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Semana patriótica

La semana ha estado protagonizada también por la resaca del triunfo en el mundial. Parece como si eso hubiera apagado los incendios que nos azotan

  • Santiago Matamoros en la catedral de Santiago de Compostela, sin flores y con flores.

Ha sido una semana patriótica que ayer se cerró con la festividad de Santiago el Mayor, en otros tiempos llamado Santiago Matamoros, al que también habrá que llamar Santiago Mataflores dado que, en un momento dado, en 2021, con motivo de las obras en la catedral de Santiago de Compostela, de pronto se produjo otro milagro que añadir a la aparición del apóstol en una batalla que tuvo lugar allá por el siglo IX entre cristianos y musulmanes. El milagro fue que los subyugados sarracenos se convirtieron en flores y luego todo el conjunto desapareció y ahora ni sé dónde está ni me importa si existe o no existe porque ya es hora de que todas estas manifestaciones emocionales las sometamos a la razón, aunque sea un poquito.

Someterlas a la razón quiere decir que, si a la península ibérica la invadieron los islamistas y la tomaron, casi en un paseo, a partir de los inicios del siglo VIII obligando a muchos hispano-visigodos cristianos a retirarse hacia el norte, pues ya está, eso es la Historia, unas veces se gana y otras se pierde. Los visigodos se mataban entre ellos en las zonas más altas del poder -ya sabemos lo de Leovigildo y Hermenegildo, padre e hijo a espadazos-, la gente estaba más que harta de aquella situación y apenas ofreció resistencia al avance islámico.

Nos dejaron excelentes muestras de su paso los seguidores del islam, en Sevilla las leyendas de Almutamid y su reino taifa en el siglo XI -que ocupaba gran parte de Andalucía- más algunos restos del Alcázar que parece que empezó a construir aquel rey poeta que lo mismo escribía versos que cortaba cabezas si era menester.

 

El escritor Juan Rey acaba de publicar la novela Agmat. El exilio del rey poeta (Almuzara). Hemos mitificado a Almutamid desde hace ya decenios. A finales de los años 70-inicios de los 80 el Colectivo Cultural Gallo de Vidrio -al que sigo ligado- le rindió un homenaje en una azotea sevillana con la Giralda al fondo, con versos, música andalusí, dátiles y té moruno. Y ahí sigue Almutamid, los andalucistas seguidores de Blas Infante imitan a su líder inmortal, trasladándose a Agmat, lugar donde Almutamid murió y está enterrado tras el destierro que sufrió a manos de los mismos a los que llamó para que lo ayudarán en sus luchas contra el cristianismo, los almorávides. Procede indicar aquí que, pronto, en la madrugada del lunes 10 al martes 11 de agosto, se cumplen 90 años del fusilamiento del considerado oficialmente Padre de la Patria Andaluza.

 

Los reinos taifas surgieron como consecuencia de la decadencia del Califato de Córdoba que, antes de entrar en barrena, todos sabemos su gran significado histórico y las personalidades que nos legó. Durante el mandato de al-Hakam II, a decir de Emma Lira, la ciudad se convirtió en un faro de conocimiento y creatividad. Este periodo es considerado por muchos como la cúspide de la civilización islámica en Europa. Las artes y las ciencias florecieron, y la biblioteca califal aspiraba a ser un compendio de todo el saber de la época. Las mujeres islámicas -sobre todo las pertenecientes a las élites- poseyeron un papel que poco tiene que ver con el que hoy padecen. Averroes, Avicena, Maimónides, nos aportaron ciencia y herencia de la filosofía clásica griega.

 

 

Aquel personal fue decayendo por sí solo y por la colonización occidental y ahora está donde debe estar, fuera de la península, oficialmente, de facto, ha vuelto, pero ya no es el mismo, sigue demasiado apegado a la ortodoxia religiosa. En Sevilla lleva años queriendo construir una mezquita, ya parece que lo ha conseguido. Que le vaya bien, eso es la libertad religiosa de la que ellos deberían aprender porque si yo, que soy un infiel, me introduzco en una de esas pequeñas mezquitas que no son para turistas, se supone que la he profanado y hay que desinfectar aquello. No sabía que servidor, un simple ciudadano terráqueo, tuviera tanta importancia para Alá. Bastante tendrá Alá con intentar que sus creyentes dejen de matarse entre ellos, antes, y ahora en Oriente Medio para beneficio de Estados Unidos.

 

La semana ha estado protagonizada también por la resaca del triunfo en el mundial. Parece como si eso hubiera apagado los incendios que nos azotan. A ver si nos ponemos a aclarar las causas de toda esta catástrofe porque desde luego el cambio climático no es el causante principal, lo que pasa es que estamos tan ocupados con el Viva España y con la creación de una nueva televisión para adorar a la Moncloa (La Séptima TV, temblad las demás) que dejamos a un lado lo urgente para centrarnos en lo importante.

 

Desde luego ha sido importante esa unión en torno a una bandera. He recibido multitud de Tik Tok sobre el tema y he visto y leído mucho. A mí la bandera constitucional todavía me da algo de yuyu por mi pasado rojo, pero he comprendido hace tiempo que hay que ir a lo práctico. España debe ser una marca de referencia, el mundo es un negocio y un océano de marketing, hay que vender algo simple, claro y concreto. Por supuesto que hay que reconocer e impulsar las capacidades y personalidades de las zonas de la península, todas con sus señas de identidad que se completan si tienes un idioma propio.

 

Pero no es rentable, con vistas a hacernos respetar, este espectáculo bufo al que estamos asistiendo. Siempre habrá débiles mentales que necesiten dar rienda suelta a sus emociones más primitivas peleando y agrediendo por una camiseta o por otra (el caso de Argentina es patético y no desde hoy), pero, por favor, esto no nos lleva más que a otro conflicto similar al de 1936, el nacionalismo suele ser terrible a escalas radicalmente emocionales. Para la gente común, el nacionalismo, el separatismo, es una eclosión emocional. Si pensamos en la casta de arriba, de los negocios, el nacionalismo destruye porque hay una estructura de poder que no desea que nadie se meta en sus asuntos mercantiles y eso lo visten de sentimentalismos y de radicalismo para tirar de la masa. América no se independizó de nosotros por amores a las patrias sino por amores al dinero de la minoría poderosa que se había ido formando.

 

Los expertos en la observación del espacio se han dado cuenta de que un avión espacial chino ha soltado hace poco una pequeña nave extraña que ya rueda sola por ahí arriba. ¿Qué es eso? Hay miles de secretos más allá de banderas y emociones, secretos que resultan un peligro para nuestra supervivencia. Y nosotros con estos pelos. Vale ya de celebraciones, ole por esa juventud que se ha echado a la calle a cantar por Nino Bravo y a mostrar su presencia con toda educación y firmeza. Falta otra salida duradera para pedir viviendas, trabajo en condiciones, dignidad.

 

Todo, si puede ser, bajo una única bandera, una única marca, una única fuerza y potencia que nos traiga relevancia. Porque es que, si repasamos la Historia de esta tierra, en todas las grandes gestas había gentes de todos los rincones de la península ibérica. Cada uno con su forma de ser, pero con una meta común, ¿tan complicado es desarrollar esto?

 

Santiago debe lucir con su tradición, nosotros hemos de soportar los reveses que hemos sufrido, hay que asimilar eso y no eliminarlo sino estudiarlo. Quien elimina es un cobarde que no aguanta una realidad y que no está seguro de la suya ni sabe dominar sus impulsos. Estamos en un momento demasiado crucial, se inicia una nueva fase de la Historia como para estar ocupados y preocupados por lo que ya pasó.

 

Ha sido una semana patriótica que ayer se cerró con la festividad de Santiago el Mayor, en otros tiempos llamado Santiago Matamoros, al que también habrá que llamar Santiago Mataflores dado que, en un momento dado, en 2021, con motivo de las obras en la catedral de Santiago de Compostela, de pronto se produjo otro milagro que añadir a la aparición del apóstol en una batalla que tuvo lugar allá por el siglo IX entre cristianos y musulmanes. El milagro fue que los subyugados sarracenos se convirtieron en flores y luego todo el conjunto desapareció y ahora ni sé dónde está ni me importa si existe o no existe porque ya es hora de que todas estas manifestaciones emocionales las sometamos a la razón, aunque sea un poquito.

Someterlas a la razón quiere decir que, si a la península ibérica la invadieron los islamistas y la tomaron, casi en un paseo, a partir de los inicios del siglo VIII obligando a muchos hispano-visigodos cristianos a retirarse hacia el norte, pues ya está, eso es la Historia, unas veces se gana y otras se pierde. Los visigodos se mataban entre ellos en las zonas más altas del poder -ya sabemos lo de Leovigildo y Hermenegildo, padre e hijo a espadazos-, la gente estaba más que harta de aquella situación y apenas ofreció resistencia al avance islámico.

Nos dejaron excelentes muestras de su paso los seguidores del islam, en Sevilla las leyendas de Almutamid y su reino taifa en el siglo XI -que ocupaba gran parte de Andalucía- más algunos restos del Alcázar que parece que empezó a construir aquel rey poeta que lo mismo escribía versos que cortaba cabezas si era menester.

 

El escritor Juan Rey acaba de publicar la novela Agmat. El exilio del rey poeta (Almuzara). Hemos mitificado a Almutamid desde hace ya decenios. A finales de los años 70-inicios de los 80 el Colectivo Cultural Gallo de Vidrio -al que sigo ligado- le rindió un homenaje en una azotea sevillana con la Giralda al fondo, con versos, música andalusí, dátiles y té moruno. Y ahí sigue Almutamid, los andalucistas seguidores de Blas Infante imitan a su líder inmortal, trasladándose a Agmat, lugar donde Almutamid murió y está enterrado tras el destierro que sufrió a manos de los mismos a los que llamó para que lo ayudarán en sus luchas contra el cristianismo, los almorávides. Procede indicar aquí que, pronto, en la madrugada del lunes 10 al martes 11 de agosto, se cumplen 90 años del fusilamiento del considerado oficialmente Padre de la Patria Andaluza.

 

Los reinos taifas surgieron como consecuencia de la decadencia del Califato de Córdoba que, antes de entrar en barrena, todos sabemos su gran significado histórico y las personalidades que nos legó. Durante el mandato de al-Hakam II, a decir de Emma Lira, la ciudad se convirtió en un faro de conocimiento y creatividad. Este periodo es considerado por muchos como la cúspide de la civilización islámica en Europa. Las artes y las ciencias florecieron, y la biblioteca califal aspiraba a ser un compendio de todo el saber de la época. Las mujeres islámicas -sobre todo las pertenecientes a las élites- poseyeron un papel que poco tiene que ver con el que hoy padecen. Averroes, Avicena, Maimónides, nos aportaron ciencia y herencia de la filosofía clásica griega.

 

 

Aquel personal fue decayendo por sí solo y por la colonización occidental y ahora está donde debe estar, fuera de la península, oficialmente, de facto, ha vuelto, pero ya no es el mismo, sigue demasiado apegado a la ortodoxia religiosa. En Sevilla lleva años queriendo construir una mezquita, ya parece que lo ha conseguido. Que le vaya bien, eso es la libertad religiosa de la que ellos deberían aprender porque si yo, que soy un infiel, me introduzco en una de esas pequeñas mezquitas que no son para turistas, se supone que la he profanado y hay que desinfectar aquello. No sabía que servidor, un simple ciudadano terráqueo, tuviera tanta importancia para Alá. Bastante tendrá Alá con intentar que sus creyentes dejen de matarse entre ellos, antes, y ahora en Oriente Medio para beneficio de Estados Unidos.

 

La semana ha estado protagonizada también por la resaca del triunfo en el mundial. Parece como si eso hubiera apagado los incendios que nos azotan. A ver si nos ponemos a aclarar las causas de toda esta catástrofe porque desde luego el cambio climático no es el causante principal, lo que pasa es que estamos tan ocupados con el Viva España y con la creación de una nueva televisión para adorar a la Moncloa (La Séptima TV, temblad las demás) que dejamos a un lado lo urgente para centrarnos en lo importante.

 

Desde luego ha sido importante esa unión en torno a una bandera. He recibido multitud de Tik Tok sobre el tema y he visto y leído mucho. A mí la bandera constitucional todavía me da algo de yuyu por mi pasado rojo, pero he comprendido hace tiempo que hay que ir a lo práctico. España debe ser una marca de referencia, el mundo es un negocio y un océano de marketing, hay que vender algo simple, claro y concreto. Por supuesto que hay que reconocer e impulsar las capacidades y personalidades de las zonas de la península, todas con sus señas de identidad que se completan si tienes un idioma propio.

 

Pero no es rentable, con vistas a hacernos respetar, este espectáculo bufo al que estamos asistiendo. Siempre habrá débiles mentales que necesiten dar rienda suelta a sus emociones más primitivas peleando y agrediendo por una camiseta o por otra (el caso de Argentina es patético y no desde hoy), pero, por favor, esto no nos lleva más que a otro conflicto similar al de 1936, el nacionalismo suele ser terrible a escalas radicalmente emocionales. Para la gente común, el nacionalismo, el separatismo, es una eclosión emocional. Si pensamos en la casta de arriba, de los negocios, el nacionalismo destruye porque hay una estructura de poder que no desea que nadie se meta en sus asuntos mercantiles y eso lo visten de sentimentalismos y de radicalismo para tirar de la masa. América no se independizó de nosotros por amores a las patrias sino por amores al dinero de la minoría poderosa que se había ido formando.

 

Los expertos en la observación del espacio se han dado cuenta de que un avión espacial chino ha soltado hace poco una pequeña nave extraña que ya rueda sola por ahí arriba. ¿Qué es eso? Hay miles de secretos más allá de banderas y emociones, secretos que resultan un peligro para nuestra supervivencia. Y nosotros con estos pelos. Vale ya de celebraciones, ole por esa juventud que se ha echado a la calle a cantar por Nino Bravo y a mostrar su presencia con toda educación y firmeza. Falta otra salida duradera para pedir viviendas, trabajo en condiciones, dignidad.

 

Todo, si puede ser, bajo una única bandera, una única marca, una única fuerza y potencia que nos traiga relevancia. Porque es que, si repasamos la Historia de esta tierra, en todas las grandes gestas había gentes de todos los rincones de la península ibérica. Cada uno con su forma de ser, pero con una meta común, ¿tan complicado es desarrollar esto?

 

Santiago debe lucir con su tradición, nosotros hemos de soportar los reveses que hemos sufrido, hay que asimilar eso y no eliminarlo sino estudiarlo. Quien elimina es un cobarde que no aguanta una realidad y que no está seguro de la suya ni sabe dominar sus impulsos. Estamos en un momento demasiado crucial, se inicia una nueva fase de la Historia como para estar ocupados y preocupados por lo que ya pasó.

 

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