Las playas y terrazas sin humo dividen opiniones: del "me gusta una cerveza y un cigarro" al "el no fumador no tiene por qué aguantarlo"
Fumadores y no fumadores se enfrentan a una nueva realidad que obligará a cambiar hábitos. Algunos aseguran que buscarán otro lugar para encenderse un cigarro, mientras otros celebran que el humo deje de acompañar sus comidas y sus días de playa
El proyecto de reforma de la ley antitabaco avanza hacia el Congreso con una ampliación de los espacios sinhumo que afecta de lleno a dos escenarios habituales del verano: las terrazas y las playas. La norma, aprobada este martes por el Consejo de Ministros, plantea prohibir fumar en las terrazas de bares y restaurantes, en las playas marítimas y fluviales, en piscinas de uso colectivo y en otros espacios al aire libre. También equipara a los cigarrillos tradicionales los vapeadores y otros productos relacionados con el consumo de tabaco.
En Valdelagrana, donde el paseo entre la arena y las terrazas permite tomar el pulso a una de las costumbres más arraigadas del verano, la medida encuentra opiniones enfrentadas. Hay quien celebra que el humo desaparezca de las mesas y quien considera excesivo que se imponga también en una playa abierta. Entre ambos extremos aparece una posición intermedia: la de quienes fuman y estarían dispuestos a apartarse, siempre que exista un lugar habilitado para hacerlo.
Un hombre fumando en la terraza de un bar.
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JUAN CARLOS TORO
La escena cotidiana ayuda a entender el debate. En las terrazas no resulta extraño encontrar un mechero sobre la mesa, junto a una bebida, aunque también hay clientes que se levantan para fumar lejos de sus hijos o de quienes están comiendo. En la playa se ven menos cigarrillos, pero sí pequeños ceniceros que algunos fumadores llevan consigo para no dejar las colillas en la arena. Lamentablemente, también se pueden ver colillas por la arena. La nueva norma pretende cambiar también esas rutinas.
Entre el cigarro de la terraza y el cenicero en la arena
El paseo por Valdelagrana comienza con una imagen que todavía forma parte de la normalidad de cualquier jornada de verano. En las terrazas, los fumadores encienden un cigarro mientras conversan o terminan una cerveza. "Lo que me gusta es una cerveza y un cigarro", resume a lavozdelsur.esMaría del Mar Domínguez Carretero, de 64 años, que lleva fumando desde los 16.
La nueva prohibición le parece "patética" y no cree que vaya a cambiar su hábito. "No voy a dejar de fumar porque me pongan una ley. Si tengo que fumar debajo de una palmera, lo hago", asegura. Su postura es clara: si la norma impide encender el cigarro en la terraza, buscará otro lugar.
Un cigarro en la playa antes de la nueva ley antitabaco, que prohibirá fumar en estos espacios.
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JUAN CARLOS TORO
En la arena, sin embargo, la conversación cambia ligeramente. La propia entrevistada no fuma en la playa desde hace años. No lo hace por una cuestión de prohibiciones, sino por una razón mucho más sencilla: las colillas. "Me dan mucho asco las colillas en la playa", explica. Por eso entiende la medida cuando se trata de proteger el entorno, aunque su opinión sobre las terrazas sea completamente distinta. Es una de las contradicciones que aparecen al recorrer la playa: no todos los fumadores defienden fumar en cualquier sitio ni todos los no fumadores perciben de la misma manera los espacios sin humo.
A pocos metros, la nueva ley genera una reacción diferente. Julián Fernández no fuma y celebra que se amplíen las zonas donde estará prohibido hacerlo. El humo, explica, le provoca malestar, especialmente cuando está sentado en una terraza y la persona que tiene al lado enciende un cigarrillo. "El no fumador no tiene por qué aguantar el humo que expulsa un fumador que tiene al lado", afirma.
Su preferencia se extiende también a la playa. Para él, la prohibición debería aplicarse "en cualquier sitio donde haya personas". El motivo no es únicamente el olor. También menciona las sustancias que contiene el humo y que pueden inhalar quienes se encuentran cerca. En invierno, cuenta, suele refugiarse en los interiores, donde ya no se permite fumar. En verano, en cambio, sale a las terrazas y ahí es donde nota con mayor frecuencia la presencia del tabaco.
"Si hay niños, yo me retiro"
La reforma se encuentra con una realidad que ya existe en muchas familias. Melanie Espejo fuma, pero tiene niños y explica que acostumbra a apartarse cuando quiere encender un cigarrillo. No necesita una prohibición para hacerlo. "Yo estoy cenando con familia y amigos, yo me retiro, siempre, a donde no haya gente", cuenta. Su razonamiento es sencillo: si hay menores alrededor, prefiere alejarse.
Por eso no rechaza de plano la reforma. "Si se prohíbe tampoco lo veo mal", reconoce. Lo que sí considera necesario es que la norma tenga en cuenta a quienes continúen fumando. "A mí no me importaría moverme", asegura, siempre que exista algún espacio donde hacerlo. Su propuesta pasa por habilitar zonas concretas para fumadores, también en las terrazas: "Debería haber, a lo mejor, la esquina, las dos o tres mesas, o una mesa, incluso, con un cenicero".
La idea plantea una convivencia que, para ella, ya practica de forma cotidiana. Fumar no tiene por qué significar hacerlo junto a todo el mundo, pero tampoco entiende que la única alternativa sea regresar a casa. La futura ley, tal y como está planteada, amplía considerablemente los espacios donde no se podrá fumar, también al aire libre, aunque las zonas específicas para fumadores no forman parte de las prohibiciones anunciadas.
Entre los bañistas también hay quien considera que la playa debería quedar fuera de esta ampliación. Concha González López dejó de fumar en 2001 después de cinco décadas con el tabaco. Llegó a consumir dos paquetes diarios y recuerda que abandonar el hábito no fue sencillo.
Su experiencia no le lleva a defender que se prohíba fumar en todos los espacios. En las terrazas puede entender que se adopten medidas cuando hay mucha gente, pero Valdelagrana le parece un caso diferente. "Una playa como Valdelagrana, que es inmensa, me parece absurdo", sostiene.
Los ciudadanos opinan sobre la nueva ley antitabaco que prohibirá fumar en espacios públicos.
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JUAN CARLOS TORO
"Cuando te prohíben una cosa, te entran más ganas"
La gran incógnita para quienes conversan sobre la nueva norma es si realmente conseguirá reducir el número de fumadores. El Gobierno sostiene que la reforma responde a la evolución de los hábitos de consumo y, especialmente, al crecimiento de productos como los cigarrillos electrónicos. Según los datos de ESTUDES 2025 citados por Sanidad, el 49,5% de los jóvenes de entre 14 y 18 años ha probado alguna vez estos dispositivos.
La norma pretende equiparar los cigarrillos electrónicos, tengan o no nicotina, y otros productos relacionados con el tabaco a los productos tradicionales en los espacios donde esté prohibido fumar. También incluye las hierbas para fumar, la shisha y otros artículos que imiten el acto de fumar. Las bolsas de nicotina quedan fuera de esa equiparación en los espacios sin humo, aunque su consumo estará prohibido entre menores.
Para Julián Fernández, la ampliación tiene sentido porque los vapeadores también pueden contener nicotina y porque, desde su punto de vista, deben aplicarse criterios similares. Otros usuarios, sin embargo, no tienen tan claro que la regulación vaya a producir un cambio real en el consumo. "Frena un poquito y entiendo que los fumadores dejen de tragaros el humo", apunta Roberto Estévez Vega. Pero considera que, sin una aplicación estricta, el efecto será limitado.
Su argumento se basa en lo ocurrido con otras prohibiciones. "Se prohibió en los campos de fútbol y la gente sigue fumando. Se prohibió en algunos bares y a ciertas horas se sigue fumando", recuerda. Por eso cree que la diferencia estará en el cumplimiento. "Si de verdad se aplicara la ley y fuésemos estrictos y se multara de verdad, yo te digo que se conseguiría prácticamente lo que planea esta ley", afirma.
Concha González tampoco cree que las restricciones sean suficientes para que alguien abandone el tabaco. Desde su experiencia como exfumadora, considera que dejarlo exige una decisión personal. "Las fumadoras, cuando dejamos de fumar es porque estamos convencidas de dejarlo, no porque nos obliguen", sostiene. Incluso cree que una prohibición puede generar el efecto contrario: "Cuando te prohíben una cosa, pienso que te entran más ganas".
Una fumadora con su cenicero en la playa.
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JUAN CARLOS TORO
El verano que viene, el cigarro tendrá menos lugares
La reforma todavía tiene recorrido parlamentario antes de convertirse en ley. El Gobierno deberá remitir el proyecto al Congreso, donde se abrirá el periodo de enmiendas y se estudiará el texto en la Comisión de Sanidad antes de llegar al Pleno. Si supera esta fase, pasará al Senado y, después, deberá ser promulgada y publicada en el BOE.
Cuando entre en vigor, la prohibición afectará a las terrazas de bares y restaurantes, pero también a playas, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas y recintos donde se celebren espectáculos públicos al aire libre. Además, se establecerá una distancia de 15 metros respecto a los accesos de determinados edificios públicos, centros sanitarios, educativos, sociales, culturales, instalaciones deportivas y parques infantiles.
La norma también endurece las restricciones sobre publicidad, promoción y patrocinio, incluyendo internet, máquinas expendedoras y acciones de promoción directa o indirecta. Recupera, además, el Observatorio para la Prevención del Tabaquismo, desaparecido en 2014, con funciones de seguimiento y coordinación de las políticas de prevención.
En Valdelagrana, mientras tanto, la reforma todavía pertenece al futuro. Hoy se puede caminar por la arena y encontrar opiniones distintas a pocos metros de distancia. Unos fuman con su pequeño cenicero al lado, y otros prefieren que el humo desaparezca de las playas y de las terrazas. Y hay quienes, como Melanie, ya se levantan de la mesa para apartarse de los demás antes de encender un cigarro.
En una terraza, el mechero sigue descansando junto al vaso. En la arena, las colillas son visibles y algunos fumadores las guardan consigo. La futura ley pretende que ambas escenas dejen de formar parte de la rutina. La respuesta de quienes pasan el verano en Valdelagrana anticipa el debate que llegará con ella.
El proyecto de reforma de la ley antitabaco avanza hacia el Congreso con una ampliación de los espacios sinhumo que afecta de lleno a dos escenarios habituales del verano: las terrazas y las playas. La norma, aprobada este martes por el Consejo de Ministros, plantea prohibir fumar en las terrazas de bares y restaurantes, en las playas marítimas y fluviales, en piscinas de uso colectivo y en otros espacios al aire libre. También equipara a los cigarrillos tradicionales los vapeadores y otros productos relacionados con el consumo de tabaco.
En Valdelagrana, donde el paseo entre la arena y las terrazas permite tomar el pulso a una de las costumbres más arraigadas del verano, la medida encuentra opiniones enfrentadas. Hay quien celebra que el humo desaparezca de las mesas y quien considera excesivo que se imponga también en una playa abierta. Entre ambos extremos aparece una posición intermedia: la de quienes fuman y estarían dispuestos a apartarse, siempre que exista un lugar habilitado para hacerlo.
Un hombre fumando en la terraza de un bar.
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JUAN CARLOS TORO
La escena cotidiana ayuda a entender el debate. En las terrazas no resulta extraño encontrar un mechero sobre la mesa, junto a una bebida, aunque también hay clientes que se levantan para fumar lejos de sus hijos o de quienes están comiendo. En la playa se ven menos cigarrillos, pero sí pequeños ceniceros que algunos fumadores llevan consigo para no dejar las colillas en la arena. Lamentablemente, también se pueden ver colillas por la arena. La nueva norma pretende cambiar también esas rutinas.
Entre el cigarro de la terraza y el cenicero en la arena
El paseo por Valdelagrana comienza con una imagen que todavía forma parte de la normalidad de cualquier jornada de verano. En las terrazas, los fumadores encienden un cigarro mientras conversan o terminan una cerveza. "Lo que me gusta es una cerveza y un cigarro", resume a lavozdelsur.esMaría del Mar Domínguez Carretero, de 64 años, que lleva fumando desde los 16.
La nueva prohibición le parece "patética" y no cree que vaya a cambiar su hábito. "No voy a dejar de fumar porque me pongan una ley. Si tengo que fumar debajo de una palmera, lo hago", asegura. Su postura es clara: si la norma impide encender el cigarro en la terraza, buscará otro lugar.
Un cigarro en la playa antes de la nueva ley antitabaco, que prohibirá fumar en estos espacios.
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JUAN CARLOS TORO
En la arena, sin embargo, la conversación cambia ligeramente. La propia entrevistada no fuma en la playa desde hace años. No lo hace por una cuestión de prohibiciones, sino por una razón mucho más sencilla: las colillas. "Me dan mucho asco las colillas en la playa", explica. Por eso entiende la medida cuando se trata de proteger el entorno, aunque su opinión sobre las terrazas sea completamente distinta. Es una de las contradicciones que aparecen al recorrer la playa: no todos los fumadores defienden fumar en cualquier sitio ni todos los no fumadores perciben de la misma manera los espacios sin humo.
A pocos metros, la nueva ley genera una reacción diferente. Julián Fernández no fuma y celebra que se amplíen las zonas donde estará prohibido hacerlo. El humo, explica, le provoca malestar, especialmente cuando está sentado en una terraza y la persona que tiene al lado enciende un cigarrillo. "El no fumador no tiene por qué aguantar el humo que expulsa un fumador que tiene al lado", afirma.
Su preferencia se extiende también a la playa. Para él, la prohibición debería aplicarse "en cualquier sitio donde haya personas". El motivo no es únicamente el olor. También menciona las sustancias que contiene el humo y que pueden inhalar quienes se encuentran cerca. En invierno, cuenta, suele refugiarse en los interiores, donde ya no se permite fumar. En verano, en cambio, sale a las terrazas y ahí es donde nota con mayor frecuencia la presencia del tabaco.
"Si hay niños, yo me retiro"
La reforma se encuentra con una realidad que ya existe en muchas familias. Melanie Espejo fuma, pero tiene niños y explica que acostumbra a apartarse cuando quiere encender un cigarrillo. No necesita una prohibición para hacerlo. "Yo estoy cenando con familia y amigos, yo me retiro, siempre, a donde no haya gente", cuenta. Su razonamiento es sencillo: si hay menores alrededor, prefiere alejarse.
Por eso no rechaza de plano la reforma. "Si se prohíbe tampoco lo veo mal", reconoce. Lo que sí considera necesario es que la norma tenga en cuenta a quienes continúen fumando. "A mí no me importaría moverme", asegura, siempre que exista algún espacio donde hacerlo. Su propuesta pasa por habilitar zonas concretas para fumadores, también en las terrazas: "Debería haber, a lo mejor, la esquina, las dos o tres mesas, o una mesa, incluso, con un cenicero".
La idea plantea una convivencia que, para ella, ya practica de forma cotidiana. Fumar no tiene por qué significar hacerlo junto a todo el mundo, pero tampoco entiende que la única alternativa sea regresar a casa. La futura ley, tal y como está planteada, amplía considerablemente los espacios donde no se podrá fumar, también al aire libre, aunque las zonas específicas para fumadores no forman parte de las prohibiciones anunciadas.
Entre los bañistas también hay quien considera que la playa debería quedar fuera de esta ampliación. Concha González López dejó de fumar en 2001 después de cinco décadas con el tabaco. Llegó a consumir dos paquetes diarios y recuerda que abandonar el hábito no fue sencillo.
Su experiencia no le lleva a defender que se prohíba fumar en todos los espacios. En las terrazas puede entender que se adopten medidas cuando hay mucha gente, pero Valdelagrana le parece un caso diferente. "Una playa como Valdelagrana, que es inmensa, me parece absurdo", sostiene.
Los ciudadanos opinan sobre la nueva ley antitabaco que prohibirá fumar en espacios públicos.
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JUAN CARLOS TORO
"Cuando te prohíben una cosa, te entran más ganas"
La gran incógnita para quienes conversan sobre la nueva norma es si realmente conseguirá reducir el número de fumadores. El Gobierno sostiene que la reforma responde a la evolución de los hábitos de consumo y, especialmente, al crecimiento de productos como los cigarrillos electrónicos. Según los datos de ESTUDES 2025 citados por Sanidad, el 49,5% de los jóvenes de entre 14 y 18 años ha probado alguna vez estos dispositivos.
La norma pretende equiparar los cigarrillos electrónicos, tengan o no nicotina, y otros productos relacionados con el tabaco a los productos tradicionales en los espacios donde esté prohibido fumar. También incluye las hierbas para fumar, la shisha y otros artículos que imiten el acto de fumar. Las bolsas de nicotina quedan fuera de esa equiparación en los espacios sin humo, aunque su consumo estará prohibido entre menores.
Para Julián Fernández, la ampliación tiene sentido porque los vapeadores también pueden contener nicotina y porque, desde su punto de vista, deben aplicarse criterios similares. Otros usuarios, sin embargo, no tienen tan claro que la regulación vaya a producir un cambio real en el consumo. "Frena un poquito y entiendo que los fumadores dejen de tragaros el humo", apunta Roberto Estévez Vega. Pero considera que, sin una aplicación estricta, el efecto será limitado.
Su argumento se basa en lo ocurrido con otras prohibiciones. "Se prohibió en los campos de fútbol y la gente sigue fumando. Se prohibió en algunos bares y a ciertas horas se sigue fumando", recuerda. Por eso cree que la diferencia estará en el cumplimiento. "Si de verdad se aplicara la ley y fuésemos estrictos y se multara de verdad, yo te digo que se conseguiría prácticamente lo que planea esta ley", afirma.
Concha González tampoco cree que las restricciones sean suficientes para que alguien abandone el tabaco. Desde su experiencia como exfumadora, considera que dejarlo exige una decisión personal. "Las fumadoras, cuando dejamos de fumar es porque estamos convencidas de dejarlo, no porque nos obliguen", sostiene. Incluso cree que una prohibición puede generar el efecto contrario: "Cuando te prohíben una cosa, pienso que te entran más ganas".
Una fumadora con su cenicero en la playa.
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JUAN CARLOS TORO
El verano que viene, el cigarro tendrá menos lugares
La reforma todavía tiene recorrido parlamentario antes de convertirse en ley. El Gobierno deberá remitir el proyecto al Congreso, donde se abrirá el periodo de enmiendas y se estudiará el texto en la Comisión de Sanidad antes de llegar al Pleno. Si supera esta fase, pasará al Senado y, después, deberá ser promulgada y publicada en el BOE.
Cuando entre en vigor, la prohibición afectará a las terrazas de bares y restaurantes, pero también a playas, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas y recintos donde se celebren espectáculos públicos al aire libre. Además, se establecerá una distancia de 15 metros respecto a los accesos de determinados edificios públicos, centros sanitarios, educativos, sociales, culturales, instalaciones deportivas y parques infantiles.
La norma también endurece las restricciones sobre publicidad, promoción y patrocinio, incluyendo internet, máquinas expendedoras y acciones de promoción directa o indirecta. Recupera, además, el Observatorio para la Prevención del Tabaquismo, desaparecido en 2014, con funciones de seguimiento y coordinación de las políticas de prevención.
En Valdelagrana, mientras tanto, la reforma todavía pertenece al futuro. Hoy se puede caminar por la arena y encontrar opiniones distintas a pocos metros de distancia. Unos fuman con su pequeño cenicero al lado, y otros prefieren que el humo desaparezca de las playas y de las terrazas. Y hay quienes, como Melanie, ya se levantan de la mesa para apartarse de los demás antes de encender un cigarro.
En una terraza, el mechero sigue descansando junto al vaso. En la arena, las colillas son visibles y algunos fumadores las guardan consigo. La futura ley pretende que ambas escenas dejen de formar parte de la rutina. La respuesta de quienes pasan el verano en Valdelagrana anticipa el debate que llegará con ella.
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