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Debate sobre el Estado de Jerez y la importancia del plan de poda: ¿qué Debate, qué Estado, qué Ciudad?

Año y medio después de la última sesión extraordinaria, gobierno y oposición confrontan, durante casi cinco horas de una tarde de fina de julio, una ciudad que prospera frente a un municipio lastrado por sus problemas eternos

  • Abanico para Belén de la Cuadra, sopor para Paco Zurita, dos de los delegados y concejales del gobierno del PP en Jerez, en el arranque del Debate sobre el Estado de la Ciudad, este viernes. -

Debate sobre el Estado de la Ciudad. Año y medio después. Casi todo donde lo dejamos. El gobierno de turno que vende la ciudad que prospera frente a la oposición que, no tan apocalíptica como le recordábamos, confronta esa Arcadia feliz con un municipio lastrado por sus problemas eternos y con difícil solución. 

Pero en el fondo, nos preguntamos: ¿qué Debate? ¿qué Estado? ¿qué Ciudad? Antes de responder a esas cuestiones trascendentales, vaya por delante: el calor no ayuda en nada, baja la tensión, invita a la modorra (que se lo digan a Paco Zurita) y solo el bello arte del manejo del abanico, al estilo De la Cuadra, logra insuflar algo de oxígeno en un salón de plenos noventero, casi tan mal iluminado como acondicionado. No hay bioclimatización en la calle Consistorio, a años luz de cualquier avance tecnológico de andar por casa. Si alguna vez los concejales de la Corporación hacen una excursión juntos, que se acerquen a la vecina isla de San Fernando y verán un espacio para los plenos municipales del siglo XXI verdaderamente envidiable. Debe ser la alegría de gobernar con deuda cero.

Aquí anda todo casi tal y como lo dejó el político que tiene tanta culpa de lo bueno y de lo malo que hemos heredado las nuevas generaciones de una ciudad a veces insoportable, muchas veces adorable. Ese cráneo privilegiado —cóncavo y convexo— que aún no tiene su cuadro en la galería de alcaldes, como ninguna de las alcaldesas de la democracia, y sigue muy presente en el devenir político electoral. Jerez debe ser una gran anomalía política también para los pintores de los cuadros de alcaldes y alcaldesas. Pero volvamos a las preguntas. ¿Qué debate? Ninguno.

Si acaso un monólogo de un animal político apellidado García-Pelayo Jurado, de nombre María José, y una oposición dando ejemplo de la desgana de haber sido convocada a un festival de datos y titulares jugosos al que no quería acudir. Es lo que tiene ser presidenta de la Diputación de Cádiz, que la concejala Almudena Martínez del Junco se ahorró asistir por motivos de agenda. Los de la oposición se quejaron por lo precipitado e inoportuno de la tórrida convocatoria, y con razón, pero olvidaron que un dirigente político debe estar activado para cuando se le requiera.

Todos trataron de mostrar su mejor versión, más pendientes de candidaturas, listas y encuestas que de erosionar a la mayoría absoluta de García-Pelayo

Aun así, todos trataron de mostrar su mejor versión, más pendientes de candidaturas, listas y encuestas que de erosionar a la mayoría absoluta de García-Pelayo. Quizás por eso alguno se puso unos cascos en la bancada socialista para hacer como que no escuchaba. O como el que escuchaba llover en pleno final de julio, con España ardiendo por los incendios de sexta generación.

  • Un momento de la intervención de García-Pelayo.
  • -

Lo de la alcaldesa de Jerez y el turno inicial ilimitado fue abrumador: dos horazas non stop. Ni agua bebió. Desde las 16.30 hasta pasada la hora de la merienda estuvo la excelentísima tirando de un rosario de medidas, anuncios, inversiones públicas o privadas, calles por asfaltar, acerados por reparar y cientos de datos que resultaron hipnóticos. Cuando pesa más la cantidad que la calidad siempre está el riesgo de la desconexión. Y a la hora y pico, ya aquello no funcionó. Ella, sin triunfalismos, contenida, y apelando a su humildad y a la asunción de culpas si hay fallos, que los hay.

¿Debate? ¿Qué Debate?

¿Debate? Casi no hubo debate como tal. Aquí se trataba de soltar la chapa, el speech, y otorgar pocas concesiones al adversario. Solo casi al final de la maratoniana sesión hubo algo de interacción, ya con un tono más brusco que la moderación y sosiego reinante en el global de la sesión extraordinaria. En gran parte de las horas del pleno lo que hubo fue un intercambio de reflexiones sobre el Estado de la Ciudad, en función de si hablaba el gobierno o si hablaba la oposición. Es decir, lo de siempre en estos casos. Con la idea de que esta sesión extraordinaria no se repetirá hasta 2028, pero que ha servido de pretemporada, antes de las vacaciones, para iniciar un curso político que culminará en debates, pero ya electorales. 

"Estamos haciendo lo que los jerezanos esperan de nosotros", ha dicho en la recta final García-Pelayo. Quizás es eso —que esperamos poco—, o que se abandonó toda esperanza, o que ya cualquier cosa ordinaria se recibe con el regocijo de lo extraordinario. Hay proyectos sobre la mesa, sí, pero muchos quedaron por el camino incomprensiblemente (el antiguo CAI, o Parque Tecnológico Agroindustrial) o, como ha dicho la portavoz de La Confluencia, Violeta Márquez (IU), "faltan transformaciones estructurales". El ejemplo está en el mismo salón de plenos, la fotografía de un Jerez que se quedó muy atrás. 

  • La bancada del principal grupo de la oposición, el PSOE.
  • -

Con la misa flamenca en Santiago ya iniciada, Jaime Espinar, segundo teniente de alcaldesa, seguía con su turno de réplica. Todo el mundo ya mirando el reloj. Desde las nueve de la mañana con un pleno ordinario de seis horas y hasta pasadas las nueve de la noche. Eso son casi doce horas de trabajo. Para que digan que los políticos y políticas no se ganan el sueldo. Algunos allí estaban por amor al arte. Tiene mérito.

¿Y qué Ciudad? ¿La ciudad escaparate? ¿La ciudad olvidada? El Estado de la Ciudad es francamente mejorable. Lo ha reconocido la propia alcaldesa y lo han recordado incansablemente los grupos de la oposición. Hay pocas cosas normales para una ciudad de estas dimensiones: los autobuses salían ardiendo y no permitían el pago con tarjeta (ahora hay muchos vehículos nuevos en la flota y pronto sabremos en la parada a qué hora llegan); las calles están sucias y el punto limpio puede que sea el más sucio de Cádiz; la cuestión cultural, más allá de derroches de cara a la galería, es para hacérselo mirar; la plantilla municipal cobra sueldos estratosféricos y productividades y gratificaciones que la Intervención considera irregulares… y como todo eso, muchísimo más. Y por eso, cerrando el debate, la alcaldesa reconoció: "Hace ocho años fui alcaldesa y ahora la situación es la misma, y no voy a hacer pasar a la ciudad por aquel sufrimiento que no sirve para nada".

Se refería a la etapa 2011-2015, en plena recesión económica y ley Montoro, cuando se castigó a la ciudad con un ERE municipal, privatizaciones e impagos continuados. En este mandato la consigna ha sido hágase lo que se deba y débase lo que se haga, al más puro estilo años 90. Y le ha dicho a José Antonio Díaz: "¿Que qué ha mejorado en estos tres años? ¿No me ha oído en las dos horas? He ido contando lo que hemos hecho, calle a calle donde vamos a intervenir, mayor ejercicio de transparencia imposible".

  • Susana Sánchez Toro, repleta de cafeína para la tarde que se venía encima.
  • -

El portavoz socialista le ha afeado: "¿Tres años después de llegar al gobierno se van a poner a parchear calles?". "Voy a entrar en modo zen con usted, me quedaré ajin, sin moverme; me empiezan a preocupar, han lanzado mensajes derrotistas, han sido incapaces de reconocer lo que se ha hecho: el tono, bueno; el fondo, regular, pero aunque se empeñen la ciudad se sigue moviendo", ha insistido Pelayo, antes de que Ignacio Soto, concejal de Vox, se calentase: "Ya está bien, llevamos tres años de riñas de perros y gatos (por PP y PSOE)". La alcaldesa le ha reprendido, pero sin aspavientos. No es que se haya tomado el Debate a chufla, es que ha evidenciado que no ha querido hacer sangre porque lo suyo es el cuerpo a cuerpo, la gente, no los plenos y los despachos. 

A diez meses de las elecciones municipales, con los colmillos cada vez más afilados y los gestos más y más tensos, con todo el mundo tentándose la ropa, los portavoces de la oposición han mantenido un tono constructivo que ha acabado, quizás por el paso de las horas, en un tono "caldeaíto", como ha apuntado Tere Chamizo, integrante de Ganemos en La Confluencia. “Si no quisiéramos a Jerez y quisiéramos trabajar por Jerez no estaríamos aquí, aunque nuestra mirada sea diferente”, ha mantenido Chamizo, en la que quizás haya sido una de las afirmaciones más honestas de cuantas se han dicho. Nadie de los presentes probablemente quiera algo malo para Jerez, pero hay veces que querer no es suficiente.

"Quien no quiere entender… pero los ciudadanos sé que me entienden y espero que me sigan comprendiendo y entendiendo. No caeré en trampas que provoquen un castigo a la ciudad", ha apuntalado García-Pelayo, olvidándose en gran parte de sus intervenciones de hablar de los jóvenes, del vastísimo Jerez rural —las raíces de lo que somos— y del plan de poda, como le recordó al final Espinar. Una ciudad es un territorio, unas raíces, sus niños, sus jóvenes y, por qué no, su plan de poda. Y todo eso es transversal. Algo me dice que este texto llegará vigente al próximo Debate sobre el Estado de la Ciudad. ¿Qué Debate, qué Estado, qué Ciudad? 

Debate sobre el Estado de la Ciudad. Año y medio después. Casi todo donde lo dejamos. El gobierno de turno que vende la ciudad que prospera frente a la oposición que, no tan apocalíptica como le recordábamos, confronta esa Arcadia feliz con un municipio lastrado por sus problemas eternos y con difícil solución. 

Pero en el fondo, nos preguntamos: ¿qué Debate? ¿qué Estado? ¿qué Ciudad? Antes de responder a esas cuestiones trascendentales, vaya por delante: el calor no ayuda en nada, baja la tensión, invita a la modorra (que se lo digan a Paco Zurita) y solo el bello arte del manejo del abanico, al estilo De la Cuadra, logra insuflar algo de oxígeno en un salón de plenos noventero, casi tan mal iluminado como acondicionado. No hay bioclimatización en la calle Consistorio, a años luz de cualquier avance tecnológico de andar por casa. Si alguna vez los concejales de la Corporación hacen una excursión juntos, que se acerquen a la vecina isla de San Fernando y verán un espacio para los plenos municipales del siglo XXI verdaderamente envidiable. Debe ser la alegría de gobernar con deuda cero.

Aquí anda todo casi tal y como lo dejó el político que tiene tanta culpa de lo bueno y de lo malo que hemos heredado las nuevas generaciones de una ciudad a veces insoportable, muchas veces adorable. Ese cráneo privilegiado —cóncavo y convexo— que aún no tiene su cuadro en la galería de alcaldes, como ninguna de las alcaldesas de la democracia, y sigue muy presente en el devenir político electoral. Jerez debe ser una gran anomalía política también para los pintores de los cuadros de alcaldes y alcaldesas. Pero volvamos a las preguntas. ¿Qué debate? Ninguno.

Si acaso un monólogo de un animal político apellidado García-Pelayo Jurado, de nombre María José, y una oposición dando ejemplo de la desgana de haber sido convocada a un festival de datos y titulares jugosos al que no quería acudir. Es lo que tiene ser presidenta de la Diputación de Cádiz, que la concejala Almudena Martínez del Junco se ahorró asistir por motivos de agenda. Los de la oposición se quejaron por lo precipitado e inoportuno de la tórrida convocatoria, y con razón, pero olvidaron que un dirigente político debe estar activado para cuando se le requiera.

Todos trataron de mostrar su mejor versión, más pendientes de candidaturas, listas y encuestas que de erosionar a la mayoría absoluta de García-Pelayo

Aun así, todos trataron de mostrar su mejor versión, más pendientes de candidaturas, listas y encuestas que de erosionar a la mayoría absoluta de García-Pelayo. Quizás por eso alguno se puso unos cascos en la bancada socialista para hacer como que no escuchaba. O como el que escuchaba llover en pleno final de julio, con España ardiendo por los incendios de sexta generación.

  • Un momento de la intervención de García-Pelayo.
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Lo de la alcaldesa de Jerez y el turno inicial ilimitado fue abrumador: dos horazas non stop. Ni agua bebió. Desde las 16.30 hasta pasada la hora de la merienda estuvo la excelentísima tirando de un rosario de medidas, anuncios, inversiones públicas o privadas, calles por asfaltar, acerados por reparar y cientos de datos que resultaron hipnóticos. Cuando pesa más la cantidad que la calidad siempre está el riesgo de la desconexión. Y a la hora y pico, ya aquello no funcionó. Ella, sin triunfalismos, contenida, y apelando a su humildad y a la asunción de culpas si hay fallos, que los hay.

¿Debate? ¿Qué Debate?

¿Debate? Casi no hubo debate como tal. Aquí se trataba de soltar la chapa, el speech, y otorgar pocas concesiones al adversario. Solo casi al final de la maratoniana sesión hubo algo de interacción, ya con un tono más brusco que la moderación y sosiego reinante en el global de la sesión extraordinaria. En gran parte de las horas del pleno lo que hubo fue un intercambio de reflexiones sobre el Estado de la Ciudad, en función de si hablaba el gobierno o si hablaba la oposición. Es decir, lo de siempre en estos casos. Con la idea de que esta sesión extraordinaria no se repetirá hasta 2028, pero que ha servido de pretemporada, antes de las vacaciones, para iniciar un curso político que culminará en debates, pero ya electorales. 

"Estamos haciendo lo que los jerezanos esperan de nosotros", ha dicho en la recta final García-Pelayo. Quizás es eso —que esperamos poco—, o que se abandonó toda esperanza, o que ya cualquier cosa ordinaria se recibe con el regocijo de lo extraordinario. Hay proyectos sobre la mesa, sí, pero muchos quedaron por el camino incomprensiblemente (el antiguo CAI, o Parque Tecnológico Agroindustrial) o, como ha dicho la portavoz de La Confluencia, Violeta Márquez (IU), "faltan transformaciones estructurales". El ejemplo está en el mismo salón de plenos, la fotografía de un Jerez que se quedó muy atrás. 

  • La bancada del principal grupo de la oposición, el PSOE.
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Con la misa flamenca en Santiago ya iniciada, Jaime Espinar, segundo teniente de alcaldesa, seguía con su turno de réplica. Todo el mundo ya mirando el reloj. Desde las nueve de la mañana con un pleno ordinario de seis horas y hasta pasadas las nueve de la noche. Eso son casi doce horas de trabajo. Para que digan que los políticos y políticas no se ganan el sueldo. Algunos allí estaban por amor al arte. Tiene mérito.

¿Y qué Ciudad? ¿La ciudad escaparate? ¿La ciudad olvidada? El Estado de la Ciudad es francamente mejorable. Lo ha reconocido la propia alcaldesa y lo han recordado incansablemente los grupos de la oposición. Hay pocas cosas normales para una ciudad de estas dimensiones: los autobuses salían ardiendo y no permitían el pago con tarjeta (ahora hay muchos vehículos nuevos en la flota y pronto sabremos en la parada a qué hora llegan); las calles están sucias y el punto limpio puede que sea el más sucio de Cádiz; la cuestión cultural, más allá de derroches de cara a la galería, es para hacérselo mirar; la plantilla municipal cobra sueldos estratosféricos y productividades y gratificaciones que la Intervención considera irregulares… y como todo eso, muchísimo más. Y por eso, cerrando el debate, la alcaldesa reconoció: "Hace ocho años fui alcaldesa y ahora la situación es la misma, y no voy a hacer pasar a la ciudad por aquel sufrimiento que no sirve para nada".

Se refería a la etapa 2011-2015, en plena recesión económica y ley Montoro, cuando se castigó a la ciudad con un ERE municipal, privatizaciones e impagos continuados. En este mandato la consigna ha sido hágase lo que se deba y débase lo que se haga, al más puro estilo años 90. Y le ha dicho a José Antonio Díaz: "¿Que qué ha mejorado en estos tres años? ¿No me ha oído en las dos horas? He ido contando lo que hemos hecho, calle a calle donde vamos a intervenir, mayor ejercicio de transparencia imposible".

  • Susana Sánchez Toro, repleta de cafeína para la tarde que se venía encima.
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El portavoz socialista le ha afeado: "¿Tres años después de llegar al gobierno se van a poner a parchear calles?". "Voy a entrar en modo zen con usted, me quedaré ajin, sin moverme; me empiezan a preocupar, han lanzado mensajes derrotistas, han sido incapaces de reconocer lo que se ha hecho: el tono, bueno; el fondo, regular, pero aunque se empeñen la ciudad se sigue moviendo", ha insistido Pelayo, antes de que Ignacio Soto, concejal de Vox, se calentase: "Ya está bien, llevamos tres años de riñas de perros y gatos (por PP y PSOE)". La alcaldesa le ha reprendido, pero sin aspavientos. No es que se haya tomado el Debate a chufla, es que ha evidenciado que no ha querido hacer sangre porque lo suyo es el cuerpo a cuerpo, la gente, no los plenos y los despachos. 

A diez meses de las elecciones municipales, con los colmillos cada vez más afilados y los gestos más y más tensos, con todo el mundo tentándose la ropa, los portavoces de la oposición han mantenido un tono constructivo que ha acabado, quizás por el paso de las horas, en un tono "caldeaíto", como ha apuntado Tere Chamizo, integrante de Ganemos en La Confluencia. “Si no quisiéramos a Jerez y quisiéramos trabajar por Jerez no estaríamos aquí, aunque nuestra mirada sea diferente”, ha mantenido Chamizo, en la que quizás haya sido una de las afirmaciones más honestas de cuantas se han dicho. Nadie de los presentes probablemente quiera algo malo para Jerez, pero hay veces que querer no es suficiente.

"Quien no quiere entender… pero los ciudadanos sé que me entienden y espero que me sigan comprendiendo y entendiendo. No caeré en trampas que provoquen un castigo a la ciudad", ha apuntalado García-Pelayo, olvidándose en gran parte de sus intervenciones de hablar de los jóvenes, del vastísimo Jerez rural —las raíces de lo que somos— y del plan de poda, como le recordó al final Espinar. Una ciudad es un territorio, unas raíces, sus niños, sus jóvenes y, por qué no, su plan de poda. Y todo eso es transversal. Algo me dice que este texto llegará vigente al próximo Debate sobre el Estado de la Ciudad. ¿Qué Debate, qué Estado, qué Ciudad? 

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