Odiseo tardó diez años en volver a Ítaca. En El Puerto de Santa María llevamos casi el mismo tiempo esperando un autobús urbano digno, y la travesía, lejos de acabar, parece alargarse cada verano un poco más. La última escala de esta odisea es el anuncio, otra vez a bombo y platillo, de que el servicio será gratuito. La primera vez lo prometieron hace ya más de un año. Seguimos esperando. ¿Alguien más se cree las promesas incumplidas de Germán Beardo?
Porque mientras el Ayuntamiento vende titulares de gratuidad, el problema real de fondo sigue sin resolverse: el contrato del transporte urbano lleva años caducado, prestándose en precario, sin que la empresa concesionaria y el Consistorio se pongan de acuerdo en el nuevo pliego. Esa provisionalidad no es un detalle administrativo, es la raíz de todo lo demás. Es la razón por la que los vecinos y vecinas de El Puerto llevan años subiéndose a autobuses viejos, con el aire acondicionado estropeado en pleno julio y agosto, con asientos rotos o desgastados, con rampas de accesibilidad para las personas con movilidad reducida que no funcionan, con puertas que se abren en marcha. Es la razón por la que no es raro ver un autobús urbano remolcado por avería en mitad de una línea, dejando tirados a quienes lo esperaban.
En ese contexto, hablar de gratuidad suena casi a broma. ¿De qué sirve que el billete cueste cero euros si el autobús no llega, si se avería, si no tiene climatización cuando el termómetro roza los cuarenta grados, o si una persona con silla de ruedas no puede ni subir? La gratuidad sin un servicio que funcione no es una mejora, es un maquillaje. Y no es la primera vez que se maquilla: la propia promesa de autobuses gratis ya se anunció el año pasado, también como algo inminente, y ha quedado en papel mojado mientras el contrato seguía sin renovarse y la flota seguía envejeciendo.
Se llenan la boca con eso de la "Gran Ciudad", pero una gran ciudad no se mide en eslóganes: se mide en si su transporte público funciona. Y en eso, El Puerto sigue pareciendo un pueblo abandonado a su suerte. Siete años lleva ya Germán Beardo gobernando esta ciudad, siete años de "Equipo de los preparados", de "Soluciones" y de eslóganes de campaña que suenan cada vez más a humo vendido en bonito. Porque de poco sirve estar "preparados" si el autobús que debería llevarte al trabajo no aparece, y de poco sirven las "soluciones" si lo único que soluciona el Ayuntamiento son sus propios titulares. No solucionan el problema real de los vecinos y vecinas de El Puerto: el de subirse cada día a un autobús que funcione, que llegue a su hora y que no les deje tirados a mitad de trayecto.
El equipo de gobierno de Germán Beardo insiste en que la renovación integral de 23 vehículos híbridos y eléctricos, nuevas rutas, mejores frecuencia llegará con el nuevo contrato de diez años que está en licitación. Pero llevamos escuchando ese mismo argumento demasiado tiempo, mientras el día a día de quien depende del autobús para ir al trabajo, al hospital o al instituto sigue siendo una carrera de obstáculos. Cada retraso en la adjudicación del contrato es, en la práctica, otro año más de autobuses viejos y de promesas aplazadas o incumplidas.
No pedimos menos gratuidad, pedimos que la gratuidad venga acompañada de lo que de verdad importa: un contrato en vigor, una flota renovada de una vez, aire acondicionado que funcione, asientos en condiciones, accesibilidad real para quien más lo necesita, y frecuencias que hagan del autobús una alternativa creíble al coche. Sin eso, seguiremos en la misma odisea de siempre: la de un pueblo que espera, año tras año, un servicio público que lleva demasiado tiempo naufragando.
Odiseo tardó diez años en volver a Ítaca. En El Puerto de Santa María llevamos casi el mismo tiempo esperando un autobús urbano digno, y la travesía, lejos de acabar, parece alargarse cada verano un poco más. La última escala de esta odisea es el anuncio, otra vez a bombo y platillo, de que el servicio será gratuito. La primera vez lo prometieron hace ya más de un año. Seguimos esperando. ¿Alguien más se cree las promesas incumplidas de Germán Beardo?
Porque mientras el Ayuntamiento vende titulares de gratuidad, el problema real de fondo sigue sin resolverse: el contrato del transporte urbano lleva años caducado, prestándose en precario, sin que la empresa concesionaria y el Consistorio se pongan de acuerdo en el nuevo pliego. Esa provisionalidad no es un detalle administrativo, es la raíz de todo lo demás. Es la razón por la que los vecinos y vecinas de El Puerto llevan años subiéndose a autobuses viejos, con el aire acondicionado estropeado en pleno julio y agosto, con asientos rotos o desgastados, con rampas de accesibilidad para las personas con movilidad reducida que no funcionan, con puertas que se abren en marcha. Es la razón por la que no es raro ver un autobús urbano remolcado por avería en mitad de una línea, dejando tirados a quienes lo esperaban.
En ese contexto, hablar de gratuidad suena casi a broma. ¿De qué sirve que el billete cueste cero euros si el autobús no llega, si se avería, si no tiene climatización cuando el termómetro roza los cuarenta grados, o si una persona con silla de ruedas no puede ni subir? La gratuidad sin un servicio que funcione no es una mejora, es un maquillaje. Y no es la primera vez que se maquilla: la propia promesa de autobuses gratis ya se anunció el año pasado, también como algo inminente, y ha quedado en papel mojado mientras el contrato seguía sin renovarse y la flota seguía envejeciendo.
Se llenan la boca con eso de la "Gran Ciudad", pero una gran ciudad no se mide en eslóganes: se mide en si su transporte público funciona. Y en eso, El Puerto sigue pareciendo un pueblo abandonado a su suerte. Siete años lleva ya Germán Beardo gobernando esta ciudad, siete años de "Equipo de los preparados", de "Soluciones" y de eslóganes de campaña que suenan cada vez más a humo vendido en bonito. Porque de poco sirve estar "preparados" si el autobús que debería llevarte al trabajo no aparece, y de poco sirven las "soluciones" si lo único que soluciona el Ayuntamiento son sus propios titulares. No solucionan el problema real de los vecinos y vecinas de El Puerto: el de subirse cada día a un autobús que funcione, que llegue a su hora y que no les deje tirados a mitad de trayecto.
El equipo de gobierno de Germán Beardo insiste en que la renovación integral de 23 vehículos híbridos y eléctricos, nuevas rutas, mejores frecuencia llegará con el nuevo contrato de diez años que está en licitación. Pero llevamos escuchando ese mismo argumento demasiado tiempo, mientras el día a día de quien depende del autobús para ir al trabajo, al hospital o al instituto sigue siendo una carrera de obstáculos. Cada retraso en la adjudicación del contrato es, en la práctica, otro año más de autobuses viejos y de promesas aplazadas o incumplidas.
No pedimos menos gratuidad, pedimos que la gratuidad venga acompañada de lo que de verdad importa: un contrato en vigor, una flota renovada de una vez, aire acondicionado que funcione, asientos en condiciones, accesibilidad real para quien más lo necesita, y frecuencias que hagan del autobús una alternativa creíble al coche. Sin eso, seguiremos en la misma odisea de siempre: la de un pueblo que espera, año tras año, un servicio público que lleva demasiado tiempo naufragando.
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