  en el año 1914, comenzando a trabajar como maestro interino en 1915 en la escuela graduada del Hospicio de Madrid y Escuela Graduada Juan de Austria. En 1916 ganó una plaza por oposición  en el turno libre y pasó a trabajar en la Graduada modelo Dos de Mayo, también de Madrid, y luego en el Grupo Cervantes. Llegó a Jerez en octubre 1925 como maestro de sección de la Graduada Carmen Benítez, en el barrio de Santiago, encargándose de su dirección en julio de 1929. Estaba casado Teófilo con Evencia Pascual Achutegui con quien tuvo dos hijas a las que quería con verdadera pasión, Matilde, la mayor y la pequeña Pilar, que también fue maestra.

Desde su llegada a Jerez en 1925 ya se reveló Teófilo Azabal no solo como un apasionado defensor de la escuela nacional, la escuela pública, sino como un maestro cumplidor, apasionado por su trabajo y preocupado por estar siempre al día en las últimas innovaciones en la  escuela y  en los movimientos de renovación pedagógica de la época. En mayo de 1929, por ejemplo, encabeza una solicitud al Ayuntamiento,  junto con otros tres compañeros pidiendo que se les subvencionara un viaje de estudios para visitar en Madrid y Barcelona un grupo de escuelas punteras en la introducción de esas innovaciones pedagógicas, entre ellas la conocida Escuela Baixeras de la ciudad condal, o la también conocida Escuela de la Florida de Madrid. El objetivo: aprender de lo realizado en estas escuelas para aplicarlo en su quehacer diario de sus respectivas escuelas en Jerez. Ya antes de su llegada a Jerez había mostrado Azabal esta preocupación por su perfeccionamiento profesional. Sabemos que después de serle denegadas por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) dos becas o pensiones para viajar al extranjero, por fin, se le concedió una de esas becas para viajar en 1935 a Bélgica, Holanda y Francia con el fin de estudiar la organización de instituciones escolares.

La bien ganada fama de Teófilo como maestro innovador culminó  en su nombramiento, en 1933, con los cambios introducidos por la II República en la organización de la Inspección Escolar, como Maestro-Inspector.

Con la llegada de la Segunda República Teófilo Azabal experimenta un cambio radical en sus ideas políticas, tal vez, entre otras razones, por su identificación con el programa republicano en cultura y en educación, que ya empezaban a desarrollar los primeros gobiernos republicanos Este cambio experimentado en Azabal lo lleva a abrazar los postulados e ideas defendidas por el Partido Socialista Obrero Español, en torno a 1932, llegando a ser nombrado presidente de la Agrupación Socialista local en enero de 1933 con Retamero a su lado como secretario de la misma.

Como inspector de zona, Azabal era, entre otras funciones, responsable de velar para que las directrices emanadas desde los diferentes órganos republicanos de gobierno en cuanto a la aplicación del principio de laicidad en las escuelas, según lo establecido en el artículo 48 de la Constitución republicana, se cumplieran. El desempeño de esta función, además de su personal defensa a ultranza de este mismo principio de laicidad en las escuelas y de la escuela pública le creó enemigos rencorosos, poderosos e irreconciliables que no estaban dispuestos a olvidar, entre ellos la Iglesia, los sostenedores de los centros de enseñanza privados y religiosos y sus responsables. Y no olvidaron, no.

Una vez que la ciudad cae en manos de esos militares fascistas sublevados encabezados en la ciudad por el entonces comandante Salvador Arizón Mejías, Teófilo Azabal es, obligado, en primer lugar, a abandonar la vivienda que ocupaba como director de la escuela Carmen Benítez, cuya entrada estaba por la calle Marqués de Cádiz, y apenas 10 días después es detenido y conducido a la Prisión de Partido de Jerez. En la soledad de su celda, y seguramente convencido ya del trágico final que le aguardaba tuvo que tragarse y soportar el dolor más lacerante que pueden sufrir unos padres: el 10 de agosto, unos pocos días antes de que lo fusilaran, recibe la noticia de que su hija mayor, Matide, de tan solo 14 años, había fallecido a causa de una fatal peritonitis tuberculosa. No pudo asistir a su entierro. No sé de dónde se han sacado algunos investigadores que ¡la amistad que le unía al comandante golpista Salvador Arizón, en un gesto de piedad de este último, habría permitido a Azabal salir de la cárcel para asistir al entierro de su hija el 11 de agosto! No es creíble esto.

El día 12 de agosto, desde la prisión, escribía al ayuntamiento solicitando que se le concediera a la familia la compra de la sepultura que desde el día anterior ocupaba el cadáver de su adolescente hija Matilde. Tal vez, Azabal, presintiendo su próximo final, confiaba en que su propio cuerpo descansara en el mismo lugar que en que descansaban los restos de su querida hija. No, querido Teófilo, no. Para vergüenza y sonrojo internacional de este país, 83 años después aún seguimos sin saber dónde enterraron tus verdugos tus restos y los de miles de víctimas como tú. En recuerdo de todas ellas va este escrito.

Nota: La expresión “a la caza del maestro” fue empleada por el profesor Josep Fontana en un artículo publicado en El País el 10 de agosto de 2006 sobre el asesinato a manos de unos falangistas, el 8 de agosto de 1936, del también maestro Daniel González Linacero.

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