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Una calabaza de 300 kilos deja a toda Sevilla con la boca abierta

El tradicional concurso de frutas gigantes bate sus propios récords en este pueblo que ya ha conseguido dos Récords Guinness por un racimo de uvas de más de 10 kilos y una fritada de tomates que pesó 2.662

  • Las hermanas Rosa y Aurora Rodríguez Caballero con su calabaza de 293,8 kilos.

Que lo de este pueblo de la provincia de Sevilla es de auténtico récord no es ninguna frase hecha ni ninguna fórmula de chovinismo utilizada por sus 39.000 habitantes, sino un dato empírico del que levantaron acta los empleados del Récord Guinness llegados desde Londres el 15 de junio de 2013.

Fue aquel día cuando este municipio que hoy por hoy produce 16 millones de kilos de tomates cada año, con la mitad de la superficie de invernadero de toda la provincia de Sevilla, consiguió batir el récord que hasta entonces ostentaba un municipio norteamericano por la mayor fritada de tomates del mundo.

La que consiguió hacerse en un parque del pueblo, en una perola de dimensiones bíblicas y con la participación de la mayoría de los hosteleros locales, arrojó un peso neto de 2.662 kilos. Se repartieron tantos platitos de fritá aquel día que todos los palaciegos pudieron mojar pan y, como en la multiplicación evangélica, hasta sobró para el día siguiente.

Fue así como Los Palacios y Villafranca, el único pueblo del planeta que ha parido tres campeones del mundo de fútbol –Navas, Fabián y Gavi- formó parte por primera vez de la célebre publicación de mayores exageraciones internacionales. Pero es que solo un lustro después, en el verano de 2018, lo volvió a hacer. Y esta vez no con tomates –su producto estrella-, sino con un racimo de uvas.

Lo presentó al tradicional concurso de frutas gigantes que organiza el Ayuntamiento el agricultor Sebastián Gómez Falcón, y casi no podía levantarlo con una sola mano: el racimo pesó 10 kilos y 120 gramos, y enseguida se volvió a llamar a los responsables de Récord Guinness en la confianza de que iban a tener que volver a este municipio del Bajo Guadalquivir. Dicho y hecho.

  • El agricultor Sebastián Gómez, que se ha llevado el primer premio por su racimo de uvas gigante, junto al alcalde y el certificado de Récord Guinness que consiguió en 2018.
  • -

Ya desde aquella época en la que el pueblo se acostumbró a estos récords, el universo futbolístico tuvo que poner el foco en el municipio porque no solo empezaron a surgir campeones de fútbol como excelencias de la tierra, sino que el propio consistorio y la asociación de productores de tomates inició la costumbre de regalarles su peso en tomates a cuantos campeones del mundo volvieran a su tierra cual Ítaca de Ulises, dicho sea esto con la intención de coincidir con la famosa Odisea que el director Nolan acaba de regalarnos en la gran pantalla. Lo hizo con Jesús Navas cuando el entonces jugador del Sevilla FC se proclamó campeón del mundo en 2010, al regresar de Sudáfrica. Lo volvieron a hacer con el propio Navas, Fabián Ruiz Peña y Pablo Páez Gavira (Gavi) cuando los tres regresaron triunfantes de la Nations League en 2023.

Y esta misma semana lo han vuelto a hacer con estos dos últimos futbolistas tras proclamarse campeones del mundo una vez más con esta España triunfadora que ha devuelto a sus 26 héroes a cada hogar de la mano del seleccionador Luis de la Fuente.

  • El palaciego Sebastián Gómez, con uno de los exagerados racimos de uva presentados este año.
  • -

Pues bien, la semana no ha terminado aún cuando el mismo pueblo sevillano vuelve a sorprender con el famoso concurso de frutas gigantes que hunde sus raíces en la época en la que el pueblo celebraba una feria de farolillos que coincidía con la cosecha y el día de su Patrona, la ya coronada canónicamente (en 2023) Virgen de las Nieves. Aunque la feria es ya a finales de septiembre y la Virgen sigue procesionando cada 5 de agosto, el concurso de sandías, uvas y calabazas gigantes sigue fijo en un calendario que lo espera cada año con el asombro de quienes se han acostumbrado a un milagro cada año.

  • El alcalde de Los Palacios, Juan Manuel Valle, en su intervención durante el concurso de hoy.
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Esta vez, las sandías negras no han estado muy allá: 28,5 kilos para el primer premio que se ha llevado Álvaro Domínguez González; 28 kilos el ejemplar presentado por Aurora Rodríguez Caballero y que ha conseguido el segundo premio; y 26,5 kilos la sandía presentada por Nicolás Domínguez y que se ha llevado el tercer premio. Tampoco han sorprendido demasiado las sandías rayadas. Rosa Rodríguez Caballero ha presentado la más gorda, que ha pesado 32 kilos. El segundo premio ha sido para su hermana Aurora, con 29,5 kilos; y el tercero para Álvaro Domínguez, con un ejemplar de 28 kilos.

En el apartado de racimos de uvas layrén, el ya tan conocido Sebastián Gómez Falcón, un auténtico mago del campo, ha vuelto a proclamarse campeón con un espectacular racimo de 3 kilos y 783 gramos. El segundo puesto, con un racimo de 3 kilos y 273 gramos, ha sido para Encarna Amuedo Melgarejo; y el tercero, para Álvaro Domínguez González, con un racimo de 2 kilos y 747 gramos.

  • Retrato de familia con los concursantes de este año en Los Palacios y Villafranca.
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Ha sido en uva emparrada donde Sebastián ha vuelto a hacer de las suyas, hasta el punto de que por poco no bate su propio récord: el racimo le ha pesado 9 kilos y 641 gramos. El segundo, de Francisco Amuedo Melgarejo, ha pesado 8 kilos y 309 gramos. Y el tercero, de Ana Caballero Martín, 7 kilos y 627 gramos.

Una calabaza para todo el pueblo

Pero la gran sorpresa de la jornada la ha dado la calabaza presentada por Aurora Rodríguez Caballero: ha pesado 293 kilos y 800 gramos, lo nunca visto en este municipio acostumbrado a sus propios productos hiperbólicos y que ya tenía su propio récord de calabaza gigante desde la época de la pandemia del coronavirus, cuando la calabaza de la propia Aurora pesó 180 kilos. Aquello pareció el no va más, después de un lustro presentado calabazas que rondaban los 120 kilos y antes de seguir presentando ejemplares de ese calibre.

  • Las hermanas Rodríguez Caballero, con uno de sus ejemplares de calabazas gigantes.
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Lo que ocurre casi todos los años es que el conocido restaurante local Manolo Mayo –donde se ha celebrado este año el concurso y que ahora tiene ya dos sucursales en pleno centro de Sevilla- le compra el ejemplar Aurora primero para lucirlo en sus instalaciones y después para dar cuenta de su calidad en cuantos guisos se van presentando en sus fogones. Con esta calabaza de casi 300 kilos habría para darle de comer a todo el pueblo.

Por si fuera poco, Rosa, la hermana de Aurora, ha presentado otro ejemplar que no se queda muy atrás: 271 kilos y 800 gramos. Los dos ejemplares se resistieron a la báscula utilizada habitualmente por el concurso y tuvieron que ser trasladados a una báscula especial aportada por el restaurante. El tercer premio, para un ejemplar presentado por Álvaro Domínguez, ha pesado solamente 146 kilos.

Entre las tres calabazas ganadoras han arrojado un peso de más de 700 kilos, lo cual está muy lejos aún de la mayor calabaza del mundo, cultivada por los hermanos gemelos británicos Stuart e Ian Paton y que arrojó el año pasado un peso de 1.278 kilos, después de medio siglo intentando llegar a tales dimensiones. Esta última calabaza cosechada por estos hermanos británicos necesitó más de 500 litros de agua diarios y llegó a crecer hasta 30 kilos por día.

 

Que lo de este pueblo de la provincia de Sevilla es de auténtico récord no es ninguna frase hecha ni ninguna fórmula de chovinismo utilizada por sus 39.000 habitantes, sino un dato empírico del que levantaron acta los empleados del Récord Guinness llegados desde Londres el 15 de junio de 2013.

Fue aquel día cuando este municipio que hoy por hoy produce 16 millones de kilos de tomates cada año, con la mitad de la superficie de invernadero de toda la provincia de Sevilla, consiguió batir el récord que hasta entonces ostentaba un municipio norteamericano por la mayor fritada de tomates del mundo.

La que consiguió hacerse en un parque del pueblo, en una perola de dimensiones bíblicas y con la participación de la mayoría de los hosteleros locales, arrojó un peso neto de 2.662 kilos. Se repartieron tantos platitos de fritá aquel día que todos los palaciegos pudieron mojar pan y, como en la multiplicación evangélica, hasta sobró para el día siguiente.

Fue así como Los Palacios y Villafranca, el único pueblo del planeta que ha parido tres campeones del mundo de fútbol –Navas, Fabián y Gavi- formó parte por primera vez de la célebre publicación de mayores exageraciones internacionales. Pero es que solo un lustro después, en el verano de 2018, lo volvió a hacer. Y esta vez no con tomates –su producto estrella-, sino con un racimo de uvas.

Lo presentó al tradicional concurso de frutas gigantes que organiza el Ayuntamiento el agricultor Sebastián Gómez Falcón, y casi no podía levantarlo con una sola mano: el racimo pesó 10 kilos y 120 gramos, y enseguida se volvió a llamar a los responsables de Récord Guinness en la confianza de que iban a tener que volver a este municipio del Bajo Guadalquivir. Dicho y hecho.

  • El agricultor Sebastián Gómez, que se ha llevado el primer premio por su racimo de uvas gigante, junto al alcalde y el certificado de Récord Guinness que consiguió en 2018.
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Ya desde aquella época en la que el pueblo se acostumbró a estos récords, el universo futbolístico tuvo que poner el foco en el municipio porque no solo empezaron a surgir campeones de fútbol como excelencias de la tierra, sino que el propio consistorio y la asociación de productores de tomates inició la costumbre de regalarles su peso en tomates a cuantos campeones del mundo volvieran a su tierra cual Ítaca de Ulises, dicho sea esto con la intención de coincidir con la famosa Odisea que el director Nolan acaba de regalarnos en la gran pantalla. Lo hizo con Jesús Navas cuando el entonces jugador del Sevilla FC se proclamó campeón del mundo en 2010, al regresar de Sudáfrica. Lo volvieron a hacer con el propio Navas, Fabián Ruiz Peña y Pablo Páez Gavira (Gavi) cuando los tres regresaron triunfantes de la Nations League en 2023.

Y esta misma semana lo han vuelto a hacer con estos dos últimos futbolistas tras proclamarse campeones del mundo una vez más con esta España triunfadora que ha devuelto a sus 26 héroes a cada hogar de la mano del seleccionador Luis de la Fuente.

  • El palaciego Sebastián Gómez, con uno de los exagerados racimos de uva presentados este año.
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Pues bien, la semana no ha terminado aún cuando el mismo pueblo sevillano vuelve a sorprender con el famoso concurso de frutas gigantes que hunde sus raíces en la época en la que el pueblo celebraba una feria de farolillos que coincidía con la cosecha y el día de su Patrona, la ya coronada canónicamente (en 2023) Virgen de las Nieves. Aunque la feria es ya a finales de septiembre y la Virgen sigue procesionando cada 5 de agosto, el concurso de sandías, uvas y calabazas gigantes sigue fijo en un calendario que lo espera cada año con el asombro de quienes se han acostumbrado a un milagro cada año.

  • El alcalde de Los Palacios, Juan Manuel Valle, en su intervención durante el concurso de hoy.
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Esta vez, las sandías negras no han estado muy allá: 28,5 kilos para el primer premio que se ha llevado Álvaro Domínguez González; 28 kilos el ejemplar presentado por Aurora Rodríguez Caballero y que ha conseguido el segundo premio; y 26,5 kilos la sandía presentada por Nicolás Domínguez y que se ha llevado el tercer premio. Tampoco han sorprendido demasiado las sandías rayadas. Rosa Rodríguez Caballero ha presentado la más gorda, que ha pesado 32 kilos. El segundo premio ha sido para su hermana Aurora, con 29,5 kilos; y el tercero para Álvaro Domínguez, con un ejemplar de 28 kilos.

En el apartado de racimos de uvas layrén, el ya tan conocido Sebastián Gómez Falcón, un auténtico mago del campo, ha vuelto a proclamarse campeón con un espectacular racimo de 3 kilos y 783 gramos. El segundo puesto, con un racimo de 3 kilos y 273 gramos, ha sido para Encarna Amuedo Melgarejo; y el tercero, para Álvaro Domínguez González, con un racimo de 2 kilos y 747 gramos.

  • Retrato de familia con los concursantes de este año en Los Palacios y Villafranca.
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Ha sido en uva emparrada donde Sebastián ha vuelto a hacer de las suyas, hasta el punto de que por poco no bate su propio récord: el racimo le ha pesado 9 kilos y 641 gramos. El segundo, de Francisco Amuedo Melgarejo, ha pesado 8 kilos y 309 gramos. Y el tercero, de Ana Caballero Martín, 7 kilos y 627 gramos.

Una calabaza para todo el pueblo

Pero la gran sorpresa de la jornada la ha dado la calabaza presentada por Aurora Rodríguez Caballero: ha pesado 293 kilos y 800 gramos, lo nunca visto en este municipio acostumbrado a sus propios productos hiperbólicos y que ya tenía su propio récord de calabaza gigante desde la época de la pandemia del coronavirus, cuando la calabaza de la propia Aurora pesó 180 kilos. Aquello pareció el no va más, después de un lustro presentado calabazas que rondaban los 120 kilos y antes de seguir presentando ejemplares de ese calibre.

  • Las hermanas Rodríguez Caballero, con uno de sus ejemplares de calabazas gigantes.
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Lo que ocurre casi todos los años es que el conocido restaurante local Manolo Mayo –donde se ha celebrado este año el concurso y que ahora tiene ya dos sucursales en pleno centro de Sevilla- le compra el ejemplar Aurora primero para lucirlo en sus instalaciones y después para dar cuenta de su calidad en cuantos guisos se van presentando en sus fogones. Con esta calabaza de casi 300 kilos habría para darle de comer a todo el pueblo.

Por si fuera poco, Rosa, la hermana de Aurora, ha presentado otro ejemplar que no se queda muy atrás: 271 kilos y 800 gramos. Los dos ejemplares se resistieron a la báscula utilizada habitualmente por el concurso y tuvieron que ser trasladados a una báscula especial aportada por el restaurante. El tercer premio, para un ejemplar presentado por Álvaro Domínguez, ha pesado solamente 146 kilos.

Entre las tres calabazas ganadoras han arrojado un peso de más de 700 kilos, lo cual está muy lejos aún de la mayor calabaza del mundo, cultivada por los hermanos gemelos británicos Stuart e Ian Paton y que arrojó el año pasado un peso de 1.278 kilos, después de medio siglo intentando llegar a tales dimensiones. Esta última calabaza cosechada por estos hermanos británicos necesitó más de 500 litros de agua diarios y llegó a crecer hasta 30 kilos por día.

 

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