Opinión

El andaluz que quería ser un facha pobre

Sí, el título es una provocación. Nada que ver con la que utilizan muchos de los que se sienten aludidos cuando nos “insultan” llamándonos rojos, feministas o ecologistas. Porque para estos fachas pobres no es política que la bandera española esté cosida al catolicismo como religión de Estado. Pero sí lo denuncias, sí. Porque para estos fachas pobres no es política que quieran levantar un muro para impedir que entren migrantes a España. Pero si lo denuncias, sí.

Porque para estos fachas pobres no es política compartir memes y vídeos que ridiculizan a personas gitanas, musulmanas, animalistas o feministas. Pero si lo denuncias, sí. Porque para estos fachas pobres no es política todo aquello que les daña como pobres, pero sí lo que les daña como fachas. Sin darse cuenta de que ambas cosas son incompatibles. Sin darse cuenta de que han perdido la conciencia de clase.

En una de las escenas de la mítica película Tierra de rastrojos, unos jornaleros se preguntan qué harían si llegase la revolución, y uno de ellos responde algo así: “Yo me compraría un caballo, un traje blanco y un sombrero de ala ancha y os pondría a trabajar para mí”. Confieso que me devastó el alma. Han pasado algunos años desde la que viera, muchos más desde que se rodó, y todavía más desde los tiempos en que está basada, y la situación actual es aún más sangrante. Porque entonces existía la conciencia de clase y de pueblo subyugado. Conocíamos a los culpables del hambre y la miseria. Existía la esperanza de poder revertir la situación fundada en ideologías de izquierda y en actitudes de izquierda, mediante la redistribución de la riqueza y la unión de la clase trabajadora, para que la educación, la sanidad y la justicia no fueran privilegio de unos pocos.

Hoy, todo ese discurso suena a rancio, apolillado, viejo. Lo moderno es ser un facha pobre. Defender a quienes te explotan sin tener la más mínima conciencia de ello. Porque los culpables de que no puedas pagar la hipoteca no son los bancos, sino los piojosos que se ponen delante de tu casa para evitar que te desahucien. Los culpables de que cierren las tiendas de barrio no son los centros comerciales o las portales por internet a dónde prefieres comprar porque no tienes tiempo, sino los migrantes que vienen en patera. Los culpables de que no puedas pagar la leche, el pan, el pollo o los huevos no son las cadenas multinacionales que las venden a pérdidas, sino estos malditos gobernantes que no quieren bajar los impuestos. Y así es imposible. Han ganado la batalla cultural. Sólo pueden levantarse las personas o los pueblos que tienen conciencia de estar arrodillados. Y me duele decir que el pueblo andaluz, especialmente la gente más humilde, no lo sabe y prefiere no saberlo.

Cuando murió el dictador, Andalucía sabía y sentía que sus males endémicos provenían de la dictadura y del centralismo. Por eso salimos en masa a la calle para exigir libertad y autonomía. La conseguimos. ¿Para qué? Durante todos estos años, especialmente el PSOE (con la complicidad del andalucismo orgánico y de la izquierda), hizo lo indecible por desconectar la identidad social de Andalucía, hasta entonces uña y carne. Las causas sociales fueron el único elemento vertebrador de los movimientos ciudadanos durante la última crisis. Y así, lo identitario dejó de ser social y viceversa. Llama la atención que el 15M en Andalucía no levantara la verde y blanca en sus reivindicaciones democráticas, a diferencia de otros pueblos del Estado.

En Andalucía, por el contrario, la crisis económica aventó el mito del fracaso autonómico, cuando fueron precisamente los municipios y las autonomías las que asumieron las competencias más cercanas y humanitarias con sus víctimas, mientras desde el centralismo se imponían techos de gasto y rescates bancarios. Un enorme error. Sirva como ejemplo la inconstitucionalidad de la Ley de la Función Social de la Vivienda. Un recorte de las competencias andaluzas mientras desde el gobierno se rescataba a la banca. La falta de reacción social, a diferencia de lo que ocurrió en la década de los 80 con la reforma agraria, confirma el divorcio de la reivindicación identitaria con la social. Y eso ha generado la sensación opuesta entre la ciudadanía: la culpa de la crisis social es del gobierno andaluz, de la Junta, del Estado autonómico, de Andalucía. Y la solución vendrá del centralismo, de España.

Mientras tanto, la ultraderecha se ha rearmado y la jerarquía católica se ha empoderado como nunca desde la llegada de la democracia. Y juntos de la mano han conseguido el más difícil todavía: hacerte creer que los débiles son los culpables de tus males y que ellos serán quienes salvarán nuestra patria contigo dentro. Y en ese contexto, donde la izquierda y Andalucía son el problema, la única solución pasa por cambiar de bando. Aunque la sanidad andaluza sea una de las mejores de Europa, la solución pasa por ir a antes a una privada. Aunque los mejores expedientes de selectividad provengan de jóvenes de pueblo y de la educación pública andaluza, la solución pasa por llevarlos a la capital y matricularlos en uno concertado católico donde no hay tanta chusma metida. Y para pagar a unos y otros, la solución pasa por rebajar los impuestos, adelgazar cada vez más los servicios públicos, y abocarnos al cierre de aulas y hospitales demostrando así que tenían razón.

Todo se arreglaría si, por ejemplo, la jerarquía católica devolviera el patrimonio público que nos ha incautado y pagase “religiosamente” por los ingresos que genera como todo buen cristiano. Todo se arreglaría si, por ejemplo, la educación privada se sufragara con el dinero de quien quiera y pueda pagarla, destinando todas esas inmensas cantidades que van a la concertada a reforzar la pública. Todo se arreglaría si comenzáramos a tomar conciencia de que nuestros índices de pobreza y emigración no se arreglan eximiendo a los millonarios de pagar el impuesto de sucesiones, sino exigiendo que paguen más para que compartan su riqueza con los que no tienen. La democracia no se funda en la caridad voluntaria sino en la solidaridad obligatoria. Pero nos han hecho creer que la culpa es nuestra. Y por eso no queremos ser ni parecer unos pobres andaluces: mucho mejor presumir de patriotas y católicos, de esos que insultan a rojos, feministas y ecologistas. Y así nos va.

Artículo publicado originalmente en portaldeandalucia.org

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Comentarios

  1. Un artículo tan malísimamente malo, tan plagado de mantras , clichés, falacias y dogmas, tan horteramente burdo, que no merece la pena perder el tiempo en desmontarlo. Sólo una pregunta al autor (anclado en la decimonónica lucha de clases ignorando que en Europa, tras la SGM, no hay proletarios): ¿Sabe de algún país en el que se haya implantado el comunismo y que no esté en la miseria?

  2. Enhorabuena por el artículo,, tan necesario en estos tiempos del avance del fascismo rancio de la caverna, mucho se ha caminado y luchado como para volver ahora muchos pasos atrás.

        1. A usted es muy fácil darle lecciones de comportamiento civilizado en un foro. La primera lección que debe aprender es que no se debe suplantar la identidad de otro nunca.

          1. Tiene razon, le pido disculpas, la primera leccion que debo aprender es no alimentar al troll, al troll que es usted por supuesto, que le pagan desde la extrema derecha para incendiar las redes, insultar, etc tan tipico de los fascistas que tienen mas odio que ideas.
            Prosiga con sus argumentos de fantasía, tan efusivo como ver a un terraplanista intentando convencerte con sus “argumentos cientificos y racionales”, para la proxima traigo palomitas.

    1. Que va tío se ha pasado, demasiadas mentiras juntas, demasiada demagogia, demasiado todo y encima dice que los insultan. Y el insulto más grande lo hace él a mucha gente de la que habla que no es lo que dice el que son. Mala estrategia lleva, demasiado hartos para tragarse esta mierda

  3. Pide el troll podemita que suplanta mi nombre que dé argumentos, aunque él se guarda mucho de darlos porque, sin duda, es incapaz de ello; pues bien, desperdiciaré algún tiempo para poner negro sobre blanco las barbaridades vertidas en el artículo que motiva este foro.
    La bandera española no está cosida al catolicismo ni a ninguna otra religión, como falsamente dice el autor; basta leer los artículos 4.1 y 16 de la Constitución para comprobarlo.
    No es fascismo querer que se cumpla la legislación de extranjería y se controle la inmigración, pues eso lo hacen todos los países democráticos de Occidente; lo antidemocrático es promover el incumplimiento de la ley. Y eso no es una cuestión de ricos o pobres, sino de legalidad.
    Compartir memes y videos que ridiculizan a gitanos, musulmanes, animalistas o feministas tiene la misma consideración que compartir memes y videos que ridiculizan a payos, católicos, cazadores o machistas; es derecho a la libertad de expresión, a la crítica en forma de humor, y el hecho de que sea merecedor de reproche social y jurídico depende sólo de que traspase, o no, los límites del derecho al honor de las personas. ¿O quiere el autor implantar la censura?
    En Occidente hace décadas que no existen las clases sociales en el sentido marxista decimonónico del término. El autor vive mentalmente en un pasado ideológico casposo. La “lucha de clases” hace mucho que quedó claro que no explica la Historia, y menos aún el mundo actual globalizado. Así que la “conciencia de clase” que nostálgicamente quiere resucitar el autor es una antigualla de la Historia que sólo generó odios, crímenes y guerras. En Occidente no hay proletarios desde la SGM. Y, en todo caso, el comunismo que añora y propugna el autor sólo ha llevado la más profunda miseria y los peores horrores a los países en los que ha gobernado y gobierna dictatorialmente. Ningún sistema político es más generador de hambre y miseria (usando palabras del autor) que el comunismo, que no redistribuye nunca la riqueza sino la pobreza y que siempre crea una casta (dinástica) dirigente y extractora, parásita y corruptísima.
    La educación, la sanidad y la justicia pública y universal son conquistas occidentales alcanzadas al margen del comunismo, en sistemas capitalistas. Todos los países del antiguo bloque soviético (incluida Rusia) detestan el comunismo. El discurso del autor no es que “suene a rancio, apolillado y viejo”, sino que es rancio, apolillado y viejo.
    El autor, en su delirio, pretende culpar de todos los males del mundo a los bancos, a los centros comerciales y portales de internet, a las cadenas multinacionales de alimentación, es decir, al progreso del sistema capitalista que ha hecho posible la sociedad de mercado pletórico que vivimos; según parece, él preferiría volver a las tiendas de ultramarinos y a las cajas de ahorro con tipos de interés altos y gestión corrupta y ruinosa. Añora las estructuras comerciales del pasado, en un delirio que recuerda a las barbaridades retrógradas de la revolución cultural de Mao o del genocida régimen comunista de Pol Pot.
    Cuando murió Franco, las masas salieron a la calle a despedirlo, ¿no vio el autor los documentos gráficos de las enormes colas de aquellos días para visitar su capilla ardiente? Porque, le guste o no, Franco se pudo mantener en el poder casi 40 años y morir en la cama porque gozó del apoyo mayoritario de la sociedad española (las encuestas que hacía el régimen le daba un apoyo superior al 70% y las que hacían las potencias extranjeras daban resultados parecidos), cosa que sabía muy bien la oposición antifranquista de la época y por eso fracasó y no pudo derrocar al régimen; nadie salió a la calle para protestar por nada cuando murió Franco, menos aún los andaluces. Por fortuna, en Andalucía no padecemos la lacra del nacionalismo ni, menos aún, del separatismo, salvo cuatro alucinados.
    La iglesia católica debe pagar sus impuestos y el patrimonio debe ser del Estado, pero eso no arreglará “todo” y tampoco veo que sobre eso figure nada en el programa electoral de ningún partido de izquierda, ninguno promete la denuncia del Concordato con la Santa Sede ni lo hará si llega al poder.
    Los padres españoles tienen derecho constitucional a proporcionarle a sus hijos la educación con los valores éticos y religiosos que consideren mejor y el Estado tiene el deber de facilitar ese derecho constitucional, así que no se debe suprimir la educación concertada por la simple razón de que el autor quiera imponer a todos su modelo particular de educación.
    Subir los impuestos más aún a los millonarios no va a aumentar significativamente la recaudación, pues esas personas ya tienen su patrimonio fiscalmente protegido; solo causaría una fuga de capitales a otros países de la UE con mejores condiciones fiscales, pues en la UE hay libertad de movimiento de capitales, con la consiguiente pérdida de inversiones y de empleo en España.
    España ya es un Estado social y democrático de derecho con uno de los sistemas de bienestar social más avanzados del mundo; viaje un poco y verá lo que hay por ahí fuera.
    Nada más de izquierda auténtica que ser un patriota y defender a la Nación española de la que somos ciudadanos y al Estado que garantiza nuestros derechos y libertades. Nada más de izquierda que el racionalismo y la solidaridad, justo o contrario de lo que pretenden los separatistas que apoya nuestra izquierda cateta y desnortada.

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