El periodista Fermín Lobatón convirtió su conferencia Acompañamientos contemporáneos al cante flamenco, más allá de la guitarra, celebrada dentro de las actividades extramusicales y complementarias del festival Bierzo al Toque 2026 en Ponferrada, en una guía de escucha por casi medio siglo de evolución del flamenco.
Una mirada construida después de 30 años reseñando discos y siguiendo las novedades de músicos, cantaores y guitarristas, con la que planteó cómo el cante ha convivido con el rock, el blues, el jazz, la música clásica, las orquestas sinfónicas, las big bands o la electrónica sin que esa apertura haya significado necesariamente la desaparición de la guitarra.
La idea nació de una conversación telefónica con Miguel Morán y de una pregunta sobre qué conferencia podía encajar en el festival. Lobatón tenía claro para qué y para quién la preparaba, conocía el espacio y el encuentro y le surgió de inmediato el título. El formato elegido fue, por ello, el de una guía de escucha: contextualizar cada tema y acompañarlo de pequeños comentarios que permitieran al público formarse una idea.
Lobatón realizó desde el comienzo una precisión fundamental sobre ese "más allá de la guitarra": hablar de nuevos acompañamientos no significa hablar de cante sin guitarra. La guitarra continúa muy presente, aunque desde una posición muy distinta a la que Antonio Meirena y Ricardo Molina defendían en Mundo y Formas del Cante Flamenco — la considerada bibliaflamenca de los años 60—, cuando sostenían que "al cante solo convenían tocaores compenetrados con una misión basada en acompañar y nada más", considerando injustificable cualquier desorbitación o aspiración que rebasara ese papel.
Fermín Lobatón ofrecía en el festival flamenco Bierzo al Toque una interesante conferencia acerca de los acompañamientos contemporáneos del cante, más allá de la guitarra.
-
Ana Palma
Para Lobatón, el guitarrista de acompañamiento —al margen del de concierto— superó hace mucho aquellos límites. A partir de ahí situó los formatos que han ido rodeando al cante en relación con la música contemporánea y con otras músicas próximas al flamenco: desde la instrumentación del rock, con guitarra eléctrica, bajo, batería y teclados, hasta el piano y sus tríos, que pueden adquirir carácter flamenco o aproximarse al jazz y al blues; los tríos y cuartetos clásicos de cuerda; las formaciones de piano, violín y contrabajo; las orquestas sinfónicas y, finalmente, una electrónica que, según señaló, aparece actualmente en la mayoría de los discos, incluso entre cantaores ortodoxos en el tratamiento de los estilos.
El periodista estableció además dos categorías para ordenar esas experiencias. Por un lado, discos en los que el cantaor o la cantaora ejerce el liderazgo y, directamente o junto a su productor, decide qué acompañamiento quiere para su trabajo. Por otro, proyectos de música instrumental que incorporan al cante como invitado.
Con ese marco comenzó un recorrido histórico que arrancó obligatoriamente, a su juicio, en 1979 con la mítica ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón y Paco de Lucía, antes de avanzar hasta 2026. Aquel trabajo representó para Lobatón “el golpe de gracia”, la osadía de un momento en el que nunca se habían incorporado de aquella manera una batería haciendo la bulería a compás, un bajo eléctrico o los teclados, aunque las guitarras siguieran presentes y allí estuviera Tomatito. La guitarra aparecía así como una especie de anclaje con el flamenco dentro de una producción de Ricardo Pachón, la primera que realizó para Camarón de la Isla y con la que pudo cumplir el sueño de que un cantaor flamenco liderase una gran banda.
De Camarón a ‘Omega’: dos discos para dos generaciones
Detrás de aquella apuesta estaba también la obsesión de Pachón por Rock Encounter, el disco que Sabicas grabó con el músico de sesión estadounidense Joe Beck, un trabajo del que, según recordó Lobatón, renegaron tanto Sabicas como los guitarristas de rock. La oportunidad llegó cuando Camarón pidió a Pachón producir un disco que fuera más allá de los que había registrado con Paco de Lucía bajo la producción del padre de este.
Terminado aquel contrato apareció La leyenda del tiempo, un álbum sobre el que después correrían ríos de tinta y se realizarían documentales acerca de su grabación, pero que inicialmente sufrió un fracaso comercial estrepitoso: no alcanzó las 5.000 copias durante su primer año.
Sin embargo, con el tiempo terminó apareciendo en las listas de los mejores discos de la década y del siglo y, en la selección de los 50 mejores discos de los últimos 50 años realizada por Babelia, en El País, ocupó el primer puesto. Lobatón recordó también su particular “leyenda negra”: durante años se decía que el disco sonaba mal y que hasta El Gran Wyoming afirmaba que "parecía que un grupo de rock estuviera ensayando en el cuarto de al lado".
Treinta y cinco años después del lanzamiento, una remasterización en la que participaron Ricardo Pachón y Juan de Dios Martín realizó una auténtica poda sónica: eliminó reverb, transformó la percepción de la voz de Camarón y permitió que los instrumentos sonaran nítidos, algo reconocido incluso por el propio productor.
Tuvieron que pasar diez años hasta la siguiente gran osadía de Pachón, que terminaría convirtiéndose, según expuso Lobatón, en el disco más vendido de la historia del flamenco: ‘Soy Gitano’, también de Camarón. En aquella ocasión apareció incluso la Royal Philharmonic Orchestra, con una grabación marcada por una historia de “brazos caídos” —o, como ironizó, de “brazos desafinados”— de la sinfónica que finalmente pudo salir adelante.
La trayectoria de Ricardo Pachón continuó durante más de un centenar de discos, desde Imán, Califato Independiente, Lole y Manuel o Kiko Veneno hasta Rocío Jurado. Para mostrar su huella, Lobatón escogió dos cortes. Uno procedía de una producción de 2005 con la voz de Tomás de Perrate, actualmente Perrate, su primer disco. El ejemplo seleccionado mostraba unos tangos del Piyayo en clave de reggae y con banda.
El otro corte retrocedía hasta 1998 y hasta La Macanita, entonces una cantaora joven que había grabado un disco con los Tangos del Desenamoro, escuchados en los bares de Jerez, antes de que el anuncio de su grabación con Pachón generase inquietud. El resultado elegido, Blues de la Bahía, presentaba unas alegrías introducidas en el blues mediante el clásico trío de piano, bajo y batería, dentro de una atmósfera terciopelada, cosmopolita y jazzística.
El blues, recordó, ha mantenido una relación natural con el flamenco. Pachón recurrió a un trío jazzístico con acentos blueseros sin que La Macanita perdiera su carácter de cante gitano ni su condición de cantaora gitana.
Lobatón pensó inicialmente en Blues de la frontera, de Pata Negra, como máximo referente, pero lo descartó por tratarse de un tema instrumental y optó por una rareza absoluta de 2025. El grupo de Úbeda Guadalupe Plata, un dúo de blues pantanoso, denso y pesado que en ocasiones incorpora percusiones muy poco habituales, sirvió para introducir la experiencia de su guitarrista, Pedro de Dios.
Vecino de un joven que poseía un estudio de grabación, terminó acompañando a un cantaor granadino, Pedro Fernández, después de que el guitarrista previsto recibiera otra oferta y abandonara el proyecto. Pedro de Dios alegó inicialmente que no sabía flamenco, aunque Lobatón recordó los numerosos guiños flamencos de Guadalupe Plata. Finalmente decidió acompañarlo: las notas eran las mismas, pero él hizo blues. La grabación escogida fueron los fandangos Al coche funeral, aquellos que le costaron a Enrique Morente una noche de cárcel y una multa de 100.000 pesetas en Madrid.
De Morente resultaba inevitable llegar a ‘Omega’, la grabación de 1996 en la que incorporó a Lagartija Nick, grupo de rock ácido. Morente estaba preparando en Granada un disco de canciones de Leonard Cohen cuando se cruzó por su casa Antonio Arias. El cantaor guardaba además el poema de Lorca de Poeta en Nueva York y encontró en la música de Lagartija Nick aquello que definió como una música ácida, no convencional y surrealista, en consonancia con la obra poética.
Pese al impacto del componente rockero, Lobatón subrayó que Morente siempre defendió que aquello era un disco de guitarras y canciones flamencas. Y guitarras había muchas: Vicente Amigo, Cañizares, Miguel Ángel Cortés, Montoyita, Paquete, Isidro Muñoz y Tomatito, todos ellos incluidos además en la portada. Omega vendió 50.000 copias en apenas un mes, una cifra muy importante para aquel momento.
Para Lobatón, el flamenco ha tenido dos discos capaces de marcar dos generaciones: La leyenda del tiempo fue un banderín de enganche para una y Omega lo fue para los hijos de aquella primera generación.
Del rock a la electrónica: otras formas de arropar el cante
Dentro de los instrumentos del rock, Lobatón recordó también la experiencia jerezana de Mixtolobo, proyecto del guitarrista Jorge Gómez Vidal junto a Juan Diego Mateos, bajo y batería. Aunque el disco era instrumental y solo incluía ligeras incorporaciones de cante de aficionados jerezanos, la banda cumplió el sueño de acompañar eléctricamente a Juan Moneo ‘El Torta’. Solo ocurrió una vez, en el Teatro Central de Sevilla. Estaba previsto repetirlo en el Festival de Jerez de 2014, pero El Torta falleció el 31 de diciembre de 2013 y el proyecto ya no pudo realizarse.
Aquella banda, señaló, está de alguna manera recuperada desde hace varios años en la figura de José de los Camarones, que lleva esa propuesta por festivales indies. Como ejemplo, Lobatón eligió una grabación de José de los Camarones con Jorge Gómez Vidal, no con toda la banda: una malagueña del último disco del cantaor, Aventuremos, donde ha musicado a Bécquer y Santa Teresa y para la que acudió a un convento de Jerez en busca de su coro. La elección respondía tanto a la versión de la malagueña como al sutilísimo acompañamiento de Gómez Vidal.
El siguiente salto dentro de un rock fuerte y casi electrónico llevó al colectivo andaluz Frente Abierto, liderado por el bajista Marco Serrato, con experiencias flamencas junto a Perrate y líder también de Ortodox, banda vinculada al metal. Junto a él aparece David Cordero, músico al que recurren numerosos flamencos, mientras el anclaje guitarrístico corresponde a Raúl Cantizano, guitarrista nada convencional y capaz de abordar todo tipo de propuestas. Frente Abierto grabó Guerra, un disco en el que acompaña los cantes de Israel Fernández, Lela Soto, Ángeles Toledano y, de manera especialmente sorprendente para Lobatón, Inés Bacán.
Desde ahí, la conferencia entró directamente en la electrónica a través de tres artistas a los que el periodista concedió un especial crédito creativo. El primero fue David Lagos, cuya relación con Daniel Muñoz, Artomático. Lagos ya venía ensayando con él y en 2019 grabó Odierno, un trabajo donde, además de su hermano Alfredo Lagos, participaron Juan Manuel Jiménez en los saxos y Artomático en la electrónica. El resultado, explicó, era un acompañamiento equilibrado y elegante, ejemplificado en el Romance de la monja que no quiso serlo. Elegir una pieza del disco había sido difícil porque contenía también pregones como El pregón del miedo, que consideraba especialmente impactante.
La segunda protagonista electrónica fue Rocío Márquez, otra creadora en la que Lobatón afirmó creer plenamente. De Márquez, aseguró, podría construirse media conferencia: salvo su primer disco, Plenitud, grabado con Alfredo Lagos en estilo flamenco, los siguientes responden a conceptos diferentes y en cada uno ha buscado acompañamientos distintos, manteniendo la guitarra en algunos casos.
En Visto en el jueves apareció Canito, aunque no mediante un acompañamiento flamenco. En su último trabajo, Himno Vertical, comparte proyecto con Pedro Rojas Oguíbar, guitarrista de formación clásica y experimental con quien realizó una producción conjunta que obtuvo el reconocimiento como mejor disco de flamenco en los Premios MIM. Lobatón destacó también Firmamento, registrado con Proyecto Lorca, formación de piano, saxos y percusión integrada por Daniel Borrego, Juan Manuel Jiménez y Antonio Moreno, y cuyas letras valoró especialmente.
Sin embargo, para representar la unión entre flamenco y electrónica escogió el trabajo que más repercusión comercial había alcanzado: Tercer Cielo, de Rocío Márquez con Bronquio, que superó el centenar de conciertos durante dos años. El tema elegido fue la rumba De mí, muy escuchada durante 2023 y 2024 en los chiringuitos de playa.
La tercera artista fue Rosario La Tremendita, la primera cantaora a la que Lobatón recordó haber visto acompañada por una mesa electrónica, manejada por Pablo Martín Jones, encargado de la percusión electrónica y de la propia electrónica. En 2018 acababa de presentar Delirium Tremens, grabado con una Big Bang que no pudo llevar de gira por el elevado coste de mover una formación de ese tamaño. Aquel álbum quedó ahí, pero la artista continuó evolucionando: pasó al bajo eléctrico, se rapó la mitad de su melena y apareció con una imagen completamente guerrillera sobre los escenarios.
Después de un proceso iniciado aproximadamente en 2019, en 2022 grabó Tremenda, un disco que Lobatón situó entre los primeros de su lista de aquel año. Para la conferencia escogió una soleá de Triana.
Piano, jazz, clásica y big band: el cante como raíz
En la parte final, Lobatón se detuvo en los tríos de piano y en otras formaciones instrumentales. En 2024, Miguel Ortega grabó Laura con el trío del pianista Pablo Suárez, de orientación flamenca, un disco que calificó de bellísimo. Otro caso fue el Trío Arbós, formación de música clásica que registró en 2019 Travesías con Rafael de Utrera. En este caso, el proyecto pertenecía a la segunda de las categorías establecidas al comienzo de la conferencia: un disco instrumental que incorporaba al cantaor como invitado.
Quien rompía esa dinámica era Pablo Martín Caminero, contrabajista de formación clásica que habitualmente toca jazz, trabajó durante mucho tiempo con Gerardo Nuñez, formó parte junto a Bolita de UHF, Ultra High Flamenco, y es reclamado por compañías de baile para sus músicas. Después de grabar un disco dedicado a la guitarra con un trío de jazz pero con música mayoritariamente flamenca, decidió realizar su homenaje al cante y llamó a un cantaor jerezano con el que ya había trabajado y mantenía confianza: David Carpio.
El resultado fue Al Cante, firmado conjuntamente por Pablo Martín Caminero y David Carpio y reconocido en 2025 con el Premio MIM de las Músicas Independientes al mejor disco de jazz, pese a ser, según Lobatón, tremendamente flamenco. El trabajo vocal llegó incluso a obligar a Carpio a bajar dos tonos. Elegir un corte tampoco fue sencillo: la Solea de Gasteiz era lentísima y la seguiriya le parecía magnífica.
El siguiente ejemplo procedía de 2025 y tenía como protagonista a Laura Marchal, cantaora de Alcalá de la Real y profesora de la Escuela Superior de Música de Cataluña, la SMUCC, que grabó una granaína cuya construcción le recordaba a una canción pop y que, después de escucharla un par de veces, Lobatón aseguró haber estado cantando durante un mes. El último ejemplo lo protagonizaron dos músicos jóvenes, el pianista Chico Pérez y el flautista Sergio de López, autores de un potente disco con Big Band en el que nueve de sus diez cortes incorporan cante.
En esa última experiencia, la guitarra ya no era necesaria para ejercer de vínculo: el cante se convertía en el ancla con la raíz y con la tradición, incluso dentro de una Big Band. Lobatón decidió cerrar la escucha con un taranto de José Valencia, arropado por los metales y por una formación que, a su juicio, hacía que el cantaor recortara su tendencia expansiva y cantara “arrecogío”.
Tras recorrer experiencias nacidas desde 1979 hasta 2026, el periodista condensó el sentido de todos los ejemplos en dos ideas. La primera, que representan la libertad creativa y la búsqueda de los artistas, independientemente de que los resultados generen mayor o menor acuerdo. La segunda, su convencimiento sobre la honestidad de esas propuestas, concebidas como búsquedas de nuevas formas de expresión y presentación de la tradición.
Para cerrar, Lobatón recuperó una reflexión de Manuel Río Ruiz, a quien definió como un maestro y que, a comienzos de este ciclo, le había señalado que muchas músicas se acercan y seguirán acercándose al flamenco atraídas por su vigor y su carácter. Frente a esos encuentros, la conclusión de la conferencia quedó depositada en la propia fortaleza del género: el flamenco posee suficiente capacidad para sobrevivir a esos cruces y conservar su esencia.
El periodista Fermín Lobatón convirtió su conferencia Acompañamientos contemporáneos al cante flamenco, más allá de la guitarra, celebrada dentro de las actividades extramusicales y complementarias del festival Bierzo al Toque 2026 en Ponferrada, en una guía de escucha por casi medio siglo de evolución del flamenco.
Una mirada construida después de 30 años reseñando discos y siguiendo las novedades de músicos, cantaores y guitarristas, con la que planteó cómo el cante ha convivido con el rock, el blues, el jazz, la música clásica, las orquestas sinfónicas, las big bands o la electrónica sin que esa apertura haya significado necesariamente la desaparición de la guitarra.
La idea nació de una conversación telefónica con Miguel Morán y de una pregunta sobre qué conferencia podía encajar en el festival. Lobatón tenía claro para qué y para quién la preparaba, conocía el espacio y el encuentro y le surgió de inmediato el título. El formato elegido fue, por ello, el de una guía de escucha: contextualizar cada tema y acompañarlo de pequeños comentarios que permitieran al público formarse una idea.
Lobatón realizó desde el comienzo una precisión fundamental sobre ese "más allá de la guitarra": hablar de nuevos acompañamientos no significa hablar de cante sin guitarra. La guitarra continúa muy presente, aunque desde una posición muy distinta a la que Antonio Meirena y Ricardo Molina defendían en Mundo y Formas del Cante Flamenco — la considerada bibliaflamenca de los años 60—, cuando sostenían que "al cante solo convenían tocaores compenetrados con una misión basada en acompañar y nada más", considerando injustificable cualquier desorbitación o aspiración que rebasara ese papel.
Fermín Lobatón ofrecía en el festival flamenco Bierzo al Toque una interesante conferencia acerca de los acompañamientos contemporáneos del cante, más allá de la guitarra.
-
Ana Palma
Para Lobatón, el guitarrista de acompañamiento —al margen del de concierto— superó hace mucho aquellos límites. A partir de ahí situó los formatos que han ido rodeando al cante en relación con la música contemporánea y con otras músicas próximas al flamenco: desde la instrumentación del rock, con guitarra eléctrica, bajo, batería y teclados, hasta el piano y sus tríos, que pueden adquirir carácter flamenco o aproximarse al jazz y al blues; los tríos y cuartetos clásicos de cuerda; las formaciones de piano, violín y contrabajo; las orquestas sinfónicas y, finalmente, una electrónica que, según señaló, aparece actualmente en la mayoría de los discos, incluso entre cantaores ortodoxos en el tratamiento de los estilos.
El periodista estableció además dos categorías para ordenar esas experiencias. Por un lado, discos en los que el cantaor o la cantaora ejerce el liderazgo y, directamente o junto a su productor, decide qué acompañamiento quiere para su trabajo. Por otro, proyectos de música instrumental que incorporan al cante como invitado.
Con ese marco comenzó un recorrido histórico que arrancó obligatoriamente, a su juicio, en 1979 con la mítica ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón y Paco de Lucía, antes de avanzar hasta 2026. Aquel trabajo representó para Lobatón “el golpe de gracia”, la osadía de un momento en el que nunca se habían incorporado de aquella manera una batería haciendo la bulería a compás, un bajo eléctrico o los teclados, aunque las guitarras siguieran presentes y allí estuviera Tomatito. La guitarra aparecía así como una especie de anclaje con el flamenco dentro de una producción de Ricardo Pachón, la primera que realizó para Camarón de la Isla y con la que pudo cumplir el sueño de que un cantaor flamenco liderase una gran banda.
De Camarón a ‘Omega’: dos discos para dos generaciones
Detrás de aquella apuesta estaba también la obsesión de Pachón por Rock Encounter, el disco que Sabicas grabó con el músico de sesión estadounidense Joe Beck, un trabajo del que, según recordó Lobatón, renegaron tanto Sabicas como los guitarristas de rock. La oportunidad llegó cuando Camarón pidió a Pachón producir un disco que fuera más allá de los que había registrado con Paco de Lucía bajo la producción del padre de este.
Terminado aquel contrato apareció La leyenda del tiempo, un álbum sobre el que después correrían ríos de tinta y se realizarían documentales acerca de su grabación, pero que inicialmente sufrió un fracaso comercial estrepitoso: no alcanzó las 5.000 copias durante su primer año.
Sin embargo, con el tiempo terminó apareciendo en las listas de los mejores discos de la década y del siglo y, en la selección de los 50 mejores discos de los últimos 50 años realizada por Babelia, en El País, ocupó el primer puesto. Lobatón recordó también su particular “leyenda negra”: durante años se decía que el disco sonaba mal y que hasta El Gran Wyoming afirmaba que "parecía que un grupo de rock estuviera ensayando en el cuarto de al lado".
Treinta y cinco años después del lanzamiento, una remasterización en la que participaron Ricardo Pachón y Juan de Dios Martín realizó una auténtica poda sónica: eliminó reverb, transformó la percepción de la voz de Camarón y permitió que los instrumentos sonaran nítidos, algo reconocido incluso por el propio productor.
Tuvieron que pasar diez años hasta la siguiente gran osadía de Pachón, que terminaría convirtiéndose, según expuso Lobatón, en el disco más vendido de la historia del flamenco: ‘Soy Gitano’, también de Camarón. En aquella ocasión apareció incluso la Royal Philharmonic Orchestra, con una grabación marcada por una historia de “brazos caídos” —o, como ironizó, de “brazos desafinados”— de la sinfónica que finalmente pudo salir adelante.
La trayectoria de Ricardo Pachón continuó durante más de un centenar de discos, desde Imán, Califato Independiente, Lole y Manuel o Kiko Veneno hasta Rocío Jurado. Para mostrar su huella, Lobatón escogió dos cortes. Uno procedía de una producción de 2005 con la voz de Tomás de Perrate, actualmente Perrate, su primer disco. El ejemplo seleccionado mostraba unos tangos del Piyayo en clave de reggae y con banda.
El otro corte retrocedía hasta 1998 y hasta La Macanita, entonces una cantaora joven que había grabado un disco con los Tangos del Desenamoro, escuchados en los bares de Jerez, antes de que el anuncio de su grabación con Pachón generase inquietud. El resultado elegido, Blues de la Bahía, presentaba unas alegrías introducidas en el blues mediante el clásico trío de piano, bajo y batería, dentro de una atmósfera terciopelada, cosmopolita y jazzística.
El blues, recordó, ha mantenido una relación natural con el flamenco. Pachón recurrió a un trío jazzístico con acentos blueseros sin que La Macanita perdiera su carácter de cante gitano ni su condición de cantaora gitana.
Lobatón pensó inicialmente en Blues de la frontera, de Pata Negra, como máximo referente, pero lo descartó por tratarse de un tema instrumental y optó por una rareza absoluta de 2025. El grupo de Úbeda Guadalupe Plata, un dúo de blues pantanoso, denso y pesado que en ocasiones incorpora percusiones muy poco habituales, sirvió para introducir la experiencia de su guitarrista, Pedro de Dios.
Vecino de un joven que poseía un estudio de grabación, terminó acompañando a un cantaor granadino, Pedro Fernández, después de que el guitarrista previsto recibiera otra oferta y abandonara el proyecto. Pedro de Dios alegó inicialmente que no sabía flamenco, aunque Lobatón recordó los numerosos guiños flamencos de Guadalupe Plata. Finalmente decidió acompañarlo: las notas eran las mismas, pero él hizo blues. La grabación escogida fueron los fandangos Al coche funeral, aquellos que le costaron a Enrique Morente una noche de cárcel y una multa de 100.000 pesetas en Madrid.
De Morente resultaba inevitable llegar a ‘Omega’, la grabación de 1996 en la que incorporó a Lagartija Nick, grupo de rock ácido. Morente estaba preparando en Granada un disco de canciones de Leonard Cohen cuando se cruzó por su casa Antonio Arias. El cantaor guardaba además el poema de Lorca de Poeta en Nueva York y encontró en la música de Lagartija Nick aquello que definió como una música ácida, no convencional y surrealista, en consonancia con la obra poética.
Pese al impacto del componente rockero, Lobatón subrayó que Morente siempre defendió que aquello era un disco de guitarras y canciones flamencas. Y guitarras había muchas: Vicente Amigo, Cañizares, Miguel Ángel Cortés, Montoyita, Paquete, Isidro Muñoz y Tomatito, todos ellos incluidos además en la portada. Omega vendió 50.000 copias en apenas un mes, una cifra muy importante para aquel momento.
Para Lobatón, el flamenco ha tenido dos discos capaces de marcar dos generaciones: La leyenda del tiempo fue un banderín de enganche para una y Omega lo fue para los hijos de aquella primera generación.
Del rock a la electrónica: otras formas de arropar el cante
Dentro de los instrumentos del rock, Lobatón recordó también la experiencia jerezana de Mixtolobo, proyecto del guitarrista Jorge Gómez Vidal junto a Juan Diego Mateos, bajo y batería. Aunque el disco era instrumental y solo incluía ligeras incorporaciones de cante de aficionados jerezanos, la banda cumplió el sueño de acompañar eléctricamente a Juan Moneo ‘El Torta’. Solo ocurrió una vez, en el Teatro Central de Sevilla. Estaba previsto repetirlo en el Festival de Jerez de 2014, pero El Torta falleció el 31 de diciembre de 2013 y el proyecto ya no pudo realizarse.
Aquella banda, señaló, está de alguna manera recuperada desde hace varios años en la figura de José de los Camarones, que lleva esa propuesta por festivales indies. Como ejemplo, Lobatón eligió una grabación de José de los Camarones con Jorge Gómez Vidal, no con toda la banda: una malagueña del último disco del cantaor, Aventuremos, donde ha musicado a Bécquer y Santa Teresa y para la que acudió a un convento de Jerez en busca de su coro. La elección respondía tanto a la versión de la malagueña como al sutilísimo acompañamiento de Gómez Vidal.
El siguiente salto dentro de un rock fuerte y casi electrónico llevó al colectivo andaluz Frente Abierto, liderado por el bajista Marco Serrato, con experiencias flamencas junto a Perrate y líder también de Ortodox, banda vinculada al metal. Junto a él aparece David Cordero, músico al que recurren numerosos flamencos, mientras el anclaje guitarrístico corresponde a Raúl Cantizano, guitarrista nada convencional y capaz de abordar todo tipo de propuestas. Frente Abierto grabó Guerra, un disco en el que acompaña los cantes de Israel Fernández, Lela Soto, Ángeles Toledano y, de manera especialmente sorprendente para Lobatón, Inés Bacán.
Desde ahí, la conferencia entró directamente en la electrónica a través de tres artistas a los que el periodista concedió un especial crédito creativo. El primero fue David Lagos, cuya relación con Daniel Muñoz, Artomático. Lagos ya venía ensayando con él y en 2019 grabó Odierno, un trabajo donde, además de su hermano Alfredo Lagos, participaron Juan Manuel Jiménez en los saxos y Artomático en la electrónica. El resultado, explicó, era un acompañamiento equilibrado y elegante, ejemplificado en el Romance de la monja que no quiso serlo. Elegir una pieza del disco había sido difícil porque contenía también pregones como El pregón del miedo, que consideraba especialmente impactante.
La segunda protagonista electrónica fue Rocío Márquez, otra creadora en la que Lobatón afirmó creer plenamente. De Márquez, aseguró, podría construirse media conferencia: salvo su primer disco, Plenitud, grabado con Alfredo Lagos en estilo flamenco, los siguientes responden a conceptos diferentes y en cada uno ha buscado acompañamientos distintos, manteniendo la guitarra en algunos casos.
En Visto en el jueves apareció Canito, aunque no mediante un acompañamiento flamenco. En su último trabajo, Himno Vertical, comparte proyecto con Pedro Rojas Oguíbar, guitarrista de formación clásica y experimental con quien realizó una producción conjunta que obtuvo el reconocimiento como mejor disco de flamenco en los Premios MIM. Lobatón destacó también Firmamento, registrado con Proyecto Lorca, formación de piano, saxos y percusión integrada por Daniel Borrego, Juan Manuel Jiménez y Antonio Moreno, y cuyas letras valoró especialmente.
Sin embargo, para representar la unión entre flamenco y electrónica escogió el trabajo que más repercusión comercial había alcanzado: Tercer Cielo, de Rocío Márquez con Bronquio, que superó el centenar de conciertos durante dos años. El tema elegido fue la rumba De mí, muy escuchada durante 2023 y 2024 en los chiringuitos de playa.
La tercera artista fue Rosario La Tremendita, la primera cantaora a la que Lobatón recordó haber visto acompañada por una mesa electrónica, manejada por Pablo Martín Jones, encargado de la percusión electrónica y de la propia electrónica. En 2018 acababa de presentar Delirium Tremens, grabado con una Big Bang que no pudo llevar de gira por el elevado coste de mover una formación de ese tamaño. Aquel álbum quedó ahí, pero la artista continuó evolucionando: pasó al bajo eléctrico, se rapó la mitad de su melena y apareció con una imagen completamente guerrillera sobre los escenarios.
Después de un proceso iniciado aproximadamente en 2019, en 2022 grabó Tremenda, un disco que Lobatón situó entre los primeros de su lista de aquel año. Para la conferencia escogió una soleá de Triana.
Piano, jazz, clásica y big band: el cante como raíz
En la parte final, Lobatón se detuvo en los tríos de piano y en otras formaciones instrumentales. En 2024, Miguel Ortega grabó Laura con el trío del pianista Pablo Suárez, de orientación flamenca, un disco que calificó de bellísimo. Otro caso fue el Trío Arbós, formación de música clásica que registró en 2019 Travesías con Rafael de Utrera. En este caso, el proyecto pertenecía a la segunda de las categorías establecidas al comienzo de la conferencia: un disco instrumental que incorporaba al cantaor como invitado.
Quien rompía esa dinámica era Pablo Martín Caminero, contrabajista de formación clásica que habitualmente toca jazz, trabajó durante mucho tiempo con Gerardo Nuñez, formó parte junto a Bolita de UHF, Ultra High Flamenco, y es reclamado por compañías de baile para sus músicas. Después de grabar un disco dedicado a la guitarra con un trío de jazz pero con música mayoritariamente flamenca, decidió realizar su homenaje al cante y llamó a un cantaor jerezano con el que ya había trabajado y mantenía confianza: David Carpio.
El resultado fue Al Cante, firmado conjuntamente por Pablo Martín Caminero y David Carpio y reconocido en 2025 con el Premio MIM de las Músicas Independientes al mejor disco de jazz, pese a ser, según Lobatón, tremendamente flamenco. El trabajo vocal llegó incluso a obligar a Carpio a bajar dos tonos. Elegir un corte tampoco fue sencillo: la Solea de Gasteiz era lentísima y la seguiriya le parecía magnífica.
El siguiente ejemplo procedía de 2025 y tenía como protagonista a Laura Marchal, cantaora de Alcalá de la Real y profesora de la Escuela Superior de Música de Cataluña, la SMUCC, que grabó una granaína cuya construcción le recordaba a una canción pop y que, después de escucharla un par de veces, Lobatón aseguró haber estado cantando durante un mes. El último ejemplo lo protagonizaron dos músicos jóvenes, el pianista Chico Pérez y el flautista Sergio de López, autores de un potente disco con Big Band en el que nueve de sus diez cortes incorporan cante.
En esa última experiencia, la guitarra ya no era necesaria para ejercer de vínculo: el cante se convertía en el ancla con la raíz y con la tradición, incluso dentro de una Big Band. Lobatón decidió cerrar la escucha con un taranto de José Valencia, arropado por los metales y por una formación que, a su juicio, hacía que el cantaor recortara su tendencia expansiva y cantara “arrecogío”.
Tras recorrer experiencias nacidas desde 1979 hasta 2026, el periodista condensó el sentido de todos los ejemplos en dos ideas. La primera, que representan la libertad creativa y la búsqueda de los artistas, independientemente de que los resultados generen mayor o menor acuerdo. La segunda, su convencimiento sobre la honestidad de esas propuestas, concebidas como búsquedas de nuevas formas de expresión y presentación de la tradición.
Para cerrar, Lobatón recuperó una reflexión de Manuel Río Ruiz, a quien definió como un maestro y que, a comienzos de este ciclo, le había señalado que muchas músicas se acercan y seguirán acercándose al flamenco atraídas por su vigor y su carácter. Frente a esos encuentros, la conclusión de la conferencia quedó depositada en la propia fortaleza del género: el flamenco posee suficiente capacidad para sobrevivir a esos cruces y conservar su esencia.
COMENTARIOS