Este año llevamos ya más de 120.000 hectáreas quemadas en España, y todavía no ha terminado julio. La cifra oficial del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, Effis, es 3 veces mayor que en el mismo periodo de 2025. Eso es una barbaridad inasumible.
La explicación oficial sigue siendo la misma que el año pasado, como si fuese inevitable: "olas de calor", "cambio climático", “incendios fuera de control”. Pero detrás de estas explicaciones se esconde una realidad medioambiental y económica devastadora (8.000 millones de euros costó apagar los fuegos en 400.000 hectáreas el año pasado). Y es que estamos dejando de gestionar adecuadamente el campo y, además, hemos expulsado a los ganaderos de extensivo de los lugares que ellos gestionaban mucho mejor que las Administraciones.
1. Sobran matorrales porque faltan ganaderos
Durante décadas el ganado extensivo hizo el trabajo más importante para evitar el fuego, que es la prevención, y lo hizo gratis. Vacas, ovejas y cabras comiéndose el pasto seco, abriendo caminos, limpiando lindes, manteniendo los cortafuegos. Un rebaño es una brigada que trabaja 365 días al año. ¿Qué ha pasado? Las administraciones han complicado tanto la vida a la ganadería extensiva que la están echando del campo.
La PAC premia la hectárea “limpia” frente a los pastos y el monte abierto a los que castiga y penaliza. Si tienes dehesa ganadera, te conducen a elegir entre la conservación del árbol o la subvención al ganado encerrado (intensivo).
La burocracia asfixia y condena. Un pastor de 60 años no puede vivir entre papeles y arruinándose año tras año, porque económicamente no puede sostener su rebaño.
El resultado es demoledor: en 20 años hemos perdido el 30% de los ganaderos extensivos y el 45% de las ovejas. Con ellos se han abandonado más de 10 millones de hectáreas de pasto, que arderán en los próximos años.
Ahora ese pasto es matorral, jara, retama, lentisco (materia combustible que arde como la tea).
Este año llevamos ya 1.875 incendios declarados, de ellos 22 son grandes incendios, más del doble de la media de la última década. No es casualidad. Es consecuencia del abandono administrativo de los pastos.
2. El incendio empieza en el despacho
Un monte pastoreado y un monte abandonado no se queman por igual. En el primero (pastoreado) existe pasto corto, discontinuidad de combustible, pistas abiertas y gente viviendo allí que ve el primer hilo de humo. El fuego se puede controlar y apagar con rapidez.
En el segundo (abandonado) hay continuidad y abundancia de combustible en vertical y horizontal. Cuando prende, la copa de los pinos, las jaras y el matorral hacen que el fuego avance hasta 6 km/h. Ahí ya no hay helicópteros ni aviones que valgan.
Pero las políticas públicas van justo al revés. Se gastan 20.000 euros en apagar el fuego de cada hectárea de pasto que arde, pero se dice que no se pueden pagar 200 euros por hectárea a los ganaderos de extensivo que mantienen el pasto limpio todo el año para que no arda. Se declaran "zonas de alto riesgo de incendio", pero se expulsa al único gestor que lo mantenía sin coste: el ganadero.
3. Andalucía, ¿puede ser un ejemplo del abandono?
En Andalucía tenemos dehesa, monte mediterráneo, cabaña ganadera extensiva y unos pastores que llevan generaciones manteniendo el territorio. Pero nos está pasando como en toda España, cada verano las mismas imágenes de fuegos, con cerros negros, encinas centenarias calcinadas y ganaderos que lo pierden todo y abandonan.
Desde los despachos de la PAC nos dicen que esa dehesa "no es superficie agraria", que es superficie forestal, para que sirva de coartada y así la hectárea de terreno pueda ser penalizada a través de la Ayuda Básica a la Renta y la aplicación del CAP, y con ello el ganadero tenga que abandonar el campo o se convierta de forma deliberada a intensivo, que es lo mismo que poner en riesgo la seguridad hídrica y medioambiental de las próximas generaciones.
4. La falsa solución: más medios apagafuegos
Cada año se anuncia la compra de más helicópteros, más drones, más retenes. Está bien. Pero todo eso sirve para apagar fuegos, nunca para evitarlos. Nadie habla de prevención estructural. Nadie habla de volver a meter ganado en el monte. Nadie habla de cambiar los criterios de la PAC para que un ganadero de extensivo pueda cobrar por hectárea de pasto bien gestionado el mismo complemento que cobra, por ejemplo, un agricultor por hectárea de maíz.
Conclusión: menos fuego y más pastores
No podemos seguir hablando de prevención de incendios sin hablar de ganadería extensiva. Nuestro dinero no está bien gestionado cuando vemos que no es posible pagarle a un ganadero 200 euros por gestionar bien una hectárea de pasto para que no arda, y sin embargo se puedan pagar 20.000 euros por apagar el fuego de esa misma hectárea de terreno cuando arde.
Si queremos menos fuego en agosto, necesitamos más rebaños en enero y más gente viviendo del campo.
La solución no es tecnológica. Es política, económica y de capacidad de gestión. Es cambiar la PAC ya. Es quitar trabas. Es pagar de verdad por el servicio medioambiental ecosistémico que prestan los ganaderos de extensivo para mantener la biodiversidad y el territorio vivo, limpio y habitado.
Mientras sigamos echando a la ganadería extensiva del campo con normativas fracasadas (Pnetb), burocracia excesiva (Ley 43/2003) y ayudas básicas engañosas (ABRS), cada verano el mapa de España se llenará de fuegos y correrá peligro la vida de más personas.
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