Decía el escritor alemán Jean Paul Friedrich que "la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados". Y, a ella, a la memoria, parece estar condenada una flota pesquera que, como la Invencible de Felipe II, durante décadas dominó unas aguas y caladeros que, entonces, creía eternos. Parafraseando al otrora imperio español, en "Barbate nunca se ponía el boquerón".
Aquellos, eran tiempos de gloria, empleo y riqueza. Tiempos de los que ya solo dan testimonio edificios como el antiguo CineAvenida (un hito en su época); las imágenes desgastadas de un puerto atestado de barcos que cuelgan en la cantina de la Albufera y, sobre todo, los susurros de una memoria que, aún hoy, entre cafés, cervezas y largas tertulias, alimentan los marineros, patrones y rederos supervivientes de una historia que (todos coinciden) es la crónica de “una muerte anunciada” desde finales del siglo pasado.
Gatos en el puerto de Barbate, esperando para hacerse con un botín de pescado.
-
JUAN CARLOS TORO
“Tengo 76 años y no hay un día que no me acerque al puerto. Aquí disfruté de los mejores años de mi vida y nunca, ni en mis peores pesadillas, pensé que un día iba a ver esto”, apunta José María López mientras que, apoyado en una de las barandas que se asoman a la zona de amarre de la mermada flota artesanal, otea un horizonte que se ha ido desacostumbrando al bullicio de las embarcaciones pesqueras.
Pescadores de Barbate, con la pesca del día.
-
JUAN CARLOS TORO
“Es verdad que durante los 50 años que estuve al mando del ‘Almirante Lobo’ (embarcación que aún faena en Sanlúcar de Barrameda) me tocó vivir épocas muy buenas, buenas y malas. La pesca es lo que tiene, pero nunca imaginé que algo tan nuestro, tan barbateño, pudiese llegar a desaparecer”. Y es que aquí “no había una familia que no tuviese lazos con la mar”.
Pescadores, patrones y rederos asumen el ocaso de un sector que le ha dado todo a la localida
El principio del 'hundimiento'
Convencido de que el ‘hundimiento’ del sector pesquero barbateño se inició con los ‘cañonazos’ de los primeros “rifirrafes” a cuenta del uso de los caladeros marroquíes y la política de pesca de la UniónEuropea; José María tiene claro que, “si, como parece, salir a pescar va a seguir costando dinero, el puerto va quedar para la almadraba y”, sospecha, “algún uso militar”. “Yo no lo voy a ver, pero aquí”, exclama, “vamos a tener un puerto militar y unas cuantas barquillas”.
Los temores de este viejo lobo de mar no ‘caminan’ solos por el puerto.
“Yo soy trasmallero. Nací con una aguja en la mano y me apena ver que, como mucho, ya solo quedan cuatro o cinco personas que ejerzan este oficio”, lamenta Francisco, jubilado de la mar, mientras da ‘puntadas’ a una red. “Lo hago por echar un cable al hijo de un amigo pescador y, sobre todo”, reconoce, “para matar ese bichillo que aún llevo dentro”.
Francisco, dando puntadas a una red en el puerto de Barbate.
-
JUAN CARLOS TORO
Las manos de Francisco, en plena faena.
-
JUAN CARLOS TORO
“Esto no es fácil, precisa de mucha maña, tiempo y conocimiento, pero sin recompensa, ¿quién va a querer ser trasmallero?”, pregunta. “La pesca ya no da dinero ni genera estabilidad. Por así decirlo, ha ido echando a los jóvenes que, aunque fuese poco, todavía tenían algún interés en dedicarse a esta profesión”.
“En Barbate, en los tiempos de la peseta”, recuerda, “se ganaba mucho dinero, pero ahora se llevan días en la mar y se pueden venir con 100 o 150 euros limpios”.
"Esto va a quedar para la almadraba y algún uso militar"
José María López, patrón durante 50 años del 'Almirante Lobo'
“Y no digo esto por despecho. Es más, a mí la pesca me lo ha dado todo”. “Cuando me casé”, recuerda, “mi mujer y yo solo teníamos una colcha y, gracias a ella, me pude comprar una casa, mantener a mi familia y darle estudios a mis hijos”.
“Pese a ello, viendo lo que se venía, no tuve más remedio que inculcarle a mis hijos que no pusieran su vida en manos de la pesca”. “Es una pena, pero esto se muere”, lamenta mientras vuelve a poner la mirada en el arte.
Pescados, en el puerto de Barbate.
-
JUAN CARLOS TORO
La escasa pesca de un pescador de Barbate.
-
JUAN CARLOS TORO
Pescadores alertan de que "falta mano de obra para faenar"
A pocos metros, junto a algunos barcos que llevan meses en venta (fenómeno que va cobrando cada vez más fuerza en la Albufera y otros puertos gaditanos), Rafael Infante pone el pie en tierra tras una mala jornada de pesca; una más.
Su cara lo dice todo. Apenas hace falta preguntarle para saber que, como a tantos otros compañeros, solo le mantiene en la brecha el orgullo de pertenecer a una larga dinastía de pescadores y su pasión por la mar. “¿Por dónde empiezo?”, pregunta.
"El mayor problema es la falta de relevo generacional"
Rafael Infante, patrón
“Como se suele decir, esto no hay ya por dónde cogerlo”. “Sufrimos muchos males, pero uno de los que me perjudica más en el día a día es la falta de mano de obra para faenar”. “La situación que arrastra el sector”, lamenta, “ha hecho que no exista relevo generacional y que, por tanto, nos la veamos y deseemos para encontrar gente que quiera trabajar en la mar”.
“Antes, un barco como el nuestro”, explica, “salía a faenar con diez o doce personas; ahora, no pasamos de cinco o seis”. “Es más, hay muchas embarcaciones que no están saliendo a pescar porque no tienen personal”. Situación que “también están padeciendo en los puertos de Cádiz, Conil de la Frontera o Sanlúcar de Barrameda, entre otros.”
Labores de arreglo de una red de pesca.
-
JUAN CARLOS TORO
A ello, Rafael suma los bajos precios en lonja de la capturas. “Ahora, en verano, están algo mejor por la demanda del turismo, pero el resto del año, nada de nada”.
“Si a esto”, añade, “une los altos precios del combustible, las malas condiciones meteorológicas de este año y, para rematar la faena, el alga asiática, hay días que es mejor no salir. No para no ganar dinero, sino para no perderlo”.
“Sacar un barco como el nuestro a la mar cuesta unos 500 euros diarios y si sumas tres o cuatro día de pérdidas, te mata”.
Obstáculos a los que el patrón barbateño suma las “crecientes exigencias administrativas y las restricciones para pescar”.
Rafael Infante, tras una mala jornada de pesca.
-
JUAN CARLOS TORO
“Antes se podía faenar más cerca de nuestra costa; ahora nos obligan a pescar a partir de una línea imaginaria que hay en mitad del Estrecho, lo que supone más gastos y, la mayoría de las jornadas, menos pescado”.
“Llevo toda la vida en la pesca. Comencé con mi padre a los 14 o 15 años y después, cuando se jubiló, mis hermanos y yo heredamos su barco. Y, aunque es cierto que hemos pasado por todo tipo de situaciones, lo de ahora es otra historia”.
"Con tristeza, he tenido que inculcarle a mis hijos que no pusieran su vida en manos de la pesca"
Francisco, trasmallero
El reto del relevo generacional
“Con este panorama”, apunta, “es normal que los jóvenes ya no miren al puerto para labrarse el futuro. Como es lógico, ahora prefieren la hostelería, que, cuando menos, les garantiza un sueldo a final de mes y muchos menos desvelos”.
Sobre su incierto futuro, Rafael Infante señala que “seguiré aquí hasta que el cuerpo aguante, porque de esto comemos tres familias”. “Cuando ya no pueda más por los precios y la falta de pesca, ya veremos si vendemos el barco y, como se suele decir, a otra cosa”.
“Esto”, sentencia, “está condenado a morir. Es cuestión de unos pocos años”. Cabizbajo por una nueva jornada aciaga, Rafael Infante encamina sus pasos a una cantina que, testigo de días de gloria, en los últimos tiempos se ha convertido en ‘muro de las lamentaciones’ de quienes, pese a los innumerables sinsabores, siguen atrapados por la mar.
Decía el escritor alemán Jean Paul Friedrich que "la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados". Y, a ella, a la memoria, parece estar condenada una flota pesquera que, como la Invencible de Felipe II, durante décadas dominó unas aguas y caladeros que, entonces, creía eternos. Parafraseando al otrora imperio español, en "Barbate nunca se ponía el boquerón".
Aquellos, eran tiempos de gloria, empleo y riqueza. Tiempos de los que ya solo dan testimonio edificios como el antiguo CineAvenida (un hito en su época); las imágenes desgastadas de un puerto atestado de barcos que cuelgan en la cantina de la Albufera y, sobre todo, los susurros de una memoria que, aún hoy, entre cafés, cervezas y largas tertulias, alimentan los marineros, patrones y rederos supervivientes de una historia que (todos coinciden) es la crónica de “una muerte anunciada” desde finales del siglo pasado.
Gatos en el puerto de Barbate, esperando para hacerse con un botín de pescado.
-
JUAN CARLOS TORO
“Tengo 76 años y no hay un día que no me acerque al puerto. Aquí disfruté de los mejores años de mi vida y nunca, ni en mis peores pesadillas, pensé que un día iba a ver esto”, apunta José María López mientras que, apoyado en una de las barandas que se asoman a la zona de amarre de la mermada flota artesanal, otea un horizonte que se ha ido desacostumbrando al bullicio de las embarcaciones pesqueras.
Pescadores de Barbate, con la pesca del día.
-
JUAN CARLOS TORO
“Es verdad que durante los 50 años que estuve al mando del ‘Almirante Lobo’ (embarcación que aún faena en Sanlúcar de Barrameda) me tocó vivir épocas muy buenas, buenas y malas. La pesca es lo que tiene, pero nunca imaginé que algo tan nuestro, tan barbateño, pudiese llegar a desaparecer”. Y es que aquí “no había una familia que no tuviese lazos con la mar”.
Pescadores, patrones y rederos asumen el ocaso de un sector que le ha dado todo a la localida
El principio del 'hundimiento'
Convencido de que el ‘hundimiento’ del sector pesquero barbateño se inició con los ‘cañonazos’ de los primeros “rifirrafes” a cuenta del uso de los caladeros marroquíes y la política de pesca de la UniónEuropea; José María tiene claro que, “si, como parece, salir a pescar va a seguir costando dinero, el puerto va quedar para la almadraba y”, sospecha, “algún uso militar”. “Yo no lo voy a ver, pero aquí”, exclama, “vamos a tener un puerto militar y unas cuantas barquillas”.
Los temores de este viejo lobo de mar no ‘caminan’ solos por el puerto.
“Yo soy trasmallero. Nací con una aguja en la mano y me apena ver que, como mucho, ya solo quedan cuatro o cinco personas que ejerzan este oficio”, lamenta Francisco, jubilado de la mar, mientras da ‘puntadas’ a una red. “Lo hago por echar un cable al hijo de un amigo pescador y, sobre todo”, reconoce, “para matar ese bichillo que aún llevo dentro”.
Francisco, dando puntadas a una red en el puerto de Barbate.
-
JUAN CARLOS TORO
Las manos de Francisco, en plena faena.
-
JUAN CARLOS TORO
“Esto no es fácil, precisa de mucha maña, tiempo y conocimiento, pero sin recompensa, ¿quién va a querer ser trasmallero?”, pregunta. “La pesca ya no da dinero ni genera estabilidad. Por así decirlo, ha ido echando a los jóvenes que, aunque fuese poco, todavía tenían algún interés en dedicarse a esta profesión”.
“En Barbate, en los tiempos de la peseta”, recuerda, “se ganaba mucho dinero, pero ahora se llevan días en la mar y se pueden venir con 100 o 150 euros limpios”.
"Esto va a quedar para la almadraba y algún uso militar"
José María López, patrón durante 50 años del 'Almirante Lobo'
“Y no digo esto por despecho. Es más, a mí la pesca me lo ha dado todo”. “Cuando me casé”, recuerda, “mi mujer y yo solo teníamos una colcha y, gracias a ella, me pude comprar una casa, mantener a mi familia y darle estudios a mis hijos”.
“Pese a ello, viendo lo que se venía, no tuve más remedio que inculcarle a mis hijos que no pusieran su vida en manos de la pesca”. “Es una pena, pero esto se muere”, lamenta mientras vuelve a poner la mirada en el arte.
Pescados, en el puerto de Barbate.
-
JUAN CARLOS TORO
La escasa pesca de un pescador de Barbate.
-
JUAN CARLOS TORO
Pescadores alertan de que "falta mano de obra para faenar"
A pocos metros, junto a algunos barcos que llevan meses en venta (fenómeno que va cobrando cada vez más fuerza en la Albufera y otros puertos gaditanos), Rafael Infante pone el pie en tierra tras una mala jornada de pesca; una más.
Su cara lo dice todo. Apenas hace falta preguntarle para saber que, como a tantos otros compañeros, solo le mantiene en la brecha el orgullo de pertenecer a una larga dinastía de pescadores y su pasión por la mar. “¿Por dónde empiezo?”, pregunta.
"El mayor problema es la falta de relevo generacional"
Rafael Infante, patrón
“Como se suele decir, esto no hay ya por dónde cogerlo”. “Sufrimos muchos males, pero uno de los que me perjudica más en el día a día es la falta de mano de obra para faenar”. “La situación que arrastra el sector”, lamenta, “ha hecho que no exista relevo generacional y que, por tanto, nos la veamos y deseemos para encontrar gente que quiera trabajar en la mar”.
“Antes, un barco como el nuestro”, explica, “salía a faenar con diez o doce personas; ahora, no pasamos de cinco o seis”. “Es más, hay muchas embarcaciones que no están saliendo a pescar porque no tienen personal”. Situación que “también están padeciendo en los puertos de Cádiz, Conil de la Frontera o Sanlúcar de Barrameda, entre otros.”
Labores de arreglo de una red de pesca.
-
JUAN CARLOS TORO
A ello, Rafael suma los bajos precios en lonja de la capturas. “Ahora, en verano, están algo mejor por la demanda del turismo, pero el resto del año, nada de nada”.
“Si a esto”, añade, “une los altos precios del combustible, las malas condiciones meteorológicas de este año y, para rematar la faena, el alga asiática, hay días que es mejor no salir. No para no ganar dinero, sino para no perderlo”.
“Sacar un barco como el nuestro a la mar cuesta unos 500 euros diarios y si sumas tres o cuatro día de pérdidas, te mata”.
Obstáculos a los que el patrón barbateño suma las “crecientes exigencias administrativas y las restricciones para pescar”.
Rafael Infante, tras una mala jornada de pesca.
-
JUAN CARLOS TORO
“Antes se podía faenar más cerca de nuestra costa; ahora nos obligan a pescar a partir de una línea imaginaria que hay en mitad del Estrecho, lo que supone más gastos y, la mayoría de las jornadas, menos pescado”.
“Llevo toda la vida en la pesca. Comencé con mi padre a los 14 o 15 años y después, cuando se jubiló, mis hermanos y yo heredamos su barco. Y, aunque es cierto que hemos pasado por todo tipo de situaciones, lo de ahora es otra historia”.
"Con tristeza, he tenido que inculcarle a mis hijos que no pusieran su vida en manos de la pesca"
Francisco, trasmallero
El reto del relevo generacional
“Con este panorama”, apunta, “es normal que los jóvenes ya no miren al puerto para labrarse el futuro. Como es lógico, ahora prefieren la hostelería, que, cuando menos, les garantiza un sueldo a final de mes y muchos menos desvelos”.
Sobre su incierto futuro, Rafael Infante señala que “seguiré aquí hasta que el cuerpo aguante, porque de esto comemos tres familias”. “Cuando ya no pueda más por los precios y la falta de pesca, ya veremos si vendemos el barco y, como se suele decir, a otra cosa”.
“Esto”, sentencia, “está condenado a morir. Es cuestión de unos pocos años”. Cabizbajo por una nueva jornada aciaga, Rafael Infante encamina sus pasos a una cantina que, testigo de días de gloria, en los últimos tiempos se ha convertido en ‘muro de las lamentaciones’ de quienes, pese a los innumerables sinsabores, siguen atrapados por la mar.
Comentarios