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Los jóvenes de Zaragoza que dedican sus vacaciones a sacar sonrisas a mayores y hospitalizados en Jerez: "Verlos nos alegra el día"

Un grupo de 40 alumnos y alumnas de los Marianistas de la capital aragonesa acompañan a ancianos y a pacientes de larga duración de San Juan Grande para amenizar su estancia

  • Los jóvenes voluntarios juegan al parchís en la residencia de mayores de San Juan Grande en Jerez. -

Las ansiadas vacaciones han llegado para algunos mientras otros aún sueñan con ellas. Hay quienes se van a la playa, a la piscina, al cine o se quedan en casa disfrutando del placer de no hacer nada. Y hay personas que, en lugar de estar tumbadas a la bartola bajo el sol, dedican su tiempo libre a mejorar la vida de los demás. ¿Qué hace el alumnado cuando acaba la Selectividad? Puede irse de fiesta, pero también apuntarse a un voluntariado. Es el caso de 40 jóvenes que han elegido viajar de Zaragoza a Jerez este mes de julio para participar en diversas actividades de ayuda social. Son alumnos de los Marianistas de la capital aragonesa y, a través del programa de voluntariado de su centro escolar, durante dos semanas, pernoctan en el colegio de esta orden religiosa.

Una vez más, la juventud rompe estereotipos y se anima a pasar un verano diferente empaquetando pasta o preparando bocadillos en un comedor social, y ayudando en un economato o acompañando a mayores y a pacientes ingresados. Estos días 20 estudiantes se reparten entre la residencia y el hospital de San Juan Grande en Jerez. El resto está en el hogar Siloé o en el comedor del Salvador.

Pepi González juega al parchís con Juan Grabalos, Íñigo Curel y Pedro Mendivis. La mujer, de 78 años afincada en Jerez pero natural del municipio sevillano de El Pedroso, mueve las fichas para ganar a estos tres maños de 17 y 18 años. “Son simpatiquisimos”, expresa esta anciana que llegó a la residencia cuando empezó a notar problemas de movilidad en sus piernas. Desde la silla de ruedas comparte con lavozdelsur.es que, antes de su entrada, tenía una peña donde pasaba las tardes con sus amigos y vecinos. “Cuando podía andar iba cada fin de semana y jugábamos al parchís y al dominó” comenta recordando aquellos tiempos.

  • Pepi González junto al voluntario Juan Grabalos.
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  • Pedro, Juan e Íñigo comparten momentos de juego y risas con los mayores.
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Está encantada de compartir estos momentos con chicos como Juan, que antes de empezar la universidad para estudiar ADE y Derecho ha querido probar una experiencia nueva. “Lo que me motiva es ver a la gente mayor feliz y hacerles pasarlo bien. Desde siempre he tenido mucha admiración y mucho respeto por las personas mayores y me gusta mucho pasar tiempo con ellas”, sostiene.

Para Íñigo, que el próximo curso estudiará ADE, también es una satisfacción poder tender su mano para una buena causa. No es la primera vez que se apunta a algo así. Hace dos años viajó junto a otros tres amigos a Senegal, donde estuvo dos semanas en un centro infantil. “Fue bastante duro pero estuvo bien”, dice el joven, que describe cómo se siente.

“Ves que hay mayores que disfrutan de tu compañía y nosotros de ellos. Estoy bastante contento y muy cómodo con ellos. Saber que estás haciendo algo por otra persona, te anima a seguir haciéndolo y les ves sonrisas en la cara”, expresa. Mientras recoge el dado para tirar otra vez, Íñigo reflexiona que “los jóvenes no se animan tanto”. Y cree que se inscribirían muchos más si experimentaran la acción al menos un día. “Si le dieran una oportunidad y viesen realmente lo que se hace aquí, cómo te sientes al final y lo que provocas en la gente, yo creo que habría más voluntarios”, comenta.

  • Los voluntarios realizan problemas matemáticos con los mayores.
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  • Un voluntario mantiene una conversación con un mayor.
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Pedro acaba de mover su ficha roja dos casillas. Para él, los programas de voluntariado suelen ser desconocidos para la mayoría. “ Yo creo que hay poco marketing. Parece una cosa aburrida pero cuando estás ya dentro está súper bien. Hay mucha gente que no tiene a nadie que le acompañe”, dice este futuro estudiante de Sistemas Industriales.

Es su primera vez como voluntario y asegura que estos días “están siendo increíbles”. Lo recomienda porque “es una manera de acercarte a los más mayores, de que te cuenten historias pasadas, que son una pasada, y una forma entretenida de hacer bien a la sociedad”.

Alicia Navasa, zaragozana de 17 años, acaba de ayudar a un mayor a hacer varios problemas de matemáticas y divisiones al mismo tiempo que otras compañeras preparaban la mesa para el almuerzo. “Creo que este tipo de cosas no las proponen lo suficiente, porque parece que te tienes que mover mucho para poder apuntarte, pero no lo es. Igual si lo pusiesen más fácil se animaría más gente”, dice Alicia que aspira a entrar en el grado de Ingeniería Biomédica.

  • Alicia Navasa, una de las jóvenes voluntarias procedentes de Zaragoza.
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  • Las voluntarias ponen la mesa para el almuerzo.
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Ya había participado en recogidas de alimentos en supermercados y ayudando en un comerdo social en Madrid. “Nunca había estado en una residencia de ancianos y me ha encantado. Estoy segura de que me llevo mucho más de lo que he dejado aquí”, dice con alegría.

Conversaciones intergeneracionales

En el hospital, Diego Ventura, de 18 años pregunta a Jaime cómo se encuentra. El joven se ha sentado al lado de este jerezano de 57 años al que le amputaron la pierna izquierda el mes pasado. La operación que tenía prevista se complicó por una bacteria que acabó dejándole sin una de las extremidades. “Estuve más de un año con un tratamiento, pero no había manera de curarla”, lamenta Jaime, que se encuentra en un proceso de rehabilitación para que, en breves, cuente con una prótesis que le permita moverse de forma independiente.

  • El voluntario Diego charla con Jaime, paciente de larga duración en el Hospital San Juan Grande.
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Mientras tanto, es un paciente de larga duración al vivir solo y su casa no estar adaptada para desplazarse en silla de ruedas. “Nos alegra el día ver a gente joven y sana”, expresa el jerezano mirando a Diego, que alguna vez había colaborado en comedores sociales.

“Es una actividad que nuestro colegio lleva haciendo muchos años y de la que nos hablan muy bien siempre, por eso venimos con ganas de hacerla”, dice el joven, que estudiará Marketing con la intención de acabar convirtiéndose en bombero.

Según explica Remedios Melgar, coordinadora de voluntariado de San Juan Grande, este programa se organiza cada verano y se suma a otros que se realizan en época navideña o en Semana Santa. “Tenemos mucha demanda de pacientes de larga duración, que están solos, no tienen red familiar, y la verdad que agradecen mucho su visita”, añade.

  • Remedios Melgar, coordinadora de los programas de voluntariado, junto a Jaime.
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Jaime y Diego hablan desde el banco. Los casi 40 años que les separan no son un impedimento para que puedan disfrutar de un buen rato, olvidando por un momento la dura realidad. Las interacciones intergeneracionales aportan tanto al veterano como al pequeño. “Las conversaciones están en la cultura, no en la edad”, dice el paciente.

  • Parte del grupo de jóvenes voluntarios en San Juan Grande.

Diego, Alicia, Juan, Pedro o Íñigo se marcharán el próximo martes 28 de julio con más días libres por delante y con la mochila cargada de solidaridad, cariño y buenos recuerdos.

Las ansiadas vacaciones han llegado para algunos mientras otros aún sueñan con ellas. Hay quienes se van a la playa, a la piscina, al cine o se quedan en casa disfrutando del placer de no hacer nada. Y hay personas que, en lugar de estar tumbadas a la bartola bajo el sol, dedican su tiempo libre a mejorar la vida de los demás. ¿Qué hace el alumnado cuando acaba la Selectividad? Puede irse de fiesta, pero también apuntarse a un voluntariado. Es el caso de 40 jóvenes que han elegido viajar de Zaragoza a Jerez este mes de julio para participar en diversas actividades de ayuda social. Son alumnos de los Marianistas de la capital aragonesa y, a través del programa de voluntariado de su centro escolar, durante dos semanas, pernoctan en el colegio de esta orden religiosa.

Una vez más, la juventud rompe estereotipos y se anima a pasar un verano diferente empaquetando pasta o preparando bocadillos en un comedor social, y ayudando en un economato o acompañando a mayores y a pacientes ingresados. Estos días 20 estudiantes se reparten entre la residencia y el hospital de San Juan Grande en Jerez. El resto está en el hogar Siloé o en el comedor del Salvador.

Pepi González juega al parchís con Juan Grabalos, Íñigo Curel y Pedro Mendivis. La mujer, de 78 años afincada en Jerez pero natural del municipio sevillano de El Pedroso, mueve las fichas para ganar a estos tres maños de 17 y 18 años. “Son simpatiquisimos”, expresa esta anciana que llegó a la residencia cuando empezó a notar problemas de movilidad en sus piernas. Desde la silla de ruedas comparte con lavozdelsur.es que, antes de su entrada, tenía una peña donde pasaba las tardes con sus amigos y vecinos. “Cuando podía andar iba cada fin de semana y jugábamos al parchís y al dominó” comenta recordando aquellos tiempos.

  • Pepi González junto al voluntario Juan Grabalos.
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  • Pedro, Juan e Íñigo comparten momentos de juego y risas con los mayores.
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Está encantada de compartir estos momentos con chicos como Juan, que antes de empezar la universidad para estudiar ADE y Derecho ha querido probar una experiencia nueva. “Lo que me motiva es ver a la gente mayor feliz y hacerles pasarlo bien. Desde siempre he tenido mucha admiración y mucho respeto por las personas mayores y me gusta mucho pasar tiempo con ellas”, sostiene.

Para Íñigo, que el próximo curso estudiará ADE, también es una satisfacción poder tender su mano para una buena causa. No es la primera vez que se apunta a algo así. Hace dos años viajó junto a otros tres amigos a Senegal, donde estuvo dos semanas en un centro infantil. “Fue bastante duro pero estuvo bien”, dice el joven, que describe cómo se siente.

“Ves que hay mayores que disfrutan de tu compañía y nosotros de ellos. Estoy bastante contento y muy cómodo con ellos. Saber que estás haciendo algo por otra persona, te anima a seguir haciéndolo y les ves sonrisas en la cara”, expresa. Mientras recoge el dado para tirar otra vez, Íñigo reflexiona que “los jóvenes no se animan tanto”. Y cree que se inscribirían muchos más si experimentaran la acción al menos un día. “Si le dieran una oportunidad y viesen realmente lo que se hace aquí, cómo te sientes al final y lo que provocas en la gente, yo creo que habría más voluntarios”, comenta.

  • Los voluntarios realizan problemas matemáticos con los mayores.
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  • Un voluntario mantiene una conversación con un mayor.
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Pedro acaba de mover su ficha roja dos casillas. Para él, los programas de voluntariado suelen ser desconocidos para la mayoría. “ Yo creo que hay poco marketing. Parece una cosa aburrida pero cuando estás ya dentro está súper bien. Hay mucha gente que no tiene a nadie que le acompañe”, dice este futuro estudiante de Sistemas Industriales.

Es su primera vez como voluntario y asegura que estos días “están siendo increíbles”. Lo recomienda porque “es una manera de acercarte a los más mayores, de que te cuenten historias pasadas, que son una pasada, y una forma entretenida de hacer bien a la sociedad”.

Alicia Navasa, zaragozana de 17 años, acaba de ayudar a un mayor a hacer varios problemas de matemáticas y divisiones al mismo tiempo que otras compañeras preparaban la mesa para el almuerzo. “Creo que este tipo de cosas no las proponen lo suficiente, porque parece que te tienes que mover mucho para poder apuntarte, pero no lo es. Igual si lo pusiesen más fácil se animaría más gente”, dice Alicia que aspira a entrar en el grado de Ingeniería Biomédica.

  • Alicia Navasa, una de las jóvenes voluntarias procedentes de Zaragoza.
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  • Las voluntarias ponen la mesa para el almuerzo.
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Ya había participado en recogidas de alimentos en supermercados y ayudando en un comerdo social en Madrid. “Nunca había estado en una residencia de ancianos y me ha encantado. Estoy segura de que me llevo mucho más de lo que he dejado aquí”, dice con alegría.

Conversaciones intergeneracionales

En el hospital, Diego Ventura, de 18 años pregunta a Jaime cómo se encuentra. El joven se ha sentado al lado de este jerezano de 57 años al que le amputaron la pierna izquierda el mes pasado. La operación que tenía prevista se complicó por una bacteria que acabó dejándole sin una de las extremidades. “Estuve más de un año con un tratamiento, pero no había manera de curarla”, lamenta Jaime, que se encuentra en un proceso de rehabilitación para que, en breves, cuente con una prótesis que le permita moverse de forma independiente.

  • El voluntario Diego charla con Jaime, paciente de larga duración en el Hospital San Juan Grande.
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Mientras tanto, es un paciente de larga duración al vivir solo y su casa no estar adaptada para desplazarse en silla de ruedas. “Nos alegra el día ver a gente joven y sana”, expresa el jerezano mirando a Diego, que alguna vez había colaborado en comedores sociales.

“Es una actividad que nuestro colegio lleva haciendo muchos años y de la que nos hablan muy bien siempre, por eso venimos con ganas de hacerla”, dice el joven, que estudiará Marketing con la intención de acabar convirtiéndose en bombero.

Según explica Remedios Melgar, coordinadora de voluntariado de San Juan Grande, este programa se organiza cada verano y se suma a otros que se realizan en época navideña o en Semana Santa. “Tenemos mucha demanda de pacientes de larga duración, que están solos, no tienen red familiar, y la verdad que agradecen mucho su visita”, añade.

  • Remedios Melgar, coordinadora de los programas de voluntariado, junto a Jaime.
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Jaime y Diego hablan desde el banco. Los casi 40 años que les separan no son un impedimento para que puedan disfrutar de un buen rato, olvidando por un momento la dura realidad. Las interacciones intergeneracionales aportan tanto al veterano como al pequeño. “Las conversaciones están en la cultura, no en la edad”, dice el paciente.

  • Parte del grupo de jóvenes voluntarios en San Juan Grande.

Diego, Alicia, Juan, Pedro o Íñigo se marcharán el próximo martes 28 de julio con más días libres por delante y con la mochila cargada de solidaridad, cariño y buenos recuerdos.

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