Jerezanos en el olvidoCulturaCrónicas con solera

Gonzalo de Padilla, el cura que sacó el Pendón de Jerez en procesión

El párroco de San Lucas escribió una de las primeras historias de Jerez en pleno Siglo de Oro.

El párroco de San Lucas escribió una de las primeras historias de Jerez en pleno Siglo de Oro.

Hace unos meses oímos hablar de Gonzalo de Padilla y encontramos, casi por casualidad, su obra de Historia de Xerez de la Frontera en una de las múltiples librerías de la ciudad; una edición de bolsillo de Agrija creada para divulgar su obra y que por el interés que posee bien merece esta pequeña reseña. Aunque haya sido prácticamente olvidado, la importancia de este jerezano resulta fundamental para todo aquel que desee adentrarse en la historia de Jerez y más concretamente en los sucesos que conciernen a la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna en nuestra localidad. ¿Quién era este paisano nuestro? Gonzalo de Padilla fue un cura beneficiado de la parroquia de San Lucas, a caballo entre el XVI y XVII. Suya es una de las primeras obras de historia de nuestra ciudad, que empezó a escribir con setenta y dos años, dejándonos el siguiente testimonio:

“Setenta y dos años tengo este de 1606 quando esto escribo y me duele en el alma ver lo que veo con lo que vi”.

Se ha dicho de él que la base de su obra radica en escritos de autores como el licenciado Francisco del Castillo. Las fuentes documentales no son claras al respecto pero lo que sí parece es que Padilla influyó en títulos posteriores como la Historia de José Ángelo Dávila.

Su obra describe la conquista de la ciudad, en el siglo XIII, y los tiempos que transcurrieron hasta la época en la que él mismo vivió. El párroco señala curiosidades como que en su fundación poseía el título de Hasta Regia, y que debemos esta a Julio César, dato que no hace sino crear un mito sobre el origen glorioso de nuestra ciudad. Por otro lado, resulta interesante ver cómo para Gonzalo de Padilla la etapa musulmana supone un paréntesis en la Historia de España, una época que no puede ser considerada como nuestra ya que remonta el origen de la cultura española a los tiempos de Don Rodrigo, el último rey visigodo, que se enfrentó al ejército de Tarik en la batalla del Guadalete (711 d.C). Es por este motivo que en su obra no encontramos ni descripción ni mención especial a los musulmanes, ni siquiera de su herencia, ya que sólo los menciona para relatar las batallas que tuvieron lugar contra estos en el marco cronológico de la Reconquista.
Reseñable es, por otro lado, que Gonzalo Padilla comente y describa los tiempos que le tocaron vivir, realizando una valoración de su época y dando una opinión sobre los hechos que describe a lo largo del tiempo. De esta forma, nos da a conocer, mediante continuos saltos cronológicos, su particular visión de lo que le rodea. Aunque pueda cuestionarse en muchos aspectos la objetividad de sus planteamientos, hay que decir a su favor que utiliza textos del Archivo Municipal, como sucede en el caso de dos privilegios que transcribe en su obra para darle veracidad a sus argumentos. Este hecho nos muestra que el sacerdote jerezano hizo una labor de documentación para poder dar solidez a sus conjeturas, algo que para nada es comparable en los escritos que nos quedan de aquellos tiempos. Por otra parte, Gonzalo de Padilla nos habla de la riqueza de la ciudad y lo hace de la siguiente forma:

“Es ciudad de buen terreno, y proveída de todo lo que pueda haver menester, mayormente de quatro cosas, las más importantes trigo, ganado de todo género y especialmente vino y aceyte, aunque en esta era padece falta”.

En su libro resalta la importancia de la cría de caballos, una de las fuentes principales de riqueza para Jerez, ya que podemos establecer una relación de esta con la relevancia de la ciudad en el terreno militar, sin restar tampoco trascendencia al papel del que goza la agricultura. Señala además que la cercanía al mar hace de Jerez un punto estratégico cardinal, así como una fuente añadida de riqueza.

Jerezanos del Siglo de Oro: “Son en general los naturales de esta ciudad de buenos ingenios (…) el que se aplica a las armas, bueno y práctico soldado, y el que a las letras, curioso y docto”

Vemos también un sentimiento de añoranza por los tiempos pasados y una profunda preocupación por las penurias por las que pasa la ciudad a finales del siglo XVI, ya que para Padilla la localidad está atravesando una profunda crisis que causó el abandono de la ciudad por gran parte de sus habitantes. Esto tuvo como consecuencia que los campos del entorno de Jerez no fueran debidamente explotados pero, al mismo, nos sorprende cómo critica la ociosidad de un importante sector de la población. Esto, que puede recordarnos a los tiempos que hoy en día vivimos, no debe separarse de una situación que era similar en buena parte del continente europeo.

Europa, y en concreto España, atravesaron una dura crisis durante el siglo XVII. Epidemias, hambrunas y guerras contribuyeron a crear una sensación para los coetáneos de profunda decandencia en casi todos los aspectos de la vida. Por ello lo que vemos en el Jerez de Padilla es el caso de un municipio que sufría y compartía las desgracias de una época vistas bajo la óptica de un autor de ese momento histórico.

Ante lo que hemos expuesto, no debe extrañarnos que Padilla fuera también una persona preocupada por los asuntos políticos y por ello ligada a la institución municipal. A él, según sus escritos, debemos que el Pendón de la ciudad salga en procesión pues intervino en el Cabildo Municipal con este fin. Hasta la fecha de su intervención, que data en 1594, el Pendón se había estado guardado siempre en la iglesia mayor y logró que lo sacarán imitando a otras ciudades de la zona.

“Yo pedí en el cavildo el año 1594 que, pues, en otras ciudades sacavan el día que se habían ganado a los moros los pendones con que consiguieron la victoria en memoria de la que Dios le dio con ellos, y el pendón con que esta ciudad la alcanso estava guardado y depositado e la Yglesia mayor, sería bien que se llevare en la procesión el día de San Dionisio, lo qual se me concedió y lo lleva don Cristóval de la Cueva, alguacil mayor”.

Con respecto a los jerezanos del Siglo de Oro, el beneficiado de San Lucas exalta sus virtudes pero a su vez señala sus defectos, y por ello consideramos interesante compartir una de sus reflexiones sobre esto:

“Son en general los naturales de esta ciudad de buenos ingenios y acuden a las facultades a que se inclinan con aprovechamiento, el que se aplica a las armas bueno y práctico soldado, y el que a las letras curioso y docto, sino que padecen una falta, que no puedo pasarla en silencio, y es que son pocos los que se dan a ello por no salir de andar de su livertad y oziosidad, y de esto hablando con la venía que devo tienen la culpa los padres por permitir a sus hijos semejantes remisión y descuido”.

A más de uno de nuestros lectores podrá parecerle muy cercana esta preocupación del autor por la educación de los jóvenes así como muy certera la claridad con la que señala a los padres como responsables de ese mal. Hecho que nos debe hacer caer en la simplicidad de considerar la historia como una rueda o un ciclo en el que todo se repite una y otra vez. Si es cierto que acercándonos a ella podemos encontrar respuestas a las cuestiones que nos plantea nuestro tiempo y, por eso, esperamos haber despertado en el lector el interés por la vida y por la obra de este jerezano caído en el olvido.

Bibliografía:

De Padilla, Gonzalo. (2008). Historia de Xerez de la Frontera (siglos XIII- XVI). Agrija.
García Cárcel, Ricardo. (1991). Manual de Historia de España: 3.Siglos XVI-XVII. Historia 16.
Kinder, Hermann. (2006). Atlas Histórico Mundial (I): De los orígenes a la Revolución Francesa. Akal.

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